Por definición, el anarquista es un hombre libre, que no tiene amo. Las ideas que profesa están bien respaldadas por el razonamiento. Su voluntad nace de la comprensión de las cosas, se concentra sobre un fin claramente definido; sus actos son la realización directa de su propósito personal. Al lado de todos aquellos que repiten devotamente las palabras de otro o las reiteraciones tradicionales, que suavizan su ser al capricho de un individuo poderoso, o lo que es peor aún, a las oscilaciones de la multitud, solo él es un hombre, solo él es consciente de su valor frente a todas esas cosas blandas y sin consistencia que no se atreven a vivir su propia vida.

Pero este anarquista que se deshizo moralmente de la dominación de otros y que no se acostumbra nunca a ninguna de las opresiones materiales que los usurpadores suponen para él, este hombre no es aún su propio amo, mientras que no se haya emancipado de sus pasiones irracionales. Necesita conocerse, liberarse de su propio capricho, de sus impulsos violentos, de todos sus vestigios de animal prehistórico, no para matar a sus instintos, sino para acomodarlos armoniosamente con el conjunto de su conducta. Liberado de los otros hombres, debe hacerlo igualmente de sí mismo, para ver claramente dónde se encuentra la verdad buscada, y cómo se dirigirá hacia ella sin hacer un movimiento que no lo aproxime, sin decir una palabra que no proclame.

Si el anarquista llega a conocerse, por sí mismo conocerá su medio, hombres y cosas. La observación y la experiencia le han mostrado que por ellas mismas toda su firme comprensión de la vida, toda su orgullosa voluntad permanecerá impotente si no las asocia a otras comprensiones, a otras voluntades. Solo, sería fácilmente aplastado, pero se vuelve fuerte cuando se agrupa con otras fuerzas constituyendo una sociedad de unión perfecta, ya que todos están ligados por la comunión de ideas, la simpatía y la buena voluntad. En este nuevo cuerpo social, todos los compañeros son iguales, dándose mutuamente el mismo respeto y las mismas demostraciones de solidaridad. Ahora son hermanos si las mil revueltas aisladas se transforman en una reivindicación colectiva, que tarde o temprano nos dará la sociedad nueva, la Armonía.