Creo que fue Clausewitz quien dijo que la guerra es simplemente la continuación de la política por otros medios. Yo pienso que lo inverso es una expresión más cierta sobre la realidad social. La política es simplemente la guerra social llevada a cabo con medios menos sangrientos. Si consideramos que es siempre la clase dominante y sus lacayos quienes llaman a la paz social, demandando que los explotados y excluidos se abstengan de la violencia al lidiar con su condición social, se hace obvio que la paz social es simplemente parte de la estrategia de la guerra social. Por esta razón, el movimiento pacifista debe ser rechazado como modo de lidiar con el actual llamado de norteamérica a la guerra.

Examinando las relaciones reales del poder

El movimiento pacifista está basado en la ideología de la no-violencia, una postura moral pacifista que ignora la realidad de las relaciones sociales. En vez de examinar las relaciones reales del poder, de la dominación y la explotación, simplemente demanda que el Estado siga llevando a cabo sus funciones, pero sin violencia, sin derramamiento de sangre. ¿Pero cuáles son esas funciones? ¿No son acaso el mantenimiento del orden, la protección de la propiedad, la ejecución (selectiva, claro) del dominio de la ley? Y una actividad como tal puede solamente ser necesaria si hay quienes encuentran que este orden social no satisface sus necesidades, no les ofrece las vidas que desean, les pone en la posición de tener escoger entre la aceptación resignada de condiciones generalmente insoportables o el desafío de las reglas y una batalla constante de inteligencias o armas contra el mundo dominante. Pero estos excluidos no fueron los que comenzaron esta guerra social.

Tras la papeleta está siempre la bala

La clase dominante siempre ha usado la violencia o la amenaza de violencia para atribuirse todas nuestras vidas. Si los regímenes democráticos han logrado crear un método más sofisticado de dominación participativa, esto no cambia el hecho de que tras la papeleta está siempre la bala para garantizar el mantenimiento de la paz social, es entonces claramente la cara pública de la guerra social lo que nos mantiene a la mayoría pasivamente en nuestros sitios clamando incluso estar contentos con esta obediencia que llamamos libertad. Así que ya sea que el Estado siga con sus actividades pacíficamente o mediante la violencia descarada, igual sigue llevando a cabo la política de la guerra social que nos mantiene en nuestro sitio.

La protesta pacifista se vuelve una farsa

A esta luz, la protesta pacifista se vuelve una farsa. La demanda para que el Estado norteamericano y los Estados del resto del mundo sigan con su actual ‘guerra al terrorismo’ asume pacíficamente que el Estado debe por cierto existir, y por ende que la violencia implícita en el presente orden social debe continuar — la violencia que asesina a millones a diario ya sea de inanición como en el norte de África y numerosos otros lugares, o de envenenamiento por polución y alimentos procesados, o accidentes laborales, o nuevas y cada vez más virulentas enfermedades, o la desolación espiritual de la cultura de mercado, o las balas de los perros guardianes uniformados del Estado. La actual ‘guerra al terrorismo’ no es más que la continuación de la política cotidiana de terror de baja intensidad usada por el Estado para garantizar que acatemos las normas. Poco importa si el Estado usa medios sangrientos o no sangrientos. El resultado es el mismo: nuestras vidas no nos pertenecen y morimos, tarde o temprano, sin nunca haber vivido realmente.

El pacifismo en últimas sirve a los fines del Estado

La oposición a la actual guerra puede solamente hacer sentido como oposición al orden social completo desde donde ha surgido. Tal oposición no puede brotar de un movimiento dedicado a la no-violencia. El pacifismo sirve en últimas a los fines del Estado al cegarnos de la naturaleza del Estado. Contra la violencia del terrorismo, la violencia de la guerra, la violencia del Estado, es necesario abrazar la violencia revolucionaria — la completa agitación de todas las relaciones sociales que mantienen la violencia institucional de quienes nos dominan. No queremos ni su guerra, ni su paz, sino su destrucción.

CONTRA EL PACIFISMO
CONTRA EL MILITARISMO
CONTRA EL TERRORISMO
CONTRA EL ESTADO