Es una opinión general que nosotros, porque nos denominamos revolucionarios, esperamos que el Anarquismo llegue de golpe como resultado inmediato de una insurrección que ataque violentamente todo lo que existe y que reemplace todo con instituciones realmente nuevas. Y a decir verdad, esta idea tampoco falta entre algunos compañeros quienes también conciben la revolución de tal modo.

Este prejuicio explica por qué tantos honestos oponentes creen que el Anarquismo es algo imposible; y también explica por qué algunos compañeros, disgustados con la condición moral presente del pueblo y viendo que al Anarquismo no puede llevarse a cabo pronto, ondulan entre un dogmatismo extremo que les ciega a las realidades de la vida y un oportunismo que prácticamente les hace olvidar que son Anarquistas y que por el Anarquismo han de luchar.

Por supuesto que el triunfo del Anarquismo no puede ser la consecuencia de un milagro; no puede llegar a ser en contradicción con las leyes del desarrollo (un axioma de la evolución acerca de que nada ocurre sin causa suficiente), y nada puede cumplirse sin los medios adecuados.

Si hemos de desear sustituir un gobierno por otro, esto es, imponer nuestros deseos sobre los demás, solo sería necesario combinar las fuerzas materiales necesarias para resistir a los actuales opresores y ponernos en su lugar.

Pero no queremos esto; queremos Anarquismo, que es una sociedad basada en el libre y voluntario acuerdo — una sociedad en la que nadie puede forzar sus deseos sobre otro y en la que todos pueden hacer lo que les plazca y juntos todos contribuirán voluntariamente al bienestar de la comunidad. Pero debido a esto, el Anarquismo no habrá triunfado definitiva y universalmente hasta que todos no solamente no quieran ser mandados sino que no quieran mandar; ni tampoco el Anarquismo habrá tenido éxito a menos que se haya comprendido la ventaja de la solidaridad y se sepa cómo organizar un plan de vida social en la que ya no habrá más trazos de violencia e imposición. Y a medida que la conciencia, la determinación, y la capacidad humana se desarrollen continuamente y hallen medios de expresión en la modificación gradual del nuevo entorno y en la realización de los deseos según la proporción en que se formen y se tornen imperiosos, así es también con el Anarquismo; el Anarquismo no puede llegar si no es poco a poco, pero por seguro, creciendo en intensidad y extensión.

Por ende, el tema no es si es que logramos el Anarquismo hoy, mañana, o en diez siglos más, sino que caminemos hacia el Anarquismo hoy, mañana, y siempre.

El Anarquismo es la abolición de la explotación y la opresión del humano por el humano, es decir, la abolición de la propiedad privada y el gobierno; el Anarquismo es la destrucción de la miseria, de las supersticiones, del odio. Por lo tanto, cada bofetada a las instituciones de la propiedad privada y al gobierno, toda exaltación de la conciencia humana, toda irrupción de las condiciones presentes, toda mentira desenmascarada, todo asunto de la actividad humana que despojado al control de las autoridades, todo aumento del espíritu de solidaridad y de iniciativa, es un paso hacia el Anarquismo.

El problema yace en saber escoger la ruta que realmente se acerca a la realización del ideal y en no confundir el progreso real con reformas hipócritas. Pues con el pretexto de obtener mejorías inmediatas, estas falsas reformas tienden a distraer a las masas de la lucha contra la autoridad y el capitalismo; sirven para paralizar sus acciones y les hace tener esperanzas en que algo puede lograrse por medio de la amabilidad de los explotadores y los gobiernos. El problema está en saber usar el poco poder que tenemos para que sigamos logrando, en el modo más económico, más prestigio para nuestra meta.

Hay en cada país un gobierno que, con la fuerza bruta, impone sus leyes sobre todos; obliga a todos a someterse a la explotación y a mantener, ya sea así lo quieran o no, las instituciones existentes. Prohíbe a los grupos minoritarios impulsar sus ideas, e impide que las organizaciones sociales en general se modifiquen a sí mismas de acuerdo a, y con, las modificaciones de la opinión pública. El curso normal y pacífico de la evolución es frenado mediante la violencia, y por ende con violencia es necesario reabrir ese curso. Es por esta razón que queremos una revolución violenta hoy; y hemos de quererla siempre — mientras la humanidad esté sometida a la imposición de asuntos contrarios a sus deseos naturales. Retiren la violencia gubernamental y la nuestra no tendrá razón de existir.

No podemos aún derribar el gobierno prevalente; quizás mañana desde las ruinas del gobierno presente no podamos prevenir el surgimiento de otro similar. Pero esto no nos impide, ni lo hará mañana, resistir toda forma de autoridad, negándonos siempre a someternos a sus leyes toda vez posible, y constantemente usando la fuerza para oponernos a la fuerza.

Todo debilitamiento de todo tipo de autoridad, todo incremento de libertad será un progreso hacia el Anarquismo; siempre ha de ser conquistada — nunca solicitada; siempre debe hacernos considerar al Estado como un enemigo con el que nunca debemos hacer la paz; siempre debe hacernos recordar bien que la disminución de los males producidos por el gobierno consiste en la disminución de sus atributos y poderes, y los términos resultantes deben ser determinados no por quienes gobernaron sino por quienes eran gobernados. Con gobierno nos referimos a toda persona o grupo de personas en el Estado, país, comunidad, o asociación que tiene el derecho a hacer leyes e infligirlas sobre quienes no las desean.

No podemos aún abolir la propiedad privada; no podemos regular los medios de producción, lo que es necesario para trabajar libremente; quizás no seamos capaces de hacerlo en el siguiente movimiento insurreccional. Pero esto no nos previene ahora, ni lo hará en el futuro, de continuar oponiéndonos al capitalismo o a cualquier otra forma de despotismo. Y cada victoria, por pequeña que sea, obtenida por los trabajadores contra sus explotadores, cada disminución del lucro, cada poco de riqueza tomada de los propietarios y puesta a disposición de todos, ha de ser un progreso — un paso adelante hacia el Anarquismo. Siempre debe servir a agrandar el clamor de los trabajadores y a intensificar la lucha; siempre debe ser aceptado como una victoria sobre un enemigo y no como una concesión por la que debamos estar agradecidos; siempre debemos permanecer firmes en nuestra resolución a tomar con fuerza, tan pronto como sea posible, aquellos medios que los propietarios privados, protegidos por el gobierno, han robado a los trabajadores.

Habiendo desaparecido el derecho a la fuerza, habiendo sido puestos los medios de producción bajo el manejo de quienes quieran producir, el resultado debe ser el fruto de una evolución pacífica.

El Anarquismo no podría ser, ni nunca será, si no fuese por aquellos pocos que lo desean y lo desean solo en aquellas cosas que pueden lograr sin la cooperación de los no-anarquistas. Esto no significa necesariamente que el ideal del Anarquismo tendrá poco o nada de progreso, pues poco a poco sus ideas se extenderán a más personas y a más cosas hasta que haya abarcado a toda la humanidad y a todas las manifestaciones de la vida.

Habiendo derribado al gobierno y a todas las peligrosas instituciones existentes que con la fuerza defiende, habiendo conquistado la libertad completa para todos y con ella todos los medios para regular el trabajo sin los cuales la libertad sería una mentira, y mientras luchamos por llegar a ese momento, no pretendemos destruir aquellas cosas que nosotros poco a poco reconstruiremos.

Por ejemplo, funciona en la sociedad presente el servicio de suministro de alimentos. Esto se hace muy mal, caóticamente, con gran pérdida de energía y material y con intereses capitalistas en vista; pero después de todo, de un modo u otro debemos comer. Sería absurdo querer desorganizar el sistema de producción y distribución de alimentos a menos que podamos sustituirlo por algo mejor o más justo.

Existe el servicio postal. Tenemos miles de críticas que hacer, pero por mientras lo usamos para enviar nuestras cartas, y seguiremos usándolo, sufriendo todas sus fallas, hasta que seamos capaces de corregirlo o reemplazarlo.

Hay escuelas, pero tan mal que funcionan. Pero no por esto dejamos que nuestros niños permanezcan en la ignorancia rehusándonos a que aprendan a leer y escribir.

Mientras tanto esperamos y luchamos por un momento en que seamos capaces de organizar un sistema de escuelas modelo para acomodarlos a todos.

De esto podemos ver que, para llegar al Anarquismo, la fuerza material no es lo único para hacer la revolución; es esencial que los trabajadores, agrupados de acuerdo a las diversas ramas de producción, se pongan en la posición que asegurará el apropiado funcionamiento de su vida social — sin la asistencia o la necesidad de capitalistas ni gobiernos.

Y vemos además que los ideales Anarquistas están lejos de entrar en contradicción, como claman los “socialistas científicos”, con las leyes de la evolución enunciadas por la ciencia; son una concepción que se adecua a estas leyes perfectamente; son el sistema experimental traídos desde el campo de la investigación al de la realización social.