La cultura de seguridad es un conjunto de costumbres compartidas por una comunidad, los miembros de la cual pueden ser objetivo del gobierno, diseñadas para minimizar el riesgo. Tener una cultura de la seguridad ahorra a todo el grupo la molestia de tener que elaborar medidas de seguridad continuamente desde cero, y puede ayudar a deshacerse de la paranoia y el pánico en situaciones estresantes — joder, podría incluso mantenerte fuera de prisión. La diferencia entre protocolo y cultura es que la cultura se vuelve inconsciente, instintiva y, por lo tanto, sin esfuerzo; una vez el comportamiento más seguro posible se ha vuelto habitual para todas las personas de los círculos en los que te mueves, puedes dedicar menos tiempo y energía enfatizando la necesidad de ello, o sufriendo las consecuencias de no tenerlo, o preocupándote por el peligro en el que te encuentras, ya que ya sabrás que estás haciendo todo lo posible para ir con cuidado. Si tienes el hábito de no decir nada comprometido sobre ti, puedes colaborar con desconocidos sin tener que preocuparte de si son o no son informadores; si todo el mundo sabe sobre qué no hablar por teléfono, tus enemigos pueden pinchar la línea todo lo que quieran que no les servirá de nada.[1]

El principio central de toda cultura de seguridad, que no se puede enfatizar lo suficiente, es que las personas nunca deberían estar al tanto de ninguna información que no necesitan saber.

Cuanta más gente sepa algo que puede poner a individuos o proyectos en riesgo —ya sea la identidad de una persona que ha cometido un acto ilegal, la ubicación de una reunión privada, o el plan de una actividad futura— mayor será la probabilidad de que este conocimiento llegue a las manos equivocadas. Compartir tal información con gente que no la necesita les perjudica y les pone en riesgo: les coloca en la incómoda situación de poder arruinar la vida de otras personas con un simple paso en falso. Si son interrogados, por ejemplo, tendrán algo que ocultar, en vez de poder decir honestamente que no saben nada.

No preguntes, no cuentes.

No pidas a otros que compartan información confidencial que no necesitas saber. No vayas fardando de cosas ilegales que tú u otros hayáis hecho, ni menciones cosas que pueden o que van a suceder, ni siquiera hagas referencia al interés de cualquier persona en participar en tales actividades. Mantente alerta cuando hables; no dejes que ciertas alusiones se te escapen sin querer.

Puedes decir no en cualquier momento a cualquier persona sobre cualquier cosa.

No respondas ninguna pregunta que no quieras responder —no solo con la policía, sino que tampoco con otros activistas o incluso con amigos cercanos: si hay algo que no te sientes seguro de compartir, no lo hagas. Esto también significa sentirse cómodo con que otros no respondan preguntas: si hay una conversación que quieren mantener para sí mismos, o te piden que no formes parte de una reunión o proyecto, no deberías tomártelo personalmente —es por el bien de todos que sean libre de hacerlo. Del mismo modo, no participes en ningún proyecto con el que no te sientas bien, ni colabores con nadie con quien te sientas incómodo, ni ignores tu instinto; si algo sale mal y os metéis en problemas, no quieres tener remordimientos. Tu eres responsable de no dejar que nadie te convenza de asumir riesgos a los que no estás dispuesto.

Nunca entregues a tus amigos a tus enemigos.

Si te capturan, nunca, nunca des ninguna información que pudiera poner en peligro a alguien más. Hay gente que recomienda hacer un voto explícito a todos los participantes de un grupo de acción directa: de esta manera, en el peor de los casos, cuando la presión pueda hacer difícil la distinción entre dar algunos detalles inofensivos y venderse totalmente, todos sabrán exactamente el compromiso que han tomado con los demás miembros del grupo.

No le pongas fácil a tus enemigos descubrir lo que estás planeando.

No seas demasiado predictible en los métodos que utilizas, en los objetivos que eliges, o en las horas y lugares en el que os reunís para organizar. No seas muy visible en los aspectos públicos de la lucha en la que haces las acciones directas más serias: mantén tu nombre fuera ede listas de correo y fuera de la prensa, tal vez incluso evita asociarte con organizaciones y campañas públicas por completo. Si estás involucrado en actividades clandestinas realmente serias con algunos compañeros, tal vez quieras limitar tus interacciones en público, si no evitaros mutuamente por completo. Los agentes federales pueden acceder fácilmente a los números de teléfono marcados desde tu teléfono, y utilizarán esas listas para establecer conexiones entre individuos; lo mismo pasa con tu correo electrónico, y con los libros que consultas en la biblioteca, y especialmente con las redes sociales como MySpace.

No dejes rastro: el uso de tarjetas de crédito, tarjetas de gasolina, las llamadas de teléfono dejan siempre un registro de tus movimientos, compras y contactos. Ten preparada una coartada, respaldada por hechos verificables, en caso de que necesites una. Ten cuidado con lo que tu basura podría revelar sobre ti —los mendigos no son los únicos que buscan en la basura! Lleva un registro de todo documento escrito y fotocopia incriminatoria —mantenlo todo en un mismo sitio, para que no te olvides de algo accidentalmente— y destrúyelo tan pronto como no los necesites. Cuantos menos haya en primer lugar, mejor; acostúmbrate a usar tu propia memoria. Asegúrate de que no quedan marcas de escritura en las superficies sobre las que has escrito algo, ya sean mesas de madera u otros papeles. Asume que cualquier uso de ordenadores también deja rastro.

No sueltes en público ideas sobre acciones directas que crees que podrías llevar a cabo algún día.

Al proponer una idea, espera hasta tener un grupo de individuos que esperas que van a estar todos interesados en probarla; la excepción es el compañero íntimo con el que vas a hacer lluvia de ideas y preparar los detalles con antelación —de una manera segura, fuera de tu casa y fuera de otras compañías, por supuesto. No propongas tu idea hasta que creas que es el momento adecuado para llevarla a cabo. Invita solo a esas personas que estás seguro de que van a querer participar —cualquier persona que invites y acabe no participando es un riesgo de seguridad innecesario, y esto puede ser doblemente problemático si resulta que creen que tu actividad propuesta es ridículamente tonta o moralmente incorrecta. Invita solo a gente que puede mantener secretos —esto es crítico acaben o no participando en la acción.

Desarrolla un código secreto para comunicarte con tus camaradas en público.

Es importante encontrar una manera de comunicarse subrepticiamente con la gente de confianza sobre problemas de seguridad y niveles de confort en situaciones públicas, como en una reunión convocada para discutir sobre una posible acción directa. Saber medir los sentimientos de los demás sin que otros se den cuenta de que estás enviando mensajes de ida y vuelta te ahorrará el dolor de cabeza de tener que adivinar los pensamientos respecto a una situación o individuo, y te ayudará a evitar actuar de manera extraña cuando no puedas llevar a tu colega a un rincón para compartir opiniones. Para cuando hayas convocado a un grupo más grande para proponer un plan de acción, tú y tus amigos deberíais tener claras las intenciones de los demás, su predisposición a correr riesgos, nivel de compromiso, y cuales son sus opiniones de los demás, para ahorrar tiempo y evitar ambigüidad innecesaria. Si nunca antes has formado parte de un grupo de planificación de acción directa, te sorprenderá lo complicadas que se pueden volver las cosas incluso cuando todo el mundo llega preparado.

Desarrolla métodos para establecer el nivel de seguridad del grupo o situación.

Un método rápido que podéis utilizar al principio de una reunión más grande en la que no todos están familiarizados entre sí es el juego de “garantizar”: cuando cada persona se presenta, cada cual que pueda garantizar a esa persona levanta la mano. Garantiza solo a esa persona que consideras digna de tu confianza. Con suerte, cad apersona estará conectada con los demás a través de algún enlace en la cadena; de cualquier modo, al menos todo el grupo sabrá cómo están las cosas. Un activista que entienda la importancia de la buena seguridad no se sentirá insultado en la situación de que no haya nadie presente que pueda garantizarle y los demás le pidan que se vaya.

El sitio de reunión es un factor importante en la seguridad.

No quieres un sitio que pueda ser monitoreado (no una residencia privada), no quieres un sitio en el que podáis ser observados en grupo (no el parque delante de donde haréis la acción del día siguiente), no quieres un sitio donde puedas ser observado entrando y saliendo o donde alguien pudiera entrar inesperadamente —coloca exploradores, bloquea la puerta una vez se haya empezado, estate pendiente de cualquier cosa sospechosa.[2] Los grupos pequeños pueden dar paseos y charlar; grupos más grandes pueden reunirse en sitios tranquilos al aire libre —puedes ir de excursión o de cámping, si hay tiempo— o en habitaciones privadas en edificios públicos, como en un aula de estudio de la biblioteca o clases vacías. En el mejor de los casos: aunque no tenga ni idea de que estás involucrado en la acción directa, tienes cierta relación con el viejo encargado del café al otro lado de la ciudad, y no le importa dejarte la habitación trasera una tarde para una fiesta privada, sin hacer preguntas.

Ten en cuenta la fiabilidad de quienes están a tu alrededor, especialmente aquellas personas con las que podrías colaborar en actividades clandestinas.

Se consciente del tiempo que hace que conoces a cada persona, cuanto tiempo atrás se puede trazar su actividad dentro de la comunidad y en su vida fuera del círculo de activismo, y cuales han sido las experiencias de los demás con esta persona. Las amistades con las que has crecido, si aún tienes alguna de ellas en tu vida, pueden ser los mejores compañeros de acción directa, ya que estás familiarizado con sus fortalezas y sus debilidades y sus maneras de gestionar la presión —y sabes a ciencia cierta que son quien dicen ser. Asegúrate de confiar tu seguridad y la de tus proyectos solo a gente de nivel que comparten las mismas prioridades y compromiso y que no tienen nada que demostrar. A largo plazo, esfuérzate por construir una comunidad de gente con amistades duraderas y experiencia trabajando juntos, con vínculos con otras comunidades similares.

No te distraigas demasiado preocupándote de si las personas son infiltradas o no; si tus medidas de seguridad son efectivas, no debería importar.

No malgastes energía en volverte paranoico y antisocial sospechando de todos a quienes conoces. Si mantienes toda información sensible dentro del círculo de gente a quien concierne, colaboras solo con amigos de confianza y con experiencia cuya historia puedes verificar, y nunca sueltas información sobre tus actividades privadas, la policía y los informadores serán incapaces de recopilar ninguna evidencia para usar en tu contra. Una buena cultura de seguridad debería hacer que fuera prácticamente irrelevante que esta escoria actúe o no en tu comunidad. Lo importante no es si una persona está trabajando o no con la policía, sino si constituye o no un riesgo de seguridad; si se le considera insegura (doble sentido intencionado), nunca se le debería permitir acabar en una situación en la que la seguridad de alguien dependa de ella.

Entérate y cumple las expectativas de seguridad de cada persona con la que interactúas, y respeta las diferencias de estilo.

Para colaborar con otras personas, tienes que asegurarte de que se sienten como en casa contigo; incluso cuando no estás colaborando con ellas, no quieres incomodarles o ignorar un peligro que entienden mejor que tú. Cuando se trata de planear una acción directa, no respetar la cultura de seguridad aceptada en cierta comunidad puede arruinar no solo las posibilidades de cooperar con otros en un proyecto, sino la posibilidad de que el proyecto llegue a suceder —por ejemplo, si mencionas una idea que otros estaban planeando en un ambiente que consideran inseguro, pueden verse obligados a abandonar el plan, ya que ahora puede estar asociado con ellos. Pídele a la gente que te describa sus necesidades de seguridad específicas antes de siquiera sacar el tema de la acción directa.

Haz saber a los demás exactamente cuáles son tus necesidades en cuanto a seguridad.

El corolario de cumplir con las expectativas de los demás es que tienes que hacer fácil para otros el cumplir las tuyas. Al principio de cualquier relación en la que tu vida política privada pueda ser un problema, enfatiza que hay detalles de tus actividades que necesitas guardarte para ti mismo. Esto puede ahorrarte muchos dramas en situaciones que ya son suficientemente estresantes de por si; lo último que necesitas al volver de una misión secreta que ha salido mal es acabar en una pelea con tu pareja : “¡Pero si confiaras en mí, me contarías algo de esto! ¿Cómo sé que no estás por ahí acostándote con alguien?” No es una cuestión de confianza —la información sensible no es una recompensa que se pueda ganar o merecer.

Estate atento a las otras personas.

Haz explícito a la gente de tu alrededor qué riesgos puede presentarles tu presencia[3] o qué acciones has planeado, al menos tanto como sea posible sin violar otros acuerdos de cultura de seguridad. Hazles saber en la medida de lo posible qué riesgos corres tú mismo: por ejemplo, si puedes permitirte ser arrestado o no (si tienes órdenes de arresto encima, si eres un inmigrante indocumentado, etc.), qué responsabilidades tienes que mantener, si tienes alguna alergia. No pongas en peligro a los demás con tus decisiones, especialmente si no podrás ofrecer apoyo concreto si acaban siendo arrestados y acusados por tu comportamiento. Si alguien deja caer un cartel en un sitio cercano de donde has provocado un incendio, la policía podría acusarles de incendio premeditado; incluso si los cargos no se sostienen, no quieres poner a prueba su mala voluntad, o bloquear accidentalmente su vía de escape. Si ayudas a iniciar una marcha separatista que abandona la zona permitida, intenta asegurarte de mantener tu cuerpo entre la policía y las demás personas que han venido pero que no necesariamente entienden los riesgos involucrados; si se intensifica un desfile espontáneo a través de destrucción de la propiedad, asegúrate que las demás personas que no estaban preparadas para ello no se quedan quietas y confundidas cuando aparezca la policía. Sean cuales sean los proyectos arriesgados que emprendas, asegúrate de estar preparado para hacerlo inteligentemente, para que nadie más tenga que correr riesgos inesperados para ayudarte cuando cometas errores.

La cultura de seguridad es un tipo de etiqueta, una manera de evitar malentendidos innecesarios y potenciales conflictos desastrosos.

Las preocupaciones de seguridad nunca deben ser una excusa para hacer sentir apartada o inferior a otra persona —aunque puede requerir cierta finura evitar eso!— al igual que nadie debería sentirse con el “derecho” a entrometerse en algo que otros prefieren quedarse para si mismos. Aquellas personas que violan la cultura de seguridad de sus comunidades no deberían ser desacreditadas con demasiada dureza la primera vez —esto no trata de ser suficientemente espabilado para poder unirse al grupo interno, sino de establecer expectativas grupales y ayudar amablemente a la gente a entender su importancia; además, la gente es más reacia a aceptar las críticas constructivas cuando se pone a la defensiva. Sin embargo, a esta gente hay que decirle inmediatamente de qué forma están poniendo a los demás en riesgo, y qué consecuencias habrá si siguen igual. Quienes no comprendan esto tienen que ser apartados de cualquier situación de riesgo, con tacto pero con eficacia.

La cultura de seguridad no es paranoia institucionalizada, sino una manera de evitar la paranoia enfermiza minimizando los riesgos antes de tiempo.

Es contraproducente gastar más energía preocupándote de bajo cuanta vigilancia estás que la que es útil para reducir el peligro que presenta, así como es debilitante tener que estar constantemente cuestionando tus precauciones y dudando de la autenticidad de los camaradas potenciales. Una buena cultura de seguridad debería hacer sentir a todo el mundo más seguro y relajado, no menos. Al mismo tiempo, es igualmente contraproducente acusar a aquellas personas que se adhieren a medidas de seguridad más estrictas que las tuyas de ser paranoicas. Recuerda, nuestros enemigos están tratando de atraparnos.

No permitas que la sospecha juegue en tu contra.

Si vuestros enemigos no pueden descubrir vuestros secretos, se conformarán con volveros los unos contra los otros. Los agentes infiltrados pueden difundir rumores o lanzar acusaciones para crear disensión, desconfianza y resentimiento dentro o entre grupos. Pueden falsificar cartas o tomar medidas parecidas para incriminar a activistas. Los medios de comunicación convencionales pueden participar en esto comunicando que hay un informador en un grupo cuando no lo hay, o tergiversando la política o la historia de un individuo o grupo para alienar potenciales aliados, o enfatizando una y otra vez que hay un conflicto entre dos ramas de un movimiento hasta que realmente lleguen a desconfiar el uno del otro. Otra vez, una cultura de seguridad astuta que fomente un nivel de confianza apropiadamente alto debería hacer prácticamente imposibles estas provocaciones a nivel personal; cuando se trata de relaciones entre partidarios de tácticas diferentes y organizaciones con diferentes enfoques, recuerda la importancia de la solidaridad y la diversidad de tácticas, y confía en que los demás también lo hacen, incluso si la prensa sugiere lo contrario. No aceptes rumores o informes como ciertos: ves siempre a la fuente original para tener confirmación, y se diplomático al respecto.

No te dejes intimidar con faroles.

La atención y la vigilancia de la policía no son necesariamente un indicador de que saben algo específico sobre tus planes y actividades: a menudo eso indica que no lo saben, y que están intentando asustarte para que abandones. Desarrolla un instinto con el cual poder detectar cuando realmente has sido descubierto y cuando tus enemigos solo están intentando asustarte para que les facilites su trabajo.

Estate siempre preparado por la posibilidad de estar bajo vigilancia, pero no confundas ser vigilado con ser efectivo.

Incluso si todo lo que estás haciendo es perfectamente legal, puedes recibir atención y acoso de las organizaciones de inteligencia si creen que supones un inconveniente para sus jefes. En ciertos aspectos, esto puede ser algo bueno; cuanto más tengan que monitorear, más dispersas estarán sus energías, y más difícil será para ellos identificar y neutralizar a los subversivos. Al mismo tiempo, no te dejes atrapar por la emoción de estar bajo vigilancia y empieces a asumir que cuanta más atención te prestan las autoridades, más peligroso tienes que ser para ellos; no son tan listos. Tienden a preocuparse por las organizaciones de resistencia cuyos enfoques se parecen más a los suyos; aprovéchate de ello. Las mejores tácticas son aquellas que alcanzan a las personas, presentan argumentos, y ejercen influencia mientras no aparecen en el radar de los poderes existentes, al menos no hasta que sea demasiado tarde. Idealmente, tus actividades deberían ser bien conocidas por todo el mundo excepto por las autoridades.

La cultura de seguridad implica un código de silencio, pero no es un código de 'falta de voz'.

Las historias de nuestras audaces hazañas en la lucha contra el capitalismo tienen que contarse de alguna manera, para que se sepa que la resistencia es una posibilidad real llevada a cabo por personas reales; deben hacerse incitaciones abiertas a la insurrección, para que los aspirantes a revolucionarios puedan encontrarse y los sentimientos revolucionarios enterrados en los corazones de las masas encuentren su camino a la superficie. Una buena cultura de seguridad debería mantener tanto secreto como sea necesario para que las personas estén seguras en sus actividades clandestinas, mientras que siga proporcionando visibilidad para las perspectivas radicales. La mayoría de la tradición de seguridad en el mundo del activismo hoy en día es derivado de los últimos treinta años de actividades de liberación animal y de la tierra; como tales, son perfectas para las necesidades de pequeños grupos que lleven a cabo acciones ilegales aisladas, pero no siempre son apropiadas para grupos enfocados de cara al público, pensados en incitar a la insubordinación generalizada. En algunos casos puede tener sentido infringir la ley abiertamente, para provocar la participación de un grupo grande de gente que supondrá más seguridad en los números.

Equilibra la necesidad de evitar la detección por parte de tus enemigos con la necesidad de ser accesible a potenciales aliados.

A la larga, el secretismo de por si no puede protegernos, tarde o temprano van a acabar descubriéndonos, y si nadie más entiende lo que estamos haciendo y lo que queremos, podrán liquidarnos con impunidad. Solo el poder de un público informado y simpatizante (y con suerte equipado similarmente) podrá ayudarnos entonces. Siempre debería haber maneras de entrar en las comunidades en las que se practica la acción directa, para que más y más gente pueda unirse. Aquellos que estén llevando a cabo acciones realmente serias deberían mantenerlo en secreto/privado, por supuesto, pero cada comunidad debería también tener una persona o dos que abiertamente sean partidarias y eduquen sobre la acción directa, y que pueda ayudar discretamente a los novatos de confianza entrar en contacto con otros para empezar.

Cuando estés planeando una acción, empieza por establecer el nivel de seguridad apropiado, y actúa en consecuencia a partir de ahí.

Aprender a evaluar los riesgos que plantea una actividad o situación y cómo lidiar con ellos adecuadamente no es solo una parte crucial de mantenerse fuera de prisión; también ayuda saber qué es lo que no te preocupa, para no desperdiciar energía en medidas de seguridad innecesarias y engorrosas. Ten en cuenta que una acción concreta puede tener diferentes aspectos que exigen diferentes grados de seguridad; asegúrate de mantenerlos diferenciados. Aquí hay un ejemplo de un posible sistema de calificación para niveles de seguridad:

  1. Solo quienes están directamente involucrados en la acción saben de su existencia.

  2. Personas de confianza también conocen la existencia de la acción, pero el grupo decide conjuntamente qué personas serán estas.

  3. Se permite al grupo invitar a personas que podrían decidir no participar; es decir, gente fuera del grupo sabrá que existe la acción, pero se espera que la mantengan en secreto.

  4. El grupo no tiene una lista estricta de quien está invidato; los participantes son libres de invitar a otros y animarles a hacer lo mismo, enfatizando que el conocimiento de la acción debería mantenerse en círculos de gente en quien se puede confiar para guardar un secreto.

  5. “Rumores” sobre la acción pueden correr a lo largo de la comunidad, pero las identidades de quienes están en el centro de la organización se mantienen en secreto.

  6. La acción se anuncia abiertamente, pero con al menos cierto grado de discreción, para no alertar a las autoridades más perezosas.

  7. La acción es anunciada públicamente por todas partes y de todas las maneras posibles.

Para mostrar ejemplos, el nivel de seguridad #1 sería apropiado para un grupo planeando incendiar un concesionario, mientras que el nivel #2 sería aceptable para aquellos planeando acciones de destrucción de propiedad menores, como hacer pintadas con spray. El nivel #3 y #4 serían apropiados para llamar al consejo de portavoces precedente a un black bloc en una gran manifestación o para un grupo planeando enviar un comunicado anónimo a un periódico, dependiendo en el ratio de riesgo frente la necesidad de números. El nivel #5 sería perfecto parar un proyecto como empezar una marcha sorpresa no permitida: por ejemplo, todo el mundo oye con antelación que la actuación de Ani DiFranco va a acabar en una “espontánea” marcha anti-guerra, así que la gente puede prepararse para ello, pero como nadie sabe de quien es la idea, nadie puede ser señalado como organizador. El nivel #6 sería apropiado para anunciar una pedalada de Masa Crítica (evento ciclista): se enganchan panfletos informativos en los manillares de las bicicletas de todas las bicicletas de la calle, pero no se comunica nada a la prensa, para que la policía no esté ahí des del principio mientras la masa aún es vulnerable. El nivel #7 es apropiado para una marcha anti-guerra permitida o una proyección de videos independiente, a no ser que seas tan disfuncionalmente paranoico como para querer mantener tus proyectos de acercamiento a la comunidad en secreto.

También tiene sentido elegir el medio de comunicación que usaréis de acuerdo con el nivel de seguridad requerido. Este es un ejemplo de los diferentes niveles de seguridad en la comunicación, correspondientes al sistema descrito más arriba:

  1. Ninguna comunicación sobre la acción excepto en persona, fuera de las casas de las personas involucradas, en espacios libres de vigilancia (ejemplo: el grupo se va de camping para planearla); no se habla de la acción excepto cuando sea absolutamente necesario.

  2. Fuera de las reuniones del grupo, las personas involucradas son libres de hablar de la acción en espacios libres de vigilancia.

  3. Se permite hablar en casas que con seguridad no estén bajo vigilancia.

  4. Se acepta la comunicación a través de correo electrónico encriptado o con teléfonos neutrales.

  5. La gente puede hablar de la acción por teléfono, correo electrónico, etc. teniendo cuidado de no revelar ciertos detalles: quién, qué, cuándo, dónde.

  6. Los teléfonos, correo electrónico, etc. están bien; listas de correo, flyers en espacios públicos, anuncios en periódicos, etc. pueden o no ser aceptables, en función de cada caso concreto.

  7. Se recomienda la comunicación y la proclamación por todos los medios posibles.

Si mantienes la información peligrosa fuera de circulación y sigues las medidas de seguridad adecuadas en cada proyecto que emprendas, estarás bien encaminado para conseguir lo que el agente de los inicios de CrimethInc. Abbie Hoffman describió como el principal deber del revolucionario: que no te pillen. Te deseamos lo mejor en tus aventuras y desventuras, y recuerda — ¡Nosotros no te hemos contado nada!

Otras lecturas

[1] “¿Pero qué pasa con los infiltrados y los informadores?” preguntó un agente de CrimethInc. Hace tiempo en su primera gran movilización. “Los pondremos a pelar patatas” respondió casualmente un organizador experimentado.

[2] Una célula de CrimethInc. nunca olvidará salir de una reunión de alta seguridad en el sótano de una universidad para justo descubrir que mientras estaban encerrados, una multitud de estudiantes manifestantes liberales inundaron la sala contigua para ver una presentación de diapositivas que todos los organizadores del bloque negro militante del día siguiente tuvieron que tragarse con vergüenza.

[3] Un ejemplo gracioso de porqué esto es importante ocurrió cuando los agentes de CrimethInc. Paul F. Maul y Nick F. Adams intentaban volver a los Estados Unidos continentales después pasar una temporada escondiéndose en Alaska. Estaban preocupados por lo que pensarían los agentes fronterizos sobre la masiva cantidad de balas de rifle de asalto que llevaban, así que quitaron los paneles de las puertas de su coche y escondieron dentro las balas. De camino a la frontera recogieron a un autoestopista, de aspecto normal y corriente, que parecía inofensivo. En el control de aduanas, ambos trabajadores de CrimethInc aguantaron la respiración mientras los agentes aduaneros comprobaban su identificación, pero se quedaron tranquilos cuando se las devolvieron sin más. Pensaron que iban a poder cruzar la frontera sin problemas hasta que el agente aduanero comprobó la identificación del autoestopista; de repente rodearon el coche oficiales armados y les ordenaron salir del coche a punta de pistola. ¡El autoestopista restultó ser un clásico activista de Greanpeace que teía orden de arresto en treinta países! Los oficiales registraron minuciosamente el coche, finalmente quitando los paneles de las puertas, y las balas tintinearon al caer al suelo. Nuestros héroes pasaron las siguientes cuatro horas encerrados en una sala de interrogatorios, policías Canadienses gritando, “¿Donde están las pistolas? ¡Sabemos que las tenéis, decidnos donde están!”, y haciendo caso omiso a sus quejas: “Esto es un gran malentendido, no tenemos ningún arma. Somos diseñadores gráficos; tenemos las balas para un proyecto de diseño. ¡De verdad, agente!”