Título: Mujeres Libres
Subtítulo: España 1936-1939
Fecha: 1975
Fuente: Recuperado el 11 de noviembre de 2016 desde anarquismoenpdf.tumblr.com.
Notas: Tusquets, Barcelona, 1975. Edición de La Congregación [Anarquismo en PDF]. La paginación de esta edición no concuerda con la paginación de la edición original ni la edición de Anarquismo en PDF.

    Estudio preliminar[1]

  Antecedentes de Mujeres Libres: El problema de la mujer en los medios anarquistas durante la II República

    La cuestión femenina en nuestros medios

    Resumen al margen de la cuestión femenina para el compañero M.R. Vázquez

  Organización y desarrollo de Mujeres Libres

    Origen y actividades de la agrupación Mujeres Libres

    Finalidades

    Cómo organizar una agrupación Mujeres Libres

    Caracteres de nuestra lucha

    «Henos aquí otra vez...»

    Las mujeres en los primeros días de lucha

    Salvemos a las mujeres de la dictadura de la mediocridad. Labor cultural y reconstructiva para ganar la guerra y hacer la Revolución

    La mujer, factor indispensable para el triunfo de la guerra y de la Revolución

    La Federación

    Los que deshonran al anarquismo

    Informe de la Federación Mujeres Libres

    Acta de la reunión de Mujeres Libres

    Personalidad...

    Actitud clara y consecuente de Mujeres Libres

    Campesina

    Esquemas

    Cultura

    El Casal de la Dona Treballadora

    Nuevas conquistas para la Asistencia Social

  Mujeres Libres como organización feminista

    Situación social de la mujer

    La doble lucha de la mujer

    Necesitamos una moral para los dos sexos

    El problema femenino

    En vez de crítica, soluciones

    El trabajo

    El trabajo intelectual y manual de la mujer

    La incorporación de las mujeres al trabajo

    Nivelación de salarios

    ¿Hasta cuándo?

    Redoblemos el esfuerzo

    ¡Mujeres!

    Entrevista

    Temple de mujer

  Actitud ante la cuestión sexual

    El problema sexual y la revolución

    La revolución de los sexos

    Maternidad y maternalidad

    Proyecto para la creación de una fábrica de bodas en serie. Churros auténticos

    La ceremonia matrimonial o la cobardía del espíritu

    Acciones contra la prostitución

    Liberatorios de prostitución

    «Los music-halls y las casas de prostitución...»

  La educación de los niños

    Pedagogía

    Enseñanza nueva

    Eliminad el miedo

    Niños

    Niños, niños, niños

    No es mejor madre la que más aprieta al hijo contra su seno, sino la que ayuda a labrar para él un mundo nuevo

    Niño

    Nuestra labor en la casa de Maternidad de Barcelona

    Hacia un deporte nuevo

  Apéndice

    Localización de las agrupaciones de Mujeres Libres

Estudio preliminar[1]

El propósito de esta pequeña antología es dar a conocer, a través de sus propios textos, una organización femenina española, de orientación anarquista,[2] llamada Mujeres Libres, cuyo período de actuación va de abril de 1936 a febrero de 1939.

La investigación histórica sobre el período de la Segunda República y la Guerra Civil no ha prestado atención a esta organización. Uno de los motivos es, posiblemente, el que no contara con personalidades destacadas, ya que la Historia suele escribirse tomando como punto de referencia la actuación de las figuras más conocidas de cada período. Sin embargo, son las masas anónimas las que hacen la Historia, y es en este sentido en el que la actuación de Mujeres Libres presenta interés. En efecto, contó con un número apreciable de afiliadas, 20.000, la mayor parte obreras, con núcleos en gran parte del territorio leal a la República.

Pero su interés histórico radica, sobre todo, en el hecho de que Mujeres Libres planteó, por primera vez en España, la problemática de la mujer desde una perspectiva de clase: es decir, la liberación femenina desde la perspectiva de la emancipación de la clase obrera, que podemos denominar feminismo proletario por contraposición a los movimientos feministas de carácter burgués, que, por otra parte, han sido estudiados con cierta extensión.

Antecedentes de Mujeres Libres: el problema de la mujer en los medios anarquistas durante la Segunda República

Se ha considerado con frecuencia que la preocupación por el problema de la mujer era patrimonio de los movimientos feministas burgueses, cuyos planteamientos pocas veces fueron más allá del sufragismo. Sin embargo, los anarquistas tuvieron siempre conciencia de este problema, aunque como cuestión secundaria, y limitada, la mayoría de las veces, a la formulación de unos principios generales.[3]

En España, también el movimiento anarquista se preocupó por el tema y, a finales del siglo XIX y principios del XX, distintos escritores anarquistas como Anselmo Lorenzo, José Prat y Teresa Claramunt, le concedieron cierta importancia. Ya en el primer tercio del siglo XX, fue objeto de artículos y folletos en las publicaciones anarquistas, en especial «La Revista Blanca» donde Federica Montseny se ocupó extensamente del problema femenino[4] como también en la revista «Estudios».[5]

Durante la Segunda República el interés por este problema fue en aumento manifestándose bajo tres aspectos interrelacionados:

1.º La campaña en pro de la educación sexual. A lo largo de los años treinta, la cuestión sexual despertaba una gran curiosidad y se estimaba que únicamente a través de una adecuada educación sexual podría llegarse a una completa libertad sexual, en la que las relaciones entre los seres humanos se desarrollarían de una manera óptima.[6] Los anarquistas preconizaban la libertad sexual por igual en ambos sexos. Se interesaron por educar a la mujer con el fin de que pudiera gozar de esta libertad.

2.º Una serie de escritos publicados en la prensa, en los que se exponían las concepciones de la mujer vigentes en los círculos libertarios, concepciones a menudo heterogéneas, e incluso contradictorias, no solo sobre la función y el papel de la mujer en la sociedad, como también sobre su propia naturaleza humana. Puede decirse que la diversidad de opiniones sobre la mujer refleja, grosso modo, dos tendencias en el planteamiento del problema.

Por un lado había una tendencia fuertemente influenciada por el pensamiento de Proudhon. Para Proudhon la función de la mujer se limitaba a la de ser «gestatriz y nodriza» y consideraba que moral e intelectualmente, y en su constitución física, la mujer era inferior al hombre. En los medios anarcosindicalistas y anarquistas de los años treinta todavía perduraban, entre bastantes militantes, aunque más suavizadas, estas ideas proudhonianas.

Predominaba en muchas ocasiones la idea de que la función de la mujer en la sociedad estaba determinada por su biología, es decir, que su función era la reproducción de la especie, que su papel fundamental era la maternidad. Dado que la mujer se realizaba a través de la maternidad, su vida tenía que desarrollarse en el hogar. Se daba con frecuencia el criterio de que la mujer no debía incorporarse activamente a la vida política, económica y social del país.

En cuanto a lo que se refiere a la producción, se seguía opinando que el trabajo era, si no un monopolio, sí un privilegio del sexo masculino. Al mismo tiempo se pensaba que la mujer representaba un factor de competencia en el mundo del trabajo, aumentando el paro entre los obreros y una baja en los salarios. Se consideraba además que la mujer no podía participar plenamente en la lucha social, puesto que según se deducía de su falta de preparación cultural y política, así como de la mayor influencia sobre ella de la Iglesia y de los valores burgueses, no estaba preparada para esta lucha. La tarea de la mujer en la lucha social debía limitarse, pues, a ayudar a los hombres desde el hogar facilitándoles, con estímulo y comprensión, su participación en la misma.

Junto a esta visión proudhoniana coexistía otra más de acuerdo con la concepción de Bakunin sobre la completa igualdad de la mujer y del hombre. Esta, que reivindicaba la completa igualdad de derechos y deberes para los dos sexos, era la más extendida, al menos a nivel teórico, entre los anarquistas. Este fue el criterio adoptado en el dictamen del Congreso de Zaragoza de mayo de 1936 sobre el Concepto Confederal del Comunismo Libertario.[7] De los militantes anarquistas fue quizá Morales Guzmán quien defendió con más asiduidad la emancipación de la mujer destacando la urgencia de una plena participación de la mujer, tanto en el trabajo como en la lucha social. Criticó la actuación de los muchos militantes e intentó demostrarles la contradicción entre su lucha por la igualdad y la libertad en el terreno económico y social y su actitud autoritaria en el hogar.

3.º Estas discusiones, junto con la antes mencionada campaña en pro de la educación sexual, dieron lugar a la progresiva toma de conciencia de las mismas mujeres quienes, asimilando los principios anarquistas, los aplicaron a su propia situación.

Este último hecho es particularmente relevante, puesto que dio origen a un movimiento surgido de la base de militantes que se plantearon el problema, no solo como anarquistas, sino también como mujeres. (Textos págs. 40 y 57). Como consecuencia de esta toma de conciencia surgieron reivindicaciones de una auténtica igualdad entre los sexos, igualdad proclamada a nivel de principios por el movimiento libertario, pero no realizada en la práctica. Por este motivo, y también porque se dieron cuenta del relativo fracaso del movimiento libertario para atraerse a las mujeres obreras, surgió, en abril de 1936, la organización femenina: Mujeres Libres.

Organización y desarrollo de Mujeres Libres

Mujeres Libres nació de un grupo de mujeres que, en abril de 1936, comenzaron a preparar la publicación de una revista, que llevaba el mismo nombre de la organización, dedicada a «cultura y documentación social» con el fin de interesar a las mujeres en temas sociales y atraerlas a las ideas libertarias. Parece haberse concebido, no solo a raíz de los debates en la prensa anarquista anarcosindicalista sobre el tema de la mujer, sino también de la creciente conciencia entre las mujeres anarquistas de la necesidad de tener una organización específicamente femenina.

Las fundadoras de la organización Mujeres Libres eran tres: Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. Lucía Sánchez Saornil fue tal vez el miembro más prolífico de Mujeres Libres. Colaboradora en revistas teóricas anarquistas, como «La Revista Blanca» y «Tiempos Nuevos»,[8] y en la prensa anarcosindicalista, concretamente en «Umbral», «Solidaridad Obrera», «El Libertario» y «CNT» de Madrid, desempeñó el cargo de Secretaria Nacional de Mujeres Libres y, en mayo de 1938, pasó, además, a ocupar el cargo de Secretaria del Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista.[9] Mercedes Comaposada fue también colaboradora en la prensa anarcosindicalista, en «Ruta» y «Tierra y Libertad», y ocupó el puesto de redactora de la revista «Mujeres Libres». Amparo Poch y Gascón colaboró en «La Revista Blanca», «Tiempos Nuevos» y «Tierra y Libertad». Doctora en medicina, se interesó especialmente por la puericultura. Desempeñó el cargo de directora del Casal de la Dona Treballadora en Barcelona desde diciembre 1937.[10]

El núcleo inicial de mujeres anarquistas que fundaron la revista «Mujeres Libres» a finales de abril 1936 se fue ampliando hasta incorporar a otras mujeres interesadas en mejorar la educación social y profesional de las jóvenes que acudían a las clases de la Federación Local de Sindicatos en Madrid. De ellas surgió la primera agrupación de la organización Mujeres Libres. En septiembre de 1936, el «Grupo Cultural Femenino», núcleo de mujeres libertarias de Barcelona, se unió a la agrupación de Madrid, constituyéndose así la segunda agrupación de la organización. (Texto pág. 63).

Durante los dos años siguientes, la organización fue extendiéndose por la zona republicana del país. La región con más agrupaciones de Mujeres Libres fue Cataluña, donde, con excepción de las agrupaciones de las barriadas de la ciudad de Barcelona, se alcanzó el número de 40 agrupaciones en diversos pueblos y ciudades de la región. En Madrid, existían agrupaciones en 13 barriadas de la ciudad y, en la región del centro, unas 15 agrupaciones, principalmente en Guadalajara. También proliferaron en la región de Levante, donde se crearon unas 28 agrupaciones. En Aragón, se han citado 14 agrupaciones que formaban la Federación Provincial de Mujeres Libres, sin embargo, solo se han podido localizar en 5 pueblos de esta región.[11] El total de las agrupaciones de Mujeres Libres parece haber sido de 147, que reunían a unas 20.000 afiliadas, en su mayoría de clase obrera.[12]

Mujeres Libres se había concebido y formado antes de los acontecimientos de julio 1936. Había ya publicado tres números de su revista. Por lo tanto, no fue una organización más de las surgidas a raíz de la guerra, aunque las peculiares circunstancias bélicas determinaron de una manera considerable la posterior trayectoria de la organización.

El primer Congreso Nacional de Mujeres Libres tuvo lugar en Valencia durante los días 20 y siguientes de agosto de 1937.

A este primer Congreso Nacional asistieron delegaciones de Barcelona en representación de 28 agrupaciones de la provincia: Aragón, en nombre de 2 agrupaciones; Lérida, en representación de 7 agrupaciones; Guadalajara, en representación de 25 agrupaciones, así como delegaciones de las agrupaciones de Utiel, Horcha, Gerona, Sadurní de Noya, Alcoy, Yebra, Igualada, Mondéjar, Elda, Alginet y Almería. En este Congreso Nacional se estructuraron las bases definitivas de la organización, dividida en Agrupaciones Locales, Provinciales y Regionales con sus consiguientes Comités Provinciales y Regionales. A nivel nacional, se acordó la constitución de un Comité Nacional. Junto a este Comité Nacional se creaba un Sub-Comité Nacional para facilitar la tarea del Comité Nacional. Este Sub-Comité se constituyó en seis Secretarías distintas: Secretaría General; Organización; Político-Social; Economía y Trabajo; Propaganda Cultural y Prensa; y Asistencia Social (Ayuda Moral al Combatiente). Con la constitución de la Federación Nacional de Mujeres Libres en el Congreso de agosto de 1937 se establecieron definitivamente las bases federativas de la organización. El Congreso afirmó el principio de independencia y autogestión de las distintas agrupaciones estableciendo que las agrupaciones podían federarse entre sí a nivel local, a nivel provincial, a nivel regional y a nivel nacional.[13]

El objetivo inicial de Mujeres Libres fue la emancipación de la mujer y su captación para el movimiento libertario. La organización consideró siempre como su finalidad primordial la liberación de la mujer y en especial de la mujer obrera, de la triple esclavitud que recaía sobre ella: esclavitud de la ignorancia, esclavitud como productora y esclavitud como mujer. Al mismo tiempo, durante la guerra, la organización asumió la tarea de incorporar a la mujer a la producción. (Texto pág. 67).

El desarrollo de la organización femenina libertaria tuvo lugar en un período histórico de gran tensión social y fue este mismo momento histórico, de guerra y revolución, el que determinó de cierta manera el auge de Mujeres Libres. El ambiente catalizador de guerra hizo que muchas mujeres salieran de su tradicional papel pasivo y tomaran parte activa en el proceso productivo y en la vida social. Mujeres Libres quiso canalizar esta intervención espontánea de las mujeres mediante la integración permanente de la mujer en la lucha social y en particular en la defensa constante de las conquistas revolucionarias de la clase obrera. La escasez de mano de obra masculina causada por la incorporación a las filas acarreó la necesidad de la incorporación de las mujeres obreras a los puestos de trabajo abandonados. «Los hombres al frente, las mujeres al trabajo» fue la constante consigna de Mujeres Libres a lo largo de este período.[14] Aunque esta postura discriminaba de hecho a la mujer, Mujeres Libres la apoyó destacando que era en la retaguardia donde las mujeres tenían que desarrollar la lucha.[15]

La postura política de Mujeres Libres se definía por la necesidad de llevar e cabo la Revolución Social. Consideraba que, en julio de 1936, se habían dado ya los primeros pasos hacia su realización y proponía como tarea específica de las mujeres anarquistas la consolidación de las conquistas revolucionarias en la retaguardia. En su análisis de la coyuntura política, Mujeres Libres señalaba que la denominación de «guerra civil» al conflicto que entonces vivían era incorrecta, puesto que se trataba, según ellas, de una «guerra social» donde se desarrollaba una lucha de clases. Así pues, la guerra no se concebía como la mera defensa de un territorio, ni la del Estado Republicano, sino que se trataba de una guerra «revolucionaria» en la que se luchaba en defensa de los intereses de la clase obrera y por la implantación de un sistema social más justo.

Mujeres Libres rechazaba, por lo tanto, el slogan según el cual se luchaba para ganar la guerra y defender la República Democrática y Parlamentaria. Para ellas, se trataba de algo más trascendental, que en ningún momento podía limitarse a la defensa de un Estado en el que ni siquiera se vieron defendidos los intereses de los trabajadores: se trataba, en realidad, de realizar la Revolución Social.

De acuerdo con esta postura, Mujeres Libres llevó a cabo, en sus escritos, una crítica de las posturas políticas del Partido Comunista Español (PCE) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), que se limitaban a defender este Estado Republicano, acusándoles de practicar una política antisindical y reformista, que favorecía los intereses, no de la clase obrera, sino de la pequeña burguesía.

En la línea de su orientación anarquista, Mujeres Libres mantenía que la destrucción del capitalismo debía implicar la abolición del Estado, y esta, a su vez, supondría la de los partidos políticos al desaparecer su razón de ser, o sea la conquista del poder estatal. Así, la consolidación del poder obrero y las conquistas revolucionarias se llevarían a cabo por los sindicatos. La actuación de algunos conocidos dirigentes anarquistas y anarcosindicalistas al colaborar con los organismos del Estado de la República, contradiciendo así sus principios ácratas, suscitó lógicamente reacciones opuestas entre los miembros de Mujeres Libres.[16] Cabe señalar, no obstante, que no se llegó a criticar explícitamente esta política colaboracionista.

Mujeres Libres, como organización libertaria, se identificaba con las aspiraciones del movimiento libertario español, y consideraba la organización femenina como parte integrante de este movimiento. Nunca se concibió como un organismo secundario dentro del movimiento anarquista y se rechazó cualquier tendencia que pudiera suponer su instrumentalización. Mujeres Libres insistía en señalar que esto era precisamente lo que lo diferenciaba de los demás organismos femeninos de otras tendencias políticas, ya que estos no eran más que meros apéndices de los partidos políticos, o, como máximo, secciones femeninas subordinadas a estos partidos. Mujeres Libres reivindicó constantemente su propia autonomía como organización y quiso ser reconocida como rama autónoma del movimiento libertario. Mujeres Libres, según sus miembros, debía ser considerada al igual que la CNT, la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y la FIJL(Federación Ibérica de Juventudes Libertarias), las tres ramas ya existentes en el movimiento libertario español.

Mujeres Libres no desistió en sus esfuerzos y, en octubre de 1938, al encontrarse todavía marginada, presentó un Informe al Pleno Regional del Movimiento Libertario con objeto de facilitar una información detallada sobre la organización femenina y solicitar que se le reconociera como parte integrante del movimiento.[17]

Esta solicitud formal de Mujeres Libres fue rechazada, alegándose que una organización específicamente femenina sería un elemento de desunión y de desigualdad dentro del movimiento libertario y que tendría consecuencias negativas para el desarrollo de los intereses de la clase obrera.[18]

La organización femenina libertaria representaba una experiencia innovadora dentro del mundo del anarcosindicalismo y del anarquismo español, experiencia que no era del completo agrado de los militantes libertarios, puesto que la postura feminista de Mujeres Libres fue criticada por los diversos organismos. Las relaciones entre Mujeres Libres y la CNT, la FAI y la FIJL se desarrollaron en un ambiente de tirantez. Mujeres Libres consideraba que la incomprensión de los organismos libertarios y su postura, entre excesivamente crítica y frívola por un lado, y condescendiente por otro, hicieron que la tarea de Mujeres Libres dentro del movimiento anarquista fuera particularmente difícil. Mujeres Libres combatió la idea predominante de que la lucha social, la política o el mundo del trabajo, eran dominio exclusivo de los hombres, e intentó que los organismos libertarios se dieran cuenta de la necesidad de integrar a la mujer a todos los campos de la vida política y económica. No solo reivindicó la representación en el movimiento libertario para todo problema relacionado con la mujer, sino que procuró obtener que las mujeres militantes de su organización participasen, en los diferentes organismos, no solo como militantes de base, sino también en la dirección de los mismos, tanto a nivel de comités de fábrica como de consejos de los sindicatos de la CNT. (Textos págs. 94 y 96).

Las aspiraciones de Mujeres Libres quedaron por lo general truncadas por la falta de cooperación y por el desinterés de las demás organizaciones libertarias. Nunca llegó a superar la animosidad, o el paternalismo, que caracterizaron la actitud de la mayoría de los militantes. Mujeres Libres consideraba que los constantes roces y fricciones que tenía su organización y la CNT, la FAI, y las FIJL se debían, entre otras causas, a la perduración de los prejuicios machistas y a la aversión a dejar en manos de mujeres tareas incorrectamente consideradas como del dominio exclusivo del hombre.[19]

Esta misma actitud de hostilidad caracterizaba, por otras razones, las relaciones de Mujeres Libres con las demás organizaciones femeninas de tendencias políticas diferentes. De igual manera que había rechazado el postulado político según el cual consideraba que el objetivo de la guerra se limitaba a la defensa de una república democrática, también se negó a identificarse con las organizaciones femeninas cuyos programas se limitaban a la lucha antifascista y cuya razón de ser era la de ganar la guerra.

Si bien en ciertas ocasiones, para la realización de programas concretos, se llegó a establecer una cierta colaboración entre Mujeres Libres y estas organizaciones, por norma general, Mujeres Libres mantuvo una línea de actuación independiente recalcando siempre la orientación anarquista de la organización y sus aspiraciones revolucionarias.[20] (Textos págs. 98 y 100).

Mujeres Libres como organización feminista

Mujeres Libres se concibió como medio de captación de las mujeres obreras para el movimiento libertario español, y, a la vez, como movimiento de defensa de las mujeres anarquistas frente a los demás organismos femeninos de diversas tendencias políticas que surgieron en la misma época y particularmente a raíz de la guerra.[21]

Sin embargo, puede decirse que Mujeres Libres no se limitó a ser un medio aglutinador de obreras españolas, sino que fomentó en todo instante una personalidad propia, asumiendo al mismo tiempo la función de ser, no solo una organización libertaria, sino también feminista.[22]

Mujeres Libres partía de una doble conciencia: en primer lugar, una conciencia social y política, que se identificaba con los intereses de la clase obrera y, en segundo lugar, una conciencia feminista que le hacía reivindicar la liberación de la mujer de su estado de opresión como mujer. Esta característica de feminismo proletario es quizás el elemento más original de la organización.

Para Mujeres Libres, la cuestión transcendental no era la liberación de la mujer en sí, sino que consideraba que esta debía plantearse dentro del marco más amplio de la emancipación de la clase obrera. Mujeres Libres se identificaba con el ideal revolucionario anarquista y, por lo tanto, con sus aspiraciones de establecer una sociedad en la que existiera una igualdad auténtica de derechos y deberes entre los sexos y cuyo sistema social se basara en el Comunismo Libertario. Consideraba que los cambios sociales y económicos, que suponía la Revolución Social, tendrían que ir acompañados de unos cambios cualitativos en la persona que permitirían la formación del nuevo hombre revolucionario, el hombre «integral» anarquista. Sin embargo, para los miembros de Mujeres Libres, la labor de transformación revolucionaria de la sociedad tendría que ser íntimamente ligada a la tarea de derrocamiento de una sociedad patriarcal basada en el autoritarismo masculino. (Texto pág. 120).

Mujeres Libres solo veía la liberación de la mujer posible dentro del marco de la Revolución Social y estimaba que no debía ser un resultado mecánico de esta Revolución, sino que debía constituir un movimiento convergente y autónomo. Por eso insistía constantemente en la idea, ya esbozada a principios de siglo por la anarquista Teresa Claramunt,[23] de la necesidad de la autoemancipación de la mujer. Consciente también de la contradicción inherente a la postura de muchos militantes anarquistas en cuanto a lo que se refiere a la mujer, consideraba que, dentro de los organismos existentes en el movimiento libertario español, difícilmente podría efectuarse esta liberación de la mujer. De ahí que considerara imprescindible la existencia de una organización específicamente femenina que asumiera el papel impulsor de la autoemancipación y la liberación de la mujer infundiéndole una orientación libertaria para que defendiera simultáneamente los intereses de la clase obrera y de los de la mujer.

El feminismo de Mujeres Libres, a diferencia del feminismo «burgués» español (protagonizado por ejemplo por una Celsia Regia, los miembros del Lyceum Club de Madrid, o bien por Francisca Bonnemaison o Dolores Moncerdá en Cataluña),[24] tenía un marcado carácter obrero y se identificaba plenamente con las aspiraciones anarquistas. No pretendió llevar a cabo un programa feminista fuera del contexto de la lucha de clases, aunque dentro de su línea libertaria destacó que era necesario aunar la emancipación del proletariado y la emancipación de la mujer. Si bien es verdad que la circunstancia de la guerra hicieron que se concediera más importancia a otros aspectos de las actividades de Mujeres Libres, puede afirmarse que militantes de Mujeres Libres, tanto en la teoría (la doble lucha de la mujer), como en la práctica (formación y capacitación de las mujeres a través de sus agrupaciones), insistieron en la necesidad de desarrollar la conciencia feminista de la mujer trabajadora, subrayando que en una revolución social en la que no se realizara la liberación de la mujer, no tendría sentido.

Al considerar que la mujer tenía una serie de problemas específicos, por el mismo hecho de ser mujer, Mujeres Libres desarrolló la teoría de que la mujer tenía que llevar a cabo una doble lucha. En primer lugar, la mujer, al igual que el hombre, como miembro de una sociedad, tenía que desarrollar una lucha social para derrocar el sistema social y económico vigente y establecer una sociedad en la que no hubiera explotación de la clase obrera, a saber, una sociedad en régimen de Comunismo Libertario. Además la mujer, a diferencia del hombre, debía a la vez luchar para acabar con su propia explotación como mujer: es decir, la segunda vertiente de la doble lucha de la mujer sería la lucha por su propia liberación como persona. (Texto pág. 117).

De acuerdo con su ideología anarquista Mujeres Libres no pretendía ser una organización de una minoría de dirigentes, sino que se proponía ser una organización de las masas de mujeres trabajadoras. Por eso, el posterior desarrollo de Mujeres Libres se vio condicionado por la preparación y educación previa de sus afiliadas. La organización tuvo que adaptarse a las exigencias y a la problemática que la misma falta de preparación política y cultural de las mujeres obreras le planteaba. La corta vida de Mujeres Libres y las circunstancias de la guerra hicieron que no se llegara a discutir a fondo, a nivel de organización, los problemas ideológicos de Mujeres Libres. Los Plenos y Congresos de Mujeres Libres, una vez establecidas las bases de la organización, se dedicaron principalmente a asuntos relacionados con el momento político. Por lo tanto, no es de extrañar que en las publicaciones de Mujeres Libres aparezcan opiniones divergentes, e incluso contradictorias, acerca de los diferentes problemas.

Dentro de su programa de actividades, dio mucha importancia a la cultura como medio esencial para la elevación social de la mujer. Puesto que una de las finalidades de la organización era liberar a la mujer de su estado de ignorancia, es lógico que diera importancia a la divulgación de una cultura general entre las obreras. Sin embargo, Mujeres Libres rechazaba la idea de «la cultura por la cultura», o la cultura que podía adquirirse para la promoción individual de la persona. La cultura ayudaría a una mayor comprensión del significado del anarquismo y de la Revolución Social.

El interés de Mujeres Libres por la formación cultural de las mujeres provenía también del hecho de considerar imprescindible que tanto la cultura como la técnica estuvieran en manos de los miembros de la clase obrera y fueran utilizadas de acuerdo con sus intereses. Estimaba que una sólida formación cultural ayudaría, además, a aumentar la independencia de la mujer como persona al facilitarle los medios para llegar, por sí misma, a formar opiniones propias sobre problemas de diversa índole.

La labor cultural de Mujeres Libres se desarrolló principalmente a través de los Institutos de Mujeres Libres de Madrid y Valencia, y del Casal de la Dona Treballadora en Barcelona. (Texto pág. 110). Al mismo tiempo, en las diversas agrupaciones locales se organizaban clases elementales y de cultura general. Mujeres Libres realizó, como una de sus tareas más importantes en el campo de la cultura, una campaña contra el analfabetismo entre las mujeres obreras, organizando cursos en la mayoría de las agrupaciones.

Uno de los vehículos culturales de Mujeres Libres fue la revista «Mujeres Libres» de la cual se publicaron unos 13 números en total. La revista se proyectaba hacia el exterior, hacia la captación de mujeres de otros sectores políticos y del mundo cultural para el movimiento libertario. Aspiraba también a facilitar la capacitación intelectual y filosófica de sus lectoras así como a servir de órgano de información de sus actividades. La revista no quería limitarse únicamente a temas de «interés femenino»; pretendía abarcar un campo. Editó, además, unos folletos muy elementales dirigidos a un público con poca preparación. (Textos págs. 105 y 186). Tenía en proyecto la publicación de un semanario que se redactaría en «lenguaje llano» y que fuera más accesible a las mujeres obreras y campesinas. Por razones de diversa índole este semanario titulado «Luchadoras» no llegó a publicarse.[25]

Mujeres Libres consideraba que la mujer debía incorporarse a la producción y no limitarse a un trabajo en su hogar. La base de la independencia de la mujer y, por lo tanto, de su emancipación residía según Mujeres Libres en su independencia económica. Por consiguiente, para lograr esta independencia económica, tan esencial para la realización de su libertad personal y social, la mujer tenía que trabajar. Mujeres Libres rechazó la existencia de un monopolio o un privilegio masculino del trabajo. Advirtió incluso que, si bien las exigencias de la guerra fomentaban una rápida incorporación de las mujeres a la producción, no deberían aceptar regresar a sus hogares una vez que ya no hubiera necesidad de la mano de obra femenina. (Textos págs. 124, 128 y 130).

Según Mujeres Libres, la incorporación de la mujer al trabajo no podía ser una medida transitoria puesto que la mujer tenía tanto derecho como el hombre a participar en la producción y que todo el mundo, sin distinción de sexo tenía el derecho permanente e inalienable a un trabajo digno. Mujeres Libres, en este sentido, afirmaba que la mujer que no trabajara constituía una carga para la sociedad y actuaba como parásito social en detrimento de los intereses de la colectividad. Consideraba que el trabajo en el hogar tampoco podía eximir a la mujer de participar en la producción. Para Mujeres Libres el trabajo que se realizaba en el hogar se hacía exclusivamente en beneficio de unos individuos aislados: el trabajo debía beneficiar a toda la colectividad. Esta opinión, sin embargo, no era compartida por todas las articulistas.

Mujeres Libres era consciente de la animosidad que provocaba entre los obreros la incorporación de mano de obra femenina y también comprendía sus razones. Mantenía, sin embargo, que esta incorporación no tenía por qué repercutir necesariamente en el descenso de la remuneración masculina ni en el paro obrero. Creía que, si, en lugar de favorecer los intereses de la burguesía con este enfrentamiento entre obreros y obreras los trabajadores de ambos sexos se solidarizaran entre sí formando un frente común ante la patronal con un programa de mutuo apoyo, la entrada de las mujeres en la fuerza de trabajo podría no ya perjudicar las condiciones de vida del obrero sino, al contrario, fortalecer la causa obrera y mejorar las condiciones de trabajo para ambos sexos. (Textos págs. 47 y 130). Mujeres Libres reconoció, de todas maneras, que este proceso requeriría una etapa previa de re-educación tanto del obrero como de la obrera.

La organización feminista libertaria no se limitó a formular postulados teóricos sobre la incorporación de la mujer en el trabajo, sino que procuraba facilitar a sus miembros una instrucción técnico-profesional que les permitiera ocupar, no solo los puestos más bajos, sino también los que exigían una cierta calificación. Se dedicó así mismo a los problemas prácticos de la mujer con familia que trabajaba fuera del hogar. Realizó una extensa campaña para la creación de guarderías gratuitas en fábricas o en barrios obreros.[26]

Junto a esta campaña, Mujeres Libres reivindicó la creación de comedores populares para los trabajadores de ambos sexos, a fin de aliviar las tareas domésticas de la mujer obrera. Al mismo tiempo, en la línea de su orientación anarquista preconizó la igualdad de salario para todos los trabajadores mediante el salario único y, como es lógico, la igualdad de salarios para hombres y mujeres que realizaban un mismo trabajo. (Textos págs. 136 y 139).

Actitud ante la cuestión sexual

Mujeres Libres creía que la desigualdad económica y social de la mujer frenaba, no solo el correcto desarrollo de la lucha para la Revolución Social y por la liberación de la mujer, sino que era una de las causas primordiales del problema sexual. Para Mujeres Libres, la dependencia económica de la mujer, en la mayoría de los casos la esclavizaba y le quitaba libertad en el terreno sexual. El problema sexual estaba íntimamente ligado a los problemas sociales y económicos y, por lo tanto, Mujeres Libres consideraba que debía buscarse una solución global de tipo social. (Texto pág. 149).

Para Mujeres Libres las anteriores campañas en pro de una libertad sexual, que tanto auge tuvieron en los medios anarquistas y anarcosindicalistas, habían, por lo general, perjudicado a la mujer. Estas campañas no habían logrado crear una auténtica comprensión de lo que representaba la libertad sexual; al contrario, en la mayoría de los hombres había cuajado una concepción superficial que, de hecho, iba en contra de los intereses de las mujeres.

Los miembros de Mujeres Libres criticaban la acusación de muchos militantes que se tenían a sí mismos como anarquistas y que, en sus relaciones con las mujeres que acudían a ateneos o a lugares de reunión, las consideraban como un objeto sexual cuya función era la de satisfacer el instinto sexual del hombre. La libertad sexual que se realizaba, según los anarquistas, en el amor libre, debía ser una superación y una sublimación del amor en el que, en un plano de completa independencia, se alcanzaría una compenetración entre el hombre y la mujer a todos los niveles.[27] Pero, para Mujeres Libres, los anteriores intentos de libertad sexual no se acercaron siquiera a esta concepción e incluso resultaron negativos para las mujeres; en primer lugar por llevarlas a una pseudolibertad que, en realidad, no hacía más que reforzar su esclavitud sexual anterior; y en segundo lugar, por desviar toda la amplia problemática social y económica al terreno exclusivamente sexual. Advertía también que el intentar establecer una libertad sexual bajo las estructuras económicas y sociales vigentes era partir de un falso planteamiento del problema, puesto que, bajo el régimen capitalista, solo una pequeña minoría de mujeres podría aspirar a esta libertad, excluyendo por completo a la mayoría de las masas trabajadoras.

Dentro de esta crítica a la actitud de muchos hombres (y mujeres) anarquistas destaca la de mujeres libres hacia toda forma de matrimonio. Aunque los anarquistas, en teoría, no legalizaban sus uniones, en la práctica, los matrimonios civiles eran una forma corriente de unión; incluso, cuando encontraban dificultades para institucionalizar los matrimonios, los propios militantes anarquistas se encargaban de certificarlos.[28] Esta actuación que contradecía los principios anarquistas, fue criticada con dureza por las militantes de Mujeres Libres (Textos págs. 159 y 162).

En los escritos de Mujeres Libres, se refleja una tendencia a destacar la necesidad de que la mujer se independice para su desarrollo y su realización como persona humana; y, entre los miembros de Mujeres Libres, prevalecía el criterio de que la mujer era un ser racional y pensante sobre el de la sublimación de su función como madre. (Texto pág. 47).

Esta postura, defendida por algunos miembros de Mujeres Libres, encabezados por Lucía Sánchez Saornil, suponía que la maternidad no era más que una de las múltiples posibilidades de la mujer para realizarse.

La mujer, como madre, no tenía que gozar de una posición prioritaria sobre la mujer como trabajadora o como militante en la lucha social.

En los medios libertarios no predominaba este criterio sobre la maternidad; se la concebía más bien como algo que complementaba a la mujer como tal y que la llevaba a la cima de su desarrollo como persona.[29]

La tónica imperante era, pues, la exaltación de la mujer como madre y la mistificación de los hijos como medio de la realización completa de la mujer. Entre los miembros de Mujeres Libres se encontraban también partidarias de esta concepción de la maternidad, preconizada en especial por Amparo Poch y Gascón. Pero, pese a la heterogeneidad de opiniones, todas estaban de acuerdo en la necesidad de desarrollar un sentimiento de maternidad consciente entre las mujeres trabajadoras.[30]

Por otra parte, la prostitución mereció la especial atención de Mujeres Libres que concibió, como medio para resolver este problema, la formación de unos «Liberatorios de Prostitución». (Centros de Rehabilitación y reinserción social). (Textos págs. 165, 167 y 169). Esta experiencia se intentó llevar a la práctica aunque con poco éxito debido a la falta de apoyo tanto de los organismos del movimiento libertario como de las instituciones oficiales.

La educación de los niños

La educación en la pedagogía era otro de los temas en los que se interesó la organización libertaria femenina. Como de costumbre en los medios libertarios el tema de la educación suscitó en Mujeres Libres un vivo interés. Consideraba que, de la misma manera que la cultura representaba un instrumento para promover la Revolución Social, también lo era la educación. Para Mujeres Libres, la educación desempeñaba un papel importante por ser un instrumento que favorecía los intereses de la clase dominante reproduciendo su hegemonía ideológica en detrimento de la clase obrera. Es decir, Mujeres Libres creía que bajo el régimen capitalista la escuela servía para inculcar la ideología burguesa entre la población escolar y fortalecer así su propia perduración como sistema político y económico (Texto pág. 172).

Así como el dominio de la técnica debía corresponder a la clase obrera, Mujeres Libres creía que la educación también tenía que servir sus intereses. Por eso llevó a cabo una campaña para la creación de un cuerpo de maestros, cuya tarea era la de favorecer el cambio revolucionario en el terreno de la educación, estimulando siempre los intereses de la Revolución Social. Mujeres Libres, de acuerdo con su orientación anarquista rechazaba cualquier tipo de autoritarismo en la escuela, así como cualquier manipulación política de los niños. (Texto pág. 182). Para ellas, era una incongruencia, en contradicción con sus principios anarquistas, formar a los niños bajo una determinada concepción política. Lo que debía hacerse, según Mujeres Libres, era facilitar a los niños una educación racional que les permitiera llegar por sí mismos a sostener, una vez adultos, sus propias convicciones políticas.[31] Pensaba que tampoco en la familia había lugar para el autoritarismo de los padres, puesto que favorecía la prolongación del mismo en la sociedad. Recalcaba que la libertad de pensamiento y la práctica de la reflexión y de la discusión racional en el seno de la familia favorecían el desarrollo de las mismas en la sociedad. (Texto pág. 176).

El problema de la educación de los niños había suscitado discusiones a lo largo del primer tercio del siglo XX entre los anarquistas. Por una parte, opinaban que la colectividad, y no la familia, era la que tenía que ocuparse tanto de la educación como del cuidado de los niños. Así pues, todos los niños se educarían sin discriminación, es decir, como si fueran propios y, por lo tanto, la prole sufriría una menor influencia de sus padres; su desenvolvimiento sería igual para todos y los niños se educarían en el seno de «la gran familia» de la colectividad.[32]

Junto a esta opinión coexistía otra, según la cual los padres, desempeñaban también un papel muy importante en la educación de los hijos. Para los que así creían, la educación colectiva no sería completa, puesto que el niño también necesita a los padres tanto para su educación general como para su formación física y psicológica. La educación colectiva quedaría subordinada a la formación en el hogar, y correspondería, por lo tanto, a los padres desempeñar el papel primordial en la educación.[33]

Mujeres Libres participaba de la segunda postura que mantenía que la tarea de la educación de los niños tenía que desarrollarse simultáneamente en el hogar y en la colectividad. Esta educación tampoco tenía que ceñirse a las cuatro paredes de la escuela, puesto que, según Mujeres Libres, no debería haber separación alguna entre la vida cotidiana y la escuela: el proceso de formación del niño tenía que ser global, mediante un contacto constante con la realidad de la escuela, de hogar y de la calle. Al abogar por el contacto directo del niño con el mundo real, Mujeres Libres preveía también un contacto natural entre niños de ambos sexos, evitando todo tipo de prejuicios y tabúes en sus relaciones. Pensaba que la coeducación en la escuela y la educación de los niños en completa igualdad sin distinción de sexos, facilitaría luego una mayor aproximación de las personas y un mejor desarrollo de las relaciones entre hombres y mujeres.[34]

Nota final

Las realizaciones de Mujeres Libres pueden considerarse bastante modestas en comparación con sus amplios objetivos. Las actividades de la organización no rebasaron, en muchas ocasiones, su objetivo a corto plazo (la preparación de la mujer obrera para su incorporación al proceso productivo), quedando poco desarrolladas las concebidas para realizar el objetivo permanente (la liberación de la mujer de su esclavitud como productora de su ignorancia y de su condición de mujer). Sin embargo, Mujeres Libres significó, por primera vez, la participación colectiva de las mujeres obreras en el movimiento libertario español. Además, puede considerarse significativo que, a pesar de la falta de apoyo de los organismos del movimiento libertario y de los organismos del Estado, se consiguiera que unas 20.000 mujeres españolas se sintieran identificadas con la organización.

Mujeres Libres no logró, durante sus pocos años de vida, alcanzar sus objetivos, ni consiguió sistematizar el proceso dialéctico subsiguiente a las distintas alternativas esbozadas. Fue, sin embargo, consciente de esta problemática e intentó superarla desde unos planteamientos a la vez femeninos y políticos, negándose también a una instrumentalización política de su organización. La problemática con la cual se enfrentó Mujeres Libres de manera tan original, a través de la doble lucha de la mujer, sigue siendo de actualidad hoy en día, y quizá se podría llegar a comprender mejor a la luz de esta experiencia.[35]

En esta selección de textos, se han reunido escritos de miembros y simpatizantes de Mujeres Libres. Dados los límites impuestos por esta colección, es imposible presentar todas las facetas de la obra y del pensamiento de Mujeres Libres, así como su propia evolución en cuanto organización. Nos hemos inclinado a seleccionar, como norma general aquellos textos que se centran más especialmente en la mujer puesto que, en la literatura libertaria y sobre el anarquismo español, es un aspecto que se trata de forma marginal. Por eso, hemos omitido los documentos de Mujeres Libres relacionados con la guerra y la Revolución Social, puesto que, en líneas generales, difiere apenas de la del movimiento libertario español. En esta selección incluimos textos de diferente carácter e interés, pero su heterogeneidad refleja la diversidad de planteamientos y la desigual preparación de las militantes de Mujeres Libres. Si nos hubiéramos limitado a reproducir únicamente los textos de mayor originalidad e interés, quizás hubiésemos ofrecido una falsa imagen de lo que era la organización. Hemos respetado las versiones originales, aunque, en ocasiones limitadas, hemos rectificado la ortografía cuando esta dificultaba la comprensión del texto.[36]

Mary Nash
Febrero, 1974.

Antecedentes de Mujeres Libres: El problema de la mujer en los medios anarquistas durante la II República

La cuestión femenina en nuestros medios

I

Agradezco a M.R. Vázquez que, con su artículo publicado en estas mismas columnas, «La mujer, factor revolucionario» —muy bien enfocado por cierto— me haya dado ocasión de volver a ocuparme de este tema.

En otros periódicos —«El Libertario», «CNT»— y en distintas ocasiones he dicho algo de lo mucho que hay que decir sobre la importancia que tendría para nuestro movimiento la captación de la mujer.

Pero en este asunto hay que hablar claro, muy claro; entre nosotros no caben circunloquios, debemos ser sinceros aunque esta sinceridad nos amargue; enarbolemos nosotros mismos la palmeta aunque nos desgarremos los nudillos; solo a costa de esto entraremos en el camino de la verdad.

Se queja Vázquez, como yo me he quejado repetidas veces, de que no se haga suficiente propaganda de nuestras ideas entre las mujeres; y después de observar los hechos, luego de haberlos analizado, he venido a sacar esta conclusión: interesa poco a los camaradas anarcosindicalistas —no al anarcosindicalismo, cuidado— el concurso de la mujer.

Me parece oír una serie de voces airadas que se levantan contra mí. Calma, amigos: no he comenzado aún. Cuando afirmo una cosa estoy siempre dispuesta a demostrarlo, y a ello voy.

Nada más fácil que la propaganda entre la mujer —¡ojalá todos nuestros objetivos tuvieran la misma sencillez!—. ¿Propaganda en los sindicatos? ¿Propaganda en los ateneos? ¡Propaganda en casa! Es la más sencilla y la más eficaz. ¿En qué hogar no hay una mujer, compañera, hija, hermana? Pues ahí está el nudo de la cuestión. Supongamos que la Confederación Nacional del Trabajo tiene un millón de afiliados. ¿No debería tener otro millón, cuando menos, de simpatizantes entre las mujeres? ¿Qué trabajo costaría entonces organizarlas si se estima necesaria su organización? Como vemos, no está ahí la dificultad, la dificultad está en otra parte: en la falta de voluntad de los propios compañeros.

He visto muchos hogares, no ya de simples confederados, sino de anarquistas (¿!?) regidos por las más puras normas feudales. ¿De qué servirán, pues, los mítines, las conferencias, los cursillos, toda la gama de propaganda, si no son vuestras compañeras, las mujeres de vuestra casa las que han de acudir a ellos? ¿A qué mujeres os referís entonces?

Por esto, no vale decir: «Hay que hacer propaganda entre las mujeres, hay que atraer a la mujer a nuestros medios», sino que hemos de tomar la cuestión desde más lejos, desde mucho más lejos. En su inmensa mayoría, los compañeros, hagamos la excepción de una docena bien orientados, tienen una mentalidad contaminada por las características aberraciones burguesas. Mientras claman contra la propiedad, son los furibundos propietarios. Mientras se yerguen contra la esclavitud, son los «amos» más crueles. Mientras vociferan contra el monopolio, son los más encarnizados monopolistas. Y todo ello se deriva del más falso concepto que haya podido crear la humanidad. La supuesta «inferioridad femenina». Error que tal vez nos haya retardado siglos de civilización.

El último esclavo, una vez traspuestos los umbrales de su hogar, se convierte en soberano y señor. Un deseo suyo, apenas esbozado, es una orden terminante para las mujeres de su casa. El que diez minutos antes tragaba toda la hiel de la humillación burguesa, se levanta como tirano haciendo sentir a aquellas infelices toda la amargura de su pretendida inferioridad.

No se me diga que exagero. Podría ofrecer ejemplos a manos llenas.

No interesa el concurso de la mujer a los camaradas. Cito casos verídicos.

Varias veces había tenido que dialogar con un compañero que me parecía bastante sensato y siempre le había oído encarecer la necesidad que se hacía sentir en nuestro movimiento del concurso de la mujer. Un día, que se daba una Conferencia en el Centro, le pregunté:

—Y tu compañera, ¿por qué no ha venido a oír la conferencia?

La respuesta me dejó helada.

—Mi compañera tiene bastante que hacer con cuidarme a mí y a mis hijos.

Otro día fue en los pasillos de la Audiencia. Me hallaba en compañía de un camarada que ostentaba un cargo representativo. Salía de una de las salas una abogada, tal vez defensora de la causa de algún proletario. Mi acompañante la miró de soslayo y murmuró mientras esbozaba una sonrisa rencorosa:

—A fregar, las mandaba yo a estas.

Estos dos episodios, a simple vista tan banales, ¿cuántas cosas tristes no dicen? Dicen, ante todo, que hemos olvidado algo muy importante; que mientras concentrábamos todas las energías en la labor de agitación relegábamos la educativa. Que la propaganda de atracción femenina no hemos de hacerla entre las mujeres, sino entre los mismos compañeros. Que debemos comenzar por desarraigar de sus cerebros la idea de la superioridad. Que cuando se les dice que todos los seres humanos somos iguales, entre los seres humanos está comprendida la mujer, aunque vegete entre las cosas del hogar confundida con las cacerolas y los animales domésticos. Hay que decirles que en la mujer existe una inteligencia como la suya y una sensibilidad aguda y una necesidad de superación: que antes de reformar la sociedad precisa de reformar sus casa; que lo que él sueña para el porvenir —la igualdad y la justicia— debe implantarlo desde hoy mismo entre los suyos: que es absurdo pedir a la mujer comprensión para los problemas de la humanidad si antes no la alumbra para que vea dentro de sí, si no procura despertar en la mujer que comparte con él la vida, la conciencia de la personalidad, si antes, por fin, no la eleva a la categoría de individuo.

Esta, y no otra, es la propaganda que puede atraer a la mujer a nuestros medios. ¿Cuál de ellas dejará de abrazar la causa que ha obrado el «milagro» de revelarle su ser?

A la tarea, pues, camaradas.

Y si consideramos que este es un problema interesante para el movimiento revolucionario, no lo escondamos como una vergüenza entre las estrechas columnas de las páginas de información telegráfica de nuestros periódicos; démosle aire, pongámoslo al alcance de la vista de todo el mundo. (Esto va para ti, camarada director).

En cuanto a los compañeros, me perdonarán la crudeza; pero es necesaria si no queremos engañarnos a nosotros mismos.

II

No piense nadie, porque se equivocaría absolutamente, que al encomendar la captación de la mujer a una propaganda individual he dejado de estimar la labor que puede hacerse por otros medios más amplios: la conferencia, el mitin, el periódico. Pero antes de decidirse ningún compañero a emplearlos es necesario que tenga en cuenta que precisa de un tacto y una habilidad extrema para no hacer una labor negativa. Tales medios solo deben manejarlos aquellos que en la intimidad de su conciencia hayan reconocido de antemano la necesidad y el valor de la adquisición que nos proponemos.

Yo quisiera que cada uno meditara hondamente y antes de abrir los labios entrara en sí mismo, bajara a sus intimidades más profundas y hasta donde alcanzaran sus conocimientos, pero con una sinceridad absoluta, dispuesto a hallar la verdad por encima de todas las coacciones ambientes y procurara descubrir en sí mismo y en la sociedad la leve huella que le ha sido permitido dejar a la mujer; y solo cuando hubiera descubierto que aun desde la lejanía en que estuvo relegada y por encima de la leyenda morbo-sexual en que se la ha envuelto, la mujer operó como un elemento vital impulsando el desenvolvimiento de la individualidad masculina tanto como el de la humanidad; entonces, y solo entonces, una vez deducido el beneficio que a la sociedad futura reportaría la incorporación plena de este elemento vital, pregonara a los cuatro vientos la verdad recién descubierta. Los que no hubieran logrado esta conclusión, preferible es que se callen y no perjudiquen con una labor negativa los resultados que de esta campaña nos prometemos.

Hay muchos compañeros que desean sinceramente el concurso de la mujer en la lucha; pero este deseo no responde a una modificación de su concepto de mujer; desea su concurso como un elemento que puede dar facilidades para la victoria, como una aportación estratégica podríamos decir, sin que ello les haga pensar ni por un instante en la autonomía femenina, sin que dejen de considerarse a sí mismos el ombligo del mundo. Son estos los que dicen en momentos de agitación: «¿Por qué no se organizan manifestaciones de mujeres? Una manifestación de mujeres a veces es más eficaz y la fuerza pública se detiene un poco ante ellas». Son también los que, para atraerlas, escriben artículos como uno que tuvimos el dolor de leer en el número 1.053 de nuestro diario, que venía firmado con las iniciales R.P. y fechado en Vilasar de Mar.

Pretendía aquel artículo estar escrito por una mujer, pero yo me permito dudarlo. Una mujer que da un escrito a la Prensa, demuestra por este mismo hecho haber alcanzado cierto grado de emancipación moral; y una mujer emancipada moralmente, que ha pasado por todos los dolores, por todas las amarguras, que ha tenido que afrontar la más encarnizada lucha con los suyos y con los extraños: la burla, la ironía y el ridículo —el ridículo, lo más amargo y lo más difícil de afrontar—, para alcanzar aquella meta, no puede escribir así. No puede volcar sobre la mujer las culpas de todos los sistemas sociales que han sido hasta el día, pretendiendo tomar los efectos por causas.

Decía uno de los párrafos del escrito aludido: «No tan solo los hombres, sino la sociedad en general, tiene en pobre concepto a la mujer. ¿Sabéis por qué? Porque muchas, en esa edad en que se forma el corazón y el cerebro, no se cuidan de nada; al contrario, se cansan pronto de todo lo que sea reflexión y quietud. ¿Qué quieren? Quieren todo lo que adula la imaginación y su amor propio». Y más adelante: «La mujer, a fuerza de mirar su cuerpo en el espejo, se olvida de mirar su corazón en el espejo de su conciencia».

¡Qué infinita pena leer esto! ¿Quién ha dicho que haya podido escribirlo una mano femenina?

Forzoso es que el cerebro de la mujer albergue un vasto potencial de inteligencia para que no haya naufragado definitivamente en las sombras de la más absoluta animalidad. Miles de años su vida estuvo limitada entre las cuatro paredes del gineceo. La falta de horizontes creó en ella un principio de miopía espiritual acaso. No pudo ni aprender a mirar dentro de sí porque se le aseguró que nada tenía dentro; y ahora, cuando se os muestra no tal cual es, sino como vosotros la habéis creado, le echáis en cara lo que es sencillamente el resultado de vuestra propia obra.

La mujer fue en la sociedad, hasta ayer mismo, objeto de menosprecio, del menosprecio más humillante. En el siglo VIII, cuando el ideal de la humanidad era el ideal religioso, en un Concilio convocado en Flandes, se intentó discutir si la mujer tenía alma. En el primer tercio del siglo décimo octavo, cuando comenzaban a germinar las raíces de los derechos del hombre, vieron la luz una serie de disertaciones —en tono jocoso para mayor escarnio— en las que se planteaba el problema de si la mujer era un ser humano. Y así, a través de los siglos, las sociedades fundadas por hombres integradas por hombres relegaron a la mujer a los últimos peldaños de la escala zoológica. Se la ha llamado algunas veces animal de placer, pero yo os aseguro que no fue ni aun eso, sino testigo atormentado y pasivo a la vez del placer de los demás.

No; una mujer emancipada no puede juzgar así a sus hermanas; al volver la vista atrás, a esa inmensa pléyade de esclavas que son todavía en general las mujeres del pueblo, solo puede sentir angustia, indignación, ganas de llorar, y luego un deseo vehemente de unir su propio esfuerzo, su propia individualidad a la de los que sinceramente entrevieron la posibilidad de un mundo mejor. Unir su voluntad al vasto movimiento de emancipación integral que implantará sobre el haz de la tierra un sistema de convivencia más justo y más humano, único en el que puede hallar la mujer su liberación definitiva.

Pero no olviden nuestros propagandistas que a estas conclusiones solo llega la mujer que ha alcanzado cierto grado de emancipación moral. Proporcionarle, pues, esta emancipación debe ser nuestro objetivo más inmediato; y no olvidemos que, a más de ser poco piadoso, no es el mejor camino echarles en cara un crimen del que solo son víctimas.

III

Conservo en la memoria cierto acto de propaganda sindical en el que tomé parte. Fue en una pequeña capital de provincia. Antes de comenzar el acto se me acercó un camarada, miembro del Comité Local más importante. «Hemos conseguido que con el señuelo de su intervención —me dijo— asista buena cantidad de mujeres; es necesario que las fustigues porque tienen aquí una idea muy equivocada de lo que debe ser su misión; desde hace algún tiempo han comenzado a invadir las fábricas y los talleres, y hoy compiten con nosotros, creando un verdadero problema de desocupación. Por otro lado, y engreídas de su independencia económica, se muestran reacias al matrimonio. Tienes que decirles que su misión está en otra parte, que la mujer ha nacido para los destinos más altos, más en armonía con su naturaleza; que ella es la piedra angular de la familia; que ella es, ante todo y por encima de todo, la madre, etc». Y a este tenor, el camarada me endilgó una monserga de más de media hora.

Yo, sin saber qué hacer, si reírme o indignarme, le dejé hablar y cuando llegó el momento dije a las mujeres lo que creí oportuno; algo que si no era opuesto a sus opiniones estaba bien lejos de ser lo que él deseaba.

Hoy, después de mucho tiempo, aún me pregunto si aquel camarada era absolutamente sincero, si no había en el fondo de sus argumentos una terrible cantidad de egoísmo masculino.

Porque no vale dorar la píldora. A través de su encendido ardor por la «sublime misión» de la mujer asomaba clara y precisa la brutal afirmación de Okén —a quien él, seguramente, no conocía, pero al que estaba unido por la invisible línea del atavismo—: «La mujer es solamente el medio, no el fin de la naturaleza. La naturaleza no tiene más que un solo fin y objeto: el hombre».

Las palabras de aquel compañero ponen de manifiesto lo que vengo diciendo desde el principio de esta campaña: que a causa de la falta de preparación de los compañeros, lo poco que se ha hecho en esta cuestión ha sido negativo. Se acusa, ante todo, la falta de unidad de criterio. Y de ahí se han seguido no pocos males para nuestro movimiento.

Se lamentaba él de lo que para mí era la principal causa de satisfacción: Que las mujeres hubieran roto con la tradición que las hacía tributarias del hombre y hubieran salido del mercado de trabajo en busca de una independencia económica. A él le dolía y a mí me regocijaba porque sabía que el contacto con la calle, con la actividad social sería un estímulo que acabaría despertando en ella la conciencia de la individualidad.

Su lamento había sido el lamento universal unos años antes, cuando las primeras mujeres abandonaron el hogar por la fábrica o el taller. ¿Se dedujo de este hecho un mal para la causa proletaria? La incorporación de la mujer al trabajo, coincidiendo con la introducción del maquinismo en la industria, hizo más encarnizada la competencia de brazos originando, como consecuencia, una baja sensible en los salarios.

Mirado así, superficialmente, diríamos que los trabajadores tenían razón; pero si, dispuestos siempre a hallar la verdad, ahondamos en el fondo del problema descubriremos que los resultados hubieran sido otros si los trabajadores no se hubieran dejado arrebatar por su hostilidad a la mujer, fundada en el prejuicio de la supuesta inferioridad femenina.

Se le presentó la batalla a pretexto de esta pretendida inferioridad y se toleró que se dieran jornales inferiores, alejándola de las organizaciones de clase bajo la consigna de que el trabajo social no era misión de la mujer, y de aquí se estableció una concurrencia intersexual ilícita. La auxiliaria de las máquinas se compadecía bien con la conformación simplista del cerebro femenino en aquella época, y, a este efecto, comenzaron a emplearse mujeres que, secularmente avenidas a la idea de su inferioridad, no pretendieron imponer condiciones a los abusos capitalistas. Los hombres quedaron relegados a los trabajos más rudos y a las especializaciones.

Si en lugar de observar esta conducta los trabajadores hubieran dado cuartel a la mujer, despertando en ella el estímulo, elevándola a su propio nivel, atrayéndola desde el primer momento a las organizaciones de clase, imponiendo a los patronos la igualdad de condiciones para ambos sexos, las consecuencias hubieran sido muy distintas. De momento la superioridad física les hubiera dado a ellas la supremacía en la elección del patrono, puesto que igual le iba a costar el fuerte que el débil, y en cuanto a la mujer, se hubiera despertado en ella el ansia de superación y unida a los hombres en las organizaciones de clase hubieran avanzado juntos con mayor rapidez por el camino de la liberación.

Ya estoy oyendo una serie de objeciones. Se me dirá que al obrero de hace cuarenta o cincuenta años no se le podía pedir esta perspicacia, cuando había salido él de un estado de semiconciencia; pero tengamos presente que al referirme a los trabajadores no lo hago tanto a la totalidad como a los que habían echado sobre sus hombros la tarea de orientarlos, y que no es mi propósito tanto hacer la crítica de aquella época como fustigar a los compañeros que aún mantienen los mismos errores desdeñando las lecciones de la experiencia.

Acaso se me diga también que, en efecto, la naturaleza femenina impone a la mujer otras actividades, igualmente importantes y valorables que el trabajo social. A estos... les contestaré el próximo día.

IV

En la actualidad está socialmente rebasada la teoría de la inferioridad intelectual femenina; un número considerable de mujeres de todas las condiciones sociales han demostrado prácticamente la falsedad del dogma, podríamos decir, demostrando la excelente calidad de sus aptitudes en todas las ramas de la actividad humana. Solo en las capas sociales inferiores, en donde penetra más lentamente la cultura, puede sostenerse aún tan perniciosa creencia.

Pero, cuando el campo parecía despejado, un nuevo dogma —este con aparentes garantías científicas— obstaculiza el camino de la mujer levantando nuevos valladares a su paso; y es de tal calidad que por un momento ha debido dejarla pensativa.

Frente al dogma de la inferioridad intelectual se ha levantado el de la diferenciación sexual. Ya no se discute, como en el siglo pasado, si la mujer es superior o inferior; se afirma que es distinta. Ya no se trata de un cerebro de mayor o menor peso o volumen, sino de unos cuerpecillos esponjosos, llamados glándulas de secreción, que imprimen su carácter peculiar a la criatura determinando su sexo y con este sus actividades en el campo social.

Nada tengo que objetar a esta teoría en su aspecto fisiológico, pero sí a las conclusiones que se pretende extraer de la misma. ¿Que la mujer es distinta? De acuerdo. Aunque tal vez esa diversidad no se deba tanto a la naturaleza como al medio ambiente en el que se ha desenvuelto. Es curioso, cuando tantas consecuencias se han sacado de la teoría del medio en la evolución de las especies, que aparezca completamente olvidada cuando se trata de la mujer. Se considera a la mujer actual como un tipo íntegro sin tener en cuenta que no es más que el producto de un medio permanentemente coactivo, y que es casi seguro que restablecidas en lo posible las condiciones primarias, el tipo se modificaría ostensiblemente burlando, tal vez, las teorías de la ciencia que pretende definirla.

Por la teoría de la diferenciación la mujer no es más que una matriz tiránica que ejerce sus oscuras influencias hasta los últimos repliegues del cerebro; toda la vida psíquica de la mujer supeditada a un proceso biológico, y tal proceso biológico no es otro que el de la gestación. «Nacer, sufrir, morir», dijimos en un artículo anterior. La ciencia ha venido a modificar los términos sin alterar la esencia de este axioma: «Nacer, gestar, morir». Y he ahí todo el horizonte femenino.

Claro es que se ha pretendido rodear esta conclusión de doradas nubes apoteósicas. «La misión de la mujer es la más culta y sublime de la naturaleza, se dice; ella es la madre, la orientadora, la educadora de la humanidad futura». Y entre tanto se habla de dirigir todos sus pasos, toda su vida, toda su educación a este solo fin; al parecer, en perfecta armonía de su naturaleza.

Y ya tenemos nuevamente enfrentados el concepto de la mujer y el de la madre. Porque resulta que los sabios no han descubierto ningún Mediterráneo; a través de todas las edades se ha venido practicando la exaltación mística de la maternidad; antes se exaltaba de redentores o tiranos; en adelante se exaltará a la madre eugenista, a la engendradora, a la gestadora, a la paritoria perfecta; y antes y ahora todos los esfuerzos son convergentes a mantener en pie la brutal afirmación de Okén que citaba el otro día: «la mujer no es el fin, sino el medio de la naturaleza; el único fin y objeto es el hombre».

He dicho que teníamos nuevamente enfrentados el concepto de mujer y el de madre, y he dicho mal; ya tenemos algo peor: el concepto de madre absorbiendo al de mujer, la función anulando al individuo.

Se diría que al transcurrir de los siglos el mundo masculino ha venido oscilando, frente a la mujer, entre dos conceptos extremos: de la prostituta a la madre, de lo abyecto a lo sublime sin tenerse en lo estrictamente humano: la mujer como individuo, como racional, pensante y autónomo.

Si buscáis a la mujer en las sociedades primitivas, solo hallaréis a la madre del guerrero, exaltadora del valor y de la fuerza. Si la buscáis en la sociedad romana, solo hallaréis a la matrona prolífica que surte de ciudadanos la República. Si la buscáis en la sociedad cristiana la hallaréis convertida en la madre de Dios.

La madre es el producto de la reacción masculina frente a la prostituta que es para él toda mujer. Es la deificación de la matriz que lo ha albergado.

Pero —y nadie se escandalice, que estamos entre anarquistas y nuestro primordial cometido es restablecer las cosas en sus verdaderos términos, derrumbar todos los falsos conceptos por prestigiados que estén—, la madre como valor social no ha pasado hasta el momento de ser la manifestación de un instinto, un instinto tanto más agudo cuanto que la vida de la mujer solo ha girado en torno a él durante años; pero instinto, al fin; apenas, en algunas mujeres superiores, ha alcanzado la categoría de sentimiento.

La mujer, en cambio, es el individuo, el ser pensante, la entidad superior. Por la madre queréis excluir a la mujer cuando podéis tener mujer y madre, porque la mujer no excluye nunca a la madre.

Desdeñáis a la mujer como valor determinativo en la sociedad dándole la calidad de valor pasivo. Desdeñáis la aportación directa de una mujer inteligente por un hijo tal vez inepto. Repito que hay que establecer las cosas en sus verdaderos términos. Que las mujeres sean mujeres ante todo; solo siendo mujeres tendréis después la madre que necesitáis.

Lo que verdaderamente me asombra es que compañeros que se llaman anarquistas, alucinados, tal vez, por el principio científico sobre el que pretende estar asentado el nuevo dogma sean capaces de sustentarlo. Frente a ellos me asalta esta duda: si son anarquistas no son sinceros, si son sinceros no son anarquistas.

En la teoría de la diferenciación, la madre es el equivalente del trabajador. Para un anarquista antes del trabajador está el hombre, antes que la madre debe estar la mujer. (Hablo en sentido genérico). Porque para un anarquista antes que todo y por encima de todo está el individuo.

V

Creemos, en nuestro último artículo, haber dado cima al propósito inicial de estos trabajos: señalar a los camaradas el ángulo netamente anarquista desde donde debía enfocarse en adelante la propaganda acerca de la mujer.

No se me escapan los rasguños más o menos profundos —según la psicología y la cultura de cada cual— que mi labor pueda haber marcado en la epidermis de los camaradas del sexo contrario. El compañero M.R. Vázquez, tan ecuánime de ordinario, me ha dado la medida con su artículo, «Por la elevación de la mujer», sobre el que diré algo el próximo día. Pero vuelvo a repetir que solo a condición de ser valientes daremos con la verdad.

En fin, lo interesante es que hayamos logrado no solo, como dije antes, colocar el problema en un terreno netamente anarquista, sino también actualizarlo, según he podido deducir por los distintos escritos que en estas mismas columnas han aludido a mis trabajos sobre el particular.

Aunque, conseguido mi primer objetivo, podría dar por terminada mi labor, no lo haré así, decidida como estoy —es una aspiración que data de larga fecha— a trabajar sin descanso por conseguir la incorporación definitiva de la mujer a nuestro movimiento. No quisiera pasar por alto ninguna circunstancia, ningún hecho o actuación sin señalar en la medida que puede ser aprovechable o pernicioso para la consecución de nuestros fines con respecto a la mujer.

Dos manifestaciones —una muy discreta de M.R. Vázquez y otra concretísima de esa valiente mujer que es María Luisa Cobos— me impelen hoy a tratar un problema que actualmente apasiona al mundo —el sexual— tan estrechamente ligado al que viene ocupándonos que se diría que el uno es el fundamento del otro. Sin problema sexual no habría problema femenino en las sociedades. Yo no voy a tratar del problema en sí —otros son los llamados a hacerlo con mayor competencia— sino en su planteamiento por parte de los jóvenes camaradas, que puede tocar en bien o en mal a la tarea de atraer a la mujer.

Escribió un día el camarada Vázquez, refiriéndose a la conducta a observar por los compañeros frente a la mujer: «Seamos capaces de dominar a la bestia y veamos a la hermana como vemos al hermano cuando hablamos de salario». Y dijo María Luisa Cobos, concretando: «No ha mucho se quiso formar por acá un grupo mixto y no pudo llevarse a cabo —aunque sea doloroso confesarlo— porque en los preliminares se produjo y apareció «el Don Juan» en lugar del orientador, haciendo que los demás se disgregasen». Ambos han tocado una llaga que me estaba doliendo hacía mucho tiempo.

Es lamentable, pero las campañas en pro de una mayor libertad sexual no siempre han sido bien comprendidas por nuestros jóvenes compañeros y, en muchos casos, han traído a nuestros medios gran número de jovenzuelos de ambos sexos a quienes no preocupa ni poco ni mucho la cuestión social y solo buscan un campo propicio a sus experiencias amorosas. Los hay que han interpretado la orden de libertad como una invitación al exceso y en cada mujer que pasa por su lado solo ven un deseo para sus apetencias.

«Entre la juventud varonil —ha dicho no ha mucho el doctor Martí Ibáñez— estimo que está mal situado el problema, y su espinosa interrogante dejará de ser tal en cuanto desaparezca el equívoco que tan penosas consecuencias ha originado y que ha sido confundir lo sexual con lo genital».

En efecto, cimentada generalmente en unos cuantos folletos, no siempre escritos por personas competentes, toda la cultura sexual de nuestros jóvenes se reduce a algunos rudimentarios conocimientos de fisiología, el fondo moral sigue siendo inalterable. De ahí que aún sea entre ellos la potencialidad genital el más genuino exponente de virilidad e ignoren en cambio cómo puede ser encauzada hacia actividades de más alto valor ético. Libertad para ellos es la inversa de control y nada más. Ahí termina el problema. Y en definitiva, frente a la mujer siguen reaccionando, en general, lo mismo que sus antepasados.

En nuestros centros, parcamente frecuentados por la juventud femenina, he observado que las conversaciones entre ambos sexos raramente giran en torno al problema o simplemente, a un asunto profesional; apenas un muchacho se enfrenta a un individuo del sexo contrario la cuestión sexual surge como por encanto y la libertad de amar parece ser el único tema de conversación. Y he visto dos modos de reacción femenina ante esta actitud. Uno, es el de rendirse inmediatamente a la sugestión; camino por el que la mujer no tarda mucho en reducirse a juguete de los caprichos masculinos, alejándose por completo de toda inquietud social. Otro, el del desencanto; en que la mujer que traía inquietudes superiores y aspiraciones más altas se retrae decepcionada y acaba retirándose de nuestros medios. Solo logran salvarse algunas pocas de personalidad acusada que han aprendido a medir por sí mismas el valor de las cosas.

En cuanto a la reacción masculina sigue siendo la misma de antaño a pesar de su pomposa cultura sexual, se pone de manifiesto cuando al encontrar, luego de varios escarceos amorosos, la mujer que estiman para compañera, «el Don Juan» se convierte en «Otelo» y la mujer es restada al movimiento cuando no es que desaparecen los dos.

El caso que denuncia María Luisa Cobos, y que he transcrito más arriba, debemos tenerlo presente siempre cuando tratemos de formar grupos, sindicatos, etc.

Pretender sin ninguna otra preparación cultural y ética introducir a nuestras muchachas de rondón en el campo de la libertad amorosa, tal como lo entienden nuestros jóvenes, es sencillamente un disparate. Cuando persisten en su espíritu y en su psicología todos los restantes prejuicios que la sociedad ha acumulado en ellas, iniciarla así en la libertad sexual es romper torpemente el falso o verdadero equilibrio de sus vidas.

Valdría la pena de encomendar la orientación sexual de nuestras juventudes a conferenciantes capacitados en la materia que les señalaran, de paso, las lecturas eficientes, ya que se da en este aspecto, junto a los libros y folletos de gran utilidad, una enorme cantidad de literatura que antes embrolla que soluciona el problema.

En definitiva, considero que la solución al problema sexual de la mujer solo está en la propia solución del problema económico. En la resolución. Nada más. Lo otro es variar de nombre la misma esclavitud.

Lucía Sánchez Saornil
Artículos publicados en «Solidaridad Obrera»
los días 26-9, 2-10, 9-10, 15-10 y 30-10 de 1935

Resumen al margen de la cuestión femenina para el compañero M.R. Vázquez

Al comenzar mi serie de artículos sobre la cuestión femenina, no me guiaba el deseo de llenar vagamente algunas columnas de nuestro diario, sino el de comenzar a dar forma a un anhelo largamente sentido.

Tal vez vaya a echar sobre mis hombros una tarea superior a mis fuerzas; acaso las difíciles circunstancias en que mi vida se desenvuelve me impidan alcanzar mi objetivo, pero no me importa. Iniciada la labor, a la vista de una cosecha prometedora, no faltaría quien, acaso con más títulos y más capacidad que yo, echaría sobre sí la obligación de continuarla.

Me he propuesto abrir para la mujer las perspectivas de nuestra revolución, ofreciéndole elementos para que se forme una mentalidad libre, capaz de discernir por sí misma lo falso de lo verdadero, lo político de lo social. Porque yo creo que más urgente que organizarla en los sindicatos —sin que desdeñe esta labor—, es ponerla en condiciones de comprender la necesidad de esta organización.

Sé que la tarea es larga y difícil, y adivino que algún camarada —si es que los camaradas me leen—, de esos que ven la revolución detrás de cada esquina, se sonreirá con suficiencia, y me dirá que es demasiado tarde para emprender este camino. Pero yo también he de sonreírme recordándole que por tener todos los días la revolución al alcance de la mano —sin lograr atraparla—, he visto abandonada la educación de nuestros jóvenes, muchos de los cuales, para llamarse anarquistas, entienden que basta con saber cargar una pistola. Está bien esperar la revolución todos los días; pero mejor aún es ir en su busca, forjándola minuto a minuto en las inteligencias y en los corazones.

No sé hasta qué punto pueden interesar mis propósitos a los camaradas; sospecho que muchos se han encogido ya de hombros pensando que hay problemas muy importantes a resolver para gastar su tiempo y su atención «en cosas de mujeres». Sin embargo, yo, que conozco toda la trascendencia de la cuestión, no cejaré; y quiero, una vez más, resumiendo mis artículos anteriores, antes de enfocar otros aspectos, dejar bien patentes las conclusiones sentadas en aquéllos, que, por algunos indicios, he podido suponer no han sido perfectamente comprendidos.

Debe tenerse presente que mis artículos se titulaban «La cuestión femenina en nuestros medios»; esto es, no la cuestión en términos generales, no la cuestión en terreno filosófico, sino la cuestión en términos anarquistas.

Fuera de nuestro campo, camarada Vázquez —y me dirijo al compañero Vázquez porque en su artículo «Por la elevación de la mujer», resume seguramente el pensamiento de otros muchos camaradas—, fuera de nuestro campo, es muy comprensible y hasta disculpable, y, si se quiere, hasta muy humano que el hombre desee conservar su hegemonía y se sienta satisfecho de tener una esclava, como el burgués defiende su situación y su privilegio de mando. Pero yo no hablaba de todos los hombres, camarada; yo hablaba para los anarquistas exclusivamente, para el hombre superado, para el que, enemigo de todas las tiranías, está obligado, si quiere ser consecuente en arrancar de sí cualquier fuero de despotismo que sienta apuntar. Lo muy humano es esto, que es la razón —el atributo genuinamente humano— sobre lo otro, que es el instinto, lo infrahumano.

Por eso el anarquista —he dicho el anarquista, fíjate bien— que pide su colaboración a la mujer para la obra de subversión social, ha de comenzar por reconocer en ella una igual, con todas las prerrogativas de la individualidad. Lo contrario será «muy humano» pero no será anarquista.

Y de aquí, precisamente, que yo crea que no es él el llamado a establecer las funciones de la mujer en la sociedad, por muy elevadas que las suponga. Lo anarquista, repito, es dejar que la mujer actúe en uso de su libertad, sin tutelas ni coacciones; que ella se inclinará hacia lo que su naturaleza y la índole de sus facultades le dicten.

Y ahora, una pregunta, camarada Vázquez. ¿Cómo ha podido ocurrírsete comparar la situación de la mujer respecto al hombre, con la del asalariado respecto al burgués?

Olvidas que los intereses de patrono y obrero son encontrados, son incompatibles, mientras que los de hombre y mujer —que son los intereses de la humanidad, los de la especie— son complementarios, o, por mejor decir, son uno mismo. Solamente en el absurdo sistema actual pueden existir intereses de sexos, incompatibles, de todo punto, con la concepción anarquista de la vida.

¿Concibes tú a un burgués diciendo que hay que emancipar a los trabajadores? Pues si encuentras que el anarquista, en cuanto hombre, es lógico que tenga aherrojada a la mujer, tal que el burgués al asalariado, es absurdo oírle gritar «hay que emancipar a la mujer» y si grita ¿cómo no decirle «comienza tú mismo»?

Porque la mujer hace tiempo ya que comenzó la tarea de su emancipación. Nada puede reprochársele en este sentido. Compárese el mundo femenino de hace solo cincuenta años con el de hoy, y dígaseme si no ha avanzado. Pero es que ahora no se trata solo de su emancipación, sino de que coadyuve a la emancipación de la humanidad. Y si la invitas a que establezca previamente una lucha de sexos —porque encuentras muy natural que el hombre, aunque sea un anarquista, quiera tener una esclava—, mal se compadece con la necesidad de una obra común. ¿Cómo dirás a la compañera «ayúdame a llevar esta carga», cuando no es dueña de sus pies ni de sus manos?

No conviene a los proletarios la lucha de sexos, sino, todo lo contrario, establecer la compenetración de intereses entre hombre y mujer. Y esto, no por capricho, sino porque el mundo solo hallará su equilibrio cuando esté organizado y regido por los dos. Porque siendo, en efecto, diferentes, sus cualidades se complementan y forman un todo armónico; porque a la rudeza y a la sequedad masculina corresponden la gracia y la ternura de la mujer; porque al egoísmo del uno, conviene la abnegación de la otra; y, a la naturaleza arrebatada y violenta de él, la dulzura y la ponderación de ella; a la gravedad del hombre, la agudeza de la mujer. Y no habrá armonía en la vida futura, si todos estos elementos no entran proporcionalmente en su constitución.

¿Comprendes bien ahora que no se trata tanto de la emancipación de la mujer, como de la edificación del futuro, y que los anarquistas, si son sinceros, si no están en el anarquismo por puro deporte, vienen obligados a seguir el camino que señalo?

Y esto sí que será aprovechar el tiempo, camarada Vázquez; porque lo importante para realizar una obra en común, no es pelearse sino ponerse de acuerdo.

Y no hay que culpar al esclavo de su esclavitud, amigo, sino en cuanto esta es aceptada en plena consciencia y de grado, y no cuando le es impuesta por la violencia, como en el caso de la mujer.

¿Coincidiremos al fin? ¿Habré logrado al cabo ser comprendida? Me esfuerzo cuanto puedo por hacerme fácil y comprensible para los camaradas; si no lo consigo, culpad a mi pluma, que no sabe ser el órgano adecuado de mi pensamiento.

Y ya solo unas palabras para terminar, amigo Vázquez. No recojo tu sugerencia para la página femenina en SOLIDARIDAD OBRERA, aunque es muy interesante, porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente, para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto. De ello hablaremos más adelante.

Lucía Sánchez Saornil
«Solidaridad Obrera», 8-11-1935

Organización y desarrollo de Mujeres Libres

Origen y actividades de la agrupación Mujeres Libres

Después de los movimientos revolucionarios de enero y diciembre, a causa de algunos hechos aislados de gran resonancia —aunque estériles y las más de las veces hasta contraproducentes—, se operó en la región Centro entre los mismos compañeros, una reacción en contra de cualquier intento que no obedeciera a la concepción dada por las organizaciones con toda responsabilidad y toda garantía.

Por entonces comenzaron unas series elementales en la Federación Local de Sindicatos —por ser este el lugar donde más compañeros acudían diariamente—. Las clases fracasaban, se reanudaban y volvían a fracasar. Únicamente la de alemán se daba con toda regularidad, y esto porque los alumnos la tomaban como una diversión, a pesar de que en esta enseñanza ponía toda su alma la magnífica Hilde Orobón. Fue en vano todo esfuerzo de buena voluntad. Los alumnos eran perseguidos o encarcelados; las alumnas, mal influidas por algunos compañeros de los llamados truculentos, abandonaban las clases por confundir la conjugación del verbo haber y la inofensiva regla de tres con la intelectualidad nefanda.

¿Quieres hacerte sabia? ¡Deja a los intelectuales! Con que me sepas barrer tengo bastante —decían algunos—. Y lo cierto es que estas palabras dichas en broma se tomaban al pie de la letra. Dolía ver a tanta compañera sin otro medio de vida que el de fregar suelos mientras los trabajos de secretaría y otros más agradables, más reposados y mejor retribuidos iban siendo arrebatados por las mujeres pequeño-burguesas.

Entonces fue cuando nació entre un escaso número de compañeras la iniciativa de separar de los compañeros a las chicas más despiertas, por lo menos a las horas de clase y durante el tiempo que más durase su preparación, para que esta fuera más rápida y eficaz, y una vez capacitadas, formada su personalidad con una base firme y consistente, restituirlas íntegramente a los Sindicatos y Ateneos. Pero restituirlas dueñas de una capacitación y de una personalidad femenina, con voz, es decir, pudiendo desempeñar cualquier cargo dentro de la organización y, así, quitarle ese sello que parecía ostentar, ese carácter «de para hombres solo»; hacer un intercambio entre las que acudían a las clases y las de los Ateneos y Juventudes o, simplemente, prepararlas para un trabajo más humano y mejor retribuido que las aliviara de su triple esclavitud: esclavitud de ignorancia, esclavitud de hembra y esclavitud de productora.

Faltaban compañeras o simpatizantes que ayudasen a esta labor, y para suscitar un ambiente favorable, Lucía Sánchez Saornil lanzó la idea de publicar una revista femenina de captación. He aquí el origen y la razón de la revista «Mujeres Libres» que fue interesando y atrayendo a mujeres de otros sectores alejadas de nosotros por desconocimiento de nuestras ideas, por creerlas terroríficas y destructivas. Por esta finalidad rotundamente conseguida, el nivel de «Mujeres Libres» era superior al de muchas compañeras, por lo que con toda razón —aunque fuera una razón unilateral— se indignaban y la combatían. Pero la labor a desarrollar tenía dos expresiones: una interior, clases elementales, y otra exterior, «Mujeres Libres».

En Barcelona, otro núcleo de compañeras que con el nombre de «Grupo Cultural Femenino» realizaba actividades muy eficaces, aprobando la labor de «Mujeres Libres» de Madrid, cambió su antiguo nombre por el de Agrupación de Mujeres Libres. Así nació, en Barcelona y en Madrid, la agrupación de Mujeres Libres.

El 19 de julio se preparaba el cuarto número de la revista, que no llegó a salir porque la pluma se cambió por las armas y la literatura por el trabajo en los hospitales de sangre, por la visita a los pueblos que se iban liberando de facciosos, para ayudar en ellos a la organización de colectividades, etc.

Cuando los ánimos se serenaron por creer alejado el peligro, Lucía Sánchez Saornil propuso la formación de brigadas femeninas de trabajo que, en caso necesario, pudiesen sustituir a los compañeros combatientes, y de un servicio de enlaces que recogiera correspondencia y paquetes de los luchadores a sus familiares y viceversa. Se inició la creación de unos Liberatorios de prostitución que resolvieran el enorme problema planteado por la supresión radical de la prostitución en los pueblos. Y todo ello sin olvidar, en plena lucha del Madrid asediado, la biblioteca cualitativamente valiosa, que ha ido formando la Agrupación de Mujeres Libres con miras a su nunca olvidada finalidad de emancipación por la cultura.

En Madrid, con una delegación en cada barriada, se ha estructurado la Agrupación en unas Secciones de Trabajo impulsadas por Lucía que por nada ni por nadie ha querido abandonar Madrid, ni en los momentos de más peligro, rotos los cristales de la Agrupación por el estampido de los obuses facciosos que se baten con insistencia en la Gran Vía. Estas secciones son: Transporte, Sanidad, Vestido, Metalurgia, Servicios Públicos y una Brigada Móvil que acude a cualquier puesto de trabajo que sea necesario.

En Barcelona, en los primeros momentos de la lucha, la Agrupación de Mujeres Libres instaló comedores colectivos en todas las barriadas y organizó la «Columna Mujeres Libres» que con máquinas de lavado y planchado debía actuar en los frentes. Cuando nadie creía en el hambre de Madrid, esta agrupación de Barcelona envió varios camiones de víveres. Ha organizado y organiza además cursillos para enfermeras y puericultura.

La Agrupación forma parte del Frente de la Juventud Revolucionaria y del Comité de Refugiados.

Actualmente ha iniciado una activa campaña de propaganda por los pueblos de la región; acaba de crear el Instituto Mujeres Libres, que estará en funciones muy pronto. Organiza clases y ayuda sindical a las 15.000 compañeras que integran el ramo de la Alimentación; Servicios Públicos como el de conductoras y cobradoras de tranvía.

Aparte de toda esta labor, aquella serena «revista de orientación y documentación social» no desapareció: que a tono con las actuales circunstancias hace una crítica constructiva y da una orientación para ahora y para después.

Y el día en que los compañeros se acaben de convencer de que la Agrupación Mujeres Libres —que ya se extiende, además de a Madrid y Barcelona, a Valencia, Alicante y otras localidades—, no representa una parte de la organización ni significa pugilatos feministas, sino, por el contrario, capacitación de la mujer para un trabajo en común, más eficaz tanto en la Revolución como en la guerra, la Agrupación de Mujeres Libres no podrá menos de tener todo el apoyo moral y material que merece y necesita.

Mercedes Comaposada
«Tierra y Libertad», 27 marzo 1937

Finalidades

  1. Emancipar a la mujer de la triple esclavitud a la que, generalmente, ha estado y sigue estando sometida: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora.

  2. Hacer de nuestra organización una fuerza femenina consciente y responsable que actúe como vanguardia en el movimiento revolucionario.

  3. Combatir la ignorancia capacitando a las compañeras cultural y socialmente, por medio de clases elementales, conferencias, charlas, lecturas comentadas, proyecciones cinematográficas, etc.

  4. Establecer un intercambio de Sindicatos, Ateneos y Juventudes Libertarias, a fin de llegar a un engranaje que vigorice nuestro movimiento revolucionario. Por ejemplo: Un Sindicato manda a una compañera a la Agrupación, donde adquiere una instrucción elemental y un sentido social al contacto con otras compañeras más antiguas y capacitadas; una vez preparada, esta compañera puede ingresar en un Ateneo o en las Juventudes apta ya para realizar una labor positiva.

  5. Llegar a una auténtica conciencia entre compañeros y compañeras: convivir, colaborar y no excluirse; sumar energías en la obra común.

  6. Preparar una poderosa aportación femenina a la tarea revolucionaria constructiva, ofreciendo a la misma enfermeras, profesoras, médicas, artistas, puericultoras, químicas, obreras inteligentes: algo más efectivo que la sola buena voluntad llena de ignorancia.

Estructuración. Finalidades
(Folleto S.L.S.D)

Cómo organizar una agrupación Mujeres Libres

¿Conoces nuestra organización?

Supongamos que no la conoces, compañera; vamos a dártela a conocer en brevísimas palabras. Claro que entre cómo es, cómo funciona y qué se propone, ha de interesarte mucho más lo último. Por eso comenzamos por aquí. Se propone la Agrupación de Mujeres Libres:

1º. Emancipar a la mujer de la triple esclavitud que ha estado y sigue estando sometida: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora.

2º. Hacer de nuestra organización una fuerza femenina consciente y responsable que actúe como vanguardia de la Revolución, y

3º. Llegar a una auténtica coincidencia entre compañeros y compañeras; convivir, colaborar y no excluirse; sumar energías en la obra común.

Para el logro de todas estas finalidades crea escuelas, institutos, bibliotecas; organiza conferencias, mítines, lecturas, etc.; todo cuanto, en fin, tienda a despertar el interés de las mujeres por las cuestiones sociales y el afán de una renovación de costumbres y un mejoramiento del medio ambiente.

Queremos suponer en ti, que nos lees, un poco de inquietud por estas cosas. Nos lo dice el hecho de que estés pasando los ojos por estas páginas, y dispuestas estamos a aprovechar para la causa común esta buena disposición de ánimo tuya.

¿Vives en un pueblo donde las mujeres estuvieron relegadas a una vida oscura, insignificante, consideradas poco más que cosas, dedicadas exclusivamente al trabajo casero, al cuidado de la familia? No hay duda que muchas veces has pensado con disgusto en todo esto, y cuando has visto la libertad de que disfrutan tus hermanos, los hombres de tu casa, has sentido un poco de pena de ser mujer. Adivinamos que alguna vez has sufrido cuando, al pretender mezclarte en una cuestión que tú veías clara y alrededor de la cual los demás daban vueltas sin comprenderla, se te ha dicho agriamente: «Hala, las mujeres a la cocina» ¿Nos equivocamos? No, no; tenemos la seguridad de que esto te ha pasado alguna vez y hasta has deseado con un poco de timidez, detenida por el miedo de lo que diría la gente, echarlo todo a rodar, crearte una vida independiente para ti sola.

¿A que es verdad todo esto? Pues contra eso que te hace sufrir, contra eso va Mujeres Libres. Queremos que tú tengas la misma libertad que tus hermanos, que nadie tenga derecho a mirarte despreciativamente, que tu voz sea oída con el mismo respeto que se oye la de tu padre. Queremos que tú consigas, sin importarte lo que la gente pueda decir, esa vida independiente que alguna vez has deseado.

Ahora, ten en cuenta que todo requiere su trabajo; que no se consiguen las cosas porque sí; y además, para llegar a alcanzarlo necesitas el concurso de otras compañeras. Necesitas que otras se interesen por las mismas cosas que tú, necesitas apoyarte en ellas y que ellas se apoyen en ti. En una palabra, necesitas trabajar en comunidad; lo que equivale a decirte: debes crear una Agrupación de Mujeres. Y si quieres que desde aquí te ayudemos y te orientemos con nuestra experiencia, esta Agrupación debe llamarse Mujeres Libres.

Cómo puedes organizar una Agrupación de Mujeres Libres en tu pueblo

¿Te interesa de verdad esto que te proponemos? Pues manos a la obra.

Adivinamos también —ya ves que tenemos experiencia y sabemos todo lo que puedes pensar— que te estás preguntando: bueno, ¿pero cómo hago yo esto? Un poco de paciencia y te explicaremos.

Seguramente tú conoces, ¡cómo no!, unas cuantas muchachas de tu edad poco más o menos, y, además, como cada cual, tienes tus preferencias; y estas preferencias, naturalmente, no son porque sí, sino porque con estas compañeras te unen mayores coincidencias de gustos, de inclinaciones, de pensamientos. ¿Y si hablaras con ellas, y les leyeras o les comunicaras esto que a ti te decimos? Es seguro que acabaríais por poneros de acuerdo y fundar la Agrupación.

Bueno, ya tenemos un grupo inicial; pero ahora os preguntaréis ¿qué hacemos? Vamos a ayudaros. ¿Sois tres o cuatro? Suponemos, que no sois más de tres; pero las tres tenéis, eso sí, muchos deseos de trabajar.

Comenzáis por poneros de acuerdo para examinar qué puede interesar más a la generalidad de las muchachas de vuestro pueblo. Vamos a ver. Estamos ciertas que más de una tiene su hermano, su primo, su novio en el frente y si tratarais con ella en mejorar la situación de aquellos camaradas, las tendríais en seguida de vuestra parte. Intentémoslo. Una tarde cualquiera, un domingo, por ejemplo, que no hay trabajo, citáis a estas chicas y podéis hablarlas así, poco más o menos: En este pueblo tenemos seis o siete —los que sean— muchachos en el frente. En otros sitios (y con esto no mentís porque es cierto) las chicas se ocupan de ellos y procuran hacerles más llevadera la vida de campaña. A lo mejor los muchachos no tienen tabaco, carecen de papel, de lapiceros para escribir a las familias y es un verdadero dolor que mientras ellos están allá, peleando por vuestras propias vidas, parezca que aquí nadie lo tiene en cuenta, ni nadie se lo agradece. Podríamos reunirnos todas las semanas; por ejemplo, ni diez céntimos, ni veinte céntimos, ni un real semanal es un quebranto grave para nuestros bolsillos; pues haciendo un fondo común con estas cuotas de vez en cuando podríamos comprar algo para los compañeros que están en el frente; un poco de tabaco, una golosina, una fruslería cualquiera; una simple carta que le escribimos y en la cual firmemos todas, o figure el nombre de todas interesándonos por su salud, por sus necesidades, no sabéis el bien que le haría.

Si es necesario, haced que a vuestras reuniones no vayan solo chicas jóvenes; también puede acudir alguna mayor, que dará a la reunión más seriedad.

Si sabéis hablar cariñosamente a las muchachas, poner calor en esta labor, hablándoles del sacrificio que realizan nuestros soldados mientras nosotras vivimos en paz en la retaguardia, con nuestras pequeñas cosas, con nuestras disputas de vecindad, es seguro que las habréis ganado.

Pero, claro, es que la Agrupación no puede quedar en esto solamente; o acaso ni siquiera ha habido posibilidades de tratar esta cuestión, porque no tenéis hombres en el frente o porque no les interesan a nadie, que, aunque muy triste, también pudiera ocurrir. Entonces hay que buscar otro centro de interés, otra cosa que pueda atraer la atención de las compañeras.

Tú sabes leer, claro está; lo sabemos porque estás interesándote en cuanto te decimos; alguna de tus amigas también sabe leer, ¿no? Bueno; pues vamos a comenzar el trabajo. En el pueblo hay muchachas —no una, ni dos, sino algunas más— que no saben nada; tenéis que proponeros enseñarles lo que vosotras sabéis, por poco que sea, con mucha paciencia, tenéis que enseñarlas. Esto os servirá a vosotras de ejercicio para aprender más y mejor. Que encontráis muchas dispuestas, no cabe duda. Claro que esto es para comenzar; más adelante, si trabajáis con ahínco, tendréis profesores y cuanto necesitéis.

Lo que no debéis olvidar un momento es el poneros en contacto con nosotras, esto es, con el Comité Nacional de la Federación de Mujeres Libres. Os remitiremos material de propaganda, os orientaremos, resolveremos vuestras dudas, y si es preciso, enviaremos una compañera que os ayude.

Como ves, compañerita, no es tan difícil reunir un número regular de muchachas, si tú sabes moverte con un poquito de soltura guiada por nosotras.

Organizad un comité

¿Que has reunido ya diez compañeras? Entonces podéis organizar un Comité. Bueno, tú ya sabes que un Comité es el grupo de compañeras que se encarga de ordenar —no mandar, ¿eh?, sino ordenar—, poner en orden las actividades de la Agrupación; establecer relaciones con otros organismos, estudiar los medios de propagar nuestros propósitos y otras muchas cosas que van surgiendo en el transcurso de los días.

Vamos a examinar contigo cómo puede estar formado este Comité.

Necesitáis, en primer lugar, una secretaria. Siempre procuraréis que para este cargo sea nombrada la compañera que posea mejores conocimientos de lectura y escritura, puesto que habrá de escribir y leer muchas cartas, indudablemente.

Esta será la encargada de entenderse directamente, siempre en nombre de la Agrupación, con las autoridades, con otros organismos; en las reuniones llevará el orden de la discusión para que no resulte un guirigay. Asumirá la máxima representación en una palabra. Pero no debe olvidar una cosa, que el ser secretaria no le da derechos sobre los demás; sino que está obligada a escuchar siempre con toda atención y con la máxima tolerancia las sugerencias, las ideas y hasta las quejas de las compañeras.

Luego de la secretaria nombraréis una vice secretaria. Su misión es ayudar a aquella, sustituirla en caso de ausencia y levantar acta de las reuniones del Comité. Es decir, escribir ordenadamente los acuerdos que se tomen.

La contadora, que también debéis nombrar, es la encargada de cobrar las cotizaciones, de llevar nota de todos los ingresos apuntando cuidadosamente su procedencia —cuotas, donativos, etc.—, que deberá entregar a la tesorera para su custodia.

Esta (la tesorera) extenderá siempre un recibo a la contadora por las cantidades, y llevará un libro semejante al de aquella, con el que ha de coincidir, cuando las operaciones estén bien realizadas, en las sumas totales. Responde en todo momento de los fondos de la Agrupación y no entregará jamás una cantidad si no es con el «visto bueno» de la contadora y mediante recibo.

Ahora, constituido así lo que podíamos llamar Sección Administrativa del Comité, es necesario estudiar qué actividades puede tener la Agrupación en la localidad y cuántas compañeras se necesitan para atenderlas. Estas serán las vocales del Comité y cada una tendrá su misión concreta.

Como hemos quedado en que sois más de diez y ya hemos nombrado cuatro cargos, solo contamos con seis compañeras. Veamos.

En nuestra localidad como en todas, se deja sentir de mil modos la guerra. Sería el único sitio donde no hubiera especuladores, es decir, comerciantes desaprensivos. Los hay, naturalmente, que pretenden aprovechar las circunstancias para engordar su bolsillo.

Otras de las cosas que ocurren seguramente también, es que tenéis refugiados en el pueblo. Pues entonces necesitáis una compañera que se cuide de la Asistencia Social. Ella procurará enterarse de por qué escasea un artículo en el pueblo: si alguno lo oculta debe denunciarlo a la autoridad. Se cuidará igualmente de que los refugiados estén bien atendidos en las casas, que nada les falte, pues ya tienen los pobres bastante con haber abandonado sus hogares, muchos de ellos hasta a sus familias, sin saber si han de verse más.

Esta es una función muy delicada, pues la compañera encargada de ella habrá de hacer un gran esfuerzo por librarse del pequeño egoísmo local, que se siente molesto por los refugiados, pensando que vienen a estorbar y a alterar el ritmo de la vida del pueblo. Una compañera de Mujeres Libres ha de sentirse ligada a todos los antifascistas por igual. Debe afanarse por interpretar rectamente la justicia, no dejándose llevar nunca por ideas antiguas ni de influencias amistosas si van contra la razón. Recordaremos que ya partíamos de la base de que lo de las compañeras que se nos adherían lo harían porque habían llegado a sentir la necesidad de romper con aquella vida estrecha que les venía impuesta de padres a hijos.

Otro de sus cuidados será que el médico cumpla con sus funciones; que ningún enfermo quede sin atender; que ningún niño, y menos si es refugiado, sea maltratado por nadie ni obligado a trabajar con exceso.

Todo esto y otras muchas cosas que la vida diaria irá enseñando con funciones de Asistencia Social. La compañera nombrada para este cometido no debe asustarse ante la magnitud del trabajo que se le impone. No quiere decir cuando hacemos esta exposición que todo deba resolverlo personalmente; ella lleva a las reuniones del Comité cuantas cosas vea o piense relacionadas con la asistencia, y es el Comité quien las estudia en conjunto y busca la solución. Luego ella ejecuta los acuerdos del Comité.

Pero dejemos ya Asistencia Social, y pasemos a otra cosa.

Una sección de Asistencia al combatiente, no será mal. A este efecto recordamos cuanto decíamos al principio al tratar de los centros de interés. Se puede organizar un festival en el pueblo y con lo recaudado comprar objetos para los muchachos que luchan en el frente; se pueden hacer colectas entre el vecindario. Obsequiar al camarada que viene con permiso; mil cosas, en fin, que crean entre el frente y la retaguardia los lazos de cordialidad y de calor que son precisos para una perfecta compenetración de todos. Claro que el primer cuidado es obtener una lista con los nombres de los camaradas que están en los frentes y los lugares en donde se encuentran, procurando siempre estar al corriente de sus traslados.

Este trabajo bien entendido tiene una transcendencia enorme en la vida de relación del pueblo y en las simpatías que puede despertar por vuestra labor.

Supongamos ahora que el pueblo donde vives, querida compañera, tiene alguna importancia y cuenta con unos talleres o una fábrica, o más de una; entonces conviene también, que forméis vuestra sección de trabajo. La compañera que se nombre para esta, cuidará de visitar el Sindicato de trabajadores solicitando que den lugar en las fábricas o los talleres para que acudan a ellas un grupo de mujeres que vosotras habéis reunido, o reuniréis, con este objeto, a fin de que vayan enterándose de cómo se realizan las faenas. En una palabra, que admitan cierto número de aprendizas garantizadas por vosotras, ya que, sin tardar mucho, la demanda de hombres para el frente habrá de dejar abandonados muchos lugares de trabajo con grave quebranto para la Economía nacional.

Estas compañeras, de las que anotará la encargada de la sección los nombres y datos personales que estimen oportunos, acudirán a la fábrica el número de horas diarias que se estime necesario para su aprendizaje, teniendo bien entendido que no van a percibir, en lo que este dure, remuneración alguna, sino que lo que realizan es una función social a la que están obligadas si quieren que la guerra se gane. Hay que hacerlas saber que lo que ahora pueden hacer de una manera espontánea, tendrían que hacerlo mañana bajo el mandato riguroso del Gobierno y que les conviene más adelantarse. De esta manera, en un tiempo relativamente corto, pueden estar en condiciones de hacerse cargo de todas las funciones de producción y distribución de la nueva sociedad.

Y ahora vamos a hablar de la sección más importante y necesaria en toda localidad grande o chica: la de cultura.

Esta es la sección básica, por lo cual es necesario que la compañera encargada de la misma esté continuamente al habla con el Consejo Nacional de Cultura de Mujeres Libres, que le dará iniciativas y orientaciones a todas horas. Lo inmediato a conseguir por esta sección es que a breve plazo no quede ni una compañera en la Agrupación Local que no sepa leer ni escribir. Sin perjuicio que en cada localidad se den los cursillos de especialidades que se crean más de acuerdo con las necesidades generales y aún locales, como serían de avicultura, cunicultura, horticultura, etc., en las poblaciones rurales.

Y ya no nos queda como sección imprescindible más que la de la Propaganda.

Aquí necesitáis una compañera desenvuelta y activa, que pueda repartir manifiestos, fijar carteles en los muros, vender periódicos y folletos, organizar fiestas y mítines; todo lo que tienda, en fin, a extender el conocimiento de nuestras Agrupaciones y a despertar el interés en todas ellas.

En las localidades de alguna importancia puede crearse otra sección, muy interesante también, que es la de Deportes. No es que no tenga interés para las pequeñas poblaciones, sino que en estas será más difícil su creación, por lo que dejamos su explicación fuera de los límites de estas páginas, indicando a las Agrupaciones que quieran formarla consulten al Comité Nacional.

Así, pues, nos hallamos ya con un Comité compuesto de las siguientes secciones: Administrativa, cuatro compañeras; Asistencia Social, una; Asistencia a Guerra o a Combatientes, una; Trabajo, una; Cultural, una y Propaganda, una; en caso de que la localidad requiera la Sección Trabajo, son nueve compañeras, y como habíamos dicho que el grupo se componía de diez y no vamos a dejar a la última sin ocupación podemos agregarla a la sección de Propaganda, que ha de darnos mucho trabajo.

Ya están divididas todas las actividades del Comité. Las cosas se tratarán en conjunto, luego cada una llevará las gestiones que competan a su sección. Pero no debéis olvidar, tú con quien hablamos, que no es necesario apurarse ante una duda, una simple carta al Comité más próximo, os la resolverá rápidamente.

Ahora ya, a trabajar con ahínco; si lo hacéis así en breve plazo os habréis ganado todas las simpatías del pueblo y la Agrupación crecerá sin cesar. Si los combatientes se ven asistidos; si el pueblo en general se ve defendido por vuestra rigurosa posición de justicia frente a cualquier atropello; si las muchachas aprenden; si todo el mundo comprueba que trabajáis con fe y os sacrificáis por la guerra y por el bien común, no dudéis que la simpatía del pueblo os ayudará a crecer.

Dentro de poco tendréis que ampliar el Comité, ya que no tendréis bastante con una compañera por sección, necesitaréis dos o tres, o más.

Tú, querida amiga, desconoces todavía la satisfacción que produce trabajar por el bien común; cada sacrificio, cada obstáculo vencido es un placer inigualable, una alegría que no se parece a ninguna otra. Intenta alcanzarla. Escribe hoy mismo al Comité más próximo a tu localidad, Provincial, Regional o Nacional de Mujeres Libres y te ayudaremos.

Trabaja por la Revolución que es el progreso de tu pueblo y tu propia emancipación. Esperamos tu carta. Salud.

El Comité Nacional
Publicaciones Mujeres Libres, s.d. s.l.

Caracteres de nuestra lucha

Nuestra lucha no es simplemente por reivindicaciones económicas. Es esto y algo más. Se debaten en ella problemas transcendentes para la humanidad; avance o retroceso, dictadura o libertad. La primera significa una ordenación de la vida colectiva bajo un sistema que anula al individuo o imposibilita el libre desenvolvimiento de la humanidad. La segunda estimula la superación del individuo para que este pueda aportar a la sociedad el máximo de rendimiento tanto en el orden económico como en todos los demás aspectos humanos.

En esta lucha las mujeres hemos aportado desde el primer momento nuestro entusiasmo que se ha ido completando con una capacidad constructiva adquirida a lo largo de la lucha. Al principio, arrastradas en el arranque colectivo, que no distinguía ni distingue sexos, ofrecimos también nuestras vidas. Cuando la manera de luchar se amplió a nuevas formas, nos adaptamos a las necesidades y nos fuimos acoplando a los diferentes lugares de producción, preocupándonos a la vez de nuestra propia capacitación técnica para ser más útiles; así hemos fomentado y creado escuelas de preparación técnica, intelectual y social para las mujeres.

Pero esto solo no nos basta; sabemos que de nosotras depende en gran parte la posibilidad de un avance social. La mujer, como compañera del hombre y como madre del niño, y, mediante el desarrollo de su propia personalidad, como mujer, ha de influir de modo decisivo en la superación del hombre.

Para ello, las mujeres de ideología anarquista no luchan solo por reivindicaciones económicas.

Soledad Estorach
«Tierra y Libertad», 3 diciembre 1938

«Henos aquí otra vez...»

Henos aquí otra vez, querida lectora, algo enormemente profundo, terriblemente grande, ha acaecido en este breve paréntesis que hemos llenado con algún pasquín desde que nos fue dado hablarte por última vez, en aquel tono ponderado y grave que adoptamos en principio. Algo terriblemente grande que ha conmocionado la entraña de las cosas y ha hecho que todo revista aspectos nuevos, porque las expresiones de ayer han envejecido bruscamente, se han hecho estrechas, agobiantes, inservibles.

He aquí, pues, tu «Mujeres Libres», renovada en lo externo, ya que su entraña, la sustancia de que se nutre, es eterna.

Hablando de nuestra ponderación, dijimos un día: «No se entienda por esto que nos situamos al margen de las cosas y de los acontecimientos». «Deseamos que nuestra revista tenga sangre y nervios; sea una cosa viva y estremecida, donde hallen resonancia todos los afanes cotidianos»; y fieles a nuestro propósito, recogemos hoy estos afanes del día y hacemos de «Mujeres Libres» el periódico estremecido, caliente y vibrante que pueda reflejar en toda su intensidad la imponente grandeza del momento.

Los acontecimientos se han precipitado, y aunque hubiéramos querido para nuestra obra el sosiego de unos días serenos, no hemos de lamentarnos de que no sea así, sino que procuramos y pondremos nuestro empeño más decidido en ajustar nuestro tono y nuestra expresión al ritmo acelerado con que la vida se desenvuelve.

No es una deserción ni una rectificación. Mantenemos firmemente el propósito que nos dio la vida; no ha cambiado en absoluto nuestro objetivo. Nacimos con un propósito de captación y lo mantenemos. Pero los momentos nos obligan a cambiar de táctica; ya no tenemos que ir a buscar a la mujer en lo hondo de los hogares; ya no es preciso predicarle la conveniencia de que se incorpore al movimiento social. La guerra civil ha empujado a la mujer española, como un día la guerra mundial empujara a otras mujeres, violentamente, brutalmente, a la calle, y apresurada y acosada por la necesidad, por el instinto de la propia conservación, se ha visto impedida a acogerse bajo el escudo de una enseña cualquiera. No se ha parado —no tuvo tiempo tampoco— para preguntarse su significado y qué compensaciones hallaría o se le exigirían en cambio; la mujer está aún aturdida por los cañonazos y el tableteo de los fusiles, obsesionada únicamente por la idea de vivir. Pero este vivir es solo un instinto, no una conciencia, y nuestro deber, que aceptamos con toda responsabilidad: convertir en paciencia ese instinto.

Pero, ya lo hemos dicho, la táctica de ayer no nos sirve; ya no podemos elaborar teorías más o menos arriesgadas; ya no es hora de barajar ideas mientras miramos a un horizonte lejano; hoy tenemos que operar con hechos y elaborar con realidades prietas de contenido; y son estos hechos, estas realidades, las que han de formar aquella conciencia que apetecemos.

La mujer se ha dado a recorrer, aturdida y con los ojos ciegos aún, caminos que ignora en realidad a dónde conducen; se ha acogido, como decíamos antes, a una enseña cualquiera sin conocer su significado; estos trapos de color, aquellos anagramas, han fascinado su imaginación excitada, y en su empeño de vivir, este trapo o aquel anagrama se han convertido para ella en un talismán. La obra de Mujeres Libres ha de ser esta: convertir esos emblemas en hechos vivos y palpables; arrancarles su fascinación misteriosa y que cada mujer tenga delante de sus ojos un camino claro y un propósito definido.

De momento, el antifascismo ha aglutinado todos los esfuerzos y todas las voluntades; pero el antifascismo es solo una negación, la negación del fascismo y las negaciones tienen una vida limitada. ¿Y luego? Luego es necesario cimentar nuestra vida en afirmaciones.

Ser antifascista es bien poco; se es antifascista porque se es previamente algo más; porque a esta negación tenemos una afirmación que oponer y nuestra afirmación —la nuestra, la de Mujeres Libres— se condensa en tres letras, en uno de estos anagramas inscritos hoy un poco inocentemente sobre el pecho de muchas mujeres: CNT (Confederación Nacional del Trabajo), que quiere decir organización racional de la vida, sobre bases de trabajo, igualdad y justicia social.

Si no fuera por esto el antifascismo sería para nosotros una palabra sin sentido.

Editorial
«Mujeres Libres», 65 días de la Revolución

Las mujeres en los primeros días de lucha

Las maestras pelaban patatas, las enfermeras fregaban los suelos, las chicas del servicio doméstico acudían en avalancha a las clases preparatorias que se improvisaban, las feministas cien por cien cuidaban a los niños y atendían hospitales, las modistas cogían el fusil; muchas corrían a ofrecerse con máquina y todo para coser monos; hacían acopio de bocadillos y refrescos y establecían el puesto en las barricadas para obsequiar a los pelotones de milicias que salían en camiones a reconquistar pueblos. Total: un revoltijo de generosidades simpático y magnífico. Esta fiebre de actividades tenía su honda explicación. Había sonado una palabra: ¡Revolución! Y la chica del servicio doméstico corría a liberarse de su ignorancia y la modista dejaba la tiranía de la aguja para realizar sus sueños de aventura. Todas aportaron trabajo y entusiasmo. Y este primer desbordamiento se fue canalizando luego en una fructífera aplicación de actitudes y de vocaciones que ha de transformar íntegramente en un sentido de superación la vida de las mujeres españolas.

No solamente el hombre sintió latir en lo más profundo de su personalidad de obrero, las ansias de vengar con las armas los largos años de esclavitud moral y material en que el capital y el clero, las dos grandes plagas de la humanidad, lo tenían sumido. También la mujer, dejando de lado la ancestral apatía que las lucha de clase y los fenómenos sociales le habían causado siempre, sintió el aletear de la ilusión revolucionaria, en su alma eterna «relegada», de ser cubierto por el eterno polvo del olvido. No vaciló y decidida se lanzó a la calle a luchar al lado del obrero, compañero o no. Y ofreció su vida joven, pletórica de ilusiones juveniles, en las primeras jornadas de la lucha heroica, en que cada hombre era un héroe y cada mujer equivalía a un hombre. Pero no todo consiste en el valor, en esta lucha larga y continua de dos clases que se odian a muerte. La mujer, comprendiéndolo así, recapacitó y comprendió que las escaramuzas callejeras distan mucho de parecerse a la lucha metódica regular y desesperante de la guerra de trincheras. Comprendiéndolo así, y reconociendo su propio valor, como mujer, prefirió cambiar el fusil por la máquina industrial y la energía guerrera por la dulzura de su alma de MUJER. No deshonró el frente, la verdadera mujer. Por el contrario, ella ha sabido imprimir al grosero ambiente de guerra la delicada suavidad de su psicología femenina. Tiene cuidados maternales con los fatigados de las jornadas de lucha, regresan al sitio donde se hallan alojados, y procuran mantener vivo el optimismo en trances difíciles en que el ánimo, excesivamente impresionado, empieza a decaer. No es un lastre para la sociedad, la mujer de hoy. No. En el frente luchan unas, y velan otras por los que combaten. En la retaguardia, trabajan incesantemente e incrementan la cultura de la que hasta ahora carecía el movimiento femenino.

La mujer se está rescatando a ella misma.

«Mujeres Libres», n.º 10, julio 1937

Salvemos a las mujeres de la dictadura de la mediocridad. Labor cultural y reconstructiva para ganar la guerra y hacer la Revolución

La Agrupación Mujeres Libres no la forman unas mujeres manejadas y exhibidas por direcciones masculinas más o menos ocultas. Ni es un grupo que pretenda pugilatos feministas frente a sus compañeros. La Agrupación Mujeres Libres tiene una razón de ser fundamental, que fue la de su origen: capacitan a las compañeras para que, desde un más alto nivel de cultura y sentido social, íntegramente dueñas de su personalidad femenina y humana, puedan trabajar al lado de los compañeros con toda consideración y máximo rendimiento.

Antes se intentó lograr esto dentro de las propias organizaciones sociales a que pertenecemos, pero sin resultado, y actualmente, debido a las circunstancias, no pueden dedicar su esfuerzo a la capacitación femenina; esta labor profunda y compleja ha pasado a ser tarea específicamente nuestra.

Por otra parte, menos actuantes nosotras y, por tanto menos ligadas a los compromisos a veces penosos y casi siempre inevitables, que imponen las circunstancias de la lucha, podemos conservar y depurar esencias ideológicas que, sin alejarnos de la disciplina a la que pertenecemos, determinen una fuerza llena de posibilidades futuras. Hay que insistir una y otra vez: no pretendemos restar nada a nuestro movimiento, sino, por el contrario, ofrecerle una fuerza que potencie la ya existente.

Para esta finalidad fundamental, la Agrupación de Mujeres Libres, ha puesto en práctica todos los medios a su alcance, iniciando desde el principio una labor cultural que las circunstancias anormales desviaron alguna vez en favor de las exigencias de la guerra; pero que, de todos modos, nunca fue abandonada y que recientemente ha sido intensificada.

Se acaba de emprender una entusiasta cruzada contra el analfabetismo, iniciada con la preparación elemental que ya se está dando a centenares de compañeras en nuestro Instituto Mujeres Libres; unos cursillos intensivos para preparar enfermeras y puericultoras; una campaña de divulgación radiofónica; una serie de charlas y conferencias; organización de bibliotecas; lucha persistente contra la prostitución indicando soluciones humanas y eficaces para suprimirla; granjas escuelas para niños refugiados y abandonados por los colegios católicos, etc.

Junto a esta labor cultural y constructiva, la AgrupaciónMujeres Libres ha sabido siempre marcar certera y limpiamente su posición ante los problemas y las actitudes suscitadas por la Revolución y la guerra, sin dejar de aportar a la lucha su colaboración práctica y organizando las «Secciones de trabajo», dispuestas y preparadas para sustituir en la retaguardia a los compañeros reclamados por los frentes; recogiendo y enviando varias toneladas de víveres para Madrid; instalando, en los primeros momentos de la lucha, comedores colectivos en todas las barriadas; organizando la columna Mujeres Libres para actuar en los frentes con máquinas de cosido, lavado y planchado, etc.

Todo esto nos parece, sin embargo, muy poco. Nuestra finalidad —capacitar a las compañeras espiritual, cultural y socialmente, salvarlas de la dictadura de la mediocridad a la que se las ha tenido y se pretende seguir teniéndolas sometidas— es permanente y sigue en pie. Es una tarea gigantesca por la que estamos dispuestas a luchar hasta el fin.

Mujeres Libres «Ruta», 30 abril 1937

La mujer, factor indispensable para el triunfo de la guerra y de la Revolución

La mayoría de las mujeres en España, solo sabían vivir la primitiva forma de la economía femenina. Su vida solo miraba hacia dentro, hacia la casa, y su formación como la que transmitía a sus hijos, era profundamente egoísta.

El 19 de julio del 36 proyectó en la vida de las mujeres españolas posibilidades y soluciones que han determinado la proporción cualitativa dentro de los diferentes trabajos y quienes los realizan. Las obreras pueden sin distingos odiosos cultivar su inteligencia y adquirir conocimientos técnicos. En estos dos años de lucha se ha combatido la ignorancia a marcha forzada.

Rápidamente se va deshaciendo la equivocada creencia de la incompatibilidad entre capacitación ya lograda y un mayor rendimiento.

Porque este es un problema a resolver de un modo rápido y eficaz dentro de las diversas clases de trabajo; ni toda la ignorancia para la misérrima, ni toda la capacitación para la mejor acomodada.

Las mujeres en lo que dure la guerra y la postguerra, han de abandonar la vida del hogar para ocupar los lugares que el hombre al marchar a los frentes deja vacantes. Porque somos nosotras las mujeres las que hemos de vencer en la retaguardia, y nosotras las que hemos de exigir y aprender a exigir: por la victoria y por la vida misma.

Las mujeres españolas deben y saben sentir exactamente la responsabilidad de todas las víctimas antifascistas —nuestros héroes y nuestros caídos— para no retroceder en ninguna de las conquistas que ellos mismos nos han ofrecido. Hay que sustituir a los compañeros en su trabajo, con preparación, con heroísmo, y sin confundir nuestra misión histórica con la simple intrepidez feminoide.

Es obligado pero transitorio el que la mujer tenga que separarse de sus hijos y de sus sentimientos del hogar; lo permanente es, en cambio, que la mujer ha de producir para la colectividad, y lo definitivo, que no puede volver al producir egoísta, doméstico, familiar, sin que esto signifique pérdida, para el futuro, de sus afectos individuales o familiares, ni del civilizado sentido de selección, que ello equivaldría a negarse a sí misma.

19 de julio, fecha que ha marcado para las mujeres españolas un puesto de honor en la evolución humana y ha concretado con el papel de la mujer como factor indispensable con posibilidades y soluciones a los momentos trágicos que vive España.

Federación de Mujeres Libres

La Federación

No creemos en la modestia. Para nosotras o es pobreza de espíritu o vanidad disimulada. Por eso nuestra actuación está llena de afirmaciones audaces y no desdeñamos nunca la rectificación si es necesaria.

Decimos esto para que nadie se sorprenda de lo que vamos a afirmar aquí: la Federación Nacional de Mujeres Libres es el exponente más rotundo que se haya dado jamás de capacidad femenina.

Pasaron los tiempos de discutir hipotéticas superioridades; estamos en la hora de las demostraciones prácticas, y la mujer ha demostrado que sabe administrarse y valorarse; esto es, que posee una capacidad indiscutible.

Entre los hombres había llegado a manejarse como un axioma la frase: «El peor enemigo de la mujer es la mujer misma»; querían, unos, dar a entender que las audacias de una mujer serían sancionadas con la censura de las demás, y otros, los que querían manejar la frase con pretensiones de significación profunda, que la propia naturaleza femenina era incapaz de progreso.

Mujeres Libres es un mentís rotundo a tales insinuaciones. Nuestra Federación es un bloque femenino que ha progresado por sí mismo; sobre un núcleo inicial que comenzó a poner a prueba su voluntad hace veinte meses, se ha levantado una Federación de 20.000 mujeres; no se estiraron lo más mínimo, por el contrario, fue una suma constante de voluntades.

Organizaron trabajos, editaron publicaciones, montaron centros de cultura, y todo interpretando el espíritu de renovación del 19 de julio, cosa que tan difícil ha sido para muchos sedicentes revolucionarios de primera fila.

Y tarea de esta envergadura fue simultaneada con la actuación diaria, con el cotidiano batallar frente a los problemas inmediatos de la guerra, porque sabían que estos podían ser desatendidos so pena de perder todo el esfuerzo y todo el trabajo realizado, ya que en la victoria estaba la consolidación de todas sus conquistas.

Y lo más interesante y lo más meritorio es que Mujeres Libres se ha formado y ha crecido y ha adquirido una personalidad con el solo esfuerzo femenino. De ahí su demostración de capacidad. Y no porque quiera establecer separaciones ni competencia de sexos, como los viejos partidos feministas, ya que todas sus afiliadas pertenecen a organizaciones sindicales o políticas, sino porque ha querido reivindicar lo primero su condición femenina y ganar a pulso, para sí, el derecho a intervenir en la vida política y social española.

«Mujeres Libres», n.º 13

Los que deshonran al anarquismo

José Ingenieros, un célebre sociólogo argentino, decía que la emancipación de la mujer depende de la transformación de la sociedad; que la Revolución Social traería aparejada la libertad económica, política y sexual de la mujer.

Yo empiezo a dudarlo. Se me ocurre pensar que después de la Revolución Social, tendremos que hacer las mujeres «nuestra revolución». Existen datos en cantidad como para hacer meditar sobre el tema.

Vamos a poner un caso como ejemplo.

En España, que está realizando y viviendo ya su Revolución Social, las mujeres se hallan ya tan sometidas al hombre como en cualquier país burgués. Hace pocos días, se extendió la noticia de que habían caído cuatro pueblos de Aragón en poder de fascistas. Un grupo de mujeres que se encontraban reunidas en la Agrupación Mujeres Libres improvisó inmediatamente una manifestación. Una nutrida columna recorrió las Ramblas y llegó hasta la Generalidad exigiendo: «Armas para el frente de Aragón», «¡Menos políticas y más armas!», «¡Abajo los sueldos fabulosos!», «¡Igualdad para todos en el sacrificio!», «¡Armas, armas, armas!».

La manifestación fue aumentando hasta hacerse imponente. Ya en la Plaza de la República, una comisión se entrevistó con las autoridades para presentarles las peticiones. Luego de ser atendidas, la manifestación pasó por vía Durruti hasta disolverse.

Al pasar por la casa CNT-FAI, se prorrumpió en vivas a la Revolución y al Frente de las Juventudes Revolucionarias. Unas compañeras que quedaron rezagadas presenciaron algo que da vergüenza decir. Un individuo que llevaba al cuello un pañuelo rojo y negro comenzó a proferir insultos y amenazas contra las compañeras de la manifestación. Una de ellas se le acercó y le preguntó por qué hacía eso. Respondió que porque le daba la gana y continuó comentando el asunto en forma agresiva y brutal, a tal extremo, que la compañera, aterrorizada, tuvo que retirarse.

Sabemos que cretinos los hay en todas partes; pero lo que conviene saber es precisamente eso: si se trata simplemente de un cretino o de un fascista emboscado. Si lo primero, ya trataremos de avivarlo, y en ello deben estar también interesados los compañeros de la CNT. Si lo segundo, corresponde, ante todo, arrancarle del cuello esa insignia y del cinto esa pistola, para que aprenda a omitir la violencia y la intimidación cuando habla con compañeras.

Los trogloditas disfrazados de anarquistas, los cobardes que atacan por la espalda bien armados, los «valientes» que levantan la voz y el ademán frente a una mujer, están mostrando su hilacha fascista y es preciso desenmascararlos.

A ver si después de tanto dolor y de tanto sacrificio, vamos a tener que pedir permiso para defender la vida de los que luchan en los frentes, de esas vidas que hemos creado nosotras con nuestra carne y con nuestra angustia.

A ver si vamos a tolerar que, después de tanto libro anarquista como se ha escrito ensalzando la libertad femenina, de tanto discurso libertario proclamando la libertad de derechos, de tanta larga lucha emancipadora, vengan «anarquistas» a agredirnos porque queremos impedir, con la garantía de un armamento eficaz, la matanza inútil de nuestros hijos en los Frentes de Aragón.

A ver si van a impedirnos que cojamos con nuestras manos los fusiles que aquí sobran para llevarlos donde tantísima falta hacen.

¡A ver si los compañeros anarquistas van a permitir que a su lado se ataque impunemente a las compañeras anarquistas!

¡Hay pañuelos y pistolas mal colocados, y hay que evitarlo, compañeros anarquistas!

Nita Nahuel
«Mujeres Libres», VIII Mes de la Revolución

Informe de la Federación Mujeres Libres

Mujeres Libres afirma una vez más que el peligro solo puede ser contrastado con la oposición de una fuerza femenina propia, la que nuestra Federación viene batallando por crear en medio de la indiferencia general del movimiento libertario, salvo raras excepciones. Y ya no es posible que nadie se encoja de hombros ante nuestros graves avisos. El tiempo ha venido a darnos la razón y los sindicatos miran con un poco de temor el porvenir inmediato.

Y sin embargo, aún hoy parece que no quiera nadie reconocer el gran papel que Mujeres Libres puede desempeñar y la claridad que ha presidido todo su desenvolvimiento y toda su actuación encaminada siempre a la mayor utilidad al movimiento libertario.

El escaso apoyo que se nos ha prestado se ha hecho siempre en un tono de condescendencia, más con el que se satisface un capricho que no llena una necesidad; y que antes llega a la desgana y al desaliento que al entusiasmo al que lo recibe.

Nuestra organización y nuestras finalidades han sido incomprendidas. Se ha sido exigente con ella preguntándole a cada petición de auxilio, ¿cuáles son tus realizaciones? Pretendiendo, sin duda, que en dos años de existencia hubiera dado ya lo que no pudo conseguir un movimiento proletario específico con más de cincuenta años de actuación ¿cuáles eran nuestras realizaciones? 20.000 mujeres sustraídas a la penetración marxistas fueron méritos suficientes para atraer la atención de los camaradas libertarios. Pero había más, la base firme de toda realización: visiones políticas claras y posiciones firmes mantenidas con tesón y con dignidad dentro de una línea de orientación anarquista.

Federación Nacional Mujeres Libres
Comité Nacional

Fragmento del Informe que esta Federación eleva a los Comités Nacionales del Movimiento Libertario y a los delegados al Pleno del mismo. Septiembre de 1938.

Acta de la reunión de Mujeres Libres

DELEGACIÓN FAI (...) dice que ya ha sido objeto de un amplio estudio por parte de la FAI que las compañeras se incorporen a la vida social y política, pero que, aunque fuera digamos que tenemos muchas mujeres, no debemos engañarnos y reconozcamos que las compañeras no están capacitadas para poderles confiar dichos cargos, dice que no debemos copiar la labor demagógica hecha por otros sectores, señala casos en que a pesar de la buena voluntad de las compañeras, estas habían fracasado y que esto es lo que debemos evitar para que las mismas compañeras no se desanimen preparándolas debidamente. Repite que a pesar de nuestra buena voluntad debemos reconocer que no estamos en condiciones de que se nos confiera la dirección de las organizaciones, que no culpa de esto a la mujer, pero que una conciencia de clase solo se adquiere en la práctica y en la lucha; que este asunto es muy delicado y debe ser discutido y estudiado con detenimiento. Cierra su intervención diciendo que en la FAI encontraremos el apoyo incondicional y necesario para plasmar en realidades nuestras justas inquietudes y aspiraciones.

SUBCOMITÉ aclara que al hacer el ofrecimiento de compañeras les guiaba el deseo de prestar una ayuda necesaria a la organización libertaria, sin pretender que estas llevaran solas la dirección de la organización o cargos que se les designasen, sí hacerlo al lado de los compañeros; que si no tenemos gran cantidad de compañeras con la preparación que manifiesta FAI sí hay suficientes para reemplazar a los compañeros, en muchos casos con ventaja.

(...) Termina diciendo que es hora que los compañeros dejen a un lado los conceptos arcaicos sobre la mujer.

Por todo es necesario que los compañeros se den cuenta de la urgente necesidad de la incorporación rápida de la mujer a la vida social y política.

Secretaría de la Local de Valencia reafirma la intervención del Subcomité y de la compañera de la Local y dice que en la Federación Nacional de Mujeres Libres tiene una minoría que se puede codear con la mayoría de las organizaciones CNT y FAI y quiere que los compañeros se lleven una idea clara de que en la Federación Nacional de Mujeres Libres hay calidad y cantidad.

Federación Nacional de Mujeres Libres. Subcomité Valencia

Fragmentos de la Acta de la Reunión extraordinaria celebrada por este Subcomité el día 11 de febrero de 1939, asisten a las Regionales: Centro, Levante. Locales: Madrid, Valencia. Delegaciones del Comité Peninsular FAI y Subcomité Nacional CNT.

Personalidad...

Una mujer —y una mujer bastante agradable por cierto— habló, hace ya algún tiempo, en un mitin que el PSUC y la UGT dieron en el Gran Price. Por qué me acuerdo ahora de ése, en los tiempos que vivimos, ya pretérito detalle, lo ignoro. Quizás —supongo yo—, por haberme tropezado no hace mucho, con otra compañera, también del PSUC y de la UGT que, en su conversación conmigo —que casi podríamos titular de amistosa polémica ideológica—, ha vertido, posiblemente sin darse cuenta los mismos conceptos, los mismos tópicos, diría mejor que la citada muchacha que, ya hace algún tiempo, habló en el Gran Price y eso francamente me parece detestable.

Cada vez que habla en público una mujer, sea o no del sector sindical o ideológico al que pertenezco, yo, que en el fondo, muy en el fondo de mi subconsciente, soy una ingenua, siento aletear ante mis ojos, hechos un tanto escépticos por las experiencias pasadas, la lucecita, cálida y pueril, de una ilusión.

Tal vez, esta... me digo. Y, amorosamente, atolondradamente, acudo a oírla...

Pero casi siempre —conste que digo «casi»—, al finalizar el acto, llego a la conclusión, desagradabilísima para mí, de que aquella mujer, aquella compañera, en la que, momentáneamente, había puesto mis esperanzas, tampoco decía nada nuevo, por lo menos, en labios femeninos, distinto, que siquiera con iguales palabras, no hayan dicho los demás; algo que revele, apenas latente, una personalidad real, auténtica y, sobre todo, femenina. Una personalidad no formada todavía, con aristas que suavizar, con rasgos faltos, aún, de la consistencia necesaria para ser considerados como definitivos, pero... personalidad al fin. Si no más, una posibilidad, aun cuando muchas posibilidades se anulen y desaparezcan al menor choque con la vida o con el sentimiento, ese adulador de personalidades que, paradójicamente, es quien desarrolla o fortalece, a menudo, al fundirla en su crisol inmenso, nuestra nativa personalidad.

Y, sobre todo, femenina. Porque, eso es lo que importa: saber ser Mujer, siendo mujer. No, ya, como antaño, hembra. Nada más. Tales éramos, y cuáles debemos ser. De hembras, mujeres. De esclavas, compañeras. De amantes, amigas, en el sentido más puro de la palabra. Por ellos, y por nosotras. Sobre todo, por ellos. No por los que ya son —no siempre lo bastante cultivados para comprenderlo—, sino por los que han de venir, y han de venir de nosotras. Tanto como de ellos, o más que de ellos. Siquiera por eso, por lo que de nosotras debe nacer, estamos obligadas a cultivar esa personalidad a la que antes aludía. Siquiera por eso, compañeras...

Ada Martí «Mujeres Libres», n.º10

Actitud clara y consecuente de Mujeres Libres

En respuesta a Dolores Ibárruri

Otra vez la Agrupación de Mujeres Antifascistas, por la pluma de su presidenta, Dolores Ibárruri, hace a Mujeres Libres un llamamiento público a la unidad. Se diría que esos llamamientos persiguen, tal vez sin pretenderlo, una consecuencia: la coacción. La coacción por la evidencia: señalar que hay un sector rebelde a la unidad que todos los antifascistas anhelamos, y tal vez por esta evidencia coaccionarle a que acepte los puntos de vista propios.

Pero Mujeres Libres dio siempre sus razones para negarse a la «fusión», que no «unidad», pretendida por Mujeres Antifascistas; y estas razones no se han modificado.

Que nadie por tal actitud pretenda motejar de tibio nuestro antifascismo, que no queremos afirmar más puro y más fuerte que el de los otros, pero sí como el que más.

Mujeres Libres ha dicho y repite, que no le interesa la unidad femenina, porque no representa nada. Su voz clamó mil veces por la unidad política y sindical, la única eficaz y útil a nuestra causa; y Mujeres Libres se congratula que esta unidad haya cristalizado al fin con el Frente Popular Antifascista.

Nuestra Federación tiene una tendencia confesada: la libertaria, representada en el frente dicho, y por esto Mujeres Libres no pidió en él su inclusión; de no haber sido así, la hubiera pedido, porque allí es donde se forja y se hace efectiva la verdadera unidad.

Podría bastarnos esta explicación: trabajamos dentro de nuestra tendencia, y puesto que hay un pacto entre todas las tendencias, la unidad de acción para el objetivo inmediato de ganar la guerra, vierta igualmente cada grupo femenino sus actividades dentro de su partido y el provecho será, de la misma manera, para la causa común. Porque nadie ignora que solo se persigue la unidad de acción, ya que la fusión de tendencias no es realizable, porque es incompatible con la variedad humana.

Con esta respuesta, ¿quién podría decir que no sea razonable y clara nuestra actitud? ¿De qué unidad, pues, nos habla Mujeres Antifascistas?

Veamos —y conste que preferiríamos callar estas cosas—. Mujeres Antifascistas ha nacido, es una hijuela de los antiguos Comités contra la Guerra y el Fascio. Se organizaron estos comités a base de elementos femeninos de todos los partidos, buscando así una mayor eficacia para la propaganda política de izquierdas entre las mujeres. Pero es el caso que a favor de estos comités se creó la Agrupación de Mujeres Antifascistas, organización sin matiz político, con el programa inmediato de ayudar a la guerra, y en la que ingresaron grandes núcleos femeninos, sin otra objetividad que procurarse ciertas ventajas que, unas veces de índole política, otras de índole económica, solía ofrecerles su afiliación.

Y así la Agrupación de Mujeres Antifascistas fue absorbiendo las actividades femeninas de cada tendencia, hasta casi anularlas dentro de los partidos, consiguiendo que las mujeres, en atención a los objetivos inmediatos, olvidaran la verdadera finalidad de nuestra lucha. Que es cierto cuanto decimos lo prueba el hecho de que no basta que en el Comité figure un Partido determinado —hache o be— para reconocer a una compañera de este partido cualquier ventaja que pueda reconocerse a Mujeres Antifascistas —el disfrute del economato, por ejemplo— sino que ha de presentar el carnet de cotización de la Agrupación aludida, como si el del Partido no fuera suficiente garantía de antifascismo.

¿A qué, pues, manejar sus Comités integrados por todas las tendencias como una cosa de frente femenino antifascista, cuando en realidad una sola organización absorbe todas las actividades y se aprovecha en beneficio propio del crédito de los demás?

Nuestra Federación tiene una personalidad acusada, es una organización revolucionaria con puntos de vista propios sobre la lucha española y una clara conciencia que va más allá del limitado antifascismo.

Mujeres Antifascistas, en cambio, es un compuesto ambiguo, sin tendencias, a merced de los más hábiles o avisados que quieran utilizarla, mientras los Comités contra la Guerra y el Fascio son a su vez utilizados por ella.

La cosa es clara: antes de dejarse absorber a sabiendas Mujeres Libres prefiere continuar su camino como hasta aquí, dentro de la unidad del Frente Popular Antifascista, donde está representada por la tendencia libertaria; al margen, si es necesario, de cualquier ayuda oficial que otras encuentren; pero conservando íntegramente su carácter y su personalidad.

Esto es todo, más algunas diferencias de táctica insoslayables que no reforzarían nuestras razones. Mujeres Libres, con sus escasos medios, trabaja tan activamente como puede hacerlo Mujeres Antifascistas, para ayudar al triunfo de nuestra guerra, con la ventaja de que la última de sus componentes lucha con el solo estímulo de su convicción y fe.

Lucía Sánchez Saornil «Solidaridad Obrera», 14 agosto 1938

Campesina

Los brazos solos no bastan, compañera del campo. Ni el esfuerzo de todos es ya suficiente. Tenemos, pues, que cambiar el ritmo de la producción y producir más, mucho más. Hay que potenciar el esfuerzo y los brazos que ya no bastan.

¿Cómo?

Organizando equipos, grupos de mujeres físicamente fuertes y conocedoras de las faenas del campo, y preparar a la par, para cada uno de estos grupos, dos o tres compañeras técnicas agrícolas. Unas nociones bien orientadas de agronomía, de fitotecnia, de economía, han de darnos como resultado una doble producción agrícola. La aplicación acertada de un abono, un buen sistema de riegos, el conocimiento de los climas y su clasificación por regiones, así como el manejo de las máquinas agrícolas, modificarán las condiciones de trabajo y elevarán la capacidad productiva de nuestra tierra. Los trabajadores del campo, con mayor esfuerzo, obtendrán más rendimiento.

Y así, solo así, será posible abastecer a los combatientes, a los obreros de la ciudad y a los hijos de todos. Así, solo así, será posible sostener con firmeza la guerra y llegar a su fin victorioso.

En las clases de Mujeres Libres, podrás prepararte para este nuevo ritmo de la producción que la necesidad exige, adquiriendo conocimientos adecuados de agricultura, avicultura y administración rural.

CAMPESINA:

Estabas en el campo, siempre con los brazos extendidos, siempre en alto la cabeza, esperando, reseca, negra y triste, como una planta más, desgraciada y esclava. Estabas esperando siempre: la nube, la tormenta, la inundación, el contribucionero... Todas las calamidades de nuestro campo castellano, mudo, serio, igual, lastimoso, habían hecho huellas en tu corazón; y parecías irremediable...

¿Te acuerdas de aquella hostilidad de tu gesto, campesina? Tenías una luz huraña en los ojos y una huraña aspereza en la piel.

Miseria, abandono, suciedad, analfabetismo, grosería, hijos sin cuento y horas de trabajo sin fin eran tus plagas. Y al final la certeza de deberlo todo a los señores.

CAMPESINA:

Nos hemos quedado sin los viejos señores y el campo te sonríe. Con los viejos se van el analfabetismo, la suciedad, los hijos sin cuento.

CAMPESINA:

Graba en la puerta de tu casa los nombres de los nuevos señores de los campos de España: AMOR, LIBERTAD.

«Mujeres Libres», n.º 13

Esquemas

A las obreras se las requiere constantemente para dar. Para dar lo que siempre han dado: sus hijos, su dolor, su esfuerzo material. Ahora, para ganar la guerra.

Mujeres Libres no ha dejado, no podía dejar de hacer también este llamamiento a sus hermanas. Pero Mujeres Libres quiere, por su parte, lo que se les debe: capacitación espiritual. Para esto está bien el romance, la vulgaridad de conocimientos, la orientación concreta sobre problemas que nos plantean la guerra y la Revolución. A todo ello han de atender, de manera breve y asequible, nuestras publicaciones. Pero además, tenemos un deber sutil: el cultivo de la sensibilidad que enriquece la vida. Es preciso que sobre los sufrimientos materiales de nuestro vivir actual, sobre el peso abrumador de nuestros problemas cotidianos, se salve y se mejore la sensibilidad individual, la percepción y la expresión esencial de las cosas.

A este fin, sirven estos esquemas, en los que Mercedes Comaposada da su propia sensibilidad, su propia percepción esencial de las cosas. De cosas muy de nuestro momento, muy de nuestra lucha: niños en la guerra, refugiados en la guerra, heroísmos en la guerra, evocaciones en la guerra, consignas en la guerra... sensibilidad en la guerra.

* * *

Ahora

Ahora es la guerra y el principio de la lucha reconstructiva. Se trabaja más que nunca y como nunca; la fatiga física percibe un airecillo alegre que da infinitos alientos. Los músculos aumentan su vigor, la inteligencia se hace sutil y exacta, la propaganda vocea sus colorines, la velocidad se libera del tiempo, rompe su relación con él; el verdadero sentido humano desahucia de las casas y de los hospitales a los rezagados. No existe el cansancio. Está naciendo la esperanza que ha de transformar el trabajo.

Después

Ya no hay mito que justifique la explotación de los hombres. La Revolución fue hecha con el enorme sacrificio realizado por la humanidad. Ahora todos y cada uno con su ritmo de progreso. Hemos dejado atrás, en la historia, la evolución del trabajo, los dolorosos hechos guerreros y revolucionarios. Hemos olvidado la «maldición» y no creemos en el paraíso. Nuestras ilusiones entrelazan realidades, y las realidades, ilusiones. Es nuestro equilibrio: nuestro trabajo. El placer sereno que desborda el espíritu, el hombre completamente en unidad, asciende en el futuro. El hombre vive; la máquina trabaja.

Voluntarias con la educación

Vocación es llamada y es camino a seguir. Llamada que sobrepasa a la personalidad y camino a seguir que la exige. Vocación y personalidad se incluyen. Son relación de causa a efecto y de efecto a causa. Son relieve anímico que el preferir acusa. Llegar a la vocación es superarse; es cambiar la personalidad existente heredada por otra mejor que ha de crearse; es partir de la exaltada serenidad para hacerla y difundirla.

Voluntarias, con la vocación. Camaradas enfermeras, voluntarias que habéis sido movidas por cualquier incidente particular, profesional o económico, comprended la vocación. Comprendedla enseguida que el triunfo sea ilimitado de alcances morales.

La mujer que cuida a un enfermo no puede hacerlo, no debe hacerlo, con la preocupación del «rímel» en los ojos y el arcoíris en las mejillas. No se trata de una cuestión de contrastes en el color del rostro. Se trata de algo más humano: de un enfermo, y un enfermo exige toda clase de cuidados, transidos de sensibilidad. A la vez que una inyección que le libre de la gangrena, un trato que le sustituya el cariño de una madre, de un hermano. Y necesita, sobre todo, una limpia presencia llena de sinceridad que le guarde de una desviación, de un decaimiento, de una fiebre.

Las mujeres de vocación desconocen la falsa inocencia —escondrijo que ampara tantas atracciones sexuales—, fomentada por dueñas y madres de siglos pasados. Las mujeres de vocación desconocen la falsa inocencia, porque saben que su prestación espiritual no necesita de aditamentos equívocos y porque sienten que acentuar la apariencia de su feliz naturaleza sana es una despiadada ostentación ante el enfermo que la contempla y que la mide con la dramática inferioridad de su propia naturaleza herida. Las mujeres de vocación, las mujeres de nuestra lucha, tienen que encarnar toda la verdad de nuestras ideas y de nuestras realidades. Voluntarias con la vocación.

Mercedes Comaposada «Publicaciones Mujeres Libres», s.l. s.d.

Cultura

En el Casal de la Dona Treballadora de Barcelona, en los Institutos de Mujeres Libres de Madrid y Valencia, en las escuelas y clases organizadas por todas nuestras Agrupaciones de las diversas localidades, se destaca un sentido hondamente social y un resuelto propósito de servir a las urgentes necesidades del momento. Capacitar al mayor número de mujeres para el fin inmediato de ayudar a ganar la guerra y para la propia liberación social de la mujer, es la tarea apasionada de todos estos centros de todas estas clases.

De sus planes de enseñanza y adaptados a las características de cada localidad, se intensifica actualmente la preparación, en cursos intensivos, de enfermeras y puericultoras, los peritajes de pequeña mecánica y electricidad, los cursos de agricultura y avicultura, sin abandonar nunca aquella nuestra cruzada de redención de analfabetas que, en nuestras clases, por centenares, van dejarlo de serlo.

Una de las finalidades más interesantes de la obra cultural de Mujeres Libres es preparar adecuadamente a las muchachas proletarias para su ingreso a los Institutos Obreros. Estos Institutos no podrían cumplir sus fines sin una labor de preparación previa en un sentido no solo de facilitar los conocimientos concretos más indispensables, sino de formación espiritual y social; y, por esto, no sirven de ninguna manera las consabidas academias preparatorias, que mediante una cuota más o menos asequible, se limitan a proporcionar a los alumnos los trucos mecánicos más útiles para pasar el examen.

En todos nuestros centros, en cada localidad, en cada barriada, se da una preparación complementaria por medio de conferencias y charlas semanales, que van introduciendo a las alumnas en los problemas generales de nuestro mundo cultural y social.

De Realizaciones de Mujeres Libres.
Organización. Cultural. Trabajo.
Maternidad
«Tierra y Libertad», 30 julio 1938

El Casal de la Dona Treballadora

Compañera:

¿Quieres contribuir a ganar la guerra?

¿Quieres capacitarte para ser útil a la causa antifascista?

¿Quieres adquirir una cultura general?

¿Quieres especializarte en una profesión?

Inscríbete en el Casal de la Dona Treballadora, Pi y Margall 96, y elige la clase o cursillo que más te interesa del plan que se incluye (...)

El Casal de la Dona Treballadora desarrolla el siguiente plan de trabajo para la capacitación inmediata de la mujer.

Clases Elementales: (Analfabetas y tres grados), leer, escribir, nociones de aritmética, geografía, gramática, fenómenos naturales.

Clases Complementarias de la Enseñanza Elemental: Historia Universal, francés, inglés, ruso, mecanografía, taquigrafía.

Clases Complementarias Profesionales: enfermeras, puericultoras con las correspondientes prácticas en hospitales y lugares adecuados, peritajes, mecánica, electricidad, comercio, corte y confección, nociones de aritmética y avicultura con sus correspondientes prácticas.

Formación social: Cursos de Organización Sindical, Sociología, Nociones de Economía, Conferencias semanales de ampliación general.

Nuevas conquistas para la Asistencia Social

Cuando nos paramos serenamente a buscar las causas que han producido el desmejoramiento físico de la Humanidad entre un sinnúmero de ellas encontramos invariablemente: el desarrollo poderoso de la higiene y la medicina, con una caritativa blandura superlativamente perniciosa. Pues es indudable que la especie humana ha desmejorado visiblemente en su físico; como es indudable que la higiene, la medicina y la caridad rivalizan en conservar tipos débiles, tarados, inferiores, que se reproducen bajando notablemente el nivel medio de resistencia y vigor de los hombres.

A tanto extremo inútil se llegó en este sentido, que son enormes las sumas de energía, tiempo y dinero consumidas en el cultivo desdichado y desaprovechado de una serie de profundos anormales en los que jamás ha de aparecer el menor destello de inteligencia animal. Individuos que no aprenden a hablar, que no tienen dirección ninguna de sus funciones corporales. Y cuyas manifestaciones de sensibilidad se reducen a gruñidos indiferentes... Individuos que se mantienen, se limpian, se guardan, sin la menor esperanza ni el menor provecho, por una falsa idea de amor humano. Para el verdadero destino de estos seres sin nombre, hay una elección y no vale escandalizarse púdicamente. O matarlos dulcemente, causando la insensibilidad el menor dolor posible, o aprovecharlos. Aprovecharlos, en fin, en un Instituto de vacunoterapia y sueroterapia para la obtención de vacunas y de sueros. El hecho reportaría ventajas: suero de la misma especie y posibilidad de obtenerlo con mucha mayor facilidad que ahora en cuanto a determinadas enfermedades: sarampión, parálisis infantil, etc.

La segunda conquista, la segunda entre la multitud de cosas conquistables, sería el Instituto de Eutanasia —el individuo tiene derecho a morir «bien»— institución donde se examinarían severa e imparcialmente, por medio de un tribunal selecto de psico-sociólogos, todos los casos de las personas decididas a terminar su vida. El tribunal clasificaría dichos casos en dos grupos: aquellos cuya decisión de morir obedeciese a causas pasajeras, aunque poderosas, y que pudiesen olvidar en un ambiente adecuado y bajo una vigilancia discreta (de ambas cosas dispondría la institución) y aquellos cuya razón fuese de tal calidad que no pudiera hacerse desaparecer la influencia que ejerciera sobre el sujeto. Estos individuos del segundo grupo tendrían en la cámara de eutanasia, el final deseado y adecuado a su desdicha.

El Instituto de Eutanasia estaría en relación con hospitales, maternidades, sanatorios, etc. y tendría unos equipos de investigación para casos determinados.

«Mujeres Libres», n.º 10

Mujeres Libres como organización feminista

Situación social de la mujer

El progreso humano es muy lento. Se ha dicho que por cada paso dado hacia adelante, la Humanidad ha dado dos hacia la esclavitud. Solo al cabo de los siglos ha ido liberándose de su actitud de adoración sumisa ante la Iglesia, el derecho divino de los reyes y el poder de la clase dominante. En realidad, esta calamitosa trinidad impera todavía sobre muchísimos millones de seres en todos los países del mundo; pero ya solo puede gobernar con mano férrea y exigir cierta obediencia en los países fascistas. Aunque el fascismo no tiene existencia histórica sino como manifestación fugaz, bajo su peste negra se presiente cómo se aproxima la tormenta y cómo crece su furia. Es en España donde hallará su Waterloo, mientras en todo el mundo va aumentando la protesta contra las instituciones capitalistas.

Pero, en general, el hombre, dispuesto siempre a luchar heroicamente por su emancipación, está muy lejos de pensar lo mismo respecto a la del sexo opuesto.

Sin duda alguna, las mujeres de muchos países han hecho la verdadera revolución para conseguir sus derechos sociales, políticos y éticos. Los han logrado a costa de muchos años de lucha y de ser derrotadas infinidad de veces, pero han conseguido la victoria.

Desgraciadamente, no puede afirmarse lo mismo de las mujeres de todos los países. En España por ejemplo, a la mujer se la considera muy inferior al hombre, como mero objeto de placer y productora de niños, no me sorprendería si solo los burgueses pensaran así, pero es increíble comprobar el mismo antediluviano concepto entre los obreros, hasta entre nuestros propios camaradas.

En ningún país del mundo siente la clase obrera el Comunismo Libertario como lo siente la clase obrera española. El gran triunfo de la Revolución que se inició en los días de julio, demuestra el alto valor revolucionario del obrero español. Debería suponerse que en su apasionado amor por la libertad incluye la libertad de la mujer. Pero muy lejos de esto, la mayoría de los hombres españoles parece no comprender el sentido de la verdadera emancipación, o, en otro caso, prefieren que su mujer continúe ignorándolo. El hecho es que muchos hombres parecen convencidos de que la mujer prefiere seguir viviendo en su posición de inferioridad. También se decía que el negro estaba encantado de ser propiedad del dueño de la plantación. Pero lo cierto es que no puede existir una verdadera emancipación mientras subsiste el predominio de un individuo sobre otro o de una clase sobre otra. Y mucha menor realidad tendrá la emancipación de la raza humana mientras un sexo domine sobre otro.

Por lo demás, la familia humana la integran ambos sexos y la mujer es la más importante de los dos, ya que en ella se perpetúa la especie, y cuanto más perfecto su desarrollo moral y físico, más perfecta será la raza humana. Ya sería esto bastante para probar la importancia de la mujer en la sociedad y en la lucha social; pero hay otras razones. La más importante de todas es esta: que la mujer se ha dado cuenta de que tiene perfecto derecho a la personalidad y de que sus necesidades y aspiraciones son de importancia vital como las del varón.

Los que pretenden todavía tener a la mujer en un puño, dirán seguramente que sí, que todo esto está muy bien, pero que las necesidades y aspiraciones de la mujer son diferentes, porque ella es inferior. Esto solo prueba la limitación del hombre, su orgullo y su arrogancia. Debería saber que lo que diferencia a ambos sexos tiende a enriquecer la vida, tanto social como individualmente.

Por otra parte, las extraordinarias realizaciones de la mujer a través de la Historia anulan la leyenda de la inferioridad. Los que insisten en ella es porque no pueden tolerar que su autoridad sea discutida. Ello es característico de todo sentido autoritario, sea el del amo sobre sus esclavos, sea el del hombre sobre la mujer. No obstante, la mujer procura en todas partes liberarse; camina hacia delante, libremente; ocupa su puesto en la lucha por la transformación económica, social y ética. Y la mujer española no tardará mucho en emprender el rumbo de su emancipación. El problema de la emancipación femenina es algo análogo al de la emancipación proletaria: los que quieran ser libres deben dar el primer paso.

Los obreros de Cataluña y de toda España lo han dado ya, se han liberado a sí mismos y están derramando su sangre por asegurar esta libertad. Ahora os toca a vosotras, mujeres españolas. Romped vuestras cadenas. Os ha llegado el turno de elevar vuestra dignidad y vuestra personalidad, de exigir con firmeza vuestros derechos de mujer, como individualidades libres, como miembros de la sociedad, como camaradas en la lucha contra el fascismo y por la Revolución Social.

Únicamente cuando os hayáis liberado de la superstición religiosa, de los prejuicios, de la moral corriente y de la esclavizante obediencia a un pasado muerto, llegaréis a ser una fuerza invencible en la lucha antifascista y una garantía de la Revolución Social. Únicamente entonces seréis dignas de colaborar en la creación de la nueva sociedad en la que todos los seres serán verdaderamente libres.

Emma Goldman «Mujeres Libres», Semana 21 de la Revolución

La doble lucha de la mujer

El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, solo, combate contra el mundo exterior. Contra un mundo que se opone a sus anhelos de libertad, igualdad y justicia social. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos; primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta ya desde hace siglos. Y en esta lucha la mujer está sola.

En los comienzos del movimiento obrero, se decía muchas veces: «Al enemigo lo tenemos en nuestro propio campo». Había pues, que vencer a este enemigo antes de pensar en otras conquistas. Del mismo mod0, la mujer que quiera emanciparse en la igualdad de derechos, ha de emprender primero la lucha en su propio campo. Y en esta lucha, además de encontrarse sola, además de contar únicamente con ella misma, le dificulta la lucha el enemigo que reside en su propio campo; un enemigo al que nunca ha reconocido conscientemente como tal, al que está ligada íntimamente y por instinto desde su propia infancia.

Primero la familia. No es fácil deshacer las fuertes ligaduras que, por educación y por tradición, existen entre la mujer y la familia. Es duro hacer sufrir a unos padres queridos que no aciertan a transigir con los anhelos libertarios de la hija, que no quieren ayudarla en su lucha, que niegan a la muchacha adolescente el esclarecimiento de la cuestión sexual, que la quieren inducir a la espera pasiva y virginal del hombre que le ofrezca el matrimonio y que le asegure una existencia en la que la mujer, llena de ignorancia y de prejuicios, no suele encontrar la felicidad, sino una vida desolada y triste. Todo esto conducía casi siempre a burlar en secreto las normas maternales, a la insinceridad, al engaño cobarde. En estas circunstancias, la libertad interior era imposible. Y en semejante ambiente se fundaba una nueva familia que por falta de sinceridad —e incluso en el caso de una buena inteligencia sexual entre los dos esposos— coloca a la mujer en una nueva situación embarazosa, determinada por la represión de la personalidad en la mujer.

Así, lo subconsciente en la mujer ha de ver por fuerza en todos estos seres queridos —padres, marido e hijos— a enemigos de su libertad. Y la mujer tiene que combatir a estos enemigos modificando su actitud frente a ellos, luchar contra los prejuicios y las tradiciones, y ya interiormente libre y en condiciones distintas, unirse realmente a sus compañeros de otro sexo para luchar juntos contra el enemigo exterior, contra la servidumbre y la opresión.

Es difícil para la mujer determinar exactamente sus ligaduras interiores. Una vez conocidas, ha de ser inexorable consigo misma; ha de renunciar, en primer término, a la cómoda costumbre. Sola ha de llegar a este convencimiento y sola tiene que luchar; nadie sino el amor a la libertad la puede ayudar en esto. El hombre —ni siquiera el compañero anarquista— no la puede ayudar en esto; más bien lo contrario, porque también en él hay tanta vanidad escondida, que, sin que se dé cuenta y con apariencia de amor y amistad mal entendidos, trabaja muchas veces contra la liberación de la mujer.

Ante tantos obstáculos, es inexplicable la decepción y la tendencia a abandonar la lucha. Pero sed fuertes y aguantad, mujeres de la Revolución. Cuando hayáis conseguido perteneceros a vosotras mismas; cuando vuestras decisiones en la vida cotidiana obedezcan solo a vuestra propia convicción y no a costumbres atávicas; cuando vuestra vida afectiva esté libre de toda consideración sentimental y tradicional; cuando podáis ofrecer vuestro amor, vuestra amistad o vuestra simpatía como expresión genuina de vosotras mismas, entonces os será fácil vencer los obstáculos exteriores. Automáticamente pasaréis a ser personas con libre albedrío e igualdad de derechos sociales, mujeres libres en una sociedad libre que vais a construir junto con el hombre, como sus verdaderas compañeras.

La Revolución ha de comenzar desde abajo. Y desde adentro. Dejad que entre el aire en la vida familiar, vieja y angosta. Educad a los niños en libertad y alegría. La vida será mil veces más hermosa cuando la mujer sea realmente una «mujer libre».

Ilse «Mujeres Libres», VIII mes de la Revolución.

Necesitamos una moral para los dos sexos

No es necesario tener vista de lince para comprender cuales son las cosas que se van y las que alborean en esta época revolucionaria que está removiendo los conceptos básicos en que se apoya el mal llamado orden. Dos cosas empiezan a desplomarse en el mundo por inicuas: el privilegio de la clase que fundó la civilización del parasitismo, de donde nació el monstruo de la guerra, y el privilegio del sexo macho, que convirtió a la mitad del género humano en seres autónomos y a la otra mitad en seres esclavos, creando un tipo de civilización unisexual: la civilización masculina, que es la civilización de la fuerza y que ha producido el fracaso moral a través de los siglos.

Mientras los trabajadores se aprestan a cumplir su misión histórica y humana, consistente en hacer desaparecer para siempre la clase parasitaria que había hecho imposible la armonía social, para asentar y estructurar una nueva vida más humana y justa, ¿quiénes de los muchos que enarbolan el estandarte de las reivindicaciones humanas se ocuparán de tenderle la mano a la más débil y desamparada de las criaturas oprimidas, cuyo derecho olvidó totalmente la sociedad capitalista: la mujer de todas las mujeres, pues la clase social que se la colocó siempre es inferior a la de los esclavos del salario desde que ellas son tristes y dóciles siervas de miserables esclavos?

Oímos diariamente hablar demasiado de la libertad de los oprimidos y de la noble causa de la «justicia social». Pero no oímos nunca, salvo contadas ocasiones, que estos libertadores se refieran a la necesidad de declarar íntegramente libres a las mujeres. Estas pobres mujeres arrojadas, por la educación misérrima que siempre nos reservaron, al limbo del más triste infantilismo cerebral, causa por la cual aún muchas no alcanzan a concebir los derechos de la libertad.

Para empezar a remediar los efectos de tal proceder, empecemos por establecer una sola moral para los dos sexos.

Suceso Portales «Mujeres Libres», n.º10

El problema femenino

Fue en España, a través de los gobiernos reaccionarios, un problema insoluble.

Las mujeres trabajadoras permanecieron durante muchos decenios, cubiertas por el polvo del olvido.

A pesar de ser obreras y verse obligadas por ello a cotizar lo mismo que su compañero de esclavitud, y sus jóvenes energías y hábiles manos de operaria, pasó mucho tiempo hasta sentir la necesidad de superarse como mujer y aún de rebelarse como trabajadora.

Estaban demasiado arraigadas en ella las oprimentes doctrinas para que su liberación en el plano social pudiera ser obra improvisada.

Pero las revoluciones aceleran considerablemente la marcha ascendente de los pueblos.

El preámbulo de intensas luchas revolucionarias que precedieron al movimiento subversivo, sirvió de curso preparatorio donde la mujer se entrenó para poder emprender más tarde, con entusiasmo, la cruzada de su propia liberación.

Cuando estalló el movimiento, una intensa masa de trabajadoras se dieron cuenta, de súbito, que tenían mucho que trabajar y aprender si querían situarse en el plano que de repente habían entrevisto y se sentían capaces de escalar.

Fue este momento el que aprovecharon una selecta minoría de mujeres que, pacientemente, sin decaer ante los obstáculos que incesantemente se les presentaban, esperaban la ocasión propicia para dirigirse a este número de obreros, hasta entonces indiferentes ante sus llamadas.

Con su fina sensibilidad de mujer indomable energía de revolucionarias se dispusieron a orientar la enorme cantidad de energías femeninas que de manera tan lamentable se derrochaban.

Previeron un gran movimiento en ciernes y actuaron de palanca propulsora.

Así nació la primera Agrupación de Mujeres Libres.

Desde su nacimiento estuvo bien definida su misión: capacitar a la mujer trabajadora para que en un próximo día pueda ocupar el sitio que le corresponde en todos los órdenes de la vida social.

Y sobre todo, prepararlas para que su aportación a la colectividad sea efectiva y eficiente (...).

Mujeres Libres «Ruta», 16 septiembre 1937

En vez de crítica, soluciones

Todos, al hablar de la mujer, entramos de lleno en la crítica de su educación. Tiene una educación equivocada, completamente desenfocada, que no responde de ninguna manera a las necesidades del momento. Bueno, pues, concretemos, demos solución al problema y dejémonos de críticas más o menos piadosas. Pongámonos de acuerdo de una vez, sobre la educación que necesita la mujer.

¿Qué quiere decir educación? Formación, preparación para una misión determinada.

¿Pero sabemos cuál es la verdadera misión de la mujer actual? Vamos a concretar:

El primer deber de la mujer como ser viviente es el trabajo. Y conste, que sentamos este principio sin aceptar excepciones. Es condición indispensable, es cumplimiento de la ley biológica del ser humano. Y la mujer, como mitad de la humanidad, no puede separarse de esta responsabilidad: el trabajo. El trabajo es la ley del progreso humano, y el que se niegue a cumplir esta ley es un perturbador, es un parásito y, como todo parásito, es, forzosamente, una carga para los demás.

Una sociedad es más rica, más progresiva, más industrial, cuantos más brazos dispone para el trabajo. Tenemos, aquí en España, el ejemplo bien patente de ello. ¿Cuál es la región de Iberia en que el elemento femenino da más brazos al trabajo? Cataluña, ¿cuál es la región de España más progresiva e industrial? Cataluña. ¿Cuál es la región de España en que el factor femenino disfruta de más libertad? Cataluña. Pues cuando en un factor determinado el trabajo adquiere la absoluta responsabilidad del deber, ¿hay alguien que pueda negarle el derecho, a este factor, de formar parte del sector social? ¡No!

La mujer ha entrado en esa fase, en la de la responsabilidad del trabajo que cuenta con brazos e inteligencia (sin que admitamos ni neguemos que su inteligencia sea inferior, ya que si la Naturaleza la ha creado así, no es una inferioridad, sino una necesidad) su deber es ponerlo todo al servicio de la sociedad.

El segundo deber de la mujer es el de su formación en el verdadero sentido de la palabra. Educarse, formarse, no es otra cosa que no estancar la obra de la Naturaleza, ya que esta crea a la hembra, la hembra crea a la mujer, la mujer a la madre y la madre creará a la puericultora y demagoga de sus propios descendientes.

Para educarse la mujer, primero ha de crear su personalidad, hacerse Mujer en toda la extensión de esta palabra. Es preciso que llegue a ser lo que es: Mujer. Así como el hombre antes de optar por una profesión u oficio es hombre, célula de la Gran Familia: pues la mujer también, aparte de las actividades propias de la naturaleza, ha de ser mujer, porque aunque por leyes zoológicas sean de distinto sexo, por leyes de identidad son equivalentes. La mujer está dotada, al igual que el hombre, de una inteligencia, de una voluntad, de una sensibilidad quizá superior al hombre: pues por todas estas dotes, que nadie puede negar, se ha de crear su propia personalidad.

El tercer deber de la mujer, como miembro de la especie humana, es el de la reproducción de la misma especie; pero como célula social es dar a esa sociedad hijos dignos, hombres educados. Pero de ese deber no puede desligarse el hombre. Y si los dos miembros que forman la sociedad tienen su personalidad, afrontarán ambos la responsabilidad del primer núcleo social: la familia. Es tan grande, tan importante el campo de actividades que se desarrollan en la familia particular que de ellas dependen las actividades a desarrollar en la Gran Familia. La primera, no es otra cosa que el prólogo de la segunda. Es tan trascendental, tan complementaria en la sociedad la misión de la mujer como madre, que se ha considerado como única y exclusiva misión. Se dice reiteradamente: «La misión de la mujer no es otra que la de esposa y madre». ¿Pero es que se puede llegar a ser digna esposa y buena madre sin que haya esposos dignos y buenos padres? Precisa que la mujer, antes de ser esposa y madre esté educada, esté formada. Hasta ahora, la buena educación que erigía el matrimonio, era tocar el piano, nociones de francés, confección de prendas de vestir, pintar un poco, etc. Con estas dotes ya podía contraer matrimonio; ya era una mujer con sobrados conocimientos para hacer a un hombre feliz.

Desde el 19 de julio, se han creado miles de escuelas de enseñanza primaria, y, a pesar de lo transcendental que ello sea, el problema queda en pie, sin que, desgraciadamente, se haya dado con la fórmula.

Urge un programa de reforma de educación femenina.

Urge la creación de escuelas llamadas secundarias para preparar a la mujer.

Urge la creación de la escuela de la madre, la escuela del hogar, en donde la mujer se ha de educar para ser madre.

Urge la creación de la escuela profesional, ajena a todo partidismo político, para que la mujer se prepare para su emancipación económica. Se dirá que ya están los institutos de segunda enseñanza, pero los que, casi por desgracia, los hemos concurrido, sabemos que allí no tienen cabida estos estudios.

Y nada hemos dicho de la instrucción. ¿Será importante esta rama si tenemos en cuenta que la tarea de la educación de los niños está en manos de la mujer? ¿Es fácil esta misión? La contestación la tendremos en seguida, si tomamos imaginariamente un niño desde su nacimiento y le proporcionamos sus primeros cuidados de alimentación, saber tratarlo físicamente, respetando sus necesarios movimientos para el desarrollo de sus miembros, interpretar las primeras manifestaciones de los sentidos, casi siempre con gestos inconscientes, seguir con atención las primeras manifestaciones de su inteligencia, observar cuáles son los primeros pasos de su voluntad para robustecerla en vez de anularla, en fin, formar al niño en vez de deformarlo, que es lo que, inconscientemente, hacen hoy las madres.

Por todo lo expuesto, nosotros añadimos: la mujer se ha de educar, antes que todo, para ser mujer, para alcanzar su personalidad, sea cual fuere su destino. Aquí entran de lleno todas las mujeres, sin distinción de clases ni profesiones.

En España, la mujer que al salir de la escuela primaria, sienta la necesidad de una cultura superior en alguno de los aspectos citados no encuentra ningún centro de instrucción donde adquirirla. Urge, pues, la creación de los establecimientos enumerados para dar solución al problema. Es hora ya de que dejemos la crítica y vayamos a la solución.

Pilar Grangel «Mujeres Libres», n.º13

El trabajo

Hasta hace unos años, no muchos, teniendo en cuenta la edad de la historia, la mujer era mirada poco menos que por un parásito social. No vale la pena discutir esto en tal momento y en este lugar. Durante muchos siglos, en los que pudiéramos llamar países progresistas, se intentó hacer creer que la mujer rehusaba el trabajo.

La era capitalista, abriéndole la puerta de las fábricas, vino a demostrar que el parasitismo femenino era pura fábula, pues bien pronto hubieron de comenzar los hombres la lucha para defender sus fábricas de la invasión femenina. Las mujeres ansiosas de reivindicación, anhelosas de sentirse vivir, de conquistar una independencia espiritual, invadían la producción. Apenas apuntó una posibilidad, no anduvieron remisas para incorporarse al trabajo. Fue la oposición masculina quien no supo comprender el significado de este acontecimiento y torpemente lo impulsó al terreno antisocial de la competencia, con lo que aquel principio de incorporación quedó convertido en un arma de la burguesía contra la clase trabajadora.

Hoy se vuelve a hablar insistentemente de la incorporación de la mujer al trabajo y se pretende olvidar o se ha olvidado ya «prudentemente» que la mujer se incorporó espontáneamente el 19 de julio. Millares de mujeres salieron de sus hogares y desempeñaron las faenas más rudas y menos femeninas, desde manejar el fusil hasta manejar el arado. Un deseo ardiente de ser útiles, de servir, de sentirse responsables, impulsaba sus actos.

Pero esto no duró mucho, pronto otra vez, la «prudencia» masculina hizo retroceder a las mujeres; solo las más audaces, contra viento y marea, conservaron sus puestos. Y como siempre fueron las mujeres las más generosas y sacrificadas; en los primeros meses de guerra hicieron voluntariamente jornadas agotadoras, sin pedir nada a cambio. El trabajo no fue para ellas un medio de vida, sino una gran función social, cuya importancia se les revelaba súbitamente, y un deber que desempeñaron con abnegación y heroísmo.

No se hable ahora de la incorporación de la mujer al trabajo como una gracia o una necesidad. El trabajo es un derecho conquistado por ella en los días en que la lucha era más cruenta.

La mujer ha puesto toda su fe en la Revolución. Que atávicos egoísmos no la defrauden.

«Mujeres Libres», n.º13

El trabajo intelectual y manual de la mujer

¿Qué es en la vida de la humanidad el trabajo?

Es, categóricamente, una condición de vida necesaria, más que necesaria, indispensable, social y biológica.

Vida es actividad constante, es dinamismo. Vivir no es otra cosa que una serie de actividades, movimientos de asimilación, unos, de desasimilación otros, mediante los cuales atendemos a las necesidades de nuestro desarrollo, nuestra reproducción, y hasta en la propia muerte, cuando esta viene natural, debido a la falta de reservas físicas, todavía contemplamos el gran esfuerzo que el organismo hace, para retardar su vuelta de donde salió: a la madre Tierra.

Todo ser vivo tiene una sola aspiración: atender a su vida, a desarrollarse.

Para atender a esta su aspiración, lucha constantemente con todos y contra todos los que intentan arrebatarle su medio de vida, su alimentación; porque sabe que lucha por su propio ser.

Así que el mínimo de actividad de todo ser vivo es comer y luchar, tanto en los vegetales como en los demás seres de la escala zoológica.

El hombre, como ser vivo que también es, ha de ser activo; pero su actividad, por estar dotado de inteligencia, no ha de ser solamente la de comer y luchar.

Para defender su vida, continuamente amenazada, menos respetada que la de los demás seres vivos de la naturaleza, y esta falta, este desnivel de lucha que se le plantea constantemente, ha de suplirlo con la inteligencia.

Así, lucha tras lucha, vemos que la actividad humana, de comer y luchar pasa a ser en la actualidad trabajo y competencia.

Con los progresos de la civilización, el trabajo ha adquirido un alto grado de producción; con la conquista de la libertad, un alto grado de superación.

Civilización es eso: superación de la vida, o sea del trabajo; evolución constante del trabajo mecánico al de la inteligencia. Que la actividad del cerebro oriente y mande a la del músculo. Resultando que el trabajo que en un principio fue doloroso, más tarde se trocó en hábito; y cuando la inteligencia lo mande podemos asegurar que será un placer.

Entonces no existirá malestar social, pero será cuando la mujer, así como ya ha dado sus brazos al trabajo, esté lo suficientemente capacitada para dar su inteligencia.

Que no se tema por el trabajo de la mujer, que el problema no es, de ninguna manera, competencia de brazos sino atropellamiento de derechos. Hay quien cree que corre prohibiendo andar a los demás. Las consecuencias de ello son: el malestar general de la humanidad y el divorcio moral del hogar.

Es preciso que la mujer obrera busque fórmula al problema. Hasta ahora ha sido la clase media la que ha ido solucionándolo desde la oficina. Hemos de reconocer que la mujer de la clase media es la más culta. Las hemos visto en el momento actual tras el grave peligro que encierra, que todas las plazas de mecanógrafas, taquígrafas, etc., en las Secretarías obreras han sido ocupadas por las que antes servían a la burguesía.

Ahora que, a raíz de la sublevación militarista de la invasión ítalo-alemana, los campos de batalla son rojos de sangre proletaria y la criminal aviación negra siembra de cadáveres de ancianos y niños las calles de las poblaciones indefensas, ¿no acuden las manos acariciadoras de abnegadas mujeres, sin abandonar su trabajo de restauración a la normalidad de la vida ciudadana, haciendo esfuerzos de energía y de capacidad por falta de preparación, en trabajos puramente masculinos?

¿Se cree que la mujer, después de la guerra, podrá olvidar o dejar atrofiar estas energías del músculo y de la inteligencia que, para conservar su independencia y su libertad, ha descubierto? ¿Será justo que se las arrebaten?

No, camaradas, no; la mujer, con sus reivindicaciones no pretende luchar contra vosotros, sino con vosotros; no pretende buscar frente a vosotros la competencia, sino aunar sus energías a las vuestras. Porque si la mujer se defiende, os defiende a vosotros y, justamente, defendéis económicamente el hogar común; físicamente también lo defendéis común y moralmente; también defendéis en común la civilización, y, colocados en este plan de inteligencia, fusión de fuerzas del músculo y del cerebro, lucharéis juntos, por el trabajo, contra los zánganos y parásitos; con la educación física, contra la degeneración de la raza, contra la debilidad y la explotación; con la cultura, contra la ignorancia y por la civilización.

Sobre este trípode pone su base «Mujeres Libres»: TRABAJO, CULTURA Y DEPORTE.

¡Camaradas!: en esta lucha no es posible que os neguéis a ayudarla; no os neguéis.

Si todos trabajamos con fe, alcanzará la vida de la humanidad todo su valor.

Manos y cerebros, sin distinción de sexos, a la Gran Obra, que será la salvación de la Humanidad.

Pilar Grangel «Mujeres Libres», n.º12

La incorporación de las mujeres al trabajo

Nosotras, antes que nadie, hemos propugnado por la incorporación de las mujeres al trabajo; hemos procurado, en todo momento, ayudar a estas a encontrar su vocación; hemos defendido fervorosamente lo que llamábamos su derecho al sacrificio; es decir, el que no fuera tratada en la hora actual como un elemento de substitución simplemente, sino que, situándola en un plano de igualdad social se considerara que su actuación, dentro del marco de sus posibilidades, tenía un valor equivalente a la actuación masculina.

Esta posición nuestra nos da autoridad para dirigirnos a las mujeres, a la totalidad de las mujeres antifascistas, señalándoles su deber a la hora actual.

Reconocemos, en términos generales, que la posición de la mujer, debida, en primer lugar, a condiciones atávicas de educación agravadas por factores nacidos de la guerra misma, es de una complejidad extraordinaria.

Se le ha señalado durante mucho tiempo como única posibilidad real de salida a su esclavitud la independencia económica. Es indudable que una gran mayoría de mujeres ansiosas de esta independencia y faltas de la ilustración necesaria sobre la significación de los acontecimientos actuales, espera de las contingencias de la guerra alcanzar aquella independencia tan deseada.

Deducimos esto de las impaciencias demasiado vivas que hemos observado por ocupar puestos de trabajo; del excesivo interés por las condiciones remunerativas de este; de los escrúpulos hacia ciertos detalles que no marchan de acuerdo con ideas preconcebidas sobre el mismo; manifestaciones todas que dan a entender que un gran número de mujeres no han comprendido la gravedad de la hora presente.

Para estas escribimos.

No se trata ya de reivindicaciones individuales, ni de reivindicaciones de sexo; se trata de la defensa de la propia vida; se trata de la defensa colectiva de un pueblo. Al empuñar la herramienta de trabajo nadie puede pensar en que resuelve una situación personal, sino en que el manejo de aquella herramienta en la retaguardia equivale al manejo de un fusil en el frente; que se ha ido a ocupar aquel puesto, no para cobrar un jornal con que cubrir sus necesidades y la de los suyos, sino para defender con la de los suyos su propia vida ayudando al aplastamiento del fascismo. Un puesto de trabajo en los actuales momentos es de tanta responsabilidad como un puesto en el parapeto. Lo decíamos un día dirigiéndonos a un grupo de muchachas que trabajaban en industrias de guerra; no basta mover los dedos mecánicamente durante las horas que comprende la jornada, hay que imprimir al movimiento de los dedos la fuerza anímica de esta convicción; que, a su tarea, le corresponde una parte de la victoria.

En los momentos presentes el trabajo alcanza su pleno significado; ya no en términos generales, sino de una manera concreta e incontrovertible, se trabaja para vivir y porque trabajamos para vivir, para no ser aniquilados, el trabajo no puede ser condicionado, sino que hay que entregarse a él enteramente, sin reservas, hasta el agotamiento si es preciso.

Mientras dure la guerra, mientras no hayamos arrojado de nuestro suelo a los invasores, hasta tanto no aplastemos al fascismo que amenaza con aplastarnos, en lo que nuestra vida colectiva e individual esté en peligro, nada debe distraernos del trabajo; para nada debemos vivir más que para el trabajo, el trabajo sin horas, sin descanso, sin condiciones.

Esto queríamos decir a las mujeres. Que su impaciencia por incorporarse al trabajo no reconozca otra razón que el deseo de ser útiles para alcanzar la victoria.

«Mujeres Libres», n.º12

Nivelación de salarios

De la cooperación entre el obrero y el técnico en la nueva estructuración, surgen algunos problemas cuya solución requiere un amplio estudio moral, profesional y social. Algunos de estos problemas han de ser decisivos en la marcha de la Revolución; conviene, pues, que nos preocupen a todos, y desde ahora mismo, para que no suframos desviaciones ni planteemos equivocadamente lo que más tarde sería imposible rectificar.

Concretaré en uno de los aspectos más palpitantes que en la actualidad ofrece la conjunción del trabajo manual e intelectual —claro está que sin generalizar, puesto que afortunadamente abundan las excepciones favorables—, recogiendo las conclusiones deducidas recientemente por algunos obreros al referirse a la remuneración del trabajo intelectual.

Es natural —dicen algunos— que al técnico se le retribuya mejor que al simple obrero, porque el técnico ha vivido en un ambiente distinto al nuestro y tiene otras necesidades: casa confortable, libros, viajes, buen vestir y estudios para sus hijos. Pero si malo es que el trabajador intelectual sienta unas necesidades incompatibles, circunstancialmente, con los momentos de sacrificio que vivimos, mucho peor resulta que los obreros no extiendan a ellos mismos necesidades que hacen exclusivas del trabajador intelectual.

Por otra parte, el técnico debe saber que la revolución simplificará su vida, o, mejor dicho, sus gastos. Que los libros no tendrá que adquirirlos, sino que los encontrará en mejor calidad y mayor cantidad en las bibliotecas profesionales, artísticas, generales. Que los estudios de sus hijos tampoco le reportarán gasto alguno, ya que estos se efectuarán en los lugares y al tiempo mismo que los estudios de los demás hijos, en institutos y universidades populares gratuitas y, por tanto, para todos. Que el traje por el momento será el que permitan las posibilidades de la industria nacional o regional, que procuraremos sea lo más práctico, lo más sencillo y lo mejor posible. Y en cuanto al confort hay que repetirlos una y mil veces: si no en un plazo inmediato, por lo menos, próximo, hay que considerarlo como necesidad común y no como privilegio de algunos. La calefacción y la ducha, como el pararrayos, son las armas del hombre en su lucha contra la naturaleza; constituyen un progreso y nadie, salvo en momentos de sacrificio, debe renunciar a ellas.

Al trabajador intelectual, al técnico socialmente rezagado, no hay que atraerle a la lucha y a la reconstrucción con maniobras políticas que halaguen egoísmos o despierten afanes interesados, maniobras políticas con apariencias de gran resultado práctico momentáneo pero que luego se traducen en ineficacia de un país o de un sistema. Este es el caso de Rusia, donde se dieron grandes ventajas económicas a técnicos extranjeros y donde se admitieron las categorías de salarios. Y en efecto, los técnicos que fueron a Rusia, no solo construyeron sino que enseñaron a construir; pero en el contacto entre ambos trabajadores y debido a la inevitable admiración que sentía el manual por el técnico de quien debía aprender, se perdió una gran parte del espíritu revolucionario ruso; eran ellos, los esclavos, los que cedían y se dejaban ganar por la mediocridad pequeñoburguesa del Occidente Europeo y Americano. Nosotros no podemos incurrir en el mismo error, es labor nuestra de hoy cultivar el espíritu de los técnicos a la vez que enriquecemos el nuestro. Sabemos que el avance auténtico incluye dos aspectos, uno material y otro espiritual, y cuando falta uno de ellos, no hay hecho que confirme la teoría de que uno va incluido en el otro, los espiritual en lo material. La realidad es muy distinta. Con toneladas de acero y millones de vidas trabajando a marchas forzadas, un pueblo puede llegar a una poderosa forma defensiva de barbarie, a veces más cruel que la sustituida. ¿Es esto un avance? Avance, lo que se dice avance, parece ser que no. Para que lo sea de verdad nosotros debemos tender resueltamente a la nivelación de las necesidades materiales con el mismo interés que aspiramos al sin límite para las espirituales, fuente auténtica de todo auténtico progreso y para ello hay que comenzar por suprimir las categorías de salarios, el salario privilegiado creador de nuevas clases y de nuevos males.

Mercedes Comaposada «Tierra y Libertad», 27 febrero 1937

¿Hasta cuándo?

Todavía subsiste la diferenciación de salario según el sexo. Sistemáticamente, una mujer percibe una remuneración inferior a la de un hombre, aun en los casos de igual especialidad o idéntico rendimiento. Mal está que por las razones y las limitaciones que sea, tengamos que renunciar por ahora al salario único, sin privilegios de categoría técnica. Pero esta diferenciación según los sexos es una injusticia del régimen burgués en la que no debieran persistir organizaciones de tipo proletario y renovador.

En el campo, en la fábrica, en la tienda, en la oficina, a trabajo igual, salario igual.

«Mujeres Libres», n.º10

Redoblemos el esfuerzo

Se han llenado millares de cuartillas, se han hilvanado millones de palabras para definir el concepto trabajo, tal vez sin que dos de sus definidores hayan logrado ponerse de acuerdo.

El trabajo es uno de esos innumerables conceptos que cambia de interpretación según el lugar que ocupa el analizador. Se ha dicho que es un castigo, una necesidad o un placer, y no nos atreveríamos a desmentir a ninguno de estos intérpretes: Es un castigo para el desheredado que nace, vive y muere en él, por él y para él. Es un placer para el ocioso que puede regularlo y dosificarlo a su gusto. Y es una necesidad para el dinámico, para el pletórico que ha de recurrir a la fatiga para desembarazarse de un exceso de vitalidad que le agobia y le inquieta.

De entre estas viejas interpretaciones, que responden a tres realidades distintas, hemos de extraer nosotros esa gotita de verdad condensada que se descubre al fin en todas las cosas. Esa verdad que ha de corresponder a nuestro mañana luminoso y prometedor.

No podemos dar por buena esta interpretación que actualmente se nos ofrece como definitiva: el trabajo es la base de la vida y bajo él hemos de vivir en una emulación y una competencia permanente; nosotros continuamos viendo aquí supervivir la vieja maldición bíblica: el trabajo es un castigo. El trabajo que absorbe, que chupa la vida, convirtiéndola en un campeonato, en una fatiga infinita donde el ganador es el más esclavo, no puede ser, no queremos, negamos que sea el concepto definitivo del trabajo. Reconocemos, sí, que es una etapa hacia la renovación final del concepto.

Hagamos la revolución. Por mucho que la guerra nos absorba no podemos ni debemos olvidar que hacemos la revolución, que la revolución es el objetivo final y que solo la revolución puede acercarnos a la interpretación definitiva del trabajo. Pero es preciso reconocer que solo trabajando hemos de alcanzarla.

Conformes en que los tiempos son duros; el destino nos impone la ímproba tarea de trazar, rastrillar, cimentar los caminos del mañana. El trabajo hoy, camaradas que hacemos la revolución, no puede ser más que la actividad permanente, el insomnio, la renuncia a nosotros mismos, la entrega absoluta, el sacrificio sin condiciones, la esclavitud, en una palabra; pero es, sí, la esclavitud apasionada, abrazada con gozo, no la esclavitud por la esclavitud misma, ni la esclavitud por la vida, sino la esclavitud —en términos paradójicos— por la libertad, por aquella gotita de verdad concentrada que vamos buscando.

Por el trabajo, por este trabajo esclavizador que hemos de imponernos, nos proyectamos fuera de nosotros mismos en el tiempo y en el espacio, abandonamos nuestra naturaleza perecedera para convertirnos en dioses, esto es en creadores. El trabajo es creación o no es nada; la creación es superación progresiva y el objetivo de la superación en la libertad.

Redoblemos el esfuerzo, camaradas.

«Mujeres Libres», 21 Semana de la Revolución

¡Mujeres!

Ya no se trata de una evolución gradual, ni de una capacitación y de una conciencia. Ni tampoco de un interés por los problemas sociales. Ni mucho menos de un pugilato entre capacidades masculinas y femeninas. Hemos dicho muchas veces que la independencia de la mujer es inseparable de su independencia económica. Hemos dicho que «el hogar» era, en la mayoría de los casos, un símbolo de esclavitud. Hemos suplicado la sustitución de maquillajes y coqueteos por algo más alegre, más sólido y duradero. Hemos insistido e insistiremos en una nueva orientación para los niños. Hemos afirmado que, desde que empezó la lucha la mujer ha desplegado una actividad propia de su siglo, que es valiente y es capaz.

Pero ya no se trata de nada de esto. De nada de esto ni por separado ni en conjunto. Se trata de que todas las mujeres salgan de su dependencia, de su «hogar», de su propia vida. De que todas las mujeres sientan el instante responsable y creador. De que todas las mujeres formen unidad femenina de triunfo y progreso.

Los momentos que vamos a vivir son definitivos. Señalarán cuál de las divergentes ha de ser la que se prolongue. Por sentimiento, no pasarán; por razón, pasaremos. En la Historia, en la condición humana, en el motivo vital, que no puede ser negativo, pasaremos —pasemos o no en la acción—. Y de este motivo vital positivo, de este constante futuro, vamos a partir. No se trata de un aumento de salario, ni de derechos femeninos más o menos reconocidos, sino de la vida futura. De nuestra intervención y orientación, como mujeres, en la vida futura. Desde ahora cada mujer debe transformarse en un ser definido y definidor, debe rechazar los titubeos, las ignorancias, las predilecciones. El hecho es concreto: fascismo o Revolución. Y Revolución no significa en modo alguno un «estar», sino un «ir haciendo» que trasciende de nuestros afanes propios, de nuestras ilusiones y alcanza a nuestros hijos. Nuestra vibración de hoy, nuestro acierto en el arranque, formarán el núcleo del desenvolvimiento futuro, de la sólida y alegre existencia de nuestros hijos.

No vaciléis, mujeres. Entrañaros la razón y el sentimiento. Prestad vuestra colaboración en la lucha actual, con toda energía y con toda urgencia.

No se trata ya de las clásicas consignas de lucha. Se trata de que todas las mujeres sientan el instante responsable y creador.

Editorial «Mujeres Libres», VIII Mes de la Revolución

Entrevista

¡Qué magníficas estáis compañeras! ¡Bravo, muchachas, voluntarias de nuestra propaganda!

—Isabel, ¿tú que hacías antes del 19 de julio y qué haces ahora?

—Trabajaba en un taller de modista. Ahora, por la mañana estudio; por la tarde trabajo en la Sección de Propaganda de «Mujeres Libres», y a las siete asisto al curso de enfermeras del «Casal de la Dona Treballadora». No me sobra mucho tiempo, pero ¡tengo tantas ganas de curar a los del frente, de ser una enfermera con toda vocación, pulso seguro y cara limpia, sin rímel ni coloretes!...

—¿Y tú, Juanita?

—Yo era una enferma, inutilizada para todo trabajo. 15 años de miseria, falta de alimentos.

—¿Y ahora?

—Ahora ya me he curado: trabajo en la Sección de Propaganda y en cuanto veo a una compañera desnutrida la mando enseguida a un pueblo.

—Del Norte, sí, sí. Navarra —contesta Carmen—. Antes se aprendía un poco de taquigrafía, un poco de mecanografía, algo de francés: total, nada.

—¿Ahora?

—Pues por la mañana, al trabajo; y luego, en la propaganda, a decidir las compañeras de fábrica y talleres. Después a trabajar con las Juventudes. Y siempre discutiendo en los tranvías y los autobuses; se ve y se oye cada cosa, que no se puede aguantar con calma.

—¿Sigues en la fábrica, Julita?

—Sí, pero solo por las mañanas. Por las tardes ayudo como mecanógrafa en la Secretaría de Propaganda y por las noches asisto a las clases de Agricultura del Instituto «Mujeres Libres». Esto me interesa mucho; en cuanto sepa un poco más, me iré por los pueblos a convencer a las compañeras del campo de que hay una técnica que ha de potenciar su trabajo.

—No me preguntes —ataja Remedios—. Yo era un simple objeto. Antes del 19 de julio, servía. Pero ahora las cosas han cambiado. Trabajo en la fábrica y me preparo para puericultora. Cuando esté cuidando a muchos niños seré feliz. No les daré vino, les prepararé unos purés de féculas con leche y con mantequilla que hacen crecer los huesos. Irán muy limpios, estarán muchas horas al aire libre... No haré como las madres ignorantes... Claro que el estudio y el trabajo no me impiden salir a vocear la Prensa de Mujeres Libres, y, además... Acércate, te lo diré a ti sola: Aún me queda tiempo para tener novio.

—¡Anda —protestan todas—, pues... Vaya una cosa! Todas lo tenemos. ¡Valiente trabajo!

—¡No, no, que no figure el de ellas! ¡Haberlo dicho antes!

Activas, dinámicas, alegres. ¡Bravo, muchachas! Así trabaja nuestra juventud.

«Mujeres Libres», n.º11

Temple de mujer

¡Qué bonita hubiera sido la vida con madres y hermanas comprensivas! ¡Qué pronto se hubiera transformado la Sociedad si la mujer hubiese colaborado en la lucha social!

Ahora tiene que significar algo más que antes la palabra mujer... Tiene que significar ganas de luchar y de vencer. Anhelos de vivir una vida nueva. Deseo de libertarse de los falsos prejuicios.

Aragón netamente confederal y libertario, este Aragón de tierras bravías, de hombres de acero, el Aragón de las luchas por las conquistas revolucionarias, tiene también sus mujeres bravas. Mujeres que saben sustituir al hombre en el campo, en la fábrica, en el taller, en la oficina.

El Aragón, que es siempre el primero en las luchas, que sabe muy bien estructurar la nueva vida, da también mujeres proletarias que saben luchar por la reivindicación de sus hijos. Que saben luchar como el hombre en la calle, como en diciembre, como en octubre, como en julio. Que saben morir con el puño en alto, con la cabeza erguida y dando vivas a la Libertad y a la Revolución, como en Zaragoza, como en Huesca, como en Teruel y en todos los pueblos de la región que cayeron en poder del fascismo y que, por último, sabe educar a sus hijos y hacerlos libres, como sabe participar en la reconstrucción económica, sin pretensiones, como el que cumple un deber.

Es el espíritu, la raza, que viene desde aquella Agustina que supo ofrendar su vida disparando el cañón cuando la invasión francesa en defensa de Zaragoza.

Esta mujer es la que vemos en nuestras nacientes instituciones de «Mujeres Libres», que, con constancia, con anhelo, con tesón, se capacita y educa día a día para ser útil a la guerra y para levantar una nueva España a pulso en la Revolución.

En la mujer aragonesa tenemos uno de los más firmes baluartes de salvaguarda de los intereses de los trabajadores revolucionarios.

Con el mismo entusiasmo que disparan las barricadas, con el mismo gesto que mueve entre los fusiles facciosos, trabaja, piensa y produce.

Con la cara tostada por el sol, la cabellera suelta y agitada por el aire y en las manos una bandera rojinegra, supo encender de valor a los mozos que hoy luchan en las trincheras, sin descanso en el campo, en el taller, en el hospital, en la fábrica... sin perder la sonrisa alegre, sana y serena que se agita en sus labios.

Con andar garboso, se dirige, en las horas que el trabajo le deja libres, a nuestros centros y ateneos y vemos sus manos callosas entre un libro, una pluma o un compás, teclear sus dedos en una máquina de escribir.

De temple recio, fuerte, decidido, elige el camino de sacrificios y abnegaciones que la conducirá a una nueva vida.

Nos enseñas el camino, tú que antes estabas prostituida por la Iglesia, tú que ningún medio has tenido para instruirte; pero nosotras te alentamos a que continúes tu camino, porque en él nos encontrarás, siempre adelante y sin retroceder, saltando por encima del cadáver de los indecisos y cobardes, hasta llegar a la meta final.

Por tu reivindicación, por el bienestar de tus hijos, mujer aragonesa, adelante por el camino elegido, como Durruti.

Carmen Gómez «Mujeres Libres», n.º11

Actitud ante la cuestión sexual

El problema sexual y la revolución

Los verdaderos términos del problema

No quisiéramos teorizar sobre la materia; las teorizaciones en el orden sexual nos parecieron hasta el presente tan innecesarias como estériles. Nuestras pretensiones no van más allá —fieles a nuestra consigna de recoger el latido y el afán de cada día— de registrar aquí un curioso fenómeno: la reacción diversa que frente a la cuestión sexual se ha producido en hombres y mujeres durante el proceso revolucionario.

Con anterioridad al movimiento de julio venía desarrollándose, particularmente en los medios obreros, una intensa campaña a la que sus propios cultivadores denominaron de educación sexual.

Se publicaban, también, las conferencias, las más de las veces a cargo de verdaderos profanos en la materia cuando no bajo el signo de una obsesión morbosa del conferenciante, con lo que, en la mayoría de los casos, se conseguían objetivos contrarios a los propuestos.

En toda esta campaña se barajó con insistencia un concepto que no podía pasar de una mera aspiración dentro de la sociedad capitalista: la libertad sexual de la mujer, y que solo pudo alcanzar realidad consciente en un reducido número de casos individuales.

El viento huracanado de julio sacó al medio de la calle esta antigua verdad: Que todos los problemas planteados al ser humano en la sociedad capitalista tenían una sola y única solución: la Revolución Social.

En la Revolución Social tienen su solución colectiva el problema económico, el problema político y el problema sexual; triángulo angustioso en cuyas esquinas se han venido rompiendo la cabeza las generaciones precedentes.

Julio dejó de particularizar problemas, resumiéndolos todos en aquel denominador común —problema social— que los trabajadores se han impuesto resolver, a despecho de todos los que quieran desviar la marcha de las cosas empujando, agudo y agresivo, a primer término, un solo ángulo del problema: el político.

El problema político y el problema sexual solo pueden hallar su salida en la solución del problema económico.

¿Quién puede negar que la esclavitud sexual de la mujer no ha sido, en principio y a través de los siglos, una consecuencia del problema económico?

Observaciones al margen de la Revolución

Más de una vez se nos ha interrogado a propósito de esta cuestión y se nos ha incitado a tratarla en nuestra revista; pero hemos preferido callar prudentemente, anotando observaciones, y esperar el momento oportuno.

Un día lanzamos nuestra idea de los Liberatorios de Prostitución, no como una solución al problema, sino como un paliativo a una de sus manifestaciones más graves. La continuación de la guerra y el proceso revolucionario han reducido el valor de nuestra iniciativa y nos han convertido en espectadoras meditativas de los acontecimientos.

La guerra ha agudizado el problema económico de la mujer, profundizando el abismo entre los sexos a la manera del que ayer se abría entre las clases. Un infinito número de mujeres que se ocupaba al servicio exclusivo de la burguesía —«domésticas», modistas, sombrereras, etc., todos esos oficios que se dio en llamar propios del sexo— han quedado repentinamente en medio de la calle, sin preparación que les permita acoplarse en otra actividad para procurarse medidas de subsistencia. Por otro lado, la juventud masculina, perdido el sentido de ponderación por la excitación lógica y la tensión sexual en que viven, que exacerba su potencia de sensualidad, tiene dinero abundante. Y de esta abundancia y de aquella pobreza, empujadas por las otras circunstancias anotadas, ha sobrevivido —consecuencia natural— una agudización considerable de la prostitución.

Posiblemente un buen observador encuentre que en este resultado no ha sido la necesidad el único factor, sino que también un número considerable de mujeres, superficiales conocedoras unas de las teorías de liberación sexual, dueñas otras de una libertad de hecho en el estrepitoso derrumbamiento de los conceptos moralistas de ayer, han seguido, como en el ejercicio de un derecho indiscutible, la línea fácil que les marcaba su instinto.

La inmensa mayoría de estas mujeres, carecían de ideas generales sobre el deber y, por lo tanto, sobre el concepto de responsabilidad. Su conducta, por lamentable que nos parezca, no puede merecer una palabra de reprobación de los camaradas conscientes. Ellas han sido juguetes ciegos de un proceso histórico. En los primeros momentos de una Revolución, son solo los instintos los que mandan; los instintos solamente los que empujan nuestros actos. Hablen los camaradas que no pensaron nunca en matar una mosca y han visto la sangre correr caliente entre sus dedos; hablen los hombres austeros que se han regodeado en los sillones muelles y en los blandos lechos abandonados por la burguesía.

Si la revolución no abarca este problema...

El problema sexual, formando, como dijimos, un monolito con el problema político y el económico, no puede ser obviado ni negado en la Revolución. Si de veras queremos la Revolución Social, no olvidemos que su principio primero está en la igualdad económica y política, no solo de las clases, sino de los sexos; mientras se establezcan diferencias de deberes y de derechos para cualquier sector social, la lucha, en sus diversos aspectos, sigue planteada.

Insistimos en que el único camino para resolver el problema sexual es la igualdad política y económica, factores para una capacitación femenina que dote a la mujer de un sentido de deber y de responsabilidad. Cualquier institución para la capacitación de la mujer, es, más que un liberatorio, un preventorio de prostitución.

Y terminamos. El problema sexual es un problema económico-político a la vez, y si no lo resuelve la Revolución, habrá que creerlo insoluble, lo que, por consecuencia, dejaría manca la Revolución, declarando utópicas todas las ansias de liberación de la Humanidad.

«Mujeres Libres», n.º 9, XI Mes de la Revolución

La revolución de los sexos

Mientras pedalea febrilmente en su máquina de coser, la linda compañerita contesta a nuestras atrevidas preguntas.

—Dos cosas hay que ofenden sumamente a las mujeres: llamarlas feas e interesarnos por su edad.

—Sin embargo, no miento lo que cuento ni escondo lo que soy.

—No podría mentir tu rostro limpio de pintura.

—La pintura afea a las guapas y horroriza a las feas.

—Eres una mujer libre a lo que veo.

—Aspiro a ser una mujer sin más adjetivo.

—¿Lees?

—Y vivo.

—¿Qué opinas del feminismo?

—Como en todas las cosas, hay que distinguir en esto lo sustantivo de lo nominal.

—¿Cómo concibes la libertad femenina?

—Como cosa funcional e inmediata, no literaria.

—¿Esperas esta libertad de las leyes?

—No.

—¿Del apoyo masculino?

—De mi propio esfuerzo.

—¿En qué cifras esta libertad?

—En el pleno desarrollo y el ejercer de mis aptitudes.

—¿Cuáles son estas?

—El trabajo idóneo, la ciencia, el arte, la filosofía inclusive.

—¿Crees en la suficiencia femenina?

—No creo en ninguna clase de suficiencias ni totalismos.

—¿La mujer es igual al hombre?

—La mujer no es superior ni inferior al hombre.

—¿Es diferente?

—La mujer es mujer y el hombre, hombre. La mujer debe ser cada vez más mujer y el hombre cada vez más hombre.

—¿No es esto un escollo para la igualdad?

—La igualdad es un absurdo en todo. Es la monotonía, es la muerte. Las electricidades del mismo nombre, se repelen.

—¿Qué opinas del predominio del sexo fuerte?

—Que es un mito. La mujer no es más esclava del hombre que de sí misma. El hombre no es más esclavo de las instituciones que de su propia ignorancia o cobardía.

—¿Cómo concibes el amor?

—El amor no se concibe, se siente. Todo lo que se siente se define por el hecho mismo del sentimiento. Las teorías y definiciones cerebrales del amor son pura pedantería. Así son de pedantes los definidores.

—¿Qué opinas de la prostitución?

—Que no solo las mujeres y los sexos se prostituyen.

—¿La crees necesaria?

—La creo que afrenta para el hombre y para la mujer. Y para la civilización.

—¿Cómo suprimirla?

—Suprimiendo leyes y moralizando costumbres. Reeducándonos sexualmente.

—¿Amor libre?

—Libre amor o amor a secas. No existe amor esclavo.

—¿Papel de la mujer en la revolución?

—Papel de la mujer en la vida. La revolución es un fenómeno constante como la vida misma. La revolución es eterna.

—¿Relaciones entre los sexos?

—Compenetración, compatibilidad, complemento. El individuo no se halla formado por el hombre separado de la mujer ni por la mujer separada del hombre. El individuo es la pareja humana vinculada por el amor que es la más alta expresión de la vida. Así en el hogar como en la fábrica, en la economía y en la cultura, en la paz como en la guerra. El hombre y la mujer deben formar un frente único de laboriosidad y de combate...

—¿Cuáles son los peores enemigos de esta estrecha colaboración entre los sexos?

—La frivolidad de ambos sexos. La inversión de la moda. Las inyecciones de civilización capitalista. La fiscalización oficial. La cobardía humana. El relajamiento moral, fenómenos perfectamente superables mediante el tesón de una férrea voluntad colectiva, profundamente revolucionaria y en acción simultánea sobre el medio y sobre la mente...

Mujeres Libres «Ruta», 24 junio 1937

Maternidad y maternalidad

No todas las mujeres que han dado a luz y que no soportan las vicisitudes de la maternidad, pueden por este solo hecho, llamarse madres. La Maternidad en sí es un estado natural, predestinado a la mujer; un estado biológico al que la mujer llega en muchos casos sin, y aun contra, su voluntad consciente. Cumple simplemente la ley de la naturaleza, común a las hembras de todos los seres animados, para mantener las especies, para mantener la vida en nuestro planeta.

El placer sexual con que la naturaleza ha adornado la concepción y procreación del nuevo ser, muchas veces, ni siquiera es perfecto para las hembras humanas. Las mujeres a quienes la naturaleza, por causas endocrinas o anímicas, ha negado el placer sexual, pueden considerarse como las mártires de la maternidad. Ellas constituyen una clase de transición, hacia aquellas otras que, por degeneración, enfermedades o también por irregularidades en el funcionamiento de las glándulas endocrinas, están exentas de la maternidad.

Para ser Madre se necesita más que dar a luz a cachorros humanos. La mujer maternal, plenamente madre, representa un tipo psicológico de mujer del que, por desgracia, existen todavía pocos casos. Todavía las mujeres están educadas en la única idea de atraer, de embaucar al macho humano. Casarse, tener una casa propia, salir de la paterna, liberarse de la tutela de los padres para entrar en la del marido, parece ser aún la máxima aspiración de la gran mayoría de mujeres. Es ínfimo el número de mujeres que, con plena conciencia y voluntad, independientes del juicio de la sociedad y de su ambiente, quieren cumplir el destino natural de la maternidad sin preguntar por el esposo, por la posesión asegurada, por la casa propia y por la tutela que todo esto significa. Es exiguo el número de mujeres que quieren a un hijo ya antes de tenerlo, que buscan la posibilidad de conseguirlo, que necesitan la maternidad para realizarse, para cumplir su propio destino. Este pequeño número de mujeres, de madres auténticas, no conoce sacrificio por sus hijos, a pesar de que se entregan y abandonan por completo a ellos, pues lo que para otros es sacrificio, para ellas es solamente realización, es poner en acción el deseo más íntimo de su ser.

Estas mujeres conscientes y madres a conciencia saben educar a sus hijos, porque tienen para ellos la suprema comprensión que da el cariño, el amor maternal. Saben educar a sus hijos porque, como ya los habían concebido consciente y voluntariamente, están acostumbradas a darse cuenta de todos sus actos, de todos sus sentimientos, de todas sus tentaciones, de todas sus impresiones. Y dándose cuenta de sus propias experiencias y sufrimientos, también intuitivamente comprenden y adivinan las sensaciones e impresiones de sus hijos. Son buenas educadoras, porque son amigas de los niños a quienes educan.

El tipo maternal de la mujer, la madre auténtica, es también el tipo de la amiga, pero nunca el tipo de la «mujercita». La mujercita es juguetona y jugadora y sus juguetes son los hombres a quienes ella, a su vez, sirve de muñeca: el tipo madre es serio y responsable, la amiga íntima. La mujercita es la de las conversaciones confidenciales y profundas.

No tratamos de ensalzar el tipo madre y declararle superior al tipo «mujercita», solamente queremos señalar que ambos tipos son completamente opuestos y que es una equivocación contra la propia ley innata de cada uno de ellos abrogarse las satisfacciones y deberes del otro tipo: que el tipo madre juegue a la mujercita o que la mujercita tenga hijos.

Ser madre es una vocación, una realización de la vida femenina: es la responsabilidad de la maternidad que exige implacablemente el estado responsable, la condición consciente. La Maternidad en su más amplia y profunda realización. ¡Que solamente sean madres las mujeres maternales, para el bien de sus hijos y que la «mujercita» sea la amante del hombre, para el bien de los hombres y de los hijos!

Etta Federn «Mujeres Libres», n.º 12

Proyecto para la creación de una fábrica de bodas en serie. Churros auténticos

La camarada Revolución nos ha dado cuenta de su gran desconsuelo. La gente sigue casándose... La camarada Revolución creía que el espíritu y la moral de las gentes se habrían adecentado un poco, pero se da cuenta de que el espíritu y la moral de las gentes no son susceptibles de adecentamiento. La gente sigue casándose... Ante la pavorosa realidad, intentamos higienizar sus inevitables consecuencias. Los hombres siguen amando modalidades de opresión. Al menos, veamos si pueden darse las argollas.

Proyecto

Emplazamiento.- La fábrica de bodas en serie se emplazará lejos de todo núcleo urbano. No es conveniente que las tragedias se realicen a la vista del público, porque desmoralizan una barbaridad. Además, las dificultades de acceso a la fábrica, harán reflexionar más a los tontos.

Materiales de construcción.- Serán de tal manera que ahoguen los ruidos. A nadie le importa lo que pasa dentro y siempre es mejor no escuchar las interjecciones de los que vengan a pedir cuentas por lo mal que les salió la suya.

Dependencias.- Una sala de espera, dividida en departamentos bipersonales por tabiques incompletos. El aislamiento es riguroso en caso de epidemia. Un salón de ceremonias y un tobogán para la salida.

Conviene la rapidez para que no haya lugar al arrepentimiento. Que cada palo aguante su vela.

Material.- De dos clases: a) insustituible y b) voluntario.

  1. Una ducha fría: un Comité muy convencido de su importantísima misión; un sello que diga: Pasa, si te atreves; un tampón rojo o rojo y negro para el sello.

  2. Una estaca.

Biblioteca.- Un ejemplar de los Mandamientos del Sentido Común.

Dependencias anejas a la fábrica.- Un almacén de remaches, herraduras, argollas y cadenas. Una tricromía alegórica de la Libertad.

Funcionamiento de la fábrica.- Es breve. Los individuos esperan, por parejas, en los departamentos bipersonales.

Luego van pasando al salón de ceremonias. No pueden hacer nada, absolutamente nada, sin el sello. Se les sella un papelito, las dos mejillas y la ropa interior de cada uno.

Entonces, el Comité, con voz muy hueca, les lee los Mandamientos del Sentido Común, que pueden reducirse a tres:

1.º Cuando estaba el cura, os engañaba el cura; cuando estaba el juez, os engañaba el juez; ahora os engañamos nosotros, puesto que venís a eso.

2.º El que no puede pasar sin una garantía de propiedad y fidelidad, merece las más viles opresiones sobre su corazón (peligro de asfixia).

3.º El paso por la fábrica da patente de idiota y predispone a dos o tres sinsabores diarios. ¡Sabemos lo que nos hacemos!

La ceremonia es gratuita. Bastante desdicha tienen los que van. Luego se les pone la argolla y la cadena, se les da a besar la tricromía del Comunismo Libertario y se les tira por el tobogán.

Para evitar alteraciones en la buena marcha de la fábrica, conviene poner a la salida este cartel:

No se admiten reclamaciones.

«Mujeres Libres», VIII Mes de la Revolución

La ceremonia matrimonial o la cobardía del espíritu

En el archivo de cierto Ateneo Libertario hemos podido contemplar un gran montón de actas matrimoniales, certificadas por camaradas del Comité, en representación del mismo.

Y al igual que en este Ateneo, es seguro que podríamos hallarlas en cualquier Sindicato o en las oficinas de un batallón confederal.

Habrá, sin duda alguna, quien intente quitar importancia a estas cosas, acaso alguien que estime que no vale la pena de llenar dos cuartillas con asunto semejante, y hasta tratará de sonreír y hacer chistes más o menos decorosos en torno a la cuestión.

Nosotros estimamos, por el contrario, que en un período de honda transformación social no hay detalle ni acontecimiento, por poco importante que parezca, que no deba ser examinado por nosotros con profundo detenimiento.

Estas que suponemos pequeñas cosas, tienen a veces una importancia trascendental en la vida de relación de los individuos, que es el fundamento básico de todo el edificio social.

Cada una de estas pequeñas cosas aisladamente aparentan carecer de importancia; pero como ninguna vive y subsiste por sí misma sino que tiene una relación estrecha con las demás, constituye un piñón del engranaje total, es necesario que no sean miradas con desdén ni ligereza por nadie.

Nos hemos pasado años y años los anarquistas predicando la unión libre, anatematizando —perdónesenos el término— el ritual canónico y hasta civil del matrimonio.

Hemos llenado periódicos y revistas y hasta libros condenando los viejos formulismos matrimoniales y relacionándonos, muy acertadamente, con lo que era la base del sistema capitalista: la prostitución. La prostitución en todos sus aspectos: la prostitución del hombre que precisaba hipotecar su pensamiento y sus ideas para comer; la prostitución de la mujer que había, por la misma causa, de llegar hasta la venta de su propio cuerpo. La prostitución, consecuencia obligada de la explotación.

Si esto fue así, si nos pasamos los años afirmando que para la unión de dos seres bastaba el libre consentimiento de ambos y que un certificado matrimonial no era otra cosa que un contrato de venta, ¿qué explicación daremos a estas absurdas ceremonias, que han comenzado a tomar carta de naturaleza en los organismos sindicales? Y es doblemente bochornoso, porque este acto no es sino fiel trasunto de la ceremonia canónica, ya que para que surta efectos jurídicos ha de ser, como aquélla, confirmada y legalizada más tarde ante el Juzgado.

Y reafirmamos lo de bochornoso, porque, en el fondo, no representa otra cosa que la intromisión pública en el acto carnal. La traducción de una función sencilla y natural en acontecimiento espectacular de categoría pornográfica.

No nos cansamos y no nos cansaremos nunca de repetir que estamos haciendo la Revolución, que ha llegado el momento de sustituir por hechos las palabras, que a la verborrea fácil que se derrochó ayer hay que hacer honor ahora, so pena de romper nuestro crédito de revolucionarios y de anarquistas, que es como decir revolucionarios dos veces.

Si la Revolución es reforma de costumbres, comencemos por ahí; pero pronto, rápidamente, llevemos a la vida todo lo que ayer constituía nuestras aspiraciones, nuestra ley y nuestros principios.

Hemos dicho el otro día que la Revolución habría de comenzar en nosotros mismos, y si no lo hacemos, perderemos la Revolución Social, ni nada más, ni nada menos, nuestra mentalidad burguesa no hará sino revestir de ropas nuevas los viejos conceptos, conservándoles en toda su integridad. Hay que cuidar mucho esas pequeñas cosas, que a veces, son los mejores delatores de nuestra falta de capacidad revolucionaria.

Condenemos, si nos place, la libertad de unión; pero no la disfracemos cobardemente con hipócritas ceremonias, mezclando a los Sindicatos en nuestra cobardía espiritual.

Lucía Sánchez Saornil Horas de Revolución, p. 24-26. Publicado por el Sindicato del Ramo de Alimentación. Barcelona, s.d.

Acciones contra la prostitución

La mayor parte de las personas tienen un concepto estrecho y unilateral de la prostitución. No conocen más que la prostitución del sexo y de ella, esencialmente, la venta del cuerpo femenino con pregón callejero o en establecimientos adecuados.

El concepto ya decimos que es estrecho, sumamente estrecho; pero es a la vez consolador; porque si a la palabra ajustamos toda la amplitud de su significado verdadero, veremos de repente envilecerse a personas respetables, y se hundirán en la vergüenza unas cuantas instituciones, más o menos acreditadas. El tema sería, también, a tomarlo con su verdadera extensión sobradamente lleno de material, y solo su esquema llevaría demasiado espacio. Quedémonos, pues, con la idea vulgar y paralizada de prostitución: cambio por cualquier cosa, distinta del amor, de las caricias que solo al amor se deben.

Cómo se ha luchado contra la prostitución

La prostitución ha intentado acabarse de mil maneras: en el fondo de una manera ineficaz e inútil, puesto que no ha secado las fuentes del daño.

Esta manera se ha manifestado, en ocasiones en medidas policíacas (...). En ocasiones también, adoptó la forma de una criminal y abusiva condescendencia, reglamentarista, y creadora de impuestos mejor o peor aprovechados. Y, por fin, dejó estar, ignoró, quiso ignorar la prostitución (...).

Acciones eficaces contra la prostitución

Las acciones contra la prostitución han de tener lugar en esferas diversas e insospechadas, en sentimientos, en personas y en lugares que, oportunamente, nada tienen que ver con el problema. Insistimos en lo que se ha dicho multitud de veces; la mujer ha de ser económicamente libre. Se ha dicho muchas veces, pero hay que repetirlo sin cesar. Solo la libertad económica hace posibles las demás libertades, tanto en los individuos como en los pueblos. Son necesarias una libertad y una igualdad económicas: una igualdad de salarios, una igualdad de sueldos, una igualdad de acceso a los medios trabajadores de todas las clases. He aquí esto tan repetido, tan escuchado y que es la base de las acciones contra la prostitución, porque la mujer que vive en dependencia económica recibe una paga, aunque sea de su marido legítimo. Porque entendemos que el único trabajo que da derecho a cubrir las necesidades todas, corporales y espirituales, es aquél que produce para la colectividad y no aquellos servicios, muy bellos tal vez, pero privados, otorgados a beneficio de un individuo y aislados del altruismo por los muros del hogar. Por ello, toda la propaganda, todas las acciones a favor de la familia, de este ficticio calor hogareño, mantiene a la mujer en su posición de siempre: alejada de la producción y sin derecho alguno. Es una verdad axiomática que los deberes de trabajadora y de «ama de casa» se excluyen mutuamente.

«Mujeres Libres», n.º 11

Liberatorios de prostitución

La empresa más urgente a realizar en la nueva estructura social es la de suprimir la prostitución. Antes que ocuparnos de la economía o de la enseñanza, desde ahora mismo, en plena lucha antifascista aún tenemos que acabar radicalmente con esta degradación social. No podemos pensar en la producción, en el trabajo, en ninguna clase de justicia, mientras quede en pie la mayor de las esclavitudes: la que incapacita para todo vivir digno.

Que no se reconozca la decencia de ninguna mujer mientras no podamos atribuírnosla todas. No hay señora de tal, hermana de tal, compañera de tal, mientras exista una prostituta. Porque la que sustenta esos títulos de honradez, la que hace posible esa decencia, es precisamente la prostituta, destinada a suplir la respetuosa vacación concedida al casto noviazgo, a la sana lactancia, a la cuidada gestación de la mujer «decente»; los clandestinos balbuceos sexuales de los adolescentes de familias cristianas; las «canas» al aire de los honrados padres de familia.

Con esto hay que acabar rápidamente. Y ha de ser España la que dé la norma al mundo. Todas las mujeres españolas habremos de ponernos ahora mismo a esta empresa liberadora. Ninguna farsa más de ligas y discursos «contra la trata de blancas». No más conventos de arrepentidas. No más pasivas conmiseraciones de mujeres distantes. No es problema de ellas, sino nuestro, de todas las mujeres y de todos los hombres. Mientras él exista no se podrá llegar a la sinceridad en el amor, en el afecto, en la amistad, en la camaradería.

Hay que hacer en seguida lo que no hicieron nunca asociaciones femeninas que han pretendido emancipar a la mujer organizando algunas conferencias amenas, algunos recitales de elegantes poetas y poetisas y preparando algunas mecanógrafas.

En varias localidades que hemos visitado recientemente se nos ha hecho saber, como una gran medida, que en ellas habían «suprimido» la prostitución. Al preguntar cómo y qué se había hecho con las mujeres que la practicaban, se nos ha contestado: «¡Ah, eso allá ellas!». De este modo, suprimir la prostitución es bien sencillo: se reduce a dejar a unas mujeres en la calle, sin medio alguno de vida.

Mujeres Libres está organizando liberatorios de prostitución, que empezarán a funcionar en plazo breve. A este fin se destinan locales adecuados en distintas provincias, y en ellos se desarrollará el siguiente plan:

1.º Investigación y tratamiento médico-psiquiátricos.

2.º Curación psicológica y ética para fomentar en las alumnas un sentido de responsabilidad.

3.º Orientación y capacitación profesional.

4.º Ayuda moral y material en cualquier momento que les sea necesaria, aun después de haberse independizado de los liberatorios.

En estos días aparecerán en las calles unos carteles con indicaciones precisas sobre información e inscripción en estos liberatorios.

Esperamos que todas las organizaciones obreras, asociaciones femeninas, partidos políticos y todas las mujeres y los hombres conscientes colaboren en esta obra, en la que Mujeres Libres pone todo su entusiasmo emancipador y constructivo.

«Mujeres Libres», 65 días de la Revolución

«Los music-halls y las casas de prostitución...»

Los music-halls y las casas de prostitución siguen abarrotados de pañuelos rojos, rojos y negros y de toda clase de insignias antifascistas. Es una incoherencia moral incomprensible que nuestros milicianos —luchadores magníficos en los frentes, de unas libertades tan queridas—, sean en la retaguardia los que sustenten y aun extiendan la depravación burguesa en una de sus formas más penosas de la esclavitud: la prostitución de la mujer. No se explica que espíritus dispuestos en las trincheras a todos los sacrificios necesarios para vencer en una guerra a muerte, fomenten en las ciudades la humillante compra de carne hermana de clase y condición.

COMBATIENTES: Las mujeres y hombres que no han perdido el sentido de la responsabilidad humana, que defienden un ideal —sea del matiz político que sea— se unen a la obra de reeducación femenina que la Agrupación Mujeres Libres inició, con toda la inocencia y la constancia que ella requiere, desde el primer momento de la lucha.

COMBATIENTES: No seáis vosotros, nuestros propios camaradas, los que entorpezcáis una labor de por sí tan difícil. Ayudadnos a que todas las mujeres sean libres, dueñas y responsables de su dignidad humana. Buscad en vuestras relaciones sexuales el intercambio completo, purificaros la sangre y el espíritu. Resolved el problema de una manera sana, con mujeres «limpias» y conscientes. Ayudarnos a que todas las mujeres sean pronto así. No sigáis atropellando a las que como único medio de vida tienen que soportar vuestra tiranía de compradores mientras nosotras nos afanamos en hallar el mejor medio de emancipar estas vidas.

La Agrupación de Mujeres Libres propuso la creación de unos liberatorios de prostitución a base de las normas siguientes:

  1. Investigación y tratamiento médico.

  2. Curación económica y ética para fomentar en las acogidas un sentido de responsabilidad.

  3. Orientación y capacitación profesional.

  4. Ayuda moral y material en cualquier momento que les sea necesaria aún después de haberse independizado de los liberatorios.

Nuestros compañeros de Sanidad están resueltos a llevar a cabo rápidamente esta iniciativa. Pero sería ineficaz esta labor sin vosotros, combatientes, no colaboraseis con una actitud resueltamente emancipadora.

Mujeres Libres «Ruta», 21 enero 1937

La educación de los niños

Pedagogía

Cada institución gubernamental que rige a un pueblo tiene su forma especial de enseñanza, su pedagogía que crea el momento, para educar e instruir a las generaciones que vendrán, a los niños presentes, bajo una línea trazada y a seguir para no alterar y robustecer, al mismo tiempo, el funcionamiento orgánico vigente.

No es la fuerza de los cañones y fusiles, la barbarie imperante en una organización de hierro, la que sostiene a los regímenes sociales; es la influencia que sobre el cerebro de los niños ejerce el Maestro, influencia que perdura durante toda la vida, la que edifica sobre bases sólidas los cimientos del edificio gubernamental. Los ejércitos desaparecen en bárbaras hecatombes y con ellos todo lo que en su fuerza se apoya, pero el Maestro y su fruto, su eficaz labor, no desaparecen, sino que sobreviven, son indestructibles.

Tiéndase la vista a no importa qué sociedad, y se verá que incluso las más enérgicas de la divulgación del saber entre el pueblo, han escogido un tipo de enseñanza entre aquellos elementos útiles para la dominación, conservando sobre el pueblo una superioridad intelectual que les aseguraba el dominio.

En la antigüedad las castas que más han perdurado dejando sentir su poderosa influencia, han sido aquéllas que monopolizaron el poder, los libros y la enseñanza. Los levitas, entre los judíos; los brahmanes, en la India, y los clérigos, en las diferentes naciones del cristianismo, nos dan la prueba de ello.

La dirección moral e intelectual de la infancia, la Pedagogía, es la base de la Sociedad. Una Sociedad es lo que el conjunto de sus moléculas (individuos) son. Si estas son dirigidas por una enseñanza única, el resultado será monoforme, armónico, estable. Si, por el contrario, la enseñanza se efectúa bajo diferentes nociones y heterogéneos métodos, como la verdad es una, los resultados obtenidos serán diferentes, multiformes. Mientras en un sistema los individuos presentarán una perfecta elevación con éxito completo, en el otro se perderán energías, debido a que no se realiza la labor de conjunción.

La Organización Obrera, esta nueva potencia que ha substituido al régimen burgués anterior al 19 de julio, para consolidarse, precisa que organice el desarrollo de la enseñanza entre las multitudes trabajadoras.

La Organización Obrera, puesto que aspira y anhela transformar la Sociedad, debe crear un cuerpo de Maestros, un núcleo de hombres que sientan vocación y cuyo exclusivo trabajo sea la educación e instrucción de nuestros hijos, los hijos del pueblo. No debemos abrigar vanas esperanzas con los Maestros del régimen capitalista; ellos no pueden responder al momento histórico en que vivimos. Si dejamos la enseñanza en sus manos no se harán esperar las consecuencias.

Pilar Grangel «Mujeres Libres», n.º 10

Enseñanza nueva

En materia de enseñanza, lo más urgente y eficaz no es por el momento educar niños, sino hacer maestros capaces de educar niños. Y para hacer maestros hay que comenzar por establecer unas cuantas afirmaciones claras y fundamentales.

  1. La pedagogía considerada como ciencia debe sentirse como arte; debe apoyarse en esa disposición íntima y creadora que se llama inspiración.

  2. La inspiración pedagógica enseñará al maestro a descubrir en cada niño y en cada momento la verdad viva que cada niño y cada momento imponen.

  3. No hay doctrina racionalista tan excelente e infalible que pueda ser impuesta como razón suprema en todas las mentalidades infantiles. En el niño hay más.

  4. El maestro con inspiración amará, no a los niños en abstracto: amará a cada niño. Así, comprenderá a cada niño, y aprenderá de cada niño, sabrá enseñar a cada niño.

  5. El maestro bueno medirá con la más exacta medida psicológica la sensibilidad de cada niño, y dará matemáticas al que la tiene aguda y música al que la tiene escasa y lenta.

  6. Se evitarán estos nefastos estímulos externos de premios y castigos, esa mezquina competencia, esa rivalidad de la llamada emulación.

  7. En la Escuela, pocos niños. Cuando pasan de 10 la labor pedagógica ha de esterilizarse en la mecánica simplista de métodos y trucos.

Síntesis: el maestro bueno no habría podido ser sino maestro. Llevará su misión como una gracia y le horrorizará que se pueda «ejercer» como una profesión. Creerá en la vocación y sentirá la vocación.

«Mujeres Libres», 21 Semana de la Revolución

Eliminad el miedo

Walther Ratheanu, el ministro alemán asesinado por los «nazis» de entonces —antes que Hitler creara su famosa antítesis del «nacional-socialismo»—, dijo: «Quien educa a su hijo en el temor, aunque sea en el temor de Dios, comete un pecado imperdonable contra las generaciones venideras». Ratheanu, el hombre más amenazado de Alemania, creía en una sola virtud: la del valor. Era un revolucionario, un anarquista, sin saberlo. Tenía un gran amor por la libertad individual y universal, y por eso cayó asesinado por los fascistas.

En España, padres e hijos están ahora unidos en la lucha contra el espíritu esclavizador del fascismo eclesiástico y militar que hasta hoy ha fundado su reino en el temor de los niños y de los mayores. Padres e hijos se han unido para crear esta nueva sociedad libre. Pero no sé si se puede asegurar que los padres se han dado bien cuenta de la necesidad esencial e ineludible de emprender hoy mismo la nueva educación de sus hijos sin miedo, sin temor en plena libertad. Para ello tienen que comenzar por suprimir «el coco», este ser enigmático y ficticio que siempre ha servido para intimidar estúpidamente a los niños. El «coco» y toda clase de amenazas, desde el «Dios te castigará» —que todavía se usa, a pesar de haber quemado las iglesias—, al «ya verás cuando venga tu padre», «se lo voy a decir al maestro», etc., etc., haciendo así unos seres terroríficos de los que debieran ser para el niño los amigos más íntimos y de mayor confianza.

Entre padres e hijos, como luego en la vida exterior, ha de regir el convencimiento, la deliberación, en vez del castigo y el temor. La democracia verdadera a que aspiramos en lo social, hemos de practicarla antes en la vida familiar. Un hijo acostumbrado a convencer y a dejarse convencer, nunca en la vida social pretenderá mandar ni imponerse a los demás.

Por eso, repito, en otras palabras, las de Ratheanu: Padres, por la Revolución, y por el espíritu libertario, eliminad el miedo, el castigo y la amenaza de vuestras casas, de vuestras familias, de la educación de vuestros hijos. Haced de ellos hombres valientes, hombres sin miedo, hombres libres.

Etta Federn «Mujeres Libres», n.º10

Niños

El mejor mundo, el de los sentidos y por ello hay que educar al niño. Bien sé que hay millares de personas obcecadas que se espantarán, si nos leen, de esta afirmación. La obcecación no anida solamente en los reaccionarios, ni son solamente reaccionarios los seres «de la derecha». Entre nosotros, revolucionarios, también hay una enorme cantidad de gente con el espíritu «menos al día», cargado, a su pesar, de ignorancia, de lastres insoportables. Da la casualidad de que a los altos cargos oficiales van generalmente los más retrógrados y los menos jóvenes. Y como la vida del pueblo en cuanto a lo oficial se rige por lo oficial, pues el lastre mental sigue pesándonos demasiado. Cuando en los sitios desde los cuales se puede dictar normas de bien público, estén seres capacitados por todos los progresos necesarios para el progreso público, las cosas variarán; y las que más pronto lo harán serán las cosas de la escuela. Entre los escolares ocupará bien pronto un lugar importantísimo, la educación de los sentidos. Despreciarlos fue un craso error del catolicismo (...) acabó con lo más puro y sano del individuo: el culto a la naturaleza empezando por él mismo, por el culto a su propio cuerpo.

«Nada hay en el alma que no haya estado antes en los sentidos». Por lo tanto escoger, cuando haya que penetrar en el alma, enriqueciéndola de belleza y alegría, es un deber de la educación. Un ser, dotado de hermosos sentidos bien preparados, es un ser que dispone de un alma magnífica, de un alto poder intelectual y sensible. Con este alto poder se puede hacer la vida mejor, más generosa, más sana, más saludable. Una educación no debe ser una coraza para defendernos de nosotros, que así se ha creído que debiera ser hasta hace muy poco tiempo: ni siquiera únicamente un cauce donde conducir el río revuelto de nuestros instintos. Una educación debe servir, en primer lugar para que el hombre sepa de qué puede disponer durante la vida, y comprender también con la mayor perfección a qué fin tendrá que aplicarlos para que den el máximo resultado beneficioso para sí y para los demás. Los demás son, por desgracia, todos aquellos de donde viene la felicidad o la desdicha. He oído decir algún día que hay que bastarse a sí mismo para ser feliz; no lo he comprendido nunca; no lo he puesto en práctica jamás y si es cierta la afirmación, bien os puedo asegurar que lo siento, pues por constitución soy más inclinada a la alegría y a la felicidad que dan los seres, que a sufrir a solas. Los demás, por lo tanto, considerados como factor ineludible de nuestra existencia, tendrán que ser educados con nuestro ejemplo más entusiasta: el ser que sabe oír y gozar con los sonidos: el que sabe oler, y se deleita con los perfumes; el que sabe tocar y es dichoso con acariciar sabiamente; el que sabe gustar, y escoge sus alimentos para, a la vez que se nutre, poder alabar a la Naturaleza que le permite satisfacciones tan simpáticas; el que sabe ver, y para él está la Creación entera luciendo galas mágicas. ¿Cómo podrá ser nunca un estorbo, un mal del otro, que sabe sentir lo mismo que él? Yo afirmo sin duda, con plena fe, que en la capacidad de la Belleza, que en la Belleza, reside la Bondad. La bondad no es el sacrificio, ni el dolor; la Bondad es la alegría, la salud, la comprensión, la compenetración. Un ser está obligado a otros seres que, como él, tienen derecho a vivir bien; y cada uno trabajará para que así sea. La Vida, considerada como obra de arte, es una responsabilidad individual que atrae alegrías colectivas. Cada vida «tiene» que aspirar a ser perfecta: y no lo será mientras no contribuya a la perfección de las demás vidas. Armonía de los seres y de sus facultades, como armonía de los astros y de sus movimientos. El que grita, es sucio, borracho, etc., ofende a sus sentidos y a los ajenos. Un culto discreto de las ventanas por donde entra y sale la vida al espíritu para enaltecerlo, nos obligaría a tener más en cuenta a nuestros semejantes. Si en la naturaleza se inicia al muchacho en el contacto con la naturaleza a través de su cuerpo presto, habremos acercado a los hombres de manera más importante y beneficiosa que cuando se les pretendía acercar por medio de sus almas castigando a sus cuerpos a una inteligencia homicida.

Es tristísimo comprobar que hay muchísimos seres ya adultos y hasta viejos que desconocen los resortes maravillosos de los sentidos; la maldad se envuelve más en los ignorantes que en los sabios; pero hay sabios de matemáticas, de sociología, de artes, pues, que ignoran la dimensión de su sensibilidad, porque jamás la contrastaron con la de otros. Donde el problema es más trágico es en las mujeres. ¡Qué dolor de humanidad femenina desconocedora de los divinos secretos de los sentidos! Mientras el ser no se conoce, y detalladamente conoce cada una de las partes que le componen, es imposible que sea feliz de verdad. Hasta la enfermedad y la muerte que son implacables serían menos horribles cuando nos asalten después de haberlos vivido nosotros sabiamente. Lo imperdonable de los hombres es dejarse morir sin haber gustado todos sus caudales.

Una educación anti-instintiva es como una habitación construida con cemento, inasequible a la luz y al paisaje en mitad de un valle hermoso y feliz de mirar. Yo sé que conociendo todos nuestros sentidos, teniéndoles aptos y afinados, podemos muy bien disponer de una educación que utilice sus tesoros, sin menoscabo de ninguna de las consideraciones que nos merecen nuestros hermanos. Como somos estúpidos e inhumanos, es dejándonos destruir por la muerte sin haber gozado del universo con la alegría sana para que fue y fuimos creados.

Escuela al aire libre, música, perfumes: ¡A todo lo bello tiene derecho la humanidad y aún más la infancia! ¿Qué esperamos para dárnoslo? Una humanidad donde no aniden las tontas restricciones nos aguarda confiada: ¿Qué, sino podredumbre de la más mala son las limitaciones a nuestros sentidos? ¡Alegría de tener sensibilidades como la nuestra! ¡Alegría del amor que se sabe creador y nunca culpable!

Tener sentidos, tener instintos es perfectamente lógico. Educarlos y utilizarlos más. ¿Qué esperan las escuelas absurdas donde se enfría la humanidad, para transformarse en su significación vital? Saber, saber, ¡oh sí! Porque es indispensable. Pero aún más indispensable es conocernos y ¿quién de vosotros aprendió eso en la escuela? Y en la vida, ¿se lo enseñaron con alegría? ¡Todo con dolor! No. El culto al dolor es excesivamente religioso, católico. Nos aguarda el culto a la Alegría, a la Felicidad, a la Naturaleza.

Florentina «Mujeres Libres», n.º12

Niños, niños, niños

Desde el primer momento se impuso por sí misma esta consigna táctica. Salvar los niños. En ella se condensa el enorme significado del porvenir de nuestra lucha.

Nada hay que nos duela tanto como ver, en estos momentos, que deberían ser de revelaciones (inéditas), de rectificaciones totales, reproducido bajo otro signo, pero con los mismos caracteres, los errores que enérgicamente combatimos ayer.

Imagen de aquellas procesiones, de aquellas ceremonias eucarísticas, en que los niños vestidos de blanco, seriecitos y perplejos ante ritos para ellos incomprensibles, desempeñaban papel preponderante, son estas...(no encontramos la palabra para clasificarlas, pero a los labios se nos viene la de «comparsas») en que a criaturas de cinco a doce años se les disfrazara de enfermeras o de milicianos y bajo canciones, tan incompresibles para ellos como los cantos y los rezos de antaño, se los pasea por las calles de la ciudad levantando el puño y profiriendo determinados vivas.

Con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro sentido, con toda el alma protestamos de este hecho, lo organice quien lo organice, lo patrocine quien quiera.

Los niños no pueden ni deben ser católicos, ni socialistas, ni comunistas, ni libertarios. Los niños deben ser solamente lo que son: niños. ¿Quién puede abrogarse autoridad para quitarles ese derecho?

Un crimen más monstruoso que el homicidio es torcer la psicología infantil, descubrir tempranamente a sus hijos el mundo atormentado, negro y sucio de los mayores. Un poco más y nuestros niños, estos niños de hoy, podrán descubrir por sí mismos un mundo distinto al que vio nuestra infancia.

Procuremos que permanezcan puros, incontaminados, que frente a los acontecimientos reaccionen espontáneamente para que puedan mañana, libres de todas las tareas morales que forman nuestro complejo actual, edificar el mundo ideal del que nosotros estamos echando los cimientos.

Que los niños sean niños solamente. Niños, niños, niños. Ni «pioneros» ni «balillas». Pionero y balilla son dos adiciones distintas de un mismo libro perverso.

«Mujeres Libres», 65 días de la Rendición

No es mejor madre la que más aprieta al hijo contra su seno, sino la que ayuda a labrar para él un mundo nuevo

De momento, tendrás que separarte de tus hijos, mujer. Circunstancialmente, mientras se acaba la guerra y empieza el nuevo orden constructivo, tus hijos deben permanecer en las guarderías y en las colonias infantiles del campo y del mar. A tus hijos no les faltará el cuidado que tú no podrás darles, ni la educación que ellos necesitan.

Mientras logramos una máxima producción, mientras se instalan las nuevas máquinas agrícolas y las nuevas máquinas industriales, se abren auténticas escuelas y bibliotecas para los obreros; los brazos no bastan al esfuerzo y el tiempo solo cuenta el rendimiento, tú, mujer, con nosotros, labrando un mundo nuevo y verdadero.

Tus hijos te querrán porque trabajas. Sabrán tu sacrificio de hoy mientras ellos crecen y aprenden. A tu descanso ofrecerán, luego, de mayores, sus aptitudes y su capacidad. Tus hijos sonreirán ¡MADRE!

En las escuelas Mujeres Libres, los cursillos de puericultura van preparando madres para todos los hijos. Obreras que dejaron la fábrica, refugiadas que se quedaron sin hogar y sin trabajo, campesinas que eran analfabetas, tienen ya las prácticas y los estudios aprobados para el ingreso al mundo de los niños. En Valencia, en Madrid, en Barcelona y en otras localidades de la España leal, se han formado, en los dos años que llevamos de lucha, varios grupos de veinte puericultoras cada uno.

En los cursillos intensivos que ofrece Mujeres Libres, las madres pueden aprender los cuidados técnicos que los niños requieren, y las mujeres, todas, un amplio sentimiento maternal.

Con profesores, programas bien seleccionados y con folletos como NIÑO, nuestras clases de puericultura, afirman en las compañeras el signo fuertemente femenino que toda mujer ha de aportar a la emancipación de la clase trabajadora.

Así, mujer, podrás incorporarte a la lucha social que ha de libertarte de tu condición de simple productora, mientras tus hijos tienen alegría y sol en las guarderías bien orientadas, en los jardines de la infancia de las ciudades de los niños que tu propio esfuerzo de hoy contribuirá a crear.

¡Todas las mujeres a la lucha!

«Mujeres Libres», (4 Utopías, 4 Realizaciones)

Niño

El recién nacido

He aquí el niño

He aquí el niño, menudo y de color de rosa; torpe, llorón y encantador. He aquí el niño, el esperado y el temido; el anhelado y el que saltó sobre los obstáculos; el alborozo y el cálculo deshecho; el gozo supremo y el miedo sin fin; la serenidad gloriosa y la responsabilidad consciente.

He aquí el niño, el bebé, «l’enfant», «baby»...He aquí el nombre pequeñito, cariñoso y universal. El milagro biológico y el cariño humano; la flor y la semilla; el granito de arena y el universo sin límites.

Y bien... Hagamos los brazos tiernos y el corazón angustiado de tan feliz; hagamos los brazos para cuna y el corazón para canción acompasada. Pero extendamos también, como los brazos, la inteligencia despierta, para plegarla luego sobre él como un poderoso reflector; como una enorme y dulce bengala que ponga luz en todos los rincones. En los ojos redonditos y claros; en la boca glotona; en los brazos atáxicos y lentos; en las piernas inquietas y libres. Oigamos el corazón del niño, reloj atrevido y nuevecito, corriendo en apuesta tenaz, y veamos su respiración, ansia de verter la gracia de la vida en el vaso interior. Acariciemos su piel de seda... Mirémosle reír. ¡Oh, niño! ¡Ya has venido!...¿Ya?...

Conoce a tu niño

Los ojos, la boca, la actitud de la cabeza, la expresión del rostro, el color de la piel, el movimiento de los miembros, la posición de estos y el tronco... Todo, todo nos puede ilustrar sobre la salud infantil.

¡Oh!, este niño, este bello ejemplar... Este niño grueso, forrado de grasa, con múltiples surcos en los miembros rollizos; este niño que levanta los brazos orgulloso como un modelo, y que desmiente las curvas normales del peso que la madre tiene pinchadas en la pared de la cocina... Y este otro, delgado sin ser flaco, pero vivo, inteligente, despierto, y con una permanente sonrisa en los labios. Que se asusta con gracia y con brío; reconoce pronto las personas y los objetos, y se enfada como por no saber hablar...

Aquél, rubio y tranquilo; el más lejano, lleno de caprichos, amor y tortura de la casa.

¿Cuál elegiremos para enseñarlo como tipo «standard» de la perfecta salud? Hay un tipo de niño enteramente ideal; un tipo de niño que corresponde a una adecuación perfecta del individuo y de su medio; un niño en estado de salud «crónica». No es este, ni aquél; es un niño que forjamos con los mejores materiales; sin una tara, sin un dolor, sin un llanto inoportuno, sin una nube en el horizonte. Su nutrición es perfecta; su sueño, normal; su peso coincide exactamente con la cifra correspondiente a su edad, así como su talla. Describiremos este niño modelo. Pero antes...

Ama a tu niño

Antes, ama a tu niño. Ámale en el pensamiento y en la idea, aun antes de amar al hombre que lo haga vivir en ti. Ámale en la dulzura y en la caricia para los demás niños y para los demás hombres doloridos que el dolor infantiliza. Ámale en el deseo y en el mismo amor. Ámale como una espina aguda y necesaria; como una herida por donde la vida misma tuviera su puerta. Ámale en los ojos y en las palabras del amado; en sus dedos, sabios para la caricia; en sus labios, espléndidos para el beso.

Ámale en los dulces pajaritos de primavera; en las yemas y las flores que esmaltan los tallos serios; en el riachuelo que canta y se reparte sin desaparecer; en las estrellas picudas y colgadas; en la luna sorprendida y abierta; en las fuentes, en los lirios y en las amapolas.

En la espiga madura y en el racimo de oro colgando de la parra.

Ámale aunque no pueda nacer y se quede como un fracaso amargo en el amargo montón de los fracasos. Llévale contra el corazón como una medalla enorme e invisible. Ámale...

Desea tu niño

Y deséalo para merecerlo. El deseo de una cosa nos hace esmerarnos en su consecución, aplicar bien nuestro trabajo, nuestras fuerzas, nuestra voluntad. Desea tu niño y así le recibirás con alegría y le saludarás cuando nadie te oiga, con esas palabras tan hondas y tan prietas que no pueden salir de la boca. Desea tu niño y ese deseo ferviente te hará trabajar para que nada le falte cuando venga; te hará sentir rectamente para que aprenda bondad y justicia desde el primer principio; te hará hablar y obrara con verdad para que todo en torno suyo sea claro y cándido.

Pobrecito niño

Pobrecito, pobrecito niño; tan pequeño, tan indefenso, tan torpe... Mucho más torpe que el pollito amarillo, que el gatito de lana, que el potro juguetón. Tiene frío, y no puede abrigarse; tiene hambre y no puede buscar ni preparar su comida; se ensucia y no puede limpiar su cuerpo.

A merced del cariño y del desvelo de los demás; a merced de la buena voluntad de quienes le rodean y le examinan; según la simpatía con que es acogido, según el problema que su venida resuelve o plantea, así el pequeñito recibirá cuidados, alimentación y sonrisas.

Él no puede hacer más que dormir, llorar, agitar sus manos. Bloque de hambre y de sueño, no sabe otras gracias al nacer para satisfacer ansiosamente las dos primordiales tendencias: nutrición y reposo, que es una manera de economizar para la nutrición.

Pequeño..., pequeño...¡y ha crecido mucho! Cuando comenzó a latir, cuando apenas era una grata sospecha o un vago malestar, era tan pequeño, tan sumamente pequeño, que el microscopio tenía que ir a buscarlo entre el acolchado nido donde la madre lo guardaba como una redonda perla de carne. Era tan extraño y tan feo un poco más tarde, que podía confundírsele con cualquier cosa: con un pez, con un mono, con un perro. Y luego, cuando la humanidad se dibujó en él con un tímido esbozo, era grotesco e insensible, pero ¡tan amado ya! O tan cargado de odio y de miedo, que conmovía todos los rincones sentimentales de los adultos poderosos y fuertes. Creció de prisa, antes de mostrarse a nosotros, y se puso una capa de grasa debajo de la piel para no avergonzarse de sus arrugas, donde la vejez, precursora de la muerte, se mezcla con la vida en principio; y se quitó el vello de todo el cuerpo para no hacernos sentir la angustia de ver nuestra dignidad humana rebajada por su franqueza de imitar lo pasado; y se lustró el pelo negro. Muy bonito. Hay que empezar ayudando a este pequeño ejemplar. Hay que preparar sus comidas y sus ropas, secas y limpias. Hay que vigilarle para que no se derrumbe el palacio de ilusiones que hemos edificado sobre su cabeza incompletamente hecha y sobre su corazón aprendiz...

Pobrecito niño; te vas a encontrar, a pesar de nuestros cuidados, de cara a la injusticia, a la ambición, a la compraventa. Vamos a prepararte un biberón estupendo. ¿Lo quieres aristocrático o esencialmente proletario?

¿Qué hacer al principio?

¿Qué es necesario hacer con el recién nacido, con el más infantil de todos los niños?

Cuando el médico o la matrona que han presidido su entrada en la vida lo entregan, bien tapado, bien vestido y calzado de lana, hay que dejarlo dormir. El pequeño ha pasado unas horas muy malas. Ha sido plegado, conformado, comprimido, estrujado por las leyes de la Naturaleza que hacen de la madre una prensa y un resorte, y el cerebro, delicado y sin terminar del bebé, ha sufrido los efectos de esta compresión, porque los huesos de la cabeza se han plegado, para reducirla de volumen, sin consideración. Y el niño, cansado, abatido por este, para él, enorme traumatismo, quiere y necesita dormir.

Madre, también aún cansada: deja dormir a tu chiquitín. Dale su lecho propio, en su cuna, o en su cajón adecuadamente provisto de colchoncillo y ropas; en una cesta grande; es tan menudito que cabe divinamente en cualquier lugar. Dale su lecho propio si te interesa su salud y su bienestar.

Déjale dormir. Las horas que pasan lentas y buenas, apretándole dulcemente los párpados tibios. No temas por su larga permanencia en el sueño, si respira bien, si su color es normal, si la posición de sus miembros es la doblada, tal y como estaba en el reducido alojamiento que le diste antes de nacer.

Este sueño le hacer recobrar las energías perdidas durante el trance duro de su llegada; aumenta su vitalidad; le restablece, en suma. ¡No ves! Al cabo de doce o catorce horas abre definitivamente los ojos y ensaya el primer llanto. Se mueve inquieto; busca intranquilo. En efecto: el sueño deja paso al hambre. Madre: tú has descansado también. Mírale y tómale en tus brazos. No temas; incorpórate sobre las almohadas, aunque las vecinas y amigas te lo hayan prohibido.

Tómale en los brazos, con alegría, pero sin exaltación. No es un trofeo, ni una gloria, ni un laurel. Es solo un hijo, un hecho profundamente humano, profundamente social, profundamente amoroso. ¡Ay de ti mujer, si antes no lo has sentido en el corazón y en la inteligencia!

La cabra peluda y elegantemente femenina tiene más habilidad la primera vez. El ternero se encuentra con una ayuda mejor.

Mira: si le dejas al chiquitín solo, puesto al amable pecho que es fuerte ahora, mamará muy mal, porque la misma fuente repleta le aplastará las naricillas y no podrá respirara a gusto, y se apartará con enfado, sin poder satisfacerse desde el principio.

Acude tú. Con tus dedos preocupados puedes apartar el obstáculo y dejar al niño realizar su primer acto agresivo con sus mandíbulas desiertas. Y luego sométele a una disciplina beneficiosa. No quieras calmar sus gritos ni su inquietud, a cualquier hora, con el pecho. Tu conducta así, no puede hacerle más que daño, obligando al estómago a un trabajo excesivo y en malas condiciones. Acostúmbrate a esperar las comidas a su hora; llévale al pecho los primeros cuatro o cinco meses cada dos horas y media; pero no le despiertes si algún turno le sorprende durmiendo. ¡Es tan bueno el sueño para él que se fatiga tan fácilmente!

Acostúmbrale también al agua. Báñale todos los días, ¡todos los días!, en agua tibia de treinta y seis grados. Báñale sin consideración a tus miedos ni a habladurías ajenas. En cualquier recipiente puedes hacer esta cosa tan buena para él. Jabón suave, no irritante, en la cabeza. ¡Cabellos limpios!, bien limpios también los pliegues axilares y de las ingles, así como el cuello y la parte posterior de las orejas. Toda la piel bajo la caricia del agua y del jabón en tu mano, madre.

Y bien seco después, bien seco sin frotar. Su piel es fina y delicada. Cualquier pequeña violencia puede estropearla. Empólvale cuidadosamente. No hacen falta polvos especiales, cuyo precio es más alto. El talco de las farmacias cumple bien la misión que se exige a estos polvos.

Y luego..., ya verás. Alimentaremos, vestiremos, enseñaremos a jugar al niño. Ya verás. Tú y yo a la par, cara al niño, y alegres, alegres, alegres.

El niño sano

Lámpara maravillosa

El niño sano es una lámpara maravillosa y transparente que deja ver el resplandor hermoso de tu luz interior.

Ese color delicado de la piel, esa finura del cabello, esa placidez del sueño, esa dulzura y amor de la mirada, no son sino rayos filtrados y esparcidos de la llama vital que arde y arde en sus entrañas calientes y jóvenes.

Llama que se hizo a la más fuerte del amor. Lámpara maravillosa que canta como una lengua incansable, y alumbra de color y sonrisa todo el cariño con que se prendió, todo el anhelo con que se le esperaba, toda la ternura con que se le hablaba a través de la carne...

La salud infantil es sincera, y revela con franqueza y extensión en todos los órganos y en todas las funciones. Sale por los ojitos hecho rayos tenues e indecisos; se extiende por los dedos torpes, con movimientos desordenados; envuelve como un blando tapiz el cuerpecito frágil. El niño sano es una lámpara maravillosa.

La vista

El recién nacido, el verdadero recién nacido, en sus primeras veinticuatro horas, no ve. La vida en principio es ciega; nada percibe del exterior, íntimamente atenta a su gran acontecimiento.

El niño es verdaderamente ciego durante el primer día de su vida. Se le acerca una mano o una luz a los ojos y no mueve los párpados ni la cabeza. No te alarmes, mujer; no creas, tal vez, que el niño no sabrá nunca del placer de las cosas teñidas de sol o de la inefable emoción de los rostros conocidos. No. Al día siguiente ha cambiado todo y el pequeño percibe la luz. Pero todavía, pobrecillo, aprendiz del manejo de su cuerpecito, cometerás graciosas torpezas durante algún tiempo; porque veremos que, a veces, un ojo permanece entreabierto mientras el otro se abre franco y redondo. Que un ojo mira hacia un lado mientras que el otro se queda quieto o se desvía en dirección contraria, como un par de caballitos indisciplinados y traviesos. Tampoco te asustes por eso, madre pendiente de todos los gestos pequeñitos de tu niño, de tu amor vivo y renovado, como una palabra escrita para siempre, con un afán materializado, móvil y hecho corazón.

De repente, una viva claridad impresiona al niño y sus ojos se revuelven rápidamente a ella. Pero en seguida los aparta y los cierra, como si la fatiga hubiera sido tan rápida como la impresión. Poco a poco, el niñito adquiere poder sobre los músculos que mueven sus ojos; poco a poco aprende el color, la forma, las distancias; y se establece ese acuerdo que ya nunca, en caso normal, se romperá, de la doble flecha de la mirada que sabe entrar y extenderse como un chorro de agua deliciosa, entre piel y carne, hasta las honduras del propio corazón.

El gusto

¡Oh!, aquí el niñito es mucho más adelantado. Prueba, prueba, mujer, con esa cucharilla de agua o de té azucarados, ya verás cómo adelanta el hociquillo goloso, cómo chupa ávidamente su lengüecilla, cómo abre y cierra los ojos con expresión de agrado, cómo su rostro manifiesta el contento que entra por la lengua. El chiquitín trae al mundo, ya aprendidas y enlazadas, la percepción de los sabores gratos y la sensación de agrado con su manifestación expresiva. Pero, si en cambio, le ofreces una solución de quinina o de cualquier otra cosa amarga o ácida, le verás hacer gestos raros, ayudarse de la lengua para expulsar de la boca las gotas introducidas. ¡Qué elocuentes los incipientes gestos de la carita menuda; qué defensa y qué protesta contra lo desagradable!

Muchas veces, cuando se intenta dar al pequeño cualquier sustitutivo de la leche materna, es su sentido del gusto quien le previene de la pequeña trampa que se le quiere hacer, y el nene rechaza decididamente y con tenacidad aquello que no le gusta.

Antes que con los ojos, el niño entra en contacto con el mundo exterior por medio de su boca. Antes de verlas saborea las cosas y ya, sin darse cuenta, las clasifica.

El olfato

El pequeño es, relativamente, torpe de olfato. Torpe, como lo somos todos los humanos. De verdad que no puede compararse nuestro pobre olfato con ese certero instinto olfatorio de muchos animales, por el que rechazan o aceptan las sustancias que se les ofrecen. Pero considerando toda la agudeza que habrá de poseer este sentido en el resto de su vida, el niñito lo tiene bastante desarrollado. Muy pronto el lactante hace señales de disgusto cuando se acercan a su rostro cuerpos de olor desagradable. Muy pronto —dos o tres meses— vuelve la cara inmediatamente en cuanto el olor del seno materno, ese inconfundible olor cuya animalidad místicamente exaltada conmueve a quien no es, como el niñito, más que todo un Hambre de leche y cuidados o a quien no es, como el hombre, más que todo un deseo y un ascua viva.

El oído

Sordo, sordo también. Esa vida pequeñita no quiere distraerse, no quiere ver ni oír. Toda la atención está confusamente plegada, concentrada, en la novedad extraordinaria de su principio.

El oído del recién nacido no funciona. Al nacer está lleno de moco viscoso y es necesario que el aire penetre desalojándolo. Solo entonces comienza la audición, y esto suele ocurrir durante el primer día y, a lo más, durante el segundo. El pequeñito se estremece de un modo típico cuando se produce un ruido o un sonido intenso: todo el cuerpo se agita, mueve la cabeza y calla si estaba llorando. Cuanto más repentino y súbito ha sido el ruido, mayor es el susto del niño. Pero en seguida, durante la segunda semana de la vida, comienza a desaparecer ese «susto». Al cuarto mes, el bebé normal conoce ya la voz de los padres y la distingue perfectamente. ¡Qué gran progreso para él, y qué gran alegría para ellos, que son un primer plano en la psique infantil! Desde muy pronto también demuestra el agrado que le produce. Dulzura y belleza de la música que se labran la primera senda en el alma humana.

El tacto

El recién nacido es sensible en su piel, y si tocamos esta con los dedos deberemos hacer movimientos.

Al tocarle las pestañas, el chiquitín cierra los ojos. Si el contacto se verifica en los labios o mejillas, el nene vuelve la cara y realiza movimientos de succión. Ya ves, madre; lo hace siempre que se le toca en las mejillas y en los labios, y es un movimiento reflejo. Si tú lo interpretas como hambre, desordenarás sus comidas, le llenarás el estómago a deshora y le causarás un daño probablemente.

Tocando la planta del pie el niño dobla la pierna y extiende los dedos del pie. Sin embargo, esto no es el tacto. El tacto supone una serie de movimientos activos y coordinados por parte de los dedos de las manos. Como ávidos receptores, los dedos se adaptan a las cosas, perciben su forma, su consistencia, su temperatura. «Algo» de fuera, quizá esa «conciencia» vaga que flota sobre todas las cosas, para nosotros a través de los dedos que adaptan su intervención de una manera precisa.

El pequeño es incapaz de esa finura, de esa exactitud; en él no existe, propiamente hablando, un sentido del tacto.

También es muy poco sensible para el dolor. Es verdad que los pellizcos, las temperaturas muy altas o las muy bajas le ocasionan disgusto; pero a consecuencia de la lentitud con que los nervios transmiten las sensaciones dolorosas, el lactante no reacciona verdaderamente al pinchazo hasta las tres semanas aproximadamente.

El psiquismo del recién nacido

¿Hay un almita en él tan indiferente al bien y al mal? No. No una almita con alas en la nuca, sino una vida psíquica que denominaremos así: «alma».

El palacio, la torre alta donde Psiquis reside —cerebro— no está completamente determinado en el chiquitín. Por tanto, habremos únicamente de suponer que en él existen una percepción, una sensación, una representación, una voluntad rudimentarias, discontinuas, semiconscientes, que solo en el curso del desarrollo se transforman en acontecimientos psíquicos subjetivos. Nos equivocamos si queremos observar la vida psíquica del pequeño, atribuyendo a sus movimientos y a sus gestos la misma significación que tienen en el adulto.

Se equivoca la madre cuando piensa que el llanto desconsolador de su niño indica un sufrimiento «moral», pues el médico asegura que no está enfermo. Se equivoca la dulce madre si piensa que su niño de pocos meses la «conoce» porque instintivamente busca el pecho en cuanto le tiende sobre sus rodillas. No te conoce aún, mujer. No te conoce aún pero tú, equivocada ahora, le conociste ya, antes y le trajiste llena de gozos, y ahí está, niño, luz, honda y flecha...

El niño, crece...

Una amiga del niño, la báscula...

Bien, mujer. Miremos el niño de nuevo. ¿Lo ves? Ya sonríe. Nadie le enseñó el gozo, y ya lo ha hecho algo suyo, íntimo y entrañable; nadie le dijo la mueca adecuada de su expresión, pero él se afanó para copiarla, desde fuera en las caras de los demás que le miman con empeño, desde dentro en la profunda sensación de su bienestar.

Ya tiene la sonrisa, dulce alborada de la vida, tierna presa del hombre en la eterna persecución del bien. Mujer, la sonrisa de tu niño no tiene valor en fuerza de valer mucho. Déjasela, déjasela como una flor que nunca debe cortarse. Yo quiero mirarle contigo.

¿Te acuerdas al nacer...? Pequeño, tan pequeño que nadie puede imaginarlo entonces alto y fornido, gracioso y fuerte, con la gracia de los veinte años.

¿Ha crecido mucho, verdad? Y bajo su piel, más bonita y fina que la seda, la grasa ha dibujado curvas y pliegues de gracia singular. Levántalo, mujer. ¿Pesa mucho?

Óyeme, óyeme. Modera un poco el entusiasmo. Reflexión, reflexión, como dicen los graves señores que no sirven para nada casi nunca.

El pequeño tiene una amiguita fiel y sincera. Le conoce perfectamente y nos dice con claridad cómo se encuentra el niño. Pero... es exigente. Para que su cariñosa vigilancia se ejerza con eficacia para el bien del niño, es preciso que este la visite una vez por semana. La amiguita del chiquitín es la báscula.

Acostúmbrate a pesar a tu niño cada ocho días y anota las cifras de las diferentes pesadas, de tal modo que en cualquier momento puedas hacer una provechosa comparación. Debes saber que el niño de pecho sano aumenta de peso de una manera ininterrumpida y regular; y que esta regularidad del aumento es un valiosísimo indicador de que el desarrollo del niño se realiza de una manera satisfactoria y normal. Lo mismo el defecto que el exceso reclaman una cuidadosa atención hacia el pequeño.

El peso del niño al nacer es, como término medio, de 3.250 a 3.500 gramos. Claro está que nacen niños con un peso mayor o menor y la desviación es, a veces, muy pronunciada.

A partir del nacimiento, la cifra del peso disminuye durante algunos días para recuperar enseguida, al décimo día aproximadamente, el peso inicial.

¿A qué obedece este descenso postnatal del peso del niño? Se ha atribuido a razones diversas. A ti te basta saber que es un hecho normal; y que alcanza mayor o menor intensidad según variadas circunstancias, como el peso del nacimiento, la alimentación, etc.

A partir del día en que el pequeño recupera su peso inicial, este sigue aumentando progresivamente. Las cifras medias que se dan como término de comparación para las observaciones particulares son: 600 gramos de aumento mensual en los cinco o seis primeros meses, y 500 gramos en los meses restantes hasta finalizar el año.

Es interesantísimo vigilar con atención el desarrollo del chiquitín por medio de báscula. Muchas veces la primera señal de alarma, el primer síntoma que permite darse cuenta de un trastorno cualquiera de la salud infantil, es la irregularidad en la curva del peso o la detención de su trazo ascendente. Mujer: piensa que la báscula es una fiel amiga del pequeño.

¿Qué le daremos al niño?

Y bien... El niño tiene ya su medio añito. Hasta ahora no había que pensar en grandes cosas, pero de ahora en adelante es necesario introducir un nuevo factor para que su perfecto desarrollo no se interrumpa: la alimentación artificial.

El niño crece. ¿Y por qué? ¿Cómo se realiza este crecimiento? Todo proceso de desarrollo es, en resumen, el resultado de la incorporación, de la transformación de sustancias ajenas y exteriores al organismo en sustancia propia de este organismo. Claro que el proceso de desarrollo es algo más complejo, no consiste únicamente en un aumento de volumen, sino que se producen profundas modificaciones de la morfología del individuo, de su química, de sus funciones, su psicología. Para que el desarrollo del niño, del cual el crecimiento es solo un aspecto parcial, se realice sin contratiempo, es necesario que el organismo infantil encuentre en su alimentación todas las sustancias que le son precisas y en una proporción determinada. Al nacer, el niño trae reservas importantes. Sin esto, la leche materna no sería suficiente para él. Pero tales reservas se agotan a medida que pasa el tiempo, y a la vez las exigencias del organismo aumentan. Cuando el niño ha cumplido el medio año conviene introducir en su vida el factor del que hablábamos: la alimentación artificial.

La alimentación artificial varía según los diversos países. En algunos, se comienza a dar al niño alimentos salados, como los purés a base de verduras y la sémola. Pero aquí no tenemos esta práctica. Aquí damos al niño alimentos dulces que se reducen a papillas hechas con harinas especiales. Claro está que las papillas pueden hacerse igualmente con harina de trigo. Pero tú, me lo figuro, prefieres esas harinas de marca más o menos importante.

Ya verás; la boca del pequeño se llena con la primera cucharada. Ya verás. Hay niños que admiten la papilla desde el primer momento, con verdadera satisfacción. Adelantan los labios y saborean con fricción el nuevo manjar. Otros lo rechazan obstinadamente.

Espera. Es necesario observar al niño durante unos días. Es necesario ver cómo tolera la pequeña e importante modificación de su vida. ¡Una clara y escasa papilla!

Pero esto es la entrada en otro mundo. Es el primer peldaño en la escalera que le aproxima a los adultos.

Es también la primera y necesaria separación de la madre, preludio de la separación afectiva del hogar que se realiza normalmente en la adolescencia.

Mujer, refrena tu egoísmo. Abre los caminos de la Libertad al hombre futuro. Cuídale para el bien.

La primera infancia

El niño se libera

El niño se ha soltado un lazo más. Al nacer aprendió a respirar por su cuenta y a digerir por su cuenta en lugar de aguardar, quietecito a que su madre le diera hechas respiración y digestión. Pero ese segundo paso del destete es muy amargo para ese pequeño, porque el bebé, huele, respira, vive del pecho de la madre, y el privarle de ese manjar y tesoro es un trance delicado y digno de la mayor atención. Pero, en fin, ya está... El pequeño ha dejado de ser un niño de pecho, un lactante. Desde entonces, el chiquitín habrá de encontrar cuanto necesita en la alimentación artificial. Su crecimiento, sus exigencias nutritivas, su psicología, adquieren un aspecto diferente.

En general, la lactancia se prolonga hasta el final del primer año. En esta época, el niño normal comienza a dar los primeros pasos y deja ver claramente progresos en la adquisición del lenguaje. También muestra ya algunas piezas dentarias. El niño de un año es muy diferente, ¡muy diferente!, de aquel recién nacido que contemplábamos pequeño y torpe pero también encantador.

Mujer, el niño comienza a liberarse sin dejar de ser un tirano. Ya lo fue antes de nacer. A sus primeros anuncios, tu personalidad entera —si es que la tenías, mujer— se nubló. Ya no hubo aspiraciones, ni arte, ni ciencia, ni recreo, ni ambición, sino la canastilla y las ilusiones. ¡Qué torpe, no saber unir el encanto a la luz, la emoción a la voluntad, la firmeza al éxtasis! Te lo han dicho muchas veces, te lo han cantado con cien músicas, con varios acordes, con dulces e infinitos engaños. Y tú, muy generosamente, pero muy torpe, muy probablemente, has olvidado y excluido a la mujer para no dejar hablar más que a la madre...

Y ahora... muchas veces vienen los celos del compañero y sus quejas; en casa no hay atenciones más que para el niño. Y el niño aprende perfectamente, él solito, que llorando y reclamando es el dueño absoluto de aquella que parecía voluntad femenina, y que no ha sido más que su dejación absoluta.

Los dientes, los pobrecitos culpables

Aquellas desnudas y acolchadas encías preparadas para la alimentación al pecho, comienzan alrededor de los siete meses a poblarse. Esta es la edad regular, con variaciones individuales hacia arriba y hacia abajo. Cuando el retraso es muy acentuado, hay que pensar en un estado anormal del niño.

El pequeño tiene al nacer, escondidos en la porción ósea de las encías, los gérmenes de sus futuros dientes, que comienzan a desarrollarse y a asomar en la edad citada. ¡Los pobrecitos dientes! Claro es que al brotar producen sus disgustos, pues tienen que abrirse camino a través de las láminas de hueso y de la resistencia mucosa que a este tapiza. Y estos disgustos son los dolores, el prurito, las molestias variadas que, con intermitencias, a compás de los brotes dentarios, trastornan al niño, perturbando su sueño y el de los que están a su lado, alterando su apetito y su natural alegría.

Todo brote dentario va acompañado de los consiguientes fenómenos congestivos en los alrededores del diente en crecimiento: esto explica los catarros nasales, la hinchazón en la mejilla, el llorar de ojos. El pequeño lleva sus dedos a la boca con insistencia, a pesar de toda vigilancia, y apetece con visible satisfacción los contactos con objetos fríos cuya temperatura calma momentáneamente la irritabilidad congestiva.

De todo se ha hecho culpables a los dientes. Las más diversas enfermedades se les han achacado. Pero la realidad de eso es, únicamente que al alterar la alimentación, el sueño, y hasta algunos cambios químicos, sobre todo los relacionados con el calcio, colocan al organismo en un estado de relativa debilidad. Recuerda mujer, que la «salida de los dientes» no produce fiebre ni trastornos de importancia, y que si alguna de estas cosas aparece en tu niño, debes considerarlo como enfermo.

Los primeros placeres y las primeras impresiones

También al finalizar el primer año es cuando las primeras impresiones comienzan a abrirse camino por la oscura conciencia del pequeño. El mismo destete tiene el valor de una represión formidable, de una prohibición, de una intromisión en la vaga voluntad del pequeño de otra voluntad hecha y fuerte. A partir de entonces, el pecho familiar de la mujer será para la conciencia a través de su perfeccionamiento, algo oscuramente prohibido, y el de la propia madre más vedado aún. La otra represión del final del primer año hace relación a la limpieza personal del niño. El pequeño, hasta entonces, ha vaciado libremente, sin ninguna vigilancia, ni siquiera la de su cerebro que aún no puede ocuparse de tales menesteres, su intestino y su vejiga urinaria. Pero ahora tiene que aprender que este hecho tan natural es una cosa fea que no puede realizarse en cualquier momento ni de cualquier manera. ¡Tan bien como vivía sin reparar en nada! En realidad, el cumplimiento de cualquier necesidad fisiológica constituye para el niño un determinado placer, del que nosotros no recordamos ya, porque bruscamente y por la coacción de fuera quedó hundido más debajo de nuestra conciencia.

Otras menudas cosas constituyen también placeres para el niño, placeres de los que tú no sabes, mujer y que reprimes sin cesar hasta que el gesto desaparece, ocasionando al pequeño indefinible dolor. Tal es la costumbre que tienen algunos niños de chuparse un dedo determinado y que persiste en ocasiones hasta edades muy adelantadas. El niño se duerme, se calma, si se le deja seguir con su costumbre, y toda tentativa en contra va seguida de un vivo llanto y contrariedad. Otra de estas costumbres que producen placer es tocar suavemente las ropas de la cama en el momento en que el niño se duerme, el realizar algunos movimientos de carácter rítmico y cuya finalidad no se acierta a comprender. El niño muy pequeño tiene ya sus placeres propios, y apenas adquiridos se ve forzado a renunciar a ellos. Esto no es sino el anuncio de que más adelante nuevas represiones más dolorosas irán poco a poco nivelando nuestra personalidad con el exterior.

Permanece atenta, mujer. Esta represión debe tener un límite si no quieres que la personalidad del hombre futuro se pierda en absoluto y no sea más que un reflejo del exterior, devolviendo lo que recibe únicamente, y a veces ni eso siquiera. Permanece atenta para que el alma y la mente del niño conserven su color propio, guarden su sello personal. Déjale perfilada la senda valiosa y única de su voluntad libre, virgen entre todas las coacciones.

Amparo Poch y Gascón
Publicaciones «Mujeres Libres» (s.d. s.l.)

Nuestra labor en la casa de Maternidad de Barcelona

Estamos afirmando las primeras bases de una sociedad nueva que sustituirá para siempre los viejos y limitados moldes. Para ello, es preciso que la influencia renovadora llegue a todos los rincones sociales y transforme, mediante una educación psicobiológica, los viejos conceptos metafísicos en otros más racionales y humanos.

Partiendo de este principio, hemos organizado en la Casa de Maternidad una clase de Maternidad consciente. Deseamos que ella sea el laboratorio donde, empleando el método adecuado a cada mujer, se analicen, para destruirlos, los prejuicios de la triste sociedad del pasado, para dar paso a un equilibrio sentimental que debe presidir la actitud de las madres inteligentes.

El inhumano crimen que supone el hijo abandonado por su madre, no solo por la mortalidad infantil que tal abandono determina, sino por la deficiente vitalidad fisiológica en que quedan los niños criados sin cariño y sin leche materna, nos sugirió la idea de esta escuela.

Como primera providencia, tomamos la decisión de no dejar marchar a ninguna mujer sin que antes lacte a su pequeño. Pero esta orden rígida de ley impuesta no podía satisfacernos a nosotros, ni convencer a las mujeres asistidas en esta institución de la utilidad de nuestro acuerdo. He aquí por qué hemos creado nuestra escuela, para que la madre vaya poniéndose en condiciones de colaborar en nuestra obra, no solo amamantando a su hijo, sino interviniendo eficazmente en el proceso educativo del mismo.

Nuestro principal objetivo es saturar de optimismo y sana alegría a la futura madre, a fin de prestarle el estímulo y el interés preciso para el desarrollo normal del nuevo ser, tanto en el período uterino como en el de la lactancia. Para ello se impone una minuciosa educación de puericultura y un concepto eugénico que controle conscientemente todo el proceso de deseos y relaciones en el resto de su vida. A este fin, nos proponemos dotar a las educandas de esta clase de conocimientos, aunque elementales, sobre el funcionamiento fisiológico de nuestro organismo, de manera especial en el aspecto eugénico y sexológico, y, mediante lecturas adecuadas, a desarrollar su capacidad de amor maternal, elevar su moral y hacer nacer en ellas un sentido de solidaridad.

Esto es, en síntesis, lo que se propone nuestra clase de Maternidad consciente, a la que dedicamos con cariño todo nuestro esfuerzo.

Áurea Cuadrado «Mujeres Libres», VII Mes de la Revolución

Hacia un deporte nuevo

La corriente renovadora de costumbres, iniciada a principios de siglo, obligó a la juventud a reaccionar favorablemente haciéndose sentir una necesidad adormecida hasta entonces a través de diversas épocas: la del ejercicio físico.

La actual generación, una vez hubo lanzado por la borda el pasado lastre de los prejuicios sociales, se dedicó con un entusiasmo y un ardor digno de mejor causa a ejercitar sus plácidos músculos promoviendo una revolución «física» en las añejas costumbres producto de varios siglos de retraimiento y falsa austeridad moral.

La normalidad de cuatro años de guerra y sus consecuencias desastrosas para la juventud, ayudaron enormemente a consolidar este afán de libertad de músculos. Si este movimiento subversivo hubiera sido sentido y comprendido por las clases proletarias, el resultado hubiera sido sin duda muy otro. Posiblemente se hubiera llegado al equilibrio físico del cuerpo humano.

Pero, ¡desgraciadamente no fue así! La clase trabajadora obligada a permanecer entregada durante doce o catorce horas diarias a trabajos duros y pesados, no sentía deseos, terminada la jornada, de dedicarse a ejercicios violentos.

El movimiento deportivo fue desde los comienzos, patrimonio exclusivo de la clase burguesa. Los trabajadores no pudieron ni tuvieron posibilidades de colaborar en él.

La segunda faceta del deporte, parcialmente, es la estatal. Al efectuar los gobiernos dictatoriales la absorción total de las actividades en el plano social, en algunos países se apresuraron a intensificar el deporte oficialmente, utilizándolo como arma de captación entre la juventud.

Solamente entonces estuvo al alcance de los trabajadores. El deporte individual practicado con cierta libertad en los medios burgueses se convirtió en movimiento de masas, llegando a la máxima prostitución al incrementar los campeonatos de velocidad y resistencia. Los ágiles movimientos libres, se transformaron en grandes paradas rígidas, manifestaciones presididas por las dictaduras, tristes parodias de los suntuosos desfiles de gladiadores ante los opresores de la antigua Roma.

España ha sido uno de los países que más retraído ha permanecido en este sentido, como en muchos otros. Una parte de la juventud burguesa y aristocrática practicaba el deporte más por egoísmo que por convicción.

Al estallar el movimiento y una vez establecido el orden de las cosas, resurge con verdadero ímpetu el deseo de crear un movimiento nacional deportivo, esta vez integrado totalmente por la clase trabajadora. El momento no pudo ser más óptimo. Los jóvenes trabajadores españoles sienten verdaderos deseos de gozar unos momentos de expansión sana, en estos momentos en que la tensión es nerviosa, es permanente y aguda.

Ahora bien, de la misma manera que se ha procurado renovar los viejos conceptos de la categoría vieja y perniciosa, hemos de cambiar por completo los conceptos deportivos, sostenidos actualmente por los grandes estados capitalistas.

España, ya hemos dicho, es campo virgen en este aspecto. Hay, pues, que encauzar el movimiento de manera totalmente nueva, procurando evitar a toda costa que pueda degenerar en un movimiento estatal, por muy obrero que este sea.

Las muchachas obreras, particularmente, acostumbradas hasta ahora a la vida sedentaria en la fábrica o el taller, necesitan un especial cuidado en la iniciación de la cultura física.

Sabemos que en algunos sectores ya ha tenido lugar esta iniciación y lamentamos en la forma que ha sido hecha. Los desfiles de muchachas con pantaloncitos cortos y ligeras blusas de seda no es la forma más sana, tanto en el aspecto físico como moral, de iniciar a la nueva juventud en la vida higiénica y sana que todos anhelamos y preconizamos.

En lugar de desfiles que no sirven más que para inculcar en la mente popular un falso concepto de la cultura física, duchas en todas las fábricas, piscinas, campos de atletismo, donde la juventud acuda sin coacción de ninguna clase, convencida solamente de que el ejercicio físico libre y racional es necesario para su organismo, de la misma manera que los estudios lo son para su Formación espiritual. Lo afirmamos una vez más: CREACIÓN DE UN DEPORTE NUEVO Y SANO PARA LOS TRABAJADORES.

«Mujeres Libres», n.º 12

Apéndice

Localización de las agrupaciones de Mujeres Libres

Región centro

Madrid

Barriadas de Madrid: Tetuán-Chamartín, Cuatro Caminos, Chamberí, Prosperidad, Salamanca, Ciudad Lineal, Guindalera, Lavapiés, Legazpi, Vallecas, Las Colonias, Puente de Toledo, Retiro, Ventas, Puente de Segovia, Pacífico, Elipa, La Latina, Cuarenta Fanegas, Vallehermoso

Guadalajara

Horda

Tendilla

Yélamos de Arriba

Yélamos de Abajo

Val de Conde

Mondéjar

Alvares

Mazuecos

Almadén

Ciudad Real

Toledo

Cuenca

Yebra

Horche

Cataluña

Barcelona

Barriadas de Barcelona: Sans, Les Corts, Centro, San Andrés, Guinardó, Horta

Badalona

Igualada

Tarrasa

Granollers

Amposta

San Sadurní de Noya

Manresa

Sabadell

Sant Feliu de Guixols

Olesa de Montserrat

Reus

Pobla de Lillet

Castellnou de Basell

Genora

Lérida

Tremp

Borjas Blancas

Balaguer

Torre de Segre

Gerri

Torelló

Palamós

Figueras

Valls

Tortosa

Martorell

Cervera

Arenys de Mar

Lloret de Mar

Castellar del Vallés

Mataró

Esparraguera

Monistrol

Hospitalet

Pineda

Seo de Urgell

Moncada y Reixach

Puigcerdá

Falset

Rosas

Levante

Valencia

Burjasot

Alicante

Alcoy

Petral

Cocentaína

Játiva

Cullera

Campo Robles

Carcagente

Boicarente

Alginet

Monóvar

Elda

Elche

Villena

Floreal del Raspeig

Albacete

Murcia

Torrente

Vinaroz

Burriara

Bétera

Caravaca

Agullas

Pedralba

Caudete de las Fuentes

Utiel

Aragón

Caspe

Monzón

Alcañiz

Barbastro

Los Molinos

Diversos

Gijón

Granada

Almería

Extranjero

Inglaterra

Holanda

Francia

Suecia

Checoslovaquia

Bélgica

Polonia

Argentina

Estados Unidos

[1] Este texto y la selección de los que siguen se basan en parte en el material utilizado en nuestro estudio: La mujer en los medios anarcosindicalistas españoles. 1931-1939. Tesis de Licenciatura. Universidad de Barcelona, 1974.

[2] Empleamos anarquista y libertario como sinónimos, aunque puedan existir diferencias de matiz entre ambos términos.

[3] Sobre el feminismo burgués español véase: Capmany, María A: La dona a Catalunya (Edicions 62. Barcelona 1966) y El feminisme a Catalunya (Ed. Nova Terra, Barcelona, 1973). Laffite, María (Condesa de Campo Alange): La mujer en España. Cien años de su Historia. 1860-1960 (Aguilar, Madrid 1964). Llates, Rossend; Balagué, Domènech: Francesca Bonnemaison de Verdaguer i la seva obra (Fundació Salvador Vives Casajuana, Barcelona 1972).

[4] «La Revista Blanca», quincenal, se publicó de junio 1923 a julio 1936, en Barcelona; la dirigían los miembros de la familia Montseny: Federico Urales, Soledad Gustavo y Federica Montseny. A lo largo del año 1927, Federica Montseny publicó una serie de artículos con el título: La mujer, problema del hombre. Años más tarde, Federica Montseny publicó en un folleto llamado El problema de los sexos (Ed. Universo, Toulouse, 1951), una versión rectificada de estos artículos que recogen de forma definitiva su pensamiento sobre la mujer.

[5] «Estudios», Revista Ecléctica. Empezó a publicarse en 1923 en Alcoy con el nombre de «Generación Consciente», siguió, como publicación mensual, en Valencia entre 1925 y 1928 y desde 1929 a 1939, se publicó en Valencia con el título de «Estudios».

[6] La revista «Estudios» se colocó en la vanguardia de la divulgación de esta campaña sexual y se interesó por el problema de la emancipación de la mujer. Alcanzó un tiraje que oscilaba entre los 65.000 y 75.000 ejemplares. El programa de «Estudios» advierte que: «El imperativo problema sexual mereció siempre su atención preferente, y dedica gran parte de sus afanes a sacarlo de la clandestinidad, donde lo tiene confinado la moral dominante». Desarrolló su programa bajo los siguientes titulares: Educación Sexual; Abolición de la Prostitución; Lucha antivenérea; Difundir los medios de prevenir las enfermedades venéreas; Matrimonio en compañía; Divorcio; Libertad sexual de la mujer; Control de Natalidad; Desintoxicación religiosa del sexo. A modo de programa por un Médico Rural («Estudios», nº 91, junio 1931).

[7] En el apartado sobre La familia y las relaciones sociales el Dictamen estipula: «Como la primera medida de la revolución libertaria consiste en asegurar la independencia económica de los seres, sin distinción de sexos, la interdependencia creada entre el hombre y la mujer, desaparecerá con él. Se entiende, por lo tanto, que los dos sexos serán iguales, tanto en derechos como en deberes». Citado en Peirats, José: La CNT en la Revolución Española (Ruedo Ibérico, París 1971. Tomo 1, p. 130).

[8] «Tiempos Nuevos». Revista publicada en Barcelona desde 1934. Semanario desde enero hasta abril 1935, se publicó mensualmente desde mayo de 1935 hasta noviembre de 1938.

[9] La Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) era una organización internacional de ayuda a la República, de primordial influencia anarquista.

[10] El Casal de la Dona Treballadora era el Instituto de Mujeres Libres en Barcelona.

[11] En el apéndice se da una relación completa de la localización de las agrupaciones de Mujeres Libres.

[12] En diversas ocasiones, miembros de Mujeres Libres han dado cifras de afiliadas que oscilaban entre las 60.000, 30.000 y 20.000. Sin embargo, de estas cifras la más fidedigna, teniendo en cuenta la tendencia general de exagerar siempre el número de componentes de una organización, parece ser la de 20.000, cifra que se recoge con más frecuencia en la documentación de la organización.

[13] Mujeres Libres tenía también el proyecto de formar una Confederación Internacional de agrupaciones de Mujeres Libres. En este período recibía el apoyo de un buen número de simpatizantes y grupos en el extranjero.

[14] Este slogan de rápida incorporación de las mujeres al trabajo no se empleaba únicamente por la organización femenina libertaria puesto que otras organizaciones femeninas de diferentes tendencias políticas también hicieron llamamientos a las mujeres en este sentido, como por ejemplo, Mujeres de Madrid, órgano del Partido Comunista Español, o Company, Órgano del Partido Socialista Unificado de Cataluña, o la Agrupación de mujeres Antifascistas. Sin embargo así como Mujeres Libres hace este llamamiento en septiembre de 1936, los demás partidos no se preocuparon por ello hasta 1938, seguramente a causa del empeoramiento de la situación militar.

[15] Aunque en ciertas ocasiones miembros de ML colaboraron en la lucha conduciendo camiones de víveres desde Barcelona al frente de Madrid u ocupándose de los servicios de lavandería en los frentes, normalmente el único contacto de ML con el frente era la visita a los soldados, en particular a las columnas anarquistas.

[16] La colaboración con los organismos gubernamentales tuvo lugar a diferentes niveles, siendo la participación de tres miembros de la CNT en el Consejo de la Generalitat de Cataluña (Juan P. Fábregas, Juan J. Domènech y Antonio García Birlán) el 27 de septiembre de 1936 y la entrada de cuatro miembros de la CNT (Juan García Oliver, Juan Peiró, Juan López Sánchez y Federica Montseny) en el gobierno de Largo Caballero el 4 de noviembre de 1936, los hechos más destacados de esta política colaboracionista.

[17] La solicitud dice: «Solo esperamos que el Pleno estudie nuestro informe y se pronuncie a nuestro favor. Que se nos reconozca oficialmente, como de una manera oficiosa se ha hecho multitud de veces, parte integrante del movimiento libertario y se nos preste el apoyo y la colaboración precisa para cumplir nuestro cometido». Informe que esta Federación eleva a los Comités Nacionales del Movimiento Libertario y a los Delegados al Pleno del mismo (Federación Nacional; Mujeres Libres. Comité Nacional. Barcelona, septiembre 1938, p. 8).

[18] La polémica que surgió a raíz de esta exigencia de Mujeres Libres puede compararse con la discusión en torno a la formación de las Juventudes Libertarias en 1932. También entonces se esgrimieron los mismos argumentos, pero contrariamente a Mujeres Libres, la juventud libertaria logró imponer su criterio. El fracaso de Mujeres Libres indica la fragilidad de su organización y de su influencia en el movimiento libertario. También habría que tener en consideración la abierta hostilidad de la misma FIJL, en contra del reconocimiento de Mujeres Libres, así como la coyuntura política de la guerra.

[19] Podría llegar a extrañar el hecho de que, en esta antología, no se incluya a la mujer anarquista más conocida de este período —Federica Montseny— como el que tampoco nos refiramos a ella al tratar de Mujeres Libres. Esta exclusión se explica porque, si bien F. Montseny llegó a colaborar con artículos en la revista «Mujeres Libres», o con conferencias en sus locales e incluso asistiendo a algún Pleno de Mujeres Libres, discrepó en esencia con esta organización femenina. F. Montseny consideraba que no existía un problema específico de la mujer sino que existía únicamente un problema general humano: la liberación del Hombre como persona humana. Al mismo tiempo creía que la solución de este problema tenía que buscarse a nivel individual, no a nivel de una organización. La solución al problema de la emancipación de los sexos se encontraría entonces en una auto-superación del individuo que le permitiría llegar a crear una nueva persona humana. Este rechazo de la especificidad de la problemática de la emancipación de la mujer, junto con su aversión a contemplar una solución colectiva a la misma, hizo que, lógicamente, F. Montseny no considerara oportuna la existencia de una organización libertaria específicamente femenina.

[20] Incluso en momentos de mayor tensión tampoco se llegó a una estrecha colaboración de Mujeres Libres con estas organizaciones. En mayo de 1937, una delegación de Mujeres Libres, encabezada por Concha Liaño y Fina Cubells, junto con una delegación de mujeres de filiación comunista, tenían que hacer, desde la Generalitat de Cataluña un llamamiento conjunto a las mujeres de Barcelona, esta iniciativa fracasó porque las representantes comunistas no se presentaron para realizar el acto. Entre los organismos femeninos existentes, el Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) fue el que mereció mayor simpatía por parte de Mujeres Libres. Asumió la defensa del POUM en diversas ocasiones frente a los ataques de otras organizaciones femeninas, en particular de la Agrupación de Mujeres Antifascistas e incluso llegó a dar, como una de las razones de su negativa a participar en el Primer Congreso de la Unió de Dones Catalanes (organización femenina influida por el PSUC), la exclusión de la Sección Femenina del POUM en el mismo.

[21] En cierta ocasión, ML destacó el hecho de haber sustraído 20.000 afiliadas a la «penetración marxista». Informe que esta Federación eleva a los Comités Nacionales del Movimiento Libertario y a los Delegados al Pleno del Mismo (Federación Nacional de Mujeres Libres. Comité Nacional Barcelona, septiembre 1938, p. 2).

[22] El nombre mismo de la organización —Mujeres Libres— es significativo en este último aspecto. No se refiere al anarquismo, ni representa ningún matiz político.

[23] Teresa Claramunt (1862-1931). Obrera textil de Sabadell, fue una de las pocas militantes anarquistas que llegaron a ser ampliamente conocidas. Encarcelada y exiliada en varias ocasiones por sus actividades, colaboró en la revista «El Productor» cuando la dirigía Leopoldo Bonafulla. En un folleto titulado: La mujer, consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre, que se publicó en 1905, Teresa Claramunt precisó sus ideas sobre la mujer, reivindicando el derecho de la mujer a participar en todas las esferas de la vida social y económica en pie de igualdad con el hombre. Indicó, además, que para acabar con su situación de explotación, la mujer tenía que tomar por sí misma la iniciativa en la lucha.

[24] Nacida en Castilla La Vieja, Celsia Regia estudió en la Normal de Valladolid, actuó como enfermera en la guerra de Marruecos y, de vuelta a España, fundó en 1917 varias organizaciones para propagar las reivindicaciones de la mujer. En 1924 creó la Unión del Feminismo Español y, desde su posición de Concejal del Ayuntamiento de Madrid, intentó mejorar la posición de la mujer a través de la beneficencia, escuelas y hospitales.
- El Lyceum Club se constituyó en Madrid en 1926. Estaba presidido por María de Maeztu, y la reina Victoria era una de sus vicepresidentas. Aspiró a crear un ambiente idóneo para el intercambio de opiniones e ideas entre las mujeres.
- Francisca Bonnemaisson, esposa del poeta Narcís Verdaguer. En 1934 presidenta de la sección femenina de la Lliga Catalana, fundó en 1909 el Institut de Cultura i Biblioteca Popular per a la Dona. En este instituto se daban clases de cultura general a las jóvenes y, al mismo tiempo, se las formaban en los quehaceres del hogar. Para F. Bonnemaison la finalidad del Institut era la siguiente: «La transformació de la dona (...) fins aleshores tinguda en una inferioritat cultural i social, subjecta a l’home i a les circumstáncies, en una persona humana independent i forta capacitada per a lluitar dins d’una societat cada cop més endurida i competitiva, i per a ocupar dignament el lloc al cual la naturaleza femenina estaba destinada: la llar i l’edcuació i formació de la familia de´aquells que han d’esser les noves generacions». (Llates, Rossend; Balagué, Domènech: «Francesca Bonnemaison de Verdaguer i la seva obra». Fundació Salvador Vivescasajuana. Barcelona 1972. 44-45).
- El Patronato para las obreras de la Aguja, fundado en 1911 por Dolores Moncerdà, esposa de Maciá, fue un ejemplo de la actuación benéfica paternalista de las mujeres de la burguesía catalana entre las mujeres obreras.
- Véase las obras antes mencionadas sobre el feminismo burgués español y el capítulo 17 sobre la sección femenina de la Lliga Catalana en la obra de Isidre Molas. Lliga Catalana. Un estudi de Éstasiología (Edicions 62. Barcelona 1972).

[25] Las principales dificultades según Mujeres Libres, eran la falta de dinero y la falta de apoyo de los organismos del movimiento libertario.

[26] Mujeres Libres logró crear dos guarderías y se encargó de su funcionamiento. La primera surgió en Barcelona. Más tarde, Mujeres Libres de Barcelona ayudó a una de las agrupaciones de Valencia a crear otra.

[27] Para los anarquistas, el Amor Libre era la forma bajo la cual debían desarrollarse las relaciones humanas entre los sexos. Entre otras cosas, representaba la «dicha individual» y el «progreso social» y, para Soledad Gustavo, significaba «la verdadera elevación del sentimiento digno y puro que deben profesarse los seres de diferentes sexos». El Amor Libre (en plena Anarquía), Biblioteca «El Obrero», Vol. I. Montevideo, 1904, p. 30).

[28] Esto se realizaba en los Ateneos, en los Sindicatos e incluso en el frente.

[29] Federica Montseny era partidaria de esta postura y consideraba que la procreación de los hijos representaba el punto culminante de la vida de la mujer. Estimaba tan importante la maternidad que llegó a afirmar que la mujer que no era madre era una mujer incompleta, no realizada: «Mujer sin hijos, árbol sin fruto, rosal sin rosas». La mujer, problema del hombre (IV. «La Revista Blanca» Núm. 94, 15 abril 1927).

[30] En la práctica Mujeres Libres concretaba este deseo de divulgar la maternidad consciente a través de sus clases en los Institutos de la organización y de su colaboración con la Directora de la Casa de Maternidad de Barcelona, la doctora Áurea Cuadrado, miembro de ML, no obstante, contrariamente a lo que se hacía con frecuencia entre los anarquistas no desarrolló curso sobre la educación sexual, o sobre el uso de anticonceptivo entre las mujeres, hecho que se explica quizá por considerar que estas necesidades estaban satisfechas por otros organismos, tales como, en Cataluña, las clínicas previstas en el Decreto sobre el Aborto, publicado en 25 de diciembre 1936 por la Generalitat de Cataluña, o bien por los organismos obreros que se dedicaban a esta tarea.

[31] Es curioso señalar que, del mismo modo que Mujeres Libres se había pronunciado contra una manipulación política de los niños también había rechazado cualquier intento de manipulación política de las mujeres insistiendo en que un programa de captación de mujeres para el movimiento libertario que no fuera más que una táctica coyuntural sin implicar a la vez un cambio radical en su mentalidad, sería ineficaz y contradictoria con los principios anarquistas.

[32] El problema de la educación de los niños estaba muy ligado al tema más amplio del papel de la familia. Puede decirse que, en líneas generales, los partidarios de las uniones libres, breves y frecuentes, como también los partidarios de la camaradería amorosa postulada por Hans Ryner, y del amor plural, postulado por E. Armand, abogaban por que fuera la sociedad la que tuviera que ocuparse de los niños en todos los aspectos. Los que no preconizaban la abolición de la familia y consideraban necesarias unas relaciones humanas estables y de tipo monogámico, como Gastón Leval, mantenían, al contrario, que, como mínimo, uno de los padres, en particular la madre, debía desempeñar un papel importante en la educación de la prole. Este último criterio fue el que predominó entre los anarquistas españoles.

[33] Entre los que destacaban la importancia del papel de los padres en la educación de los hijos se encontraba Federica Montseny quien llegó a afirmar que los hijos era una obra «fuertemente individual» y que se les debía moldear como si fueran una obra de arte. Dice: «los hijos por ley natural pertenecen a la madre (...). La madre es la que insufla el alma, a la vez que nutre el cuerpo. Ella ha de ser, pues, la formadora y la educadora, el artífice que cincele la obra maestra». (La mujer, problema del hombre«La Revolución Blanca», 1 de junio 1927). Este criterio se basaba, además, en la idea de que la «selección por afinidad» era algo inherente a la persona humana, y el considerar a todos los niños por igual iba en contra de la libertad de sentirse más atraído por unas personas que por otras. Ciertos anarquistas, como Gastón Leval, destacaban también que el hecho de haber engendrado unos hijos implicaba una responsabilidad hacia ellos que comprendía también su educación.

[34] Si bien es verdad que Mujeres Libres se ocupó extensamente del tema de la educación en sus escritos, sus actividades concretas en el campo de la enseñanza, según hemos podido averiguar, se limitaron a la creación de una «escuela granja» para los niños refugiados.

[35] Existe muy poca bibliografía sobre la mujer en el movimiento obrero español. Sobre la mujer en el movimiento anarcosindicalista español puede consultarse: Fredricks, Shirley A: Social and Political Thought of Federica Montseny. Spanish Anarchist. 1923-1937 (Tesis Doctoral. University of New Mexico, 1972. Inédita).
Kaplan, Temma E.: Spanish Anarchism and Women’s Liberation (Journal of Contemporary History, Vol. 6, nº2, 1971, P. 101-110).
Nash, Mary: La mujer en los medios anarcosindicalistas españoles. 1931-1939 (Tesis de Licenciatura. Universidad de Barcelona, 1974. Inédita).
Próximamente se publicarán las memorias de la militante anarquista Lola Iturbe (Kiralina).
La biografía de Richard Drinnon sobre Emma Goldman Rebelde en el paraíso yanqui (Ed. Proyección, Buenos Aires, 1965) dedica un capítulo a la actuación de Emma Goldman en España. La biografía de José Peirats sobre Emma Goldman, en vías de publicación, trata más extensamente este aspecto.

[36] Sobre la mujer obrera en Cataluña están los trabajos de Albert Balcells: Condicions laborals de l’obrera a la industria catalana (en «Recerques», nº 2, 1972. P. 1141-159). Versión castellana ampliada: La mujer obrera en la industria catalana durante el primer cuarto del siglo XX, en Trabajo industrial y organización obrera en la Cataluña Contemporánea (1900-1936) (Ed. Laia, Barcelona, 1974).