El malabarista Daniel Guérin, que se empeña en conciliar el marxismo con el anarquismo, que es tanto como querer que coexistan el agua y el fuego, ha publicado un libro intitulado: Ni Dieu, ni Mâitre, editado por las Ediciones Maspéro, que es el editor de múltiples ediciones marxistas. Pero lo que no concibo es que la querida compañera Federica Montseny haya picado el anzuelo comunistoide y que nos endilgue un extracto del susodicho libro en Espoir del 25 de julio. Yo no me lo explico.

La compañera Federica Montseny, en su famosa “Mise au point” se lamenta de la crítica despiadada que se ha hecho contra la participación de la CNT en el gobierno, en el curso de la revolución española. Ella aconseja que es necesario informarse y que es necesario saber comprender y tratar de explicarse el porqué. A los 35 años de la epopeya hispánica quien se manifiesta en semejante forma es que no ha sacado la menor enseñanza del traspiés dado por la CNT. Y agrega que se lapida a los hombres y “sobre todo a la mujer”, que fueron conducidos por la fuerza de las cosas a ocupar puestos en el gobierno.

No se explica esa alusión a la mujer. No caben diferencias de sexo. Somos anarquistas o no lo somos. En los medios anarquistas no existe la discriminación sexual. La mujer es un militante con los mismos derechos y deberes que el hombre. Son exactamente lo mismo, porque en nuestros medios no hay jóvenes ni viejos. Todos somos anarquistas y militantes y compañeros.

Desde estas mismas columnas he publicado dos artículos, gracias a la buena acogida del compañero Juan Ferrer,[1] diciendo textualmente que la participación gubernamental fue una traición[2] y una entrega descarada de las conquistas de julio de 1936.

No se trata de endosar la culpa a Horacio Prieto. Este individuo que escudándose en su hijo ha querido presentarse como la eminencia gris del período 1936-1939, era fusilable en España como tantos otros y así hubiésemos salvado la revolución, y el fascismo habría sido derrotado.

¿A qué viene eso de moderados y extremistas? Dice F. Montseny que López y Peiró representaban a los moderados y que ella y García Oliver a los extremistas en las poltronas ministeriales. En los medios anarquistas no hay moderados ni extremistas. Hay tan sólo anarquistas.

La verdad es que no fue consultada la base por más que se alegue que asistieron a las reuniones los elementos más destacados de la CNT y de la FAI. Fue una decisión tomada entre bastidores. No existía ninguna razón para tomar precipitadamente una medida de tal género. Los compañeros que se hallaban en el frente de Aragón no fueron consultados y la base sindical y los grupos de la FAI fueron escamoteados.

Si el Pleno de Regionales se inclinó por el Consejo Nacional de Defensa, ¿cómo se explica que no se respetara la inconformidad de incrustarse en el armazón del Estado?[3] Los anarquistas podemos ir a la cárcel, morir como murieron Obregón, Ascaso, Sabater, Buenaventura Durruti y Peiró, cuyas vidas son dignas de ser cantadas por un Plutarco. Podemos morir en el exilio, en los campos de concentración, en el maquis, o en el hospicio, pero ostentar el cargo de ministro, eso es inconcebible.[4] La CNT en Cataluña era dueña de la situación. A F. Montseny le parece que haber obrado por nuestra propia cuenta era tanto como un golpe de Estado. ¿Es que no existían los comités de defensa, las patrullas de control y los sindicatos y el fervor popular, que se había volcado masivamente al lado de la CNT, y el cinturón obrero de Barcelona?

Se habla en la “Mise au point” del malestar que produce la lectura de la colección de Solidaridad Obrera de la etapa revolucionaria, y yo que figuraba como redactor junto con Alejandro Gilabert, Fontaura y otros, debo aclarar que hay que distinguir la Soli cuando era director Liberto Callejas de la Soli dirigida por jacinto Toryho. Mientras figuró Callejas de director se defendieron siempre las conquistas del julio cenetista y enaltecidos y propagados los principios anarquistas. Pero cuando jacinto Toryho fue impuesto director de Solidaridad Obrera, por los contrarrevolucionarios incrustados en los comités, o sea por la camarilla que no perseguía otro objetivo que despojar la auténtica CNT, entonces no sólo se defendía la militarización, como insinúa F. Montseny y algo más. Se leía diariamente en la Soli camarada Prieto y camarada Negrin. Digámoslo todo: entraron a formar parte de la redacción de Solidaridad Obrera hombres de reputación dudosa, como Cánovas Cervantes y Leandro Blanco, ex redactor de El Debate. Era imposible convivir en la Soli. Yo me fui. Y fue precisamente en una reunión celebrada en la Casa CNT-FAI para tratar de imponer la autoridad de Toryho que Mariano Vázquez afirmó de una manera ostentosa que nunca había salido tan bien la Soli como durante la dirección del sucesor impuesto a Liberto Callejas.

Respecto al portavoz de la Región catalana, quiero añadir que ningún redactor, ni el director jacinto Toryho, quisieron afiliarse al Sindicato de Prensa de la CNT. Es más, siendo yo vicepresidente de nuestro Sindicato de Prensa impugnamos orgánicamente la presencia de Leandro Blanco en la Soli. Fuimos desestimados. Como que se alude a los acontecimientos de mayo de 1937, vamos a hablar detenidamente, puesto que es una fecha histórica que siempre ha sido soslayada.

La purga realizada en Rusia cuando el fusilamiento de Zinoviev; Kamenev, Bujarin y de una gran, cantidad de individuos de la vieja guardia bolchevique, representaba el período álgido de la contrarrevolución. Esto ocurría en semanas o en algunos meses anteriores al choque ocurrido en Barcelona. Si la burocracia rusa se afirmaba en el poder anegándose en sangre no iba a permitir que en Europa subsistiera un foco revolucionario capaz de encender el continente europeo. Por esta razón se trató de acabar con los anarquistas catalanes. La réplica de la clase trabajadora fue categórica. Y era a la sazón que la Agrupación de los Amigos de Durruti armamos el gran alboroto cuando, a raíz de la orden de ‘‘Alto el fuego”; dada por los ministros de la CNT, lanzamos un manifiesto tratando de “traidores y cobardes” a los comités responsables de tal orden. Dicho manifiesto, fue repartido por toda la capital catalana por los miembros de la Agrupación y por las juventudes Libertarias.

Mayo de 1937 es el Kronstadt español. Solamente podía surgir en Cataluña, teniendo presente la potencialidad de la CNT. Y así como en Rusia los marinos y los trabajadores de Kronstadt se levantaron al grito de “Todo el poder para los Soviets”, la Agrupación de Los Amigos de Durruti reclamaba “Todo el poder para los Sindicatos”, y lo hicimos públicamente en los numerosos pasquines pegados en todos los lugares de la urbe barcelonesa y en el manifiesto que lanzamos y que logramos imprimir en el fragor de la pelea.

La Agrupación de los Amigos de Durruti es muy poco conocida y ha sido objeto de críticas malévolas. Desde CNT, de Madrid siendo director el compañero García Pradas, y desde Castilla Libre, siendo director Eduardo de Guzmán, que hoy forma parte de la cuadrilla de renegados de Madrid, y desde Fragua Social de Valencia, se nos atacó de una manera despiadada.

Luego vino el úkase de los comités superiores decretando nuestra expulsión, que fue rechazada por la base, en las asambleas sindicales y en un pleno de grupos de la FAI celebrado en la Casa CNT-FAI.

Dejemos lo episódico, pero hay que hacer historia y que sea veraz.

La Agrupación de Los Amigos de Durruti tiene su origen en la oposición a la militarización. Fue la Agrupación de Milicianos de Gelsa que se trasladó en masa a Barcelona. Al frente de la A. de Gelsa figuraba el compañero Eduardo Cervero. Coincidieron, pues, en la retaguardia catalana un crecido número de compañeros del frente de Aragón, que entendían que de ninguna de las maneras se podía renunciar al espíritu libertario de las milicias.

Recordamos con gran cariño a los compañeros Progreso Ródenas, a Pablo Ruiz, a Marcelino Benedicto y otros, para no hacer interminable la relación de los compañeros que, con armas y bagajes, se trasladaron a la capital catalana. Se tomó el acuerdo de crear una agrupación en Barcelona y se optó por cobijarse bajo el símbolo de Buenaventura Durruti. Pertenecieron también a la Agrupación durrutista los compañeros Alejandro Gilabert, Francisco Carreño, Máximo Franco, delegado de la división Rojinegra, Ponzán, Santana Calero, y muchos más.

A medida que la contrarrevolución iba arrinconando las conquistas de julio nuestra Agrupación hacía sentir su protesta. Quiero recordar que en un mitin de la CNT celebrado en la plaza de toros Monumental, en Barcelona, acudió una nutrida representación, ostentando visiblemente un gran lienzo en el que figuraba la libertad de Maroto y de todos los presos antifascistas víctimas del stalinismo. Celebramos varios actos públicos denunciando la amenaza de la contrarrevolución encabezada por el Partido comunista, obedeciendo órdenes de Moscú. ¿Qué hacían los cuatro ministros de la CNT en el gobierno de Largo Caballero? No hacían otra cosa que respaldar moralmente la arremetida del PC que desembocó en mayo del 37. Y gracias a la sangre generosa de los anarquistas se evitó que cayera el baluarte cenetista en manos de la GPU. Fue asesinado el anarquista italiano Camilo Berneri. En Espoir, Floreal Castilla dice que Camilo Berneri fue el líder de la oposición en mayo. Es un error. Camilo Berneri publicaba Guerra di classe, pero no tuvo una participación activa. Quienes pusieron la carne en el asador fueron los hombres de la Agrupación de Amigos de Durruti. Fueron los mineros de Sallent quienes levantaron la barricada en la Rambla, esquina a la calle Hospital, junto al local de nuestra querida Agrupación. A los pocos minutos de haberse iniciado el tiroteo en la Telefónica el fragor del combate resonaba en la arteria más popular de Barcelona. El episodio es sobradamente conocido. Se aceptó la tregua sin garantías. Nuestros militantes [de la] CNT y [de la] FAI fueron entregados a la represión. Las cárceles las llenamos los combatientes de mayo. Se formó el gobierno Negrín, con un ministro de la CNT, el compañero Segundo Blanco, que al parecer fue impuesto por el propio Negrín. Nos hallamos en pleno triunfo contrarrevolucionario. He ahí el resultado de la colaboración.

El pacto germano-soviético estaba gestándose, y para su conclusión había que liquidar la pelea en suelo español. Los comunistas y los agentes de Moscú ocupando los puestos clave en la dirección de las operaciones provocaron el hundimiento de los frentes. Jesús Hernández, en su libro intitulado Yo fui ministro de Stalin, revela el crimen cometido con el pueblo español. Realizaron operaciones descabelladas que provocaron desastre tras desastre. La alevosía comunista culmina en la batalla del Ebro, donde quedó cancelada la pelea.

Desde luego, orgánicamente, no existe problema, puesto que la colaboración ha sido condenada y se han reconocido los errores. Por eso he querido replicar a Federica Montseny, que fue de una manera inconsciente a hacer el juego a los colaboracionistas. Hace poco leí en Comunidad Ibérica un artículo de Ramón Álvarez, que fue secretario de Segundo Blanco en el gabinete Negrín, que afirmaba en el artículo en cuestión que los actuales colaboracionistas se inspiran en las huellas que dejó la colaboración gubernamental de los años treinta.

No sé cómo se le ha ocurrido a la querida compañera Federica Montseny publicar esa “Mise au point”, que seguramente habrán aplaudido los comunistas y que ha servido a Daniel Guérin de propaganda para su libro de marras, que halló la buena acogida del marxista Maspéro.

[1] Juan Ferrer i Farriol, militante cenetista nacido y formado en Igualada, de oficio curtidor, dirigió durante la guerra civil Catalunya, órgano en lengua catalana de la Confederación. En el exilio dirigió Le Combat Syndicaliste/Solidaridad Obrera. Balius pudo publicar diversos artículos en dicha publicación gracias a la protección de Joan Ferrer. Para más información sobre Joan Ferrer, anarquista catalán de amplísima cultura, puede consultarse: PORCEL, Baltasar: La revuelta permanente. Planeta, Barcelona, 1978. Algunas obras de Ferrer: De l’Anoia al Sena sense pressa (1966); Costa Amunt. Elements d’Historia social igualadina (1973).

[2] Treinta y cinco años después Balius seguía calificando de traición el colaboracionismo gubernamental de la CNT.

[3] Son afirmaciones muy importantes. Balius está acusando a una élite de dirigentes anarquistas de violar los acuerdos de un Pleno de Regionales, que había aprobado la formación de un Consejo Nacional de Defensa, y de decidir, sin consultar a la base sindical, ni a los grupos de la FAI, ni a los milicianos de Aragón (entre ellos, Durruti), la colaboración libertaria con el gobierno de la burguesía republicana.

[4] La belleza y la fuerza expresiva de estas frases de Balius, merecedoras de figurar en cualquier antología del anarquismo, corren parejas a la indignación que a más de treinta años de distancia le sigue produciendo la existencia de “ministros anarquistas” en un gobierno burgués, no sólo porque le siga pareciendo “inconcebible”, sino porque implicaban la renuncia a la revolución.