Otoño del año 2025. Un año ha pasado desde el derrumbe del sistema tecno-industrial, pero tú y los tuyos se las han arreglado. Su huerta ha florecido en el verano y tienen una buena reserva de vegetales deshidratados, legumbres y otros alimentos en su cabaña para pasar el invierno, y ahora mismo están cosechando sus patatas; con la pala, arrancan las plantas una por una, obteniendo grandes y hermosos tubérculos.

De pronto, uno de tus compañeros te hace un guiño para que levantes la vista. Oh-oh... un grupo de personas con cara de pocos amigos, y con armas, viene acercándose. No parecen tener muy buenas intenciones, pero ustedes se mantienen firmes. El que dirige al grupo se acerca:

— Pero qué lindas patatas...

— Lindas, ¿no?

— Nos las llevaremos.

— ¡Ni lo sueñes! Trabajamos duro todo el verano para cosecharlas...

El líder te apunta con su rifle directo a la cara.

— Púdrete, marica. Dick, Ziggy, vean que más tienen en la cabaña. Podríamos pasar aquí el invierno. Oye, Mick, coge a la zorra antes que escape; tiene un buen culo. Vamos a tirárnosla más tarde.

Entonces te enfureces y comienzas a gritar:

— ¡Mira, cabrón! No vas a...

El rifle hace ¡BANG! y estás muerto.

* * *

La no violencia sirve únicamente cuando la policía está ahí para protegerte; en cualquier otra situación, la no violencia es prácticamente lo mismo que el suicidio.

Ciertamente hay algunas excepciones: como Colin Turnbull observara, la violencia con resultados mortales contra humanos entre los pigmeos africanos casi no existía. Y aunque hay sociedades de cazadores-recolectores en las que las personas a veces pelean hasta la muerte, jamás conquistan el territorio de otras tribus ni las masacran sistemáticamente. En estas condiciones, la no violencia y la supervivencia son compatibles.

Pero debemos ser realistas: no serán esas las condiciones que se impondrán cuando colapse el sistema tecno-industrial. Hay mucha gente cruel dando vueltas por ahí: los nazis, los Hell’s Angels,[1] el Ku Klux Klan, la mafia... y muchos otros grupos no reconocidos. Esta gente no va simplemente a esfumarse cuando el sistema se venga abajo; seguirán aquí, y no se molestarán en intentar cultivar su propia comida —y si lo hacen, lo más probable es que no tengan éxito— porque les parecerá mucho mejor tomar la comida de alguien más en vez de cultivarla, y, teniendo en cuenta su crueldad, también puede que te maten o te violen sólo por diversión, aunque no necesiten tu comida.

Además de ellos, habrá personas que, habiendo sido tranquilas y apacibles bajo las condiciones actuales, podrían volverse despiadadas al estar desesperadas por conseguir alimento o un terreno cultivable. Puede que no haya gran escasez de alimentos en las regiones supuestamente «atrasadas», en las que los campesinos aún son relativamente autosuficientes, pero en los países y sectores industrializados, donde la agricultura depende completamente de fertilizantes químicos, pesticidas y combustible para los tractores (entre otras cosas), y donde muy poca gente sabe cómo producir eficientemente su propia comida, la escasez será muy grave al colapsar el sistema.

Supongamos por un momento que los países industrializados cuentan con suficiente terreno cultivable para que, en teoría, toda la gente pueda producir su alimento con métodos primitivos. Al no existir un gobierno activo no habrá forma de redistribuir a quienes viven en el campo y asignar a cada familia el lote que le corresponda, lo que resultará en gran confusión y caos. Algunas personas intentarán acaparar más y/o mejor tierra, y otras se les opondrán; se luchará a muerte; surgirán grupos armados que se organizarán con fines defensivos y ofensivos. Si quieres sobrevivir al colapso de este sistema, más te vale estar armado y preparado para defenderte; preparado tanto física como psicológicamente.

Estar armado y preparado para defenderte no sólo será una necesidad; será un deber. Los nazis, los Hell’s Angels y el Ku Klux Klan no serán los enemigos más peligrosos entonces, pues si consideramos su carácter rebelde y anárquico, es improbable que se organicen en grupos grandes y eficientes. Mucho más peligrosas serán las personas que hoy constituyen la columna vertebral del sistema; personas acostumbradas a estar en organizaciones disciplinadas: la clase «burguesa» —ingenieros, ejecutivos de negocios, burócratas, oficiales militares, policías, etcétera. Esta gente estará ansiosa por restablecer lo antes posible el orden, la organización y el sistema tecnológico. Puede que sus métodos no sean tan crueles como los de los nazis o los Hell’s Angels, pero no dudarán en usarla fuerza y la violencia cuando sea necesario para conseguir sus fines. DEBES estar preparado para defenderte físicamente de esta gente.

[1] Famosa pandilla de moteros.