Nuestros compañeros están perfectamente en lo correcto al decir [en su carta] que las huelgas de Mayo son consecuencia de las condiciones económicas generales. Si la vuelta al trabajo en las minas y en la industria del hierro, y si la pobreza espantosa en otros oficios no existiese, no habría huelga alguna, así como no las había a tan gran escala diez años atrás. Pero lo que ignoran nuestros compañeros es que, fuera de todas las organizaciones socialistas, ahora mismo, en los trabajadores de todas las nacionalidades, se está desarrollando una inmensa labor por avanzar hacia una huelga general. Demócratas, sindicalistas, socialistas, anarquistas, tienen absolutamente nada que ver con ello. – “Estamos abrumados por este movimiento” nos dijo, hace dos años, un socialista Belga. En Inglaterra, en una gran ciudad, los socialistas al menos, se agarraron de este movimiento. Fueron bien recibidos al comienzo; pero cuando las personas se dieron cuenta de que querían emplearlo para un fin electoral, les expulsaron por la borda.[1]

Que sea suficiente decir que este movimiento internacional viene de América;[2] que está tomando forma fuera de toda organización [existente]; y que nos encontramos con uno de estos hechos que siempre han caracterizado a los grandes movimientos populares —es comprensión tácita que se establece fuera de los periódicos, los comités, los agitadores. La palabra difundida en el taller es suficiente y se dicen unos a otros: “Que así sea, nos vemos el primero de Mayo!” Luego un trabajador va de Inglaterra a Austria, o de Austria a Inglaterra, y expresa la misma idea, y la idea— ya que resulta de una necesidad económica — es aceptada inmediatamente.

Todas las huelgas de los dos últimos años, en Bélgica, en Inglaterra, en Moravia,[3] etc., etc., se deben a esta difusión espontánea de la idea. Si alguna vez hubo un movimiento anarquista en su esencia y una propaganda esencialmente anarquista en sus procesos, es este. Pues no hay secreto — es un acuerdo tácito que se establece.

Nuestros compañeros de Génova se equivocan al atribuir el primero de Mayo al Congreso de París.[4] Ocurrió absolutamente fuera del Congreso, contra la voluntad de los social-demócratas, contra la voluntad de los comités sindicales y a pesar de la indiferencia de los socialistas, anarquistas y autoritarios. Es precisamente por esa razón que le asignamos importancia.

En un Congreso donde Liebknecht[5] disfrutó de derechos de realeza, un desconocido proveniente de Australia hace la propuesta. Los líderes estupefactos no se atreven a renunciar a ella, pues los delegados obreros —los desconocidos— la aclaman unánimemente. Luego, la propuesta es olvidada. La consigna de la prensa socialista es no exhalar una sola palabra de ello. Socialistas y anarquistas la tratan como chiste. Los demócratas se oponen. Y mientras tanto los trabajadores esparcen el llamado [a una huelga general] entre ellos: nos vemos el Primero de Mayo. Y quince días antes del Primero de Mayo los líderes sindicalistas, socialistas y demócratas se enteran con espanto que los trabajadores estarán en las calles aquel día. Así que ponen buena cara ante estas malas noticias, luego intentan contener la protesta y terminan por unirse a ella. Pero aún así, esperan una protesta poco significativa — y ahí va todo el Londres obrero saliendo de sus casas, un tercio de Viena saliendo al Prater,[6] todo Hamburgo a pie, y una revuelta general de mineros comienza en Moravia, en las provincias Vascas, etc.

De hecho, estamos convencidos de que lo que los iniciadores populares del movimiento querían para el Primero de Mayo era la huelga general — como lo habían querido, unos años atrás, en América. Y estamos convencidos de que la idea de una huelga general ha sido pospuesta solamente, y que el acuerdo popular hallará en un año o dos otra fecha, no prevista por aquellos en el poder, para así comenzar la huelga general.

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Creemos que estos hechos son en general desconocidos y son la mejor respuesta a la carta de nuestros compañeros y por esa misma razón tuvimos que exponerlos en extenso.

“¿Iniciativa individual?” —Maldición! Practiquémosla tanto como sea posible! No hablemos: actuemos! Pero cuando estamos ante un movimiento espontáneo de las masas— frente a una iniciativa individual de millones de trabajadores —no metamos un palo en las ruedas de lo que se está haciendo sin nosotros, en nombre de la iniciativa individual, que excelente será cuando se pone en marcha, pero que, por sí misma, no hará la revolución. El punto fuerte de la iniciativa individual es despertar el espíritu de la revuelta en las masas— porque sin las masas, no hay revolución. Pero una vez que las masas despierten, una vez que se muevan y desciendan por las calles, a riesgo de dormir esa noche en las barricadas (era la idea en Viena), ¿dónde debe ir la iniciativa individual?

La respuesta es obvia — Donde están las masas! Y en el mismísimo día en que las masas se congreguen! Para nosotros, es absolutamente obvio que en Moravia, en las provincias Vascas, en Barcelona, en Valencia y en todo otro lugar, aquellos entre los trabajadores que realmente tienen algo de iniciativa individual y que no esperan la consigna de parte de los anarquistas más que de los demócratas, se dijeron: “Mientras las tropas están en Viena o en Madrid, comenzaremos la revolución aquí, en Moravia, en Barcelona o en Bilbao. Y lo haremos precisamente en el Primero de Mayo (o tal vez el 2 de Mayo) mientras las tropas están aún en Viena o en Madrid, y no el 15 de Mayo o el 15 de Junio, cuando estén de vuelta en nuestras provincias”.

No han sido apoyados, precisamente porque la iniciativa faltaba en otras partes.

En cuanto a los arrestos de los anarquistas —es hora de anticiparlos por adelantado. Toda vez que hay agitación en las masas, de donde sea que venga, el gobierno arrestará anarquistas— si no toman precauciones. Eso ocurrirá antes de la revolución, durante la revolución y después de la revolución. Necesitamos solo recordar a Marat[7] y a tantos otros, menos conocidos, que fueron forzados a vivir en sótanos justo en medio de 1793, mientras los aristócratas eran guillotinados por docenas. Los anarquistas serán arrestados porque —a veces erradamente, pero a menudo acertadamente— los gobiernos se dirán: “Cuando el pueblo esté en la calle y falte aquella iniciativa individual entre las masas que marchan para tomar la sociedad, es desde los anarquistas que la iniciativa de movimiento podrá venir, no de los legalistas”.

Y, notemos, que será absolutamente igual durante la revolución misma, en tanto la revolución, en su desarrollo, no haya alcanzado la fase anarquista. Por lo tanto, no hablemos de ello.

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Sumemos además que si, en el día de una gran protesta popular, difícilmente tome lugar un movimiento en una gran ciudad, siempre unos pocos días tras tal protesta comienza el movimiento. Nos contamos, entendimos su fuerza, fuimos ofendidos por la brutalidad de la policía, nos enrabiamos por el baño de sangre en una demostración pacífica: los soldados mismos están furiosos con sus líderes que les hicieron disparar contra mujeres y niños; y luego, ante un llamado que, una vez más, nace espontáneamente en las masas — preparamos otra protesta. Pero, antes de aquel día, la revolución ya comienza.

En resumen, demos vueltas al asunto una y otra vez tanto como queramos, pero no podemos llegar a otra conclusión que esta: “ya sea que seamos partidarios de la acción individual o de la acción de las masas —y es obvio que ambas son necesarias— el lugar de la persona de acción está donde las masas están. Si lleva a cabo un acto individual; si responde a la patada de un policía con un disparo; si se rebela contra tal iniquidad; si extingue el fuego en alguna fábrica obrera, o si rompe sus ventanas (como se hizo en Moravia); si va a prisión por esparcir propaganda entre las tropas o si emprende algún otro acto de valentía individual — su acto tendrá solamente mayor impacto, ya que fue realizado ante los ojos de las masas, abierta y públicamente, y mientras, la prensa hablará de ello con todo detalle, y mientras, todo trabajador hablará de ello en el taller”.

Es tan simple, y estamos tan seguros de que todos los revolucionarios son de la misma opinión, que solo puede haber debate sobre ello por un malentendido.

Piotr Kropotkin

[1] Una referencia a la Huelga Portuaria de Londres en 1889 (ver el artículo de Kropotkin “Ce que c’est qu’une gréve” [“Lo que una huelga es”], La Révolte, 7 de Sepitembre de 1889. (traductor)

[2] Una referencia al movimiento de 1886 por las ocho horas en América que llamó a los trabajadores a huelga el Primero de Mayo. El evento de Haymarket en Chicago — un ataque policial, una bomba lanzada y la consecuente encarcelamiento y la horca para cinco Anarquistas, fueron parte de esta oleada de huelgas. (traductor)

[3] Moravia fue un país histórico en Europa Central en el Este de la República Checa y uno de los territorios históricos Checos, junto a Bohemia y la Silesia Checa. (traductor)

[4] Una referencia a la fundación del congreso de la Segunda Internacional sostenida en París durante Julio de 1889. Este congreso designó el Primero de Mayo como feriado internacional para el trabajo, marcado por protestas y marchas. Se inspiró en el movimiento Americano por las Ocho Horas de 1886. (traductor)

[5] Wilhelm Martin Philipp Christian Ludwig Liebknecht (1826-1900) fue un sobresaliente social demócrata alemán. Bajo su liderazgo, el Partido Social Demócrata Alemán (SPD) pasó de ser una pequeña secta a el partido político más grande del país. (traductor)

[6] El Prater es un gran parque público en el segundo distrito (Leopoldstadt) de Viena. (traductor)

[7] Jean-Paul Marat (1743-1793) fue una de las voces más radicales de la Revolución Francesa. Fue un vigoroso defensor de los sans-culottes y publicó el periódico L’Ami du people (El Amigo del Pueblo) renombrado por su tono fiero y su defensa de los derechos políticos y económicos de las clases trabajadoras. Fue asesinado mientras tomaba un baño medicinal y se volvió un mártir revolucionario para los Jacobinos. Kropotkin le cita favorablemente en su historia clásica de 1909, La Gran Revolución Francesa. (traductor)