Prólogo

    Capítulo primero

      En la penitenciaria de Leavenworth, Kansas

      La juventud de Ricardo Flores Magón

      Fundación de Regeneración

      Los liberales

      A la cárcel

      El hijo del Ahuizote

      La tiranía porfirista

      El destierro

      La junta organizadora del Partido Liberal

        Persecuciones

        Cananea, Sonora

        El programa del Partido Liberal

      En Canadá

      La traición. El gobernador Creel

    Capítulo segundo

      Fundación de Revolución en Los Ángeles, California

        Clarinada de combate

      Otro editorial de Flores Magón

      Balance de los acontecimientos de 1906

      El secuestro de Manuel Sarabia

      Nuevos arrestos

        Veinte mil dólares por al cabeza de Flores Magón

      Actividades revolucionarias desde la cárcel

      Carta de Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique

    Capítulo tercero

      El levantamiento

      Nuevamente en la brecha

      Las ideas de Flores Magón

      Madero y los liberales

      La insurrección liberal

      En plena lucha

      Un enemigo de Flores Magón

    Capítulo cuarto

      Caída de Porfirio Díaz

      Otra vez a la cárcel

      El manifiesto del 23 de septiembre de 1911

      La incomprensión de los anarquistas europeos

      Otra vez a la cárcel

      En la brecha

      Jesús M. Rangel

      Nuevo proceso

      La Guerra Mundial

      Una faceta de la personalidad de Flores Magón

      Las jefaturas

      ¿Huelga o insurrección?

      El gran crimen de Ricardo Flores Magón

    Capítulo quinto

      En Leavenworth

      Sindicalismo y anarquismo

      La muerte del apóstol

      Trece años en la cárcel

Prólogo

Mi buen amigo y viejo camarada Nicolás T. Bernal me hace la invitación, a nombre del grupo editorial «Ricardo Flores Magón» que él representa, para que estudie y emita mi opinión sobre el libro Ricardo Flores Magón, apóstol de la revolución social mexicana, escrito por el camarada Diego Abad de Santillán, fundándose en que soy el testigo ocular que más hechos presencié durante la vida más trágica y de más agitación que inmortalizo a aquel querido camarada. Y debo advertirle sinceramente que soy, en efecto, el que más oportunidad tuvo de conocer el más interesante periodo histórico de la vida Ricardo Flores Magón, y si me presto con gusto a obsequiar los nobles deseos de Bernal es por la gran importancia que desde luego concedí a tan simpático trabajo de propaganda libertaria.

El libro esta formado por un gran conjunto de importantes artículos y documentos históricos al parecer tomados al acaso, pero ordenado de tal manera con el propósito de que el lector pueda ver con toda claridad como fueron evolucionando las nuevas ideas de la mente privilegiada de Ricardo Flores Magón, su gran constancia y heroicos esfuerzos hasta transformar a un pueblo esclavizado, pisoteado y humillado por el más grande de los déspotas, en un pueblo altivo, valiente y respetado, que al levantar airosa la frente infundir terror y el espanto a sus explotadores y verdugos. Fue en efecto Ricardo Flores Magón el alma de esa gran epopeya libertaria que, a manera del prometeo de la leyenda mitológica, infundió ese fuego divino que impulsa al pueblo a la rebeldía, la rebeldía, fuente creadora de todas las libertades.

Dotado de claro talento y de sensible sistema nervioso, Ricardo grabó en su corazón y en su mente soñadora, a manera de película cinematográfica, todos los dolores y las lágrimas de los que habitan las pocilgas, así como los detalles más íntimos de esa vida de desesperación y muerte.

Ricardo, tenía además, la ventaja de varios idiomas que le ayudaron, en parte, para su labor de propaganda libertaria: aparte del español y el inglés, que conocía muy a fondo, sabía francés, italiano, y portugués; conocía mucho del latín y del griego, algo del idioma azteca, cuya agradable pronunciación recordaba recitado de memoria unas poesías que legó a la historia del famoso Nezahualcóyolt ; hablaba con facilidad el caló que usa el pueblo de los arrabales de la ciudad de México, lo que hace suponer que el apóstol del gran cataclismo social de Mexicano poseía un gran conocimiento de los dolores y los sufrimientos en que se revuelcan las clases mas humildes y despreciadas por el actual orden burgués. Por eso vemos que sus dramas y todos sus escritos fueron inspirados en este ambiente; no son sacados de los salones aristocráticos donde se recrea la burguesía holgazana, ni sus personajes trágicos son prototipos imaginarios rebuscados entre los hombres de comercio y la banca, si no descripciones de escenas reales tan comunes entre los pobres, en esa vida repleta de lágrimas y dolores en los que nos encontramos todos los explotados.

«Solo el que sufre sabe comprender al que sufre» decía Flores Magón, a él, que sufrió toda la vida, tenía que ser el mejor exponente y él más fiel intérprete de los que sufren.

Escribía con gran facilidad: Verdugos y Víctimas lo terminó en una semana. Adoraba la música, pero su encanto era la poesía; admiraba la bella voz de Caruso y los composiciones musicales del más trágico de los hombres Beethoven; recitaba de memoria algunas de las más bellas poesías de Rubén Darío, de Shakespeare, de Carpio, Manuel Acuña o de Días Mirón, y criticaba acremente a Antonio I. Villa rea por que a este pulpo le repugnaba «ese ruido» de la música.

Su carácter altivo, recto y firme, como la roca en medio del océano embravecido,, le servía como coraza por donde pasan y se deslizan todas las inclemencias del tiempo, donde se desatan las tempestades y la furia de las olas que se estrellan sin dejar huella. Es que le guiaba una finalidad y un solo objetivo: El de llegar cuanto antes a esa tierra de libertad y bienestar que los ojos de su imaginación columbraran para la humanidad de sus bellas utopías ya sin dioses y sin amos.

Ya en 1900 Ricardo conocía «La conquista del pan» y «La filosofía anarquista» de Pedro Kropotkin; había leído a Bakunin, las obras de Juan Grave, Enrique Malatesta y Máximo Gorki; conocía también abras de autores menos radicales, como León Tolstoy y Vargas Vila; pero era a los primeros a quienes él respetaba como sus maestros y a quienes conservaba especial predilección; Y se puede decir que debido a estas consideraciones y a la oportuna intervención de Pedro Kropotkin, se contuvo Ricardo y no atacó rudamente como lo sabía hacer a Juan Grave y a Pedro Esteve por sus crítica insidiosas en contra de la revolución social mexicana, que Ricardo impulsó y se esforzaba por orientar en los precisos momentos que aquellos camaradas se dejaban arrastrar por los radicalismos de Venustiano Carranza, a quien Ricardo atacó sin piedad. Así como a las intransigencias de los teóricos que querían ver en el gran cataclismo social mexicano todos los actos de los rebeldes ajustados a los principios ideológicos de los grandes soñadores, y que lejos de ayudar a las justísimas ansias de la libertad de los sufridos esclavos mexicanos solo sirvieron par boicotear a aquel hermoso movimiento rebelde haciendo obra del sabotaje, que beneficiaba más, bien a la burguesía y al gobierno que retrataba de derrocar.

Mientras que Cultura obrera de Nueva York y Les Temps Nouveaux, en Francia, daban cordial bienvenida a las calumnias y dolosas informaciones que venían de un grupo que se titulaba anarquista establecido en Boston. Más, nuestros desesperados esfuerzos por impulsar el movimiento de los esclavos mexicanos hacia la revolución social sufría un inmenso desprestigio, y todo mundo nos retiro su ayuda debido a la autorizada palabra de los viejos revolucionarios que en más de «cuarenta años de constante propaganda» no había podido arrastrar a ningún pueblo a la revolución contra sus tiranos. Y la solidaridad nos falto cuando la persecución burguesa se hacía más tenaz en los Estados Unidos, cuando se le quitaba el registro a Regeneración y cuando solo unos cuantos entusiastas compañeros que más en contacto estaban con nosotros y con la revolución, fueron los únicos que nos tendieron su ayuda. Lo que alguna vez dijo Ricardo Flores Magón acerca de nuestra miseria y privaciones infinitas por lo que tuvimos que tuvimos que pasar para probar nuestra sinceridad gran buena fe de lucha, era un hecho real. Hay testigos oculares en los Ángeles, California, de hecho que demuestra que todo sacrificio era para nosotras un placer, por conseguir nuestra libertad de los esclavos mexicanos y llevar acabo la propaganda emancipadora de Regeneración.

A pesar de todo, nuestros contrincantes sospechaban de nuestra sinceridad y buena fe; nos veían luchar en el seno de un partido político y eso era bastante, y veían también que regeneración era el portavoz de ese partido y se imaginaron que Ricardo, y todos los que lo acompañábamos, éramos simples aspirantes a un puesto público. ¡Craso error! No hay partido político que lance vivas muy altos a la anarquía y haga especial propaganda de la belleza de ese ideal como lo hizo Regeneración. Por eso es el gran mérito del libro que hoy nos presenta Diego Abad de Santillán consiste en la lógica de sus conclusiones y el severo análisis de su sana critica al seguir los pasos de Ricardo Flores Magón, a quien él considera, como también yo, el más fiel, intérprete de los anhelos de libertad del oprimido pueblo mexicano.

Desde temprana edad las ideas anarquistas habían tenido cariñosa aceptación en la mente de Ricardo Flores Magón. Debido a su iniciativa de público en Vesper —de la ciudad de México— periódico sostenido en parte con los fondos del Hijo del Ahuizote, entonces a cargo de Ricardo, parte de la conquista del pan de Pedro Kropotkin, el año de 1902. 1905 asistió a las conferencias de Emma Goldman en Saint Louis. Missori; En esa misma ciudad conservo Ricardo estrecha amistad con un grupo anarquista Ruso, y con Florencio Bazora, un anarquista español que tuvo para Ricardo cariño de hermano; ese camarada contribuyó mucho a fomentar en nuestra campaña de propaganda revolucionaria, ayudando con su dinero, vendiendo Regeneración y colectando fondos para la vida del periódico. Bazora comprendía cuáles eran los fines de Ricardo Flores Magón: trabajara en el seno del partido Liberal para extender, en el pueblo mexicano, los hermosos ideales que él ya acariciaba y que eran los anarquistas.

Este era en realidad el plan de Flores Magón obrar con tacto para que las masas no nos abandonaran y evitar que se pusiera más fuerte la dictadura de Porfirio Díaz. Al partido Liberal estaban afiliados todos los librepensadores y los hombres de ideas más avanzadas en aquella época, era también el partido mas revolucionario y de más prestigio en México, el que con Melchor Ocampo, Benito Juárez, el ateo Ignacio Ramírez y lerdo de tejada a la cabeza habían expropiado todos los bienes del clero y aplastado su gran poder con el fusilamiento de Maximiliano en el cerro de las campanas.

En ese tiempo, repito, ya el plan de Ricardo era más bien el de obrar con táctica que por falta de conocimiento de las ideas anarquistas. Hacia veinte años que se tenía la creencia, y aun ay muchos ignorantes que la tienen todavía, que la filosofía anarquista consiste salir a a la calle blandiendo el puñal de asesino, introducir el caos, la confusión y arrojar bombas de dinamita al paso del tirano. ¡Cuanta mentira! Y sin embargo hay todavía ay quien crea que eso es le anarquismo en la actualidad. Por eso fue que propagaba de lleno las ideas anarquistas en aquella época, cuando los estaban más repletos de prejuicios, entonces nuestra agitación revolucionaria hubiera servido para hacer más fuerte al tirano que para poder precipitar su caída. Si a esto agregamos que en el seno de la misma junta revolucionaria existían elementos malsanos, habrá que convenir que Ricardo era quien manejaba el timón de nuestra pequeña barca entonces azotada por todos los vientos, en medio de un océano de cóleras y odios formidables, animando y convencido a los formidables, animando y convenciendo a los pusilánimes y cobardes para conseguir adelante con la peligrosa empresa, como Colón cuando los que formaban su misma tripulación lo amenazaban con la muerte si no retrocedían. Si Ricardo no hubiera obrado con ese tacto dominante en su pensamiento, el pueblo mexicano y la humanidad toda se hubiera perdido de tal vez ese gran impulso que él dio a la revolución a favor de todos los desheredados de la tierra.

Qué Ricardo evoluciono más rápidamente que todos los que lo acompañábamos, ya lo, sabemos hay que confesar que nosotros no le servíamos más que simples compañeros de cooperación en la propagación de su obra emancipadora; pero que Ricardo odiaba, desde joven toda tiranía y todo gobierno, lo demuestran muchos actos en su vida. Antes de entrar a la lucha armada era muy común que los grupos armados solicitaran jefes nombrados por la junta, y Ricardo era el primero en rechazar toda sugestión, contestando invariablemente que los mismos grupos tenían que nombrar a subjefes del seno de ellos mismos o quitarlos cuando así fuera conveniente. «La junta no va a convertirse en gobierno central nombrando jefes que a la postre se convertirían en tiranos de sus mismos hermanos».

Y así fue como ese apóstol infundió las nuevas ideas; lo que más le preocupaba era que en el mismo momento de la revolución, los revolucionarios fueran tomando posesión de las haciendas, graneros, todos los instrumentos de trabajo, mulas y yuntas a fin de ir cultivando la tierra con cuyos productos se sustentaría la revolución. Haciendo de esta manera que los mismos habitantes, mujeres, niños y ancianos se convertirían en partidarios de ella, de la revolución que por primera ves en su vida le daría de comer a todos

Pero los compañeros anarquistas que se han tomado la molestia de analizar a fondo estos hechos y se atreven a emitir opiniones juzgando las cosas por apariencia o hechos superficiales, llegarán a conclusiones completamente absurdas. En realidad no he conocido en mi larga carrera de revolucionario hombre de más buena fe y más sincero en sus palabras y en sus hechos que Ricardo Flores Magón.

Santillán nos presenta en este libro un extracto de lo que fue Ricardo Flores Magón como revolucionario o escritor, y de cómo se convirtió al anarquismo para atraerse también al pueblo mexicano y a todos los desamparados de la tierra al camino de ese bello ideal de felicidad humana, lo más hermoso y más elevado que haya podido concebir la imaginación de ese hombre. Pero la laboriosa y meritoria tarea de Santillán consiste también en haber conservado vivo interés en la revolución mexicana e ir coleccionando documentos en pro y en contra con una habilidad y constancia envidiables, para darnos un resuman de la primera revolución proletaria de carácter económica en que por primera vez el puño del hombre contra el rico se levantó colérico y vengador lanzando al mundo el grito redentor de «tierra y libertad. Esto ha hecho Santillán desde Berlín, desde le otro lado del mar, lejos de la gran epopeya mexicana ha dado al mundo de los oprimidos bellos ejemplos de virilidad y de audacia en sus nobles esfuerzos por destruir el yugo maldito que lo envilece y lo humilla».

Al revisar la obra histórica del camarada Santillán, me he tomado la libertad de colaborar; pero mi colaboración ha sido insignificante, la de poner notas aclaratorias, nombres completos, etc., con el fin de evitar ambigüedades y lamentables confusiones. Pero a Santillán debe caberle la satisfacción de haber contribuido a la formación, de una obra verdaderamente útil y de gran interés, tanto desde el punto de vista h histórico por la propaganda de las bellas y únicas ideas verdaderamente libertadoras que son las anarquistas. No es un libro completo: es un bosquejo solamente al que hay que agregar mucho; pero el compendio que nos presenta que nos presenta el autor llena un gran vació y una necesidad del momento, para dar en síntesis una idea del gran cataclismo social, cuyo formidable sacudimiento hizo salir al pueblo mexicano del estancamiento en que vivía. La Hidra de las tres cabezas: el capital, el gobierno el clero todavía no lo sueltan, pero ya marchan encarrilado al camino que lo ha de conducir a su completa emancipación política y económica para acabar con la eterna explotación y tiranía del hombre por el hombre.

Librado Rivera, Cecilia, Tamaulipas, diciembre 8 de 1924.

Capítulo primero

En la penitenciaria de Leavenworth, Kansas

El 20 de noviembre de 1922, dos penados de la penitenciaria Leavenworth, Kansas, se encuentran en las filas de los presos, se saludan como viejos amigos, cambian a hurtadillas un par de palabras para manifestarse recíprocamente que no hay ninguna novedad, y luego cada cual sigue el camino regular de todos los días, de todos los meses, de todos los años.

De esos dos penados, de unos cuarenta y ocho años de edad, uno, semiciego conserva todavía rastros de una naturaleza vigorosa de atleta; el otro es delgado y de estatura baja. En el semblante de ambos se refleja una historia de sufrimiento y de martirio; tal ves largos años de encierro han dejado en sus cuerpos huellas imborrables de dolor y de privaciones.

Por su aspecto se advierte que no son de raza sajona; en uno, sobre todo, se adivina al criollo mexicano.

Al ver estos dos penados, se siente instintivamente que no son hombres vulgares, que no pertenecen al tipo común de los presidiarios; sus rasgos son regulares, su ojos reflejan inteligencia y bondad.

¿Por qué están en Leavenworth? ¿Quiénes son? ¿Cuál es su delito? Estas preguntas se hace todo nuevo habitante de la penitenciaria al verlos. Nosotros sentimos también curiosidad por conocer la historia del atleta semiciego y de su amigo.

El 21 de noviembre, uno de esos penados fue hallado muerto en su celda; su estado de salud era delicado, pero no como para temer la tarde del 20 un desenlace tan rápido y trágico unas doce horas después del encuentro en la filas. El superviviente vio a su amigo el 21 de noviembre por la mañana sobre una plancha en el hospital, con la cara negra hasta el cuello y la frente tendida hacia atrás, como si el muerto hubiese luchado poderosamente antes de despedirse de la vida. El fallecimiento había tenido lugar como a las cinco de la madrugada. El director del establecimiento penal, Biddle, y el medico, oye, mostraban un aspecto alegre y de satisfecho. El médico dijo que la causa de la muerte era una afección cardiaca.

El superviviente quiso enviar a los amigos y deudos del camarada que había dejado de existir; noticias telegráficas; la infausta nueva debía estar redactada más o menos así; «Murió repentinamente a las cinco de la mañana, de enfermedad cardiaca según el médico de la penitenciaria, doctor Yohe». Este texto fue rechazado por el alcalde Biddle, pues podía dar pábulo a ciertas conjeturas.

El superviviente describe así unos días más tarde sus impresiones:

Un día funesto, lleno de profundas amarguras y de tenebrosas tristezas, envolvía mi corazón. Una lucha de encontradas ideas arrastraba mi fantasía por el abismo insondable de la desesperación. Por la noche acudían a mi mente, como en tropel, imágenes representando actitudes distintas, pensativas o amenazadoras, con los puños apretados, como impulsadas todas por un solo pensamiento de venganza en contra de tanta maldad humana. Se había hecho desaparecer a un gran pensador, a un filósofo pletórico de bellas y luminosas ideas sobre el establecimiento de una sociedad de verdaderos humanos. Se había cometido un crimen de lesa humanidad en la persona de un hombre bueno, generoso y altruista, cuyos ideales de justicia sintetizan las sublimes aspiraciones de todos los pueblos esclavos de la tierra. Se había quitado la existencia a un hombre honrado...

¿Una muerte repentina o un asesinato? ¡Quien sabe! El sobreviviente abriga la convicción de que su amigo fue muerto violentamente por las autoridades de la prisión

En las líneas transcritas se habla del muerto como de un filósofo, de un pensador, de un hombre bueno, y altruista y honrado. ¡En nuestros tiempos no es ya una novedad que los hombres de meritos superiores mueran en al cárcel y los malvados ocupen los puestos de privilegios y del mando en la sociedad!

La tragedia de la madrugada del 21 de noviembre de 1922 en Leavenworth tuvo un eco de indignación en todos los rincones de la tierra; la prensa de los trabajadores acusó espontáneamente al gobierno de los Estados unidos de haber quitado la vida a ese penado semiciego, y una nueva macha sangrienta quedó estampada en la historia del país de «los bravos y los libres». El hombre del muerto en la penitenciaria Leavenworth es Ricardo Flores Magón; el del superviviente, Librado Rivera. Hablemos del muerto, de su vida, de su delito ¿Quién es Ricardo Flores Magón?

La juventud de Ricardo Flores Magón

Ricardo Flores Magón nació en San Antonio Eloxochitlán, distrito de Teotitlán del Camino, Estado de Oaxaca, México, el 16 de septiembre de 1873. Su padre, Teodoro Flores, era de raza indígena pura; su madre, Margarita Magón, era mestiza; uno de sus abuelos procedía de Cartagena, España. La familia no disponía de bienes económicos, pero, sin embargo Ricardo comenzó en México sus estudios en la escuela nacional primaria número uno; luego paso a la escuela nacional preparatoria, y en 1893, a los veinte años de edad, ingresó en la escuela nacional de jurisprudencia, donde cursó tres años.

Su padre murió en 1893. En 1892 vio pro primera vez, en calidad de preso, uno de los aspectos trágicos de la dictadura de Porfirio Díaz: la cárcel. Los estudiantes de México habían hecho una manifestación para protestar contra la segunda reelección de Díaz y de resultas de esta manifestación, síntoma del descontento insoportable para el tirano y la camaraderiílla de «Científicos» que le rodeaba, hubo numerosos arrestos a los estudiantes; el pueblo impidió por sus protestas inmediatas que las gentes de Porfirio Díaz cebasen su odio en los jóvenes, y éstos recobraron pronto la libertad. Este primer arresto decidió al joven Ricardo Flores a abandonar sus estudios, un poco más adelante, y a consagrarse a la lucha contra la tiranía.

En febrero de 1893 entró a formar parte de un periódico opositor: el Demócrata, suprimido antes de cumplir el tercer mes de vida; una parte de los redactores fue arrestado. Ricardo supo burlar esta vez las pesquisas.

Porfirio Díaz no quiso creer que fuese posible en México una oposición contra su gobierno y sembró el terror contra sus opositores y los rebeldes; como en todas las épocas de despotismo, los agentes policiales envenenaban la vida social y sembraban la desconfianza en los hombres. Las bastillas de San Juan Ulúa y de Belén fueron símbolos vivientes en la dominación porfirista; tras sus muros fue sofocada la voz poco grata a los oídos del dictador, y más de un asesino cobarde mató un germen veleidades de independencia y de dignidad.

Fundación de Regeneración

Pero Ricardo Flores Magón no se arredró y continuó actuando en el centro de la lucha antiporfirista; desde muy temprano reveló las cualidades de energía y de claridad de pensamiento que lo distinguieron. El 7 de agosto de 1900 apareció en México el primer número de Regeneración redactado por Ricardo Flores Magón y su hermano mayor, Jesús. El lenguaje de ese periódico, que había de ejercer tanta influencia en los destinos del pueblo mexicano, llevó el espanto al ánimo de Díaz y de los «Científicos»; se vio pronto que tras esa atrevida publicación había una voluntad indomable; sin esfuerzo alguno los antiporfiristas de la ciudad de México fueron agrupándose entorno a Ricardo Flores Magón en el que vieron el cerebro más consiente y la voluntad más decidida contra la tiranía del general Díaz.

Los liberales

Todos los descontentos del despotismo porfirista y de sus secuaces se calificaban inmediatamente de liberales; bajo esa denominación existían en México diversas tendencias, convicciones más o menos intensas, corrientes de ideas contradictorias, pero unidas pasajeramente por la oposición Díaz, parte de los liberales tenían tendencias librepensadoras y combatían con preferencias al clero, tal vez a causa de los peligros de la lucha contra el zar de México. Según la constitución mexicana la iglesia estaba separada del Estado, pero en realidad estaba perfectamente unida a él contra quince millones de habitantes de México. Las leyes prohibían las comunidades religiosas y la intervención eclesiástica en los asuntos públicos, la propiedad de bienes raíces por parte del clero, sin embargo todo eso quedaba fuera de vigor, y el obispo de San Luis Potosí, Ignacio Montes de Oca y Obregón, pudo declarar en Europa que, a pesar de las leyes, las órdenes religiosas prosperaban admirablemente en México. En efecto, Díaz, la mayoría de los gobernadores de los Estados y los altos funcionarios de la administración, todos hacían alarde del catolicismo y todos estaban íntimamente ligados a la iglesia.

En agosto de 1900, un grupo de liberales de San Luis Potosí público un manifiesto exhortando a la unión de todos los anticlericales de la república para poner un límite a la dominación del clero y para hacer que fuesen cumplidas las leyes mexicanas; los iniciadores se constituyeron en un club liberal llamado «Ponciano Arriaga»; en menos de medio año se forman más de cien clubes liberales en todo el país, una prueba de que la iniciativa de los liberales de San Luis Potosí respondía a una necesidad y a un sentimiento real.

El 5 de febrero de 1901se celebró en San Luis Potosí un congreso de los clubes liberales, con asistencia de delegados de todos los rincones de la nación. Las sesiones duraron ocho días, y el que dio un verdadero contingente revolucionario al congreso fue Ricardo Flores Magón que frente a la mayoría de los delegados, en lugar de reducirse a formular ataques a la iglesia y al clero, denunció directamente al tirano Porfirio Díaz, y habló de la miseria del pueblo laborioso de México. El discurso violento de Ricardo infundió en algunos de los delegados, como por ejemplo en Librado Rivera, un gran entusiasmo, y en otros un prudente temor a ir demasiado lejos y a comprometerse tan abiertamente. El congreso adoptó resoluciones encaminadas a despertar a las masas para que interviniesen más activamente en al vida política del, país impidiendo por medios prácticos que el déspota nombrase directamente funcionarios administrativos, misión que correspondía legalmente al pueblo. Pero la existencia de esos clubes entrañaba un peligro ara la tranquilidad del general Díaz y consortes, y tuvieron corta vida.

A la cárcel

Regeneración seguía vibrando en México y poniendo al, desnudo los vicios del régimen porfirista. El mes de mayo de 1901, Ricardo y Jesús Flores Magón fueron arrestados a fin de imposibilitar la vida de ese periódico; de parte de los «Científicos» alguien se dirigió a la madre de los hermanos rebeldes para que los comprometiese a callar; Margarita Magón respondió; «que prefería ver a sus hijos muertos antes de ser causante de su claudicación». El periódico continuó apareciendo en, no obstante la prisión de sus redactores en Belén. Díaz hizo decir a los hermanos Flores Magón que, si volvía a perecer un solo número de Regeneración, serían asesinados en la cárcel. El 14 de junio murió la madre de los rebeldes y no se los permitió asistirla en sus últimos momentos. Los Flores Magón pasaron cerca de un año, hasta abril de 1902, en Belén. Así terminó la primera época del famoso periódico, uno de los más perseguidos de América.

A partir de este encierro, Jesús Flores Magón comenzó a flaquear en sus romanticismos revolucionarios y se retiró de la lucha; pero su puesto fue ocupado más tarde por Enrique, otro hermano de Ricardo Flores Magón.

Según parece, Ricardo leyó por esos tiempos obras de Kropotkin, de Gorki, y de esas lecturas contribuyeron a establecer muchos puntos vacilantes ya robustecerlo en su fe. Hay diversos testimonios de una temprana adhesión a las ideas libertarias; pero la lucha contra el porfirismo dejó en la sombra, por algunos años, la tendencia anárquica que germinaba en su corazón. Lo que paso con Regeneración y sus redactores en al ciudad de México, sucedió también en los clubes liberales del resto del país. He aquí como fue disuelto el club «Ponciano Arriaga» de San Luis Potosí:

El 24 de enero 1902 celebraba el club una sesión pública, numerosamente concurrida. En medio del público se había introducido soldados y gendarmes armados con pistolas, disfrazados de civiles. Un diputado, el licenciado Heriberto Barrón, había sido el comisionado por el gobierno para buscar el medio de deshacerse de los liberales de San Luis Potosí. En un momento determinado de la sesión, Heriberto Barrón se levantó para protestar contra la labor del club; los soldados y los gendarmes disfrazados hicieron lo mismo y promovieron un gran alboroto que deshizo la reunió; se disparó un tiro, del cual se acusa a Barrón, y una nube de policías cayo sobre los liberales, arrestando a veinticinco personas, entre ellas a Camilo Arriaga presidente del club, a Juan Sarabiasecretario, a Librado Ribera prosecretario, a Rosalío Bastamente, a José Martínes Vargas, a José Millán, etc. Los presos pasaron casi un año en la cárcel.

El club de Lapazos, Estado de Nuevo León, fueron disueltos de una manera muy parecida. Con un pretexto nimio se arrestó a un gran número de sus miembros, entre otros al ingeniero Francisco Naranjo, hijo; Vidal Garza Pérez, César E. Canales, Luis G. Ávila, Juan Weiman, Carlos Zertuche, Vidal Garza Zubia y otros. Al ser transportados los presos a la capital del Estado de Nuevo León, el pueblo ponpurrióen gritos y protestas a favor de los liberales; los esbirros hicieron fuego sobre el pueblo. Libertados después de varios meses, no por eso cesaron las persecuciones. Luis M. Benavides, secretario del club, a cuyo cargo estaba el sostenimiento de sus viejos padres, razón por la cual estaba eximido del servicio militar, fue incorporado al ejército. César E. Canales, vocal, fue agredido a balazos por oficiales del tirano.

La misma suerte sufrieron los clubes liberales de ciudad Valles, San Nicolás Tolentino, Pachuca, Cuicatlán, Pichucalco y otros muchos. Uno de los más destacados miembros del club de Cuicatlán muríoen la cárcel a consecuencia de los malos tratos recibidos.

Esa brutalidad no hizo más que cambiar la táctica de los opositores. En vista de que no eran reconocidas las garantías constitucionales de reunión y de asociación públicas, los clubes en donde había individuos enérgicos continuaron en pie clandestinamente.

El hijo del Ahuizote

En México se había comenzado a publicar un periódico antireeleccionista de caricaturas: El hijo del Ahuizote, a iniciativa de Daniel Cabrera; en él colaboró Ricardo Flores Magón desde el principio; en julio de 1902, Ricardo arrendó la imprenta de la publicación y tomó a su cargo el periódico, cooperando sus dos hermanos, Jesús y Enrique. En septiembre del mismo año, Ricardo y dos compañeros de trabajo, Evaristo Guillén Federico Pérez Fernández, fueron a dar con sus huesos a la cárcel. Al salir en enero de 1903 en libertad, continuaron la labor antiporfirista. Además de Elijo del Ahuizote se fundó otro valeroso otro valioso órgano opositor: Excélsior, dirigido por el inteligente joven Santiago de la Hoz, que murió trágicamente ahogado en el Rió Bravo al tomar un baño juntamente con sus compañeros, pocos días después de haber cruzado la frontera a Estados Unidos Ricardo Flores Magón era el alma de esa propaganda. Alfonso Cravioto, uno de los antiporfiristas de entonces, hoy senador nacional, dice de él en una reciente entrevista publicada en el demócrata del 2 de septiembre de 1924.

Fue uno de los líderes de mayor fuerza que ha producido México, tal vez no era el más inteligente, pero su voluntad tenía algo de de extrahumano: era el tipo de un apóstol. Sus tendencias y sus procedimientos eran absolutamente incorruptibles, lo cual le daba una fuerza moral incontrastable...

Ricardo era sobrio, no tenia más vicio que el de fumar. De un espíritu abierto y fraternal. Siempre que algunote sus compañeros necesitaba dinero la bolsa de Ricardo estaba abierta para el amigo necesitado... A nosotros nos tenía deslumbrados por su carácter de hierro. Desde ese tiempo ya brotaban las ideas socialistas, aunque su acción se concentraba al antiporfirisno.

Los presos de san Luis Potosí, al salir en libertad, para probar lo poco arrepentidos que estaban, instalaron el club «Ponciano Arriaga» en la ciudad de México el 5 de febrero de 1903, lanzando un manifiesto a la nación en donde sostenía que la sociedad continuaría la obra interrumpida por los atentados a los clubes liberales en 1902. Además del club «Ponciano Arriaga» existían en la capital otro con el nombre «Redención», presidido por Santiago de la Hoz: era el club «Redención» que publicaba el Excélcior. El tirano Díaz estaba dispuesto a impedir que se elevara en su feudo voces condenatorias del despotismo. Una noche de abril de 1903, por causa baladí penetró la policía en el local de El Hijo del Ahuizote y arrestó a todas las personas que se encontraban allí, incluso a los obreros de la imprenta; más de ochenta presos por cuestiones políticas fueron recluidas para entonces en Belén; entre ellos figuraban Ricardo Y Enrique Flores Magón, Juan Sarabia, Librado Rivera, Alfonso Cravioto, Humberto Macías Valadez, Manuel Sarabia, Luis Jasso, Santiago R. de la Vega, etc. etc. Como no obstante estas prisiones Excélcior y El Hijo del Ahuizote continuaron viendo la luz, los tribunales pronunciaron un fallo el 9 de junio de 1903, por el que se prohibió la circulación de cualquier periódico escrito por Ricardo Flores Magón. La suprema corte de justicia de la nación confirmó el fallo.

El senador Cravioto describe en el entrevista citada la estancia en al cárcel de Belén; primeramente se puso a los presos incomunicados en bartolinas secas, de piso de ladrillo; como los periódicos rebeldes aparecían a pesar de todo, fueron trasladados a las bartolinas subterráneas absolutamente oscuras, con piso blando, de tierra húmeda; pasaron en esa situación intolerable mes y medio; luego fueron puestos en el departamento de distinción.

Ricardo ha conservado toda su vida la impresión de este encierro. Cuando en 1921-1922 cuando estaba próximo a la ceguera en la penitenciaria de Leavenworth, Kansas, se recuerda de Belén como en una carta que público The New Republic, el 5 de julio de 1922. Dice así.

Alguna vez cuado aún era joven, fui internado durante varias semanas en un calabozo obscuro tan oscuro que me impedía verme las manos. Esto aconteció en la ciudad de México, durante aquel horripilante periodo en que Díaz imperaba con mano sangrienta. El calabozo carecía de pavimentos y constituía una capa de fango; de tres o cuatro pulgadas de espesor, mientras que las paredes rezumbaban un fluido espeso que impedía secar las expectoraciones que negligentemente habían arrojado sobre ellas los incontables y descuidados ocupantes anteriores.

Del techo pendían enormes telarañas, desde las que asechaban negras y horribles arañas. En un rincón estaba el albañal, que era un agujero abierto por donde entraba el aire. Ese era uno de los calabozos en los cuales el déspota acostumbraba a arrojar a sus opositores, con la esperanza de quebrantar sus espíritus... En mi horrible morada pude soportar el viscoso contacto de las paredes —a cuyo recuerdo me estremezco ahora—; mis pulmones, entonces jóvenes y sanos, pudieron resistir el veneno de aquella tumba; mis nervios, aunque sensibles, pudieron ser amaestrados por mi voluntad paran responder con solo un lev estremecimiento a los asaltos y mordiscos de las ratas en la obscuridad... Mi petate estaba húmedo, así como mi indumentaria; de vez en cuando un golpe en le petate o en el fango, o de mañana en mi cuerpo, me indicaba que una araña había caído y un estremecimiento recorría mi sistema...

La tiranía porfirista

Porfirio Díaz gozaba en el extranjero de un cierto prestigio; la prensa capitalista norteamericana contribuyó a darle fama, a cambio de los monstruosos favores que otorgó a la burguesía de los Estados Unidos; los capitalistas norteamericanos regalaban a Díaz y a sus agentes acciones en las compañías comerciales e industriales; Díaz pagaba esas liberalidades con vergonzosas concesiones y entregando tierras y bienes que no eran suyos. Cerca de novecientos millones de dólares tenía Wall Street invertidos en México, y eso es una buena prueba de la dependencia económica y política de esta nación, en al que nueve millones de habitantes eran analfabetos; pero donde, en cambio, existía un formidable presupuesto militar para mantener un ejército de sesenta mil hombres, con los batallones especiales de algunos Estados y las gendarmerías. Los trabajadores ganaban unos cuantos centavos diarios y eran sometidos a una explotación desenfrenada, sin consentirles la menor veleidad de rebelión. Una administración corrupta y una desmoralización pública sin precedentes eran consecuencias inmediatas del régimen de Porfirio Díaz y los científicos. No en vano acusaban los liberales a varios gobernadores de Estados de haber sido bandidos y de haber sufrido procesos por robo antes de ser gobernadores y altos funcionarios de la administración porfirista; no en van decían que para obtener un puesto público, para ser gendarme, jefe de policía o escribiente, el mejor medio era tener una mujer hermosa o una hermana, y entregarlas a las concupiscencia de los caudillos influyentes.

Díaz dio el ejemplo de cómo puede aprovecharse para uso personal y para beneficios de los parientes y amigos la función gubernativa, Entró triunfante en 1876 relativamente pobre, subió a la presidencia de México y en pocos años se hizo el hombre más rico del país, con fondos en los bancos de Europa y Estados Unidos, con acciones en empresas fabriles, agrícolas, mercantiles y mineras.

El destierro

La paz porfirista, que beneficiaba tanto a la codicia de los capitalistas norteamericanos y el bandidísimo gubernamental de México, no volvió a gozar de reposa y de seguridad desde que Ricardo Flores Magón comenzó su campaña vigorosa.

Díaz creyó que la prohibición de los periódicos escritos por el indomable rebelde terminaría por un Tiempo de agitación de los opositores. Se engañó. Al salir de Belén, Ricardo y Enrique Flores Magón, con otros más, perseguidos y vigilados extremadamente, resolvieron buscar refugio en los Estados Unidos y continuar desde allí su labor revolucionaria.

En 1904 reanudad Ricardo y Enrique Flores Magón en San Antonio, Texas, la publicación de Regeneración. A poco de reaparecer el periódico, un mercenario del gobierno mexicano entró en el local de la publicación e intentó asesinar a Ricardo; Enrique lo rechazó y fue llevado a la cárcel, condenándosele a pagar una multa por no haber dejado matar a su hermano.

En vista de las pocas seguridades para la vida Regeneración fue trasladado a Saint Louis, Mo., en febrero de 1905, en cuya ciudad se reunió Librado Rivera a los Flores Magón.

La junta organizadora del Partido Liberal

Persecuciones

Con fecha el 28 de septiembre de 1905 se constituyó la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano con Ricardo Flores Magón como presidente; Juan Sarabia, vicepresidente; Antonio I. Villarreal, secretario; Enrique Flores Magón, tesorero y Librado Rivera, Manuel Sarabia y Rosalío Bustamante como vocales. Según las resoluciones tomadas, la junta residiría en un país extranjero para estar a salvo, hasta donde fuera posible, de los atentados del gobierno de México y tendría objeto la organización del partido liberal mexicano y la lucha «con todos los medios» contra la dictadura de Porfirio Díaz. La táctica propuesta a los simpatizantes era la constitución de agrupaciones secretas en las comunidades respectivas y su comunicación con la junta; se proponía apoyar las publicaciones opositoras en México.

Los esbirros de Porfirio Díaz no tararon en entrar en acción, secundados por las autoridades norteamericanas. El tirano de México sabía comprarse, por sus liberalidades hacia los capitalistas y altos funcionarios de Estados Unidos, una segura complicidad en los crímenes gubernativos contra los enemigos de su gobierno. Sin embargo, el partido liberal no exigía reivindicaciones que no estuviesen dentro de los límites de todo Estado constitucional. El lema de la junta organizadora era «Reforma, libertad y justicia», y si y si propiciaba la conspiración y la rebelión armada, era porque no había medio de hacer oír la voz independiente de los que reclamaban condiciones de vida más humanas para el pueblo mexicano. El 12 de octubre de 1905 fueron arrestados los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón y Juan Sarabia, acusados de difamación por un instrumento de Porfirio Díaz, llamado Manuel Esperón y de la flor, jefe político del Estado de Oaxaca, México. Se trataba de impedir la publicación de Regeneración; las oficinas del periódico fueron saqueadas, la imprenta confiscada y rematada, lo mismo que los muebles. Se añadió a esto la suspensión de la franquicia postal con la fundamentacióninsostenible que más del cincuenta por ciento del tiraje circulaba en México. Ese atentado, que no es le primero ni el último contra la liberta de prensa en los Estados Unidos, obstaculizó por algún tiempo la vida de Regeneración que era ya el órgano más popular de México y el que más daño causaba desde cualquier punta a la dictadura despótica del general Díaz.

Después de algunos meses de encierro, los hermanos Flores Magón y Juan Sarabia salieron en libertad, cuando Villareal se encontraba desempeñando, una comisión en el Estado de Texas, y Regeneración reinicio la lucha por la existencia en febrero de 1906, en la misma ciudad de Saint Louis, Mo. A los oídos del déspota mexicano llegaron rumores intranquilizadores, y el terror de las persecuciones se intensificó. La Junta Organizadora del Partido Liberal no se dormía: Ricardo Flores Magón daba el ejemplo de una laboriosidad enorme. Más de cuarenta grupos liberales habían sido formados en México y con grandes esfuerzos se les iba proveyendo de armas. Los hombres sanos del feudo de Díaz se agruparon en torno a Regeneración y a Ricardo Flores Magón, secundando la labor revolucionaria antiporfirista.

Cananea, Sonora

La barbarie gubernamental de México iba en crescenso. Los crímenes de Cananea, de Veracruz, de Río Blanco llevaron a todas las conciencias honestos una hola de odio a la tiranía, He aquí como describe en junio de 1906 el periódico socialista Appel to Reason de Girad, Kansas, los sucesos recientes de Cananea:

Cananea en el territorio de la República de México, en el Estado de Sonora, está situada cerca de la frontera de Arizona; su población es de 25000 habitantes; 5000 mineros y fundidores trabajan en esa región. El término medio del salario para los obreros norteamericanos es de 3 dólares 50 centavos en oro; a los mexicanos, por el mismo trabajo no se les paga más que tres pesos de moneda mexicana, o sea dólar y medio, oro, Una ley del Estado de Sonora impide la elevación de los salarios sin la autorización previa del gobernador. Hace algún ese gobernador, sin duda a causa de sus relaciones amistosas con los propietarios de esas minas, redujo una cuarta parte del salario de los mineros mexicanos.

Cansados de sufrir tales condiciones, los peones pensaron en pedir un aumento en sus salarios. El primero de junio por la mañana, se presentaron todos los directores de las minas de Cananea para hacer valer sus reivindicaciones; su actitud era la de hombres pacíficos.

El director, coronel Green, rodeado por una banda de sicarios armados de fusiles, respondió a las justas reivindicaciones de los peticionarios ordenando a su criados que fusilaran sin piedad a los obreros mexicanos, y dio él mismo el ejemplo haciendo fuego sobre peones. La primera descarga fue terrible. Cerca de cien cadáveres y varios centenares de heridos cayeron en tierra. Los mineros trataron de defenderse con cuchillos y piedras: hasta intentaron apoderarse de la persona del coronel Green, pero fueron masacrados después de una resistencia heroica. Durante la cual fueron un cierto número de sicarios del director. Esta carnicería tuvo lugar a cuarenta millas de la frontera de Arizona, en la gran cuenca cuprífera que se extiende desde los Estados Unidos hacia el centro de México. Como en todos los otros Estados de la República mexicana, los capitalitas norteamericanos son dueños de esa región minera cuya principal compañía es conocida con el nombre de «Grenn consolidated Minig Company»; han establecido relaciones amistosas con el gobierno de Díaz y las autoridades de Sonora.

Y todas esas noticias trágicas de la vida del pueblo mexicano eran silenciadas por la prensa, sometida al dictador; y cuando era preciso hablar de dichos hechos; la desfiguración y las calumnias contra los trabajadores estaban a la orden del día. Los caídos de Cananea, después de haber sido fusilados tan despiadadamente, fueron insultados por la prensa porfirista, la única que podía aparecer en México.

El programa del Partido Liberal

El 1º de julio de 1906 se expidió el programa del partido liberal Mexicano; el programa en si aun no rebela las ideas libertarias que iban muy pronto a caracterizar toda labor de la junta Organizadora y de su órgano Regeneración. He aquí las reformas constitucionales propiciadas por el partido:

Reducción del periodo presidencial a cuatro años y supresión de la reelección presidencial y los gobernadores de los Estados; supresión del servició militar obligatorio y establecimiento de de la guardia nacional; aumento de la responsabilidad de los funcionarios públicos, impidiendo severas penas de prisión para los delincuentes: supresión de los tribunales militares en tiempos de paz. Se proponen diversas medidas para el fomento de la instrucción pública y clausura de las escuelas pertenecientes al clero; enseñanza laica, etc. Diversas reglamentaciones pendientes a restringir los abusos del clero católico. Jornada de ocho horas y salario mínimo en toda la república; protección a la infancia; higiene de los talleres; abolición de las actuales deudas de los jornaleros en el campo para con los amos; descanso dominical; en una palabra, todas las reivindicaciones que constituyen hoy el programa practicó de los partidos socialistas obreros. Respecto de las tierras, los liberales proponían: «Los dueños de tierras están obligados hacer productivas todas las que posean; cualquier extensión de terreno que el poseedor deje improductiva, la recobrara el Estado y la empleará conforme a los artículos siguientes».

A los mexicanos residentes en el extranjero que lo soliciten, los repatriará el gobierno pagándoles los gastos de viaje, y les proporcionara tierras para su cultivo.

El Estado dará tierras a quien quiera que las solicite, sin más condiciones que dedicarlas a la producción agrícola y no venderlas.

El programa del 1º de julio d 1906 se debe en gran parte a Juan Sarabia; Ricardo Flores Magón contribuyo en su parte más radical; pero se comprende que para él, como para otros muchos amigos del Partido Liberal, ese programa tenía solo un valor pasajero para atraer liberales, elementos entre los que se encontraba la parte honesta y sincera del pueblo mexicano, y para no alejar repentinamente por el radicalismo de las demandas y reivindicaciones a una mayoría de afiliados. Sin embargo, creemos que de haber triunfado el partido liberal en su primera tentativa, desgraciadamente frustrada, muchos de los elementos que dio el anarquista se habrían perdido en la ilusión de hacer la felicidad del pueblo mexicano por decreta gubernativo.

En Canadá

Las persecuciones contra Ricardo Flores Magón y sus compañeros volvieron a poner en peligro la propaganda revolucionaria desde Saint Louis Mo. Para liberarse de nuevos atentados inminentes, y para despistar al gobierno de México, los hermanos Flores Magón y Juan Sarabia se dirigieron a Canadá Rivera y Manuel Sarabia se quedaron en Saint Louis, imprimiendo y enviando Regeneración bajo sobre cerrado.

Los agentes policiales no tardaron en descubrir a los fugitivos en Toronto, provincia de Ontario; en vista del constante espionaje, dejaron secretamente esta ciudad por Montreal, provincia de Québec, donde también se presentaron sus perseguidores.

El 23 de septiembre hubo una señal evidente del despertar del pueblo mexicano, el levantamiento de los grupos liberales de Acayucan y Jiménez; y Ricardo Flores Magón, con los demás miembros de la Junta Organizadora del partido Liberal, resolvió entrar en acción; para ese efecto se dirigió con Juan Sarabia y Villarreal a la frontera de México a El Paso Texas. Unos cuarenta grupos, treinta armados, respondían a las reivindicaciones del Partido Liberal. Pero intervino un hecho insospechado.

La traición. El gobernador Creel

El Estado de Chihuahua, por su proximidad con la frontera de los Estados Unidos, era el más trabajado por los emigrados mexicanos. En el paso se publicaba un bisemanal librepensador dirigido por Lauro Aguirre, la reforma Social; en del Río, Texas, aparecía un periódico de carácter liberal también, El Liberal, de Amado Gutiérrez, y otros más. Todos hacían la obra antiporfirista; y todos con Regeneración a la cabeza, entraban en México, principalmente por el estado de Chihuahua. ¡El gobernador de ese Estado, Enrique C. Creel, un advenedizo de la fortuna, fue el instrumento del despotismo que tuvo el honor de sofocar tras los muros de San Juan de Ulúa, y en sangre, el primer ensayo de rebelión armada de los Revolucionarios mexicanos!

Por informes confidenciales, Enrique C. Creel supo que se preparaba en el Paso un movimiento insurreccional; el 4 de octubre de 1906 envió el siguiente telegrama al déspota:

Presidente general Porfirio Díaz, palacio nacional, México. – En El Paso, Texas, existe un centro revolucionario encabezado por lauro Aguirre[1] que está activando mucho sus trabajos. Tiene reuniones todas las noches. Se cree que Magón o Sarabia están escondidos en el paso, Están solicitando para dar algún golpe. Creo conveniente que el general Vega vaya a Ciudad Juárez a vigilar al enemigo y a infundir respeto. Escribo. – El gobernador.

Porfirio Díaz respondió inmediatamente en el sentido que le general Vega fuese a infundir respeto; pero no con veinticinco hombres, como Creel pedía en su carta si no con cien o más, y con la misión de denunciar los hechos a las autoridades de el Paso por medio del, cónsul. En la carta que siguió al telegrama, el gobernador Creel comunica al general Díaz, entre otras cosas:

El jefe político de ciudad Juárez me ha comunicado que se cree que estuvo Magón en el Paso, Texas, pocos días antes del 15 de diciembre, y que después ha viajado de incógnito por la frontera de Texas y que probablemente se encuentre escondido en el Paso, Texas.

En la misma carta comunicaba también al déspota:

«he escrito a Saint Louis, Mo., solicitando un detective americano de confianza para situarlo en el Paso, Texas, y espero que sus servicios han de ayudarnos bastante para descubrir todo lo que esos malvados están haciendo».

Se ha descubierto que le gobernador Creel tenía a su servicio, desde mucho antes, detectives norteamericanos a sueldo del gobierno de México, para vigilar los pasos de los liberales expatriados en Estados unidos. Un corredor de anuncios, de la agencia «Pikerton» de detectives, se acerco al grupo editor de Regeneración y consiguió obtener algunos datos concernientes a las actividades de la Juntaorganizadora del partido liberal. En el informe rendido a Creel, por el detective, se lee la siguiente filiación de Ricardo Flores Magón:

Alto, cinco pies, ocho pulgadas.
Cuerpo: es bastante gordo.
Peso: aproximadamente 225 libras.
Color de los ojos: muy negros.
Color de cabello: negro rizado.
Color de tez: trigueño obscuro.
¿Fuma? Es un gran fumador de cigarros
¿Habla mucho? Es más bien serio, pero tiene facilidad para hablar y se expresa con elegancia.
¿Habla inglés? Muy poco.
¿Tiene mucho pelo? Bastante
¿Qué edad tiene? Representa como cuarenta y cuatro años.
¿Es casado? No¿Qué otras cosas puede usted decirme sobre el señor Magón?
– Que es un periodista muy inteligente, trabajado; activo, ordenado, que nunca se emborracha, que escribe muy bien a maquina, que se hace respetar de las personas que lo acompañan; que tiene un carácter muy resuelto y muy enérgico y que está fanatizado por la causa que persigue. Con ese fanatismo brutal y peligroso que tienen los anarquistas.

En el mismo informe, rendido el 28 de octubre de 1906, se lee igualmente:

De todo el grupo de Regeneración ¿a quién considera usted al hombre más peligroso?

– Sin duda a Ricardo Flores Magón.

Y si Ricardo Flores Magón fuese aprendido y puesto en la cárcel por varios años, ¿Qué sucedería?

– En el acto se acabaría todo ese movimiento alarmista y agitador, pues él, don Richard, es el alma de todo, y sin él nada harían las otras personas...[2]

El general Vega no quedó intacto en Ciudad Juárez en donde fue enviado para imponer respeto. Lo mismo hacían los jefes políticos de los diversos distritos. Oficiales del general Vega se fingieron amigos de los revolucionarios y consiguieron traer varios a Ciudad Juárez. De ese modo cayeron Juan Sarabia, V. de la Torre y César Canales el 19 de octubre. En el paso, Texas, el mismo día fueron arrestados Antonio I. Villarreal, Lauro Aguirre y J. Cano. En una carta al general Díaz, escrita el 20 de octubre, el gobernador Creel, después de dar los informes de los arrestos dice:

Las aprehensiones se hicieron bajo la dirección del señor general don José María de la vega y con la ayuda muy eficaz del jefe político de ciudad Juárez y de su comandante de policía Antonio Ponce. También ha prestado muy buenos servicios el capitán Castro, y mucho ha trabajado el cónsul Mallén, aunque le hacen algunos cargos por haberle faltado tino para aprehender a Ricardo Flores Magón...

En El Paso se recogieron a los presos documentos y correspondencia que se dieron a la policía de Creel, base para nuevos atropellos. El gobernador de Chihuahua se mostró satisfecho de la labor realizada, deplorando solo que se «se nos haya escapado Magón», como dice en carta al general Díaz.

Ricardo Flores Magón consiguió escapar con Modesto Díaz, mientras la policía lo buscaba en El Paso, y refugiarse en Los Ángeles, California.

El 21 de octubre llegaron Juan Sarabia, César B. Canales y Vicente de la Torre, bien custodiados, a la cárcel de Chihuahua; habían sido transportados de Ciudad Juárez para que el juicio que se les siguiera hiciese un escarmiento; el gobernador Creel quería que el juez de la causa estuviese bajo sus órdenes absolutamente. El déspota telegrafío a su gobernador en Chihuahua, el 23 de octubre:

Diga usted al juez que el caso es excepcional y que debe emplear toda la severidad que sea posible y quepa dentro de la ley, y en algunos casos preparar los procedimientos para que quepa...

Con ese espíritu en las esferas oficiales había que esperar para los presos el máximo d la pena: Juan Sarabia, César B. Canales y Vicente de la Torre fueron condenados a siete años de prisión, en enero de 1907; otros liberales arrestados por los esbirros de Creel en le Estado de Chihuahua, Eduardo Gonzáles, Antonio Balza, Elfego Lugo, Nemesio Tejada, Alejandro Bravo y otros, fueron condenados a penas que variaban 1 a 4 años. Todos ellos fueron a dar con sus huesos a San Juan De Ulúa, presido construido en un islote frente al puerto de Veracruz.

El 30 de octubre, Creel telegrafió al general Díaz: «De las personas comprometidas en Chihuahua, han sido aprehendidas hasta el último. Falta ahora limpiar a otros Estados...» Y la limpia se hizo; numerosos revolucionarios, comprometidos o no en el levantamiento frustrado, fueron encarcelados por largos años en las mazmorras porfiristas. En la Ciudad de México cayeron, entre otros, MartínezCarreón y Pérez Fernández, redactor y administrador, respectivamente, en una publicación satírica de oposición, El Colmillo Público, y condenados a largos años de prisión. Martínez Carreón murió en la cárcel de Belén en la ciudad de México.

En Saint Louis, Mo, donde se publica Regeneración, el golpe de las persecuciones cayó sobre Librado Rivera. He aquí lo que relata el mismo, en carta dirigida a la embajada mexicana en Estados Unidos, en junio 12 de 1921:

En octubre de 1906 fui arrestado sin orden alguna de arresto y enviado a las oficinas de inmigración de Saint Louis, Mo. De ahí se me plagió en ferrocarril, por la noche, camino a México. Los detectives me dijeron que iba a hacer entregado al gobierno de mexicano. Pero repentinamente mis guardianes recibieron un telegrama en la pequeña estación de Ironton, Mo., a ochenta millas de Saint Louis en la cárcel de esa población se me dejó completamente incomunicado durante tres semanas.

El telegrama que hizo paralizar la entrega de Rivera a las autoridades mexicanas se debió a una enérgica campaña de varios periódicos de Saint Louis, que exigieron noticias sobre la suerte del detenido., el cual debió ser devuelto y entregado al juez competente, con una acusación falsa por asesinato y robo en México, durante la huelga de Cananea, en junio de 1906. Los testimonios a favor de Rivera fueron de tal naturaleza, que el juez no pudo menos de ponerlo en libertad. Y como el cónsul mexicano no quería soltar su presa y pretendía tramar una nueva acusación. Rivera huyo del juzgado y, después de alguna permanencia en Saint Louis y una penosa peregrinación a pie, consiguió llegar a los Ángeles, California, en junio de 1907.

He aquí la declaración del juez que atendió el caso contra Librado Rivera:

Ciudad de Saint Louis, Estado de Missouri.

Yo, por la presente, certifico que previa audiencia pública habida ante mí, en mi oficina de esta ciudad, este día 30 de noviembre de 1906, estando presente el acusado y habiendo resultando las pruebas presentadas por los demandantes, en lo absoluto de índole política, el acusado, Librado Rivera, fue absuelto, James R. Gray, comisionado de los Estados unidos en Saint Louis.

El mismo caso de Librado Rivera, acusado de asesinato y robo por el gobierno mexicano para obtener la extradición, le sucedió a otros liberales: a Pedro Gonzáles, Crescencio Villareal, Trinidad García, Demetrio Castro, Patricio Guerra, Lauro Aguirre, etc., etc. Como la maniobra del asesinato y robo no prospero, se recurrió al secuestro y así fueron enviados a México muchos enemigos del porfirismo, donde les esperaba la muerte o le presidio. Otro recurso que se puso en práctica para facilitar la entrega de los revolucionarios por los Estados Unidos, fue la intervención del departamento de inmigración; según as leyes de inmigración, al descubrirse en los Estados Unidos un inmigrante que fuese criminal o anarquista, o que hubiese entrado a la nación ilegalmente, siempre que ese descubrimiento fuere hecho en los tres primeros años de su llegada, podía ser deportado por los jefes de inmigración. El dinero mexicano circuló abundantemente por las oficinas de inmigración y los empleados de éstas tuvieron por consiguiente un evidente interés en complacer al gobierno de México. En el invierno de 1906 fueron deportados por las autoridades del departamento inmigración, ente otros, Lázaro Puente, Abraham Salcido, Gabriel Rubio, Bruno Treviño, Carlos Huberts, Leonardo Villareal y otros, de Douglas; de ellos, Lázaro Puente, editor de un periódico en Douglas, habitaba en los Estados Unidos desde hacía tres años...

Más aun: sucedió más de una vez que los presos destinados a deportación eran entregados a la policía de mexicana en la frontera con las esposas en las manos, y era corriente verlos llegar a la prisión de destino en México con las esposas norteamericanas puestas todavía.

La lista de los detenidos y de los condenados a largos años de prisión por la tentativa frustrada del levantamiento de octubre de 1906 es formidable. Por primera vez la opinión mundial volvió los ojos hacia México y prestó oídos a las defensas de las víctimas del porfirismo. En cuba se constituye un comité de defensa de los presos mexicanos y la prensa obrera de todos los países condenó acerbamente los crímenes del tirano de México. Un colaborador de Temps Nouveaux escribió en el número 29 de junio de 1907:

Se saben muy pocas cosas o casi nada de lo que concierne a ese desgraciado país que se llama México; todo lo que se sabe de él, aparte de la prensa asalariada que se consagra a la repugnante tarea de al déspota que oprime a ese pueblo, es que existe.

Las notas emitidas por tales periódicos nos presenta a Porfirio Díaz, el dictador de México, como un ser sobrenatural que hace la dicha de los mexicanos, los cuales, por reconocimiento, lo reeligen cada cuatro años para que pueda continuar gobernando...

La verdad es, por el contrario, por completo diferente de lo que informa la prensa capitalista. Los mexicanos forman el pueblo más desdichado de la tierra, y la autocracia rusa es cien veces más humanitaria y más liberal que la autocracia mexicana.

Capítulo segundo

Fundación de Revolución en Los Ángeles, California

Cuando Ricardo Flores Magón escapó al arresto en El Paso, Texas, y se dirigió a los Ángeles, California, con Modesto Díaz, sin tener en cuenta el golpe sufrido por la junta organizadora del partido Liberal, sin amedrentarse por las persecuciones y las condenas bárbaras contra los comprometidos en la tentativa insurreccional, se puso de inmediato a continuar la labor interrumpida. A los tres días de su llegada a los Ángeles, el 14 de noviembre de 1906, estuvo apunto de ser arrestado por orden del gobierno mexicano. El 18 de enero de 1907 corrió otro nuevo peligro de ser descubierto. En vista del espionaje de que era objeto su refugio secreto en casa de uno de sus camaradas, partió para San Francisco y Sacramento; desde allí colaboro en un periódico de recientemente fundado para sustituir a Regeneración y que comenzó a aparecer en los ángeles, desde el 1º de junio de 1907 con le nombre de Revolución.

Clarinada de combate

¡Mentira que la virtud se anide solamente en los espíritus sufridos, piadosos y obedientes!

¡Mentira que la bondad se un signo de mansedumbre; mentira que el amor a nuestros semejantes, que el anhelo de liberar sus penas y sacrificarse por su bienestar, sea una cualidad distintiva de las almas apacibles, tiernas, eternamente arrodillados y eternamente sometidas!

¿Qué es un deber sufrir sin desesperarse, sentir sobre sí el azote de la inclemencia, sin repeler la agresión, sin un gesto de coraje?

¡Pobre moral la que encierra la virtud en el círculo de la obediencia y la resignación!

¡Innoble doctrina la que repudie el derecho de resistir y pretenda negar la virtud a los espíritus combatientes, que no toleran ultrajes y rehúsan declinar sus albedríos!

No es verdad que la sumisión revele alteza de sentimientos por el contrario, la sumisión es la forma más grosera del egoísmo; es el miedo.

Son sumisos los que carecen de la cultura moral suficiente para posponer la propia conservación a las exigencias de la dignidad humana; los que huyen del sacrificio y del peligro, aunque se hundan en el oprobio, los cobardes incorregibles que en todos los tiempos han sido un grave obstáculo para el triunfo de las ideas emancipadoras.

Los sumisos son los traidores del progreso, los rezagados despreciables que retardan la marcha de la humanidad.

Jamás al altruismo ha germinado en esos temperamentos morbosos y amilanados; el altruismo es patrimonio de los caracteres fuerte, de los abnegados que aman demasiado a los demás para olvidarse de sí mismos.

¡Mentira que la sumisión se un acto digno de encomio, mentira que la sumisión sea una prueba de sanidad espiritual! Los que se somete, los que renuncian al ejercicio de sus derechos no solo son débiles: son también execrables. Ofrecer el cuello al yugo sin protestar, sin enojo, hacer obra de degradación, de propio envilecimiento; es infamarse a sí mismo y merecer el desprecio que mortifica y el anatema que tortura.

No hay virtud en el servilismo. Para encontrarla en esta agriada época de injusticias y opresiones, hay que levantar la vista a las alturas luminosas, a las conciencias libres, a las almas batalladoras.

Los apóstoles que predicando la paz y el bien conquistaban la muerte; los abocados del sacrificio; los que creían sacrificarse marchando indefenso al martirio; los virtuosos del cristianismo, no surgen ni son necesarios en nuestros días; se ha extinguido esa casta de luchadores, desapareció para siempre, envuelto en el sudario de sus errores místicos. Con su ejemplo nos legaron una enseñanza viva que la mansedumbre es la muerte. Predicaron y sufrieron. Fueron insultados, escupidos, pisoteados, y jamás levantaron su frente indignad. La gestación de sus ideas fue muy lenta y muy penosa, el triunfo, imposible. Faltó en ellos la violencia para demoler los castillos del retroceso, la pujanza bélica para abatir al enemigo y enarbolar con férreo puño los estándares vencedores. Su ejemplo de corderos no seduce a las nuevas falanges de reformistas, sublimes por su consagración al ideal, pero perfectamente educados en la escuela de la resistencia y las agresiones.

Luchar por una idea redentora es practicar la más bella de las virtudes: la virtud del sacrificio fecundo y desinteresado. Pero luchar no es entregarse al martirio de buscar la muerte. La lucha es esforzarse por vencer. La lucha es la vida, la vida encrespada y rugiente que abomina el suicidio y sabe herir y triunfar.

Luchemos por la libertad; acudid a nuestras filas los modernos evangelistas, fuertes y bienhechores, los que predican y accionan, los libertarios de conciencia diáfanas que sepan sacrificarse todo por el principio, por el amor a la humanidad; los que estén dispuestos a desdeñar peligros y hollar la arena del combate donde han de producirse escenas de barbarie, fatalmente necesarias, y donde el valor es aclamado y el heroísmo tiene seductoras apoteosis.

¡Acudid los cultores del ideal, los emancipados del miedo, que es negro egoísmo!, ¡acudid!; ¡no hay tiempo que perder!

Concebir una idea es comenzar a realizarla. Permanecer en el quietismo, no ejecutar el ideal sentido, es no accionar; ponerlo en práctica, realizarlo en toda ocasión y momento de la vida es obrar de acuerdo con lo que se dice y predica. Pensar y accionar a un tiempo debe ser la obra de los pensadores, atreverse siempre y obrar en toda ocasión debe ser la labor de los soldados de la liberta.

La abnegación empuja al combate: apresurémonos a la contienda más que por nosotros mismos, por nuestros hijos, por las generaciones que nos sucedan y que llamarán a nuestras criptas, para encarnecernos si permanecemos petrificados, si no destruimos este régimen de abyección en que vivimos; para saludarnos con cariño, si nos agitamos, somos leales al glorioso escudo de la humanidad que avanza.

Laboremos para el futuro, para ahorrar dolores a nuestros pastores. Es fuerza que destruyamos esta ergástula de miseria y vergüenza; es fuerza que preparemos el advenimiento de la sociedad nueva, igualitaria y feliz.

No importa que perezcamos en la azarosa refriega; de todos modos habremos conquistado una satisfacción mas bella que la de vivir: la satisfacción de que en nuestro nombre la historia diga al hombre de mañana, emancipado por nuestro esfuerzo: «hemos derramado nuestra sangre y nuestra lágrimas por ti. Tú recogerás nuestra herencia».

Hijo de los desesperados, tú serás un hombre libre.

Otro editorial de Flores Magón

En el segundo número leemos en un editorial también debido a Ricardo:

La revolución que se inició a fines de septiembre del año pasado y que está próxima a continuar, es una revolución popular, de motivos muy hondos, de causas muy profundas y de tendencias bastantes amplias. No es la revolución actual del género de Tuxtepec, de la Noria, verdaderos cuartelazos fraguados por empleados mismos del gobierno por ambiciosos vulgares que no aspiran a otra cosa que a apoderarse de los puestos públicos para continuar la tiranía, que trataban de derribar, o para sustituir en el poder a gobernantes honrados como Juárez y como Lerdo de Tejada, a cuya sombra los bandidos no podían medrar. Una revolución como aquellas. Que encabezo Porfirio Díaz o como las que antes de la guerra de Tres Años se siguieron una después de otra en nuestro desgraciado país; una revolución sin principios, sin fines redentores. La puede hacer cualquiera en el momento que se le ocurre lanzarse a la revuelta y bastará con apresar a los que hacen de cabecillas para destruir el movimiento; pero una revolución como la que ha organizado La Junta de Saint Louis. Missouri, no puede ser sofocado ni por la traición, ni por las menazas, ni por los encarcelamientos, ni por los asesinatos. Eso es lo que ha podido comprobar el dictador y ello provine de su inquietud. No está en presencia de un movimiento dirigido por aventureros que quieren los puestos públicos para entregarse al robo y a la matanza como los actuales gobernantes, si no en un movimiento que tiene sus raíces en las necesidades del pueblo y que, por lo mismo, mientras esas necesidades no se han satisfechas, la revolución no morirá, así perecieron todos sus jefes, así se poblasen hasta reventar los presidios de la república y se asesinase por millares a los ciudadanos desafectos al gobierno...

Una nota que se puede comprobar en todas las publicaciones de Ricardo Flores Magón es una ausencia completa de ambiciones personales de mando, desde los primeros momentos; sin embargo, a juzgar por el programa del partido Libera, del 1º de julio de 1906, habría que haber esperado todo lo contrario, la afirmación de la idea de que todo cambiaría en cuanto al Partido Liberal llegase al pode. No: la propaganda de Ricardo Flores Magón fue siempre inspirada por un soplo libertario innegable pero no del todo consiente en los primeros años.

Fue durante la publicación de Revolución en Los Ángeles, California., cuando entro en contacto con la Junta del Partido Liberal uno de los elementos más simpáticos de la revolución mexicana: Práxedis G. Guerrero, más tarde secretario de la junta. En revolución se encuentran algunas de sus contribuciones literarias a la propaganda. Guerrero, procedente de una familia rica, pudo haber vivido en la abundancia, explotando a los pobres peones; pero abandonó sus riquezas y se entregó a la vida del proletario, compartiendo con sus hermanos de miseria, su dolor y sus amarguras. Entre los que lo conocían gozaba de una gran estima por su bondad, por su austeridad y su abnegación a favor de los oprimidos.

Balance de los acontecimientos de 1906

Queremos transmitir íntegra una circular de los primeros meses de 1906, en la que se hace breve balance de los acontecimientos de fines de 1906:

Estimado y fino amigo: para las personas que ignoran nuestros antecedentes en la lucha desigual que desde hace siete años venimos sosteniendo contra el absolutismo que ha hecho del pueblo mexicano un esclavo y de la patria una dependencia extranjera, la aparente inacción de la Junta podría traducirse como una sumisión de los miembros que la integran a la fuerza del despotismo, lo que significaría una cobarde retirada de la lucha en los momentos precisos en que es menester el arrojo y es urgente hacer de la voluntad un fuerte irreductible

La idea de una retirada del campo de combate no cabe en nuestras almas de suyo rebelde y tenaces. ¡Que retrocedan los cobardes, que cedan los débiles, que se sometan los viles! Nosotros seguiremos en pie esperando con serenidad la suerte que el destino nos depare.

Desde que los obreros mexicanos empleados en las minas de Cananea, Sonora, fueron alevosamente asesinados por los explotadores sin conciencia que la dictadura protege para que mantenga al pueblo en la servidumbre, la Junta y su órgano regeneración han sido perseguidos sin descanso por la dictadura. Roosevelt, el presiente norteamericano, haciendo suya la causa de los perseguidores de los liberales mexicanos, en quienes ven un peligro para el desarrollo y robustecimiento de su imperialismo sobre México, garantizados por el traidor que ejerce la primera magistratura en nuestra patria, no se ha dado descanso en su tarea de poner a los primeros de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano en poder de los verdugos del pueblo, derivándose de eso la sañudo cruzado de que somos objeto.

Estas persecuciones no han menguado nuestros entusiasmos ni han debilitado nuestros propósitos de ver implantado en nuestro suelo el programa expedido de ver implantado en nuestro suelo el programa expedido por la Junta el día primero de julio del año pasado. Para imponer ese programa, para hacer triunfar nuestros ideales de libertad y de justicia, enarbolando la bandera de rebelión a fines de septiembre de 1906. El triunfo era seguro. Cada cláusula del programa responde a una necesidad ingente y avasalladora, y el conjunto de dicho documento es la suma de aspiraciones sanas del pueblo cansado de la miseria y de la tiranía.

La organización revolucionaria fue lo más perfecta posible. Los grupos de ciudadanos intrépidos, prestos a levantarse a la primera señal de la Junta, esperaban con ansia el momento deseado de lanzar el guante al despotismo y a la explotación. La señal fue dada; pero la traición había espiado parte de los planes de la Junta y las cárceles de la república y de los estados unidos se poblaron de hombres resueltos y dignos. Fue aquel momento de prueba para el Partido Liberal. Traicionado por dos villanos oficiales del ejército del dictador; perseguidos sin tregua todos aquellos que por su conducta digna despertaban desconfianzas a un gobierno de ladrones y de traidores; encarcelados por todas partes liberales distinguidos y aún varios miembros de la Junta, uno de los cuales, el vicepresidente de la misma, el abnegado Juan Sarabia, extingue en la fortaleza de San Juan de Ulúa la condena de siete años de prisión que le impuso el juez del distrito de Chihuahua por orden del autócrata, ni un momento flaqueó el partido heroico que en le actual momento de la historia de su historia sin mancha está destinado a poner la primera prieta de la verdadera libertad y de la verdadera justicia.

Por la traición solamente dos grupos insurgentes pudieron efectuar el levantamiento; el de Jiménez y el Acayucan, pues cuando la junta se iba a constituir en ciudad Juárez, cuyo hecho, era otra de las señales para el levantamiento de otros grupos de la república, Juan Sarabia fue aprehendido en dicha ciudad, y con él los principales jefes del movimiento, la víspera del día señalado para ser tomada por las fuerzas liberales, mientras en el Paso, Texas, el secretario de la junta, Antonio I. Villareal, fue puesto en la cárcel, habiendo escapado por una mera casualidad el presidente de la sima que se encontraba en el propio lugar. En Saint Louis, Missouri, el primer vocal, profesor Librado Rivera, fue plagiado por las autoridades norteamericanas en combinación con las mexicanas y hubiera sido conducido a México si la prensa norteamericana no hubiera clamado justicia. El intrépido liberal Aarón López Manzano que por varios años ha acompañado a los miembros de la Junta como compañero de labores, fue también reducido a prisión en Saint Louis y se le hubiese pasado a México si no hubieran concurrido las mismas circunstancias que impidieron la cobarde entrega de que iba hacer victima el primer vocal de la Junta.

Antonio I. Villareal iba hacer entregado a las autoridades mexicanas cuando se fugó, dejando burlados a los sicarios norteamericanos y a los verdugos en México.

A pesar de todo, los trabajos en pro de la libertad han seguido su curso. Los fracasos anteriores, debido a la traición y a la connivencia del impulsivo de la casa blanca con el traidor presidente de México, quien está haciendo donación vergonzosa del país a los capitalistas norteamericanos, no han tenido otro efecto que redoblar nuestros esfuerzos para salvar de una servidumbre perpetua a un pueblo digno de la mejor suerte.

Por otra parte, el pueblo norteamericano, el que trabaja y piensa, ha criticado acerbamente la conducta atrabiliaria de Roosevelt, como lo demuestra el hecho da haberse puesto la presa a nuestro favor cuando ese magnate extremó sus persecuciones... por más que la dictadura lanzó la maquiavélica especie de que tratábamos de hacer una revolución anti-extranjera, la verdad brilló al fin y todos se convencieron de que no somos enemigos del extranjero, si no de los explotadores y de los tiranos, sean extranjeros o mexicanos.

Los trabajados para derribar el despotismo avanzan con firmeza y solo se hace sentir la necesidad de la prensa para que su voz prestigiosa anime a todos a deshacerse del yugo y hacer libres. Queremos completar nuestros trabajos con la reanudación de la publicación de Regeneración, y para lograr nuestros deseos patrióticos nos dirigimos a aquellos de nuestros amigos que mayores pruebas de espíritu liberal han dado para que nos ayuden a reanudar la publicación del periódico, enviando fondos.

También deseamos publicar un manifiesto a la nación en le cual explicaremos, con abundancia de detalles, nuestra actitud y nuestra voluntad de derribar por la fuerza de las armas a un gobierno sordo a las quejas de un pueblo que desfallece por el hambre y la esclavitud.

Esperamos que usted nos ayudará con fondos para la empresa que entre manos tenemos y que invitará a sus amigos a que contribuyan con lo que puedan considerando que los actuales trabajos de la Junta requiere sumas enorme, puesto que ya no solo se trata de propagar el ideal, si no de hacerlo triunfar por medio de la fuerza, único argumento que convence a los opresores de los pueblos.

Para envió de cartas y dinero, hágase uso exclusivamente de la siguiente dirección: señor Melquíades López, box 50, Bridgeport, Texas.

En espera de sus letras quedamos sus amigos y correligionarios que lo aprecian, R. Flores Magón, presidente. Antonia I. Villareal, secretario.

El secuestro de Manuel Sarabia

He aquí un suceso que rebela hasta qué punto extremaba Díaz sus persecuciones y hasta qué punto tenía cómplices y agentes en los Estados Unidos.

El 30 de junio de 1907, el guardia rural San Hayhnrst encontró en una calle de Douglas a Manuel Sarabia. El rural le puso la pistola en el pecho y lo declaró preso, sin orden alguna de arresto. Como, Sarabia se negaba a seguirlo, el guardia rural solicito ayuda y Sarabia fue llevado a la cárcel, donde estuvo incomunicado con centinela a la vista. Por la noche del día de la detención, dos individuos despertaron al preso, le pusieron esposas y lo condujeron a un automóvil que esperaba a la puerta de la cárcel. Como adivinase que ese trataba de transportarlo a México, procuró resistirse y se le cerró la boca y se le vendaron los ojos. El automóvil partió a gran velocidad y al poco tiempo, llego a la frontera de mexicana; el preso fue entregado a diez soldados porfiristas. Sarabia fue montado en un caballo, cuyas riendas tomo uno de los soldados. A las doce del día siguiente llegó la caravana a una estación y desde allí Sarabia fue transportado en tren a la cárcel de Cananea. Desde allí, el 3 de julio fue trasladado a la cárcel de Hermosillo, donde estuvo seis días incomunicado, a cuyo término fue puesto en libertad y devuelto a Douglas. ¿Qué había pasado mientras tanto?

Existía en Douglas un diario The Douglas Industrial, que denuncio el secuestro y que realizó una enérgica campaña[3], a la que se debió que la población indignada realizase manifestaciones públicas y buscase con una cuerda al cónsul mexicano para ahorcarlo; la protesta de la publicación de Douglas obligó a las autoridades norteamericanas a reclamar de nuevo a Manuel Sarabia, que había sido secuestrado con su complicidad, y el gobierno de México no pudo menos que ceder para evitar el escándalo de la prensa.

La devolución de Manuel Sarabia fue una derrota de gran significación para el tirano de México y un triunfo para los liberales.

Nuevos arrestos

Veinte mil dólares por al cabeza de Flores Magón

En julio de 1906 regresaron ocultamente a Los Ángeles, Ricardo Flores Magón, Antonio I. Villareal, y Librado Rivera. Enrique flores Magón se había quedado en Canadá desde 1906, y regresó a Estados Unidos a mediados de 1908.

Mientras tanto aparecía Revolución regularmente en pequeño formato, con la colaboración incesante de Ricardo y de Praxedis G. Guerrero. Modesto Díaz figuraba como administrador. En este periódico se comprueban ya claros destellos anárquicos o, cuando menos, un comienzo de evolución y de olvido de los principios del programa del partido liberal; se predica la toma de a tierra, el antiparlamentarismo, la guerra de los pobres contra los ricos, y la critica al tirano se va convirtiendo poco a poco en criticas a la tiranía en sí, y un par de años más tarde en crítica al principio de autoridad. En Revolución, que fue suspendida en 1908 por la persecución desatada contra sus redactores, está el germen de muchas ideas favoritas de Ricardo Flores Magón que habría de hallar su exposición y su propagación sistemática más tarde.

El 23 de agosto de 1907fueron arrestados Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Antonio I. Villareal en los Ángeles; se había tramado todo un plan para transportarlos a México clandestinamente y entregarlos a la venganza del general Díaz; el dinero mexicano doblegaba todos los escrúpulos de la policía y las autoridades de los Estados Unidos, las que, por otra parte, no pecaban de escrupulosas. Desde hacía meses circulaban noticias ofreciendo veinte mil dólares por la captura de Ricardo Flores Magón. Y en las oficinas de correos de las ciudades norteamericanas fronterizas se encontraban carteles con el ofrecimiento y las señas personales del odiado rebelde. La tarde del 23 de agosto de 1907 se tenía preparado un automóvil; pero los arrestados al darse cuenta de que se trataba de un secuestro, comenzaron a gritar sus nombres y a llamar la atención pública; a causa de esa resistencia, Ricardo y sus compañeros fueron brutalmente golpeados por los esbirros y cayó Ricardo un momento a la tierra bañado en sangre. En vista de la imposibilidad de realizar el secuestro, Ricardo, Librado Ribera y Antonio I. Villareal fueron enviados a la cárcel, bajo la acusación de resistencia a la autoridad, cuando en realidad la causa era la obediencia a un plan premeditado para acabar con los inspiradores del movimiento antiporfirista en alguna prisión mexicana.

Los esbirros que realizaron el arresto de los revolucionarios fueron: Thomas H. Furlong, jefe de la agencia Pinkerton de Saint Louis, Mo., y otro detective norteamericano, Samuel, de la misma agencia, ayudados por dos famosos espías mexicanos llamados Talamantes y Rico, de los Ángeles. Furlong se vanagloriaba públicamente de nadar tras Ricardo Flores Magón desde hacía tres años y de no haber perdido el tiempo plazo, pues había entregado al gobierno mexicano ciento ochenta revolucionarios refugiados en Estados Unidos. Días antes del arresto había estado en los Ángeles Enrique C. Creel, entonces embajador de México en los Estados Unidos; procedía de Washington, y conferenció con los capitalistas que había recibido grandes concesiones en México, contratando los mejores abogados del sur de California para que secundaran la lucha del porfirismo contra sus enemigos; entre esos abogados figuraban Henry T. Gage, ex gobernador del estado de California; Cray, Barrer y Bowen, asociados con Flint, senador de los Estados unidos, y con Horace Appel. Es de notar también, como prueba de complicidad del gobierno de los Estados Unidos, que el procurador general envió un telegrama al abogado del distrito de la corte de apelaciones de San Francisco, California, recomendándole que procediera de modo que fuese imposible la fianza para Ricardo flores Magón y compañeros, diciendo: «Resista a toda costa los procedimientos en el caso de apelación de Magón y compañeros por que son deseados por México».

Dos abogados, Job Harriman y A. R. Holston, se hicieron cargo de la defensa de los presos, en cuyo favor se realizaron mítines de protesta y una campaña periodística internacional incesante. Eso los salvó de la entrega al gobierno mexicano.

A continuación publicamos las declaraciones hechas por el detective Furlong ante la corte de justicia de Los Ángeles, California, respondiendo a preguntas del defensor de Ricardo Flores Magón y compañeros:

Harriman defensor – ¿A qué negocio se dedica usted?

Furlong – Soy el presidente y gerente de la compañía Furlong de servicios secreto de Saint Louis, Mo.

Harriman – ¿Usted ayudo aprehender a estos hombres?

Furlong – Yo lo hice

Harriman – ¿Qué derecho le asistía?

Furlong – Ese es objeto que se deducirá de las declaraciones.

Harriman – ¿Tenía usted orden de aprehensión?

Furlong – No señor.

Harriman – ¿Los capturo si orden de aprehensión?

Furlong – Sí señor.

Harriman – ¿Usted se apoderó de algunos objetos de la propiedad de ellos, sin su autorización?

Furlong – Sí señor.

Harriman – ¿Entro en la casa y la registró sin su autorización?

Furlong – Sí señor

Harriman – ¿Y se apodero de los documentos de ellos?

Furlong – Yo no los despojé de los documentos. Yo capturé a ellos y los encerré, y luego volví y cogí los documentos.

Harriman – ¿Los tomo de la casa de los detenidos y los conservó en su poder? ¿No fue así?

Furlong – No señor; los entregue más adelante.

Harriman – Bien; ¿Usted los retuvo en su poder tanto como lo creyó conveniente?

Furlong – Sí señor.

Harriman – ¿Quién le pago para realizar ese trabajo?

Furlong – El gobierno mexicano.

A pesar de demostrar palmariamente la injusticia de la prisión de los tres liberales, el juez se rehusó a ponerlos en libertad, atendiéndose a las acusaciones fraguadas. Para imposibilitar la libertad bajo fianza de, se fijo la caución en cinco mil dólares, y cuando esta suma se iba a depositar, con pretextos fútiles se rechazó la admisión. Al año y siete meses de estar tras las rejas fueron reconocidos «culpables» de conspiración violadora de las leyes de neutralidad, por el intento de trabajar en una insurrección armada contra el gobierno mexicano y condenados a dieciocho meses de prisión, pena cumplida primero en Yuma, Arizona, y luego en Florence, Arizona. Cumplida su condena, el 3 de agosto de 1910 se dirigieron a los Ángeles, California, en donde reanudaron la publicación de Regeneración el 3 de septiembre del mismo año.

Actividades revolucionarias desde la cárcel

La prisión de Ricardo Flores Magón y Librado Rivera estuvo muy lejos de significar una paralización de la propaganda revolucionaria; todo lo contrario; quedaban fuera hombres como Enrique Flores Magón,Práxedis G. Guerrero, Antonio P. Araujo, Jesús M. Rangel y otros que activaron las labores de organización y de propaganda para un nuevo levantamiento, de acuerdo siempre con los presos. Según parece, ya en esa época Ricardo Flores Magón y Librado Rivera mantenían a Antonio I. Villareal ajeno a los asuntos serios del movimiento, por no confiar demasiado en él. Antonio I. Villareal no supo nada concreto de los viajes de Guerrero y Rangel por México para preparar los ánimos a fin de dar un golpe de muerte a la dictadura; Ricardo y Librado tenían el propósito de deshacerse, al salir de prisión, deVillareal que no podía seguir su evolución libertaria; con ese fin le propusieron ir a San Antonio, Texas, pero Villareal, se empeñó en seguir en la Junta en los Ángeles, hasta que por su propaganda Maderista y a favor de la American Federation of Labor en Regeneración fue obligado a definir claramente su posición y se paso al bando de Madero, con el cual ocupó el puesto de cónsul general en España.

Veamos cómo se trabajo por el levantamiento de 1908. Ricardo Flores Magón escribía largas cartas a Práxedis G. Guerrero, a su hermano Enrique y a otros compañeros de confianza; en ella exponía los planes de acción y daba las instrucciones necesarias para la propaganda. Sobre la evolución de la Junta Organizadora del Partido Liberal nos dice mucho este pequeño fragmento de una carta de Enrique Flores Magón a su hermano Ricardo, caída en manos de la policía porfirsita, que la publicó en La Patria, 4 de septiembre de 1908, en México:

Decididamente solo a Escoffie y a Pérez concederemos acceso, siempre que no hayan perdido sus ideales anarquistas. Si los perdieron, esperamos a que se den a conocer algunos anarquistas inteligentes, para hacerlos miembros de la Junta, estando de común acuerdo en la elección, Práxedis, tú, Librado, y yo, que somos del mismo ideal...

Se preguntará uno cómo armoniza el Programa del Partido Liberal del 1º de julio de 1906 con los ideales anarquistas, y no se halla fácilmente una respuesta concreta; pero hay que suponer que los miembros libertarios de la Junta tenían, ante todo, fe en el pueblo insurreccional y confiaban que una vez con la armas en las manos los hechos y las circunstancias impondrían el verdadero programa realizable. Por otra parte, existía el, deliberado propósito de arrastrar hacía el anarquismo al elemento liberal, y por eso la Junta, desde 1908 en adelante, compuesta por anarquistas, procedía con ciertas consideraciones tácticas.

Copiamos otro párrafo significativo de una carta de Enrique Flores Magón a Práxedis G. Guerrero, escrita el 9 de junio de 1908 y caída en manos de la policía, que publicó en La Patria el 25 de septiembre de 1908. Dice así:

Diga, Práxedis: Debo de ser franco, le diré que creo malo y arriesgado el paso que usted vaya a Juárez antes del movimiento; casi lo considero un acto carente de prudencia. Recuerde usted lo que tanto nos recomienda y aun suplica Ricardo, que no nos pongamos a caer en las manos de nuestros enemigos; y pensando las razones que Ricardo da, concluye uno por darle la razón.

Efectivamente, Práxedis; por lo pronto, aunque seamos anarquistas, debemos considerarnos jefes del ejército liberal y, por nuestros mismo carácter de jefes, debemos cuidarnos para impedir que con nuestra caída venga el caos y la confusión que Ricardo presidente y nos marca acertadamente, puesto que las circunstancias especiales por las que atraviesa el movimiento nos colocan en la lucha como jefes, y hasta con una bandera que seguir en el combate y por la cual luchar. No crea usted por eso, mi buen Práxedis, que la megalomanía ha hechos presa en mí también, como en nuestros pobres compañeros Antonio (Villareal) y Manuel (Sarabia); no, no desconozco mis pocas aptitudes para jefe, ni mi escaso mérito de luchador para ser tomado como una bandera; pero, a la vez tampoco me es ignorado que nuestros correligionarios, no conociéndonos a todos nosotros personalmente, ni estando en aptitud de estudiarnos y analizarnos, creen que todos los de la Junta tenemos la vigorosa capacidad mental de Ricardo o de Juanito (Sarabia). Como quiera que sea, el caso es, Práxedis, que si usted o yo, o ambos a la vez, cayésemos en manos de nuestros enemigos traería el desaliento, la desorganización y aun el desbando en nuestras filas, lo que, como cuando la traición en Juárez, acarrearía un fracaso peores consecuencias que las originadas por aquel de 1906...

De una cosa estaremos seguros: que los miembros anarquistas de la junta no aspiraban a beneficios personales ni al mando, y si a pesar de todo obraban con mentalidad que acusa esta carta, debe atribuirse, lo repetimos, a su fe en la masas insurrectas y a la acción libertaria en le periodo de la revolución. La Junta obra así para madurar los tiempos, cono diría Erico Malatesta. Algunos anarquistas que no comprendieron eso han llevado contra el movimiento liberal un principio de propaganda de descrédito, de lo que hablaremos más adelante.

Carta de Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique

La larga carta siguiente de Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique, publicada por La Patria y reproducida por el País, diario católico de la ciudad de México, el 8 de agosto de 1908, nos da una idea de las actividades desarrolladas durante la permanencia de su autor en la cárcel.

La trascribimos tal como ha sido publicad, advirtiendo que la autenticidad absoluta no podemos afirmar nada, pero que con toda la probabilidad ha sido escrita por Ricardo, aunque las autoridades porfiristashayan añadido o desfigurado algún párrafo:

Los Ángeles, junio 7 de 1908.
Sr. Don Enrique Flore Magón.
El paso, Texas.

Hoy, contesto, querido hermanito, la tuya del 5 del actual, diciéndote que si tú estás ansioso por que se señale la fecha del levantamiento, Librado y yo estamos desesperados, por que tememos que de un momento a otro desbarate los grupos el despotismo.

¿Ya se iría Manrique (Francisco) a Veracruz?

Juan Olivares, uno de los que con nuestro infortunado José Neyra fundaron en Río Blanco Revolución Social y el Gran Circulo de obreros, está comprometido para ir a agitar a los obreros del Distrito fabril de Orizaba. El es obrero tejedor y está en esta nación desde hace dos años que se vino con Neyra. Es miembro del club aquí y trabaja como cajista con Palomares en Libertad y Trabajo. A propósito del periódico se suspenderá por que se va a poner a trabajar Olivares para poder moverse a Veracruz, por lo demás que está perdiendo diez pesos semanales el periódico, y no puede sostener los gastos y juntar algo para moverse los miembros de la mesa directiva que ha comprometido. Si Olivares tiene oportunidad de encontrar en las fábricas a algunos viejos amigos, la revolución podrá hacerse en Orizaba; los mejores obreros han huido de aquellos malditos lugares, y los que no huyeron están en Valle Nacional, Quintana Roo, tres Marías (cárceles porfiristas) y en los cuarteles. Por eso no lleva olivares la seguridad de levantar a la gente, pero lo intentará. Yo creo que Orizaba puede caer en poder de la revolución si se pine en practica el siguiente plan, que he comunicado a olivares para que lo medite sobre el terreno.

En Orizaba debe haber no menos de 1500 hombres contra los cuales no se pueden obrar sino por medio de la dinamita, derribando los cuarteles. Al mismo tiempo, un pequeño grupo se encargara de destruir la maquinaria de Necaxa, que es la que produce la fuerza para las fábricas de Río Blanco, Nogales, Cocolpan, El Yute, y otras más que ay en esa importante región. Entonces, como una avalancha, se echara la masa de obreros sobre Orizaba, cuyos cuarteles en este preciso momento estarán siendo volados y la plaza quedara en manos de la revolución. Orizaba es una ciudad muy rica, de donde pueden sacarse varios millones de pesos, una gran cantidad de armas y municiones de boca y guerra. Si el ataque contra los cuarteles fracasa, de todos modos quedarán sin trabajo más de 2000 obreros con la destrucción de la maquinaria de Necaxa, y esos hombres serán otros tantos rebeldes empujados por el hambre.

Olivares necesita la ayuda de un perito dinamitero; comunica este plan a Velásquez (Juan E Velásquez de Veracruz) para ponerlo de acuerdo.

Así pues, despacharé a Olivares directamente hasta Veracruz para que hable con Velásquez. Ojalá pueda reunir fondos para ponerse en marcha.

¿Con qué dirección podrá encontrar Olivares a Velásquez?

Yo creó que será bueno mandárselo a Joaquín O Serrano para que este lo presente a Velásquez.

¿Podrá encontrarse todavía a Velásquez en la administración de correos del puerto?

No pudo Ulibarri (Fidel) mandar a Prax (Práxedis G. Guerrero) los ejemplares del manifiesto, por que no tiene una dirección segura de él. Voy a decir a Ulibarri que entregue a Salvador (Medrano) esos ejemplares. Tú los mandarás a Prax.

Eustolio (García, asesinado en Austin en 1916) se colocará probablemente esta semana en una casa de comercio y no podrá venir por la correspondencia. El dice que vendrá su mamá; pero la señora, además de que se encuentra enferma con mucha frecuencia, tiene muchos muchachitos, vive relativamente lejos de la cárcel y está muy pobre para hacer gastos de tren. Creo que lo mejor es que Ulibarrilleve y traiga la correspondencia y Salvador (Medrano) no tendrá más que ir por ella a casa de Gaitán (Teodoro), donde dejará a Salvador la que tú me envíes. Si en la visita del viernes me trae Ulibarri tus cartas, será la señal de que fue aprobada la preposición y entonces a él le entregaré lo que tengo para ti.

Con una cruz a la izquierda van señalando los que son buenos amigos en la lista que devuelvo. José T. Reyna, de Cidral. San Luis Potosí, no va señalado con cruz; ese Reyna fue aquel que quería que se le pusiera en comunicación con los grupos rebeldes desde que estábamos en Saint Louis; pero no lo hicimos por haber sido secreta la organización. No sé si será realmente sincero. Advierto que los señalados no están hablados para la revolución, ni sé si aceptaran a formar grupos. No anoté al excelente, Mateo Almanza, de Matehuala, por que no sé si todavía está preso en San Luis Potosí. Sí alguien va a Matehuala, seria bueno se informase de Mateo, que si está libre sería una buena ayuda. Mateo cayó preso días antes de los sucesos de Acayucan y Jiménez (en 1906). Estaba comprometido para levantarse. Lo mismo temo que ocurra otra vez, que caigan buenos gallos como Mateo antes que de que comience el levantamiento, pues es muy difícil que todos los comprometidos al levantarse guarden el secreto necesario. Albino Soto, de Tamasopo, San Luis Potosí, fue unos de los comprometidos a levantarse en el movimiento del año antepasado. En la lista que adjunto en la carta que te mandé el pasado viernes, puse a Celso I. Robledo de Alaquines, y lo anote como José en vez de Celso, por equivocación.

¡Ojalá que logres echar a El Paso a esos cinco compañeros! Yo mandaré diez cuando menos. Lo malo es que no irán armados más que con pistolas, por la maldita miseria; pero los que no tengan armas se armarán aunque sea con piedras; de todos modos sirven los que no tiene armas, pues pueden encargarse de cortar alambre, de forzar las puertas de las armerías y de arrojar bombas.

Hemos pensado mucho sobre la posible invasión gringa con motivo de la revolución. Creemos que si para evitar la invasión se agitase al pueblo norteamericano antes de comenzar el movimiento, no haríamos si no preparar a los dos tiranos. Hay que recordar que se decidió no circular el manifiesto revolucionario precisamente para que Díaz no se preparase y pudiéramos cogerlo descuidado. Por su parte Rossvelt, aun cuando no invadiera, mandaría sus tropas a la frontera y perderíamos de realizar parte del plan, no pudiendo meter compañeros de esta nación, como los diversos grupos de Texas. No se podría tomar ciudad Juárez con la gente reclutada en esta ciudad, ni Díaz Guerra (Encarnación, defeccionó más tarde) podría pasar la línea con su gente y así sucesivamente. Pero no es esto todo: el pueblo norteamericano y aún los trabajadores organizados de este infumable país no son susceptible de agitarse. Lo hemos visto en nuestro caso. Saben bien las uniones y el partido socialista que no somos unos policastros de los que hacen revoluciones en América Latina. Nuestro manifiesto lo expresó de modo de no dejar lugar a duda alguna. Me refiero al manifiesto al pueblo norteamericano. Pues bien, la agitación duró muy poco. Solo las uniones de esta ciudad hicieron algo. Fuera de aquí, con excepción de pasadera, nada ha habido de una manera sistemática, como requería una formal campaña en nuestro favor.

Aquí y acá y de tiempo, han aparecido parrafillos en los periódicos obreros, ora socialistas, ora unionistas; pero no ha habido verdadera campaña en nuestro favor, a pesar de que es flagrante la confabulación de los dos gobiernos y de lo maltrecha que por polizontes y por jueces han quedado las leyes de este desgraciado país.

Los norteamericanos son incapaces de sentir entusiasmo e indignación. Este es un verdadero pueblo de marranos. Vean ustedes a los socialistas: se rajaron cobardemente en su campaña por la libertad de palabra. Vean ustedes a la flamante American Federation Of Labor con su millón y medio de miembros, que no pueden impedir los «injuctions» de los jueces cuando declaran, van contra las uniones o mandan estos delegados organizadores a lugares en que no hay trabajo organizado. Estos atentados contra socialistas y uniones son tremendos, pero no conmueven a esta gente.

Los sin trabajo son dispersados a machetazos como en Rusia. Roosvelt pide al congreso que se le faculte a las administraciones de correos para ejercer la cesura sobre los periódicos; la nación se militariza a pasos de gigante; a pesar de todo, el paquidermo anglosajón no se excita, no se indigna, no vibra. Si con sus miserias domesticas no se agitan los norteamericanos ¿podremos esperar que les importen las nuestras?

Quizás, por lo ansioso que son estos animales por las noticias de sensación, puede ser fructífera una agitación cuando hay estallado el movimiento, si todavía no nos invade la chusma de piel roja y se sabe entonces que se prepara a echarnos a sus soldados. La noticia de la revolución en marcha sí estoy seguro que llamara la atención de los gringos por ser efectos sensacionales, y entonces, si todavía no somos invadidos, tal vez pudiera agitarse la opinión a nuestro favor y evitarse la invasión.

Continúo esta carta hoy día 8 de junio. Tal vez si comenzamos una agitamos en contra de la invasión gringa, antes de que se hay decretado tal invasión, o de que Roosvelt dé los primeros pasos para efectuarla, lo que conseguiríamos sería que comprendieran nuestra impotencia, y entonces, si no tenían pensado intervenir, lo harían seguros de nuestra debilidad

A mayor abundamiento, los gringos, tarde o temprano, tienen que echársenos encima para adueñarse de la Baja California, cuya propiedad anhelan por la buena o por la mala. En México hay en estos momentos una tremenda agitación antigringa, y aunque cobardemente se acusa de traidor al gobierno, bastaría la sola amenaza de Rossvelt de invadirnos para que nuestras filas aumentaran, con el fin de acabar cuanto antes con el gobierno del traidor, y si de todos modos nos invade el gringo, tendrá que luchar con un pueblo altamente excitado por los abusos yanquis y en completa tensión de nervios en virtud de la revolución. Alguna vez tendrán que atacarnos los gringos, pues si lo hacen cuando el pueblo esté rebelado contra Díaz, precipitarán la caída del dictador, por que el pueblo verá claramente aRoosvelt —como aliado de Díaz para esclavizarnos—, perder nuestra autonomía. Por supuesto que una vea comenzada la revolución, si hay peligro de invasión, debemos agitar a los fríos y estúpidos norteamericanos. ¿Qué opinan ustedes?

Voy a hablar acerca del movimiento. Los grupos números...[4] Estarán completamente listos, esto es, armados como ellos y nosotros deseamos. Si esperásemos a que queden los grupos completamente listos, no podría estallar nunca la revolución, y de aplazamiento en aplazamiento se iría pasando el tiempo y los grupos contadísimos que ya estuvieran listos caerían en desaliento; se necesitaría entonces volver a visitarlos, comenzar a alentarlos de nuevo, y mientras se conseguía eso, los grupos que por no estar listos, habían ocasionado la demora y el desalientote de los ya listos, se desalentaría a su vez, por el aplazamiento que fuera acordado para reorganizar los desanimados y así se seguiría aplazando hasta no sé cuando. Debemos, pues, renunciar a la esperanza de tener una perfecta organización de grupos absolutamente listos. Lo que hay que hacer, según nosotros, es obtener de los grupos el «ofrecimiento solemne» de levantarse el día que se fije como quiera que se encuentren. Si la mitad, y aún la tercera parte de los grupos que hay, cumplen levantándose, la revolución estará asegurada aunque haya comenzado con grupos miserablemente armados, que siendo varios los grupos rebeldes y extensa la república, no podrán ser aplastados en un día por los esclavos de la dictadura, y cada día de vida para un grupo significa un aumento de personal, aumento de armas y adquisición de recursos de todo género, con la circunstancia, además, de que alentados los valientes en todas partes, seguirán nuevos levantamientos secundados a los bravos que prendieron la mecha.

Hay que tener confianza en que así sucederá.

Veo que además de retardarse, no podrán ser visitados por delegados los movimientos de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Oaxaca.

No será malo, y así lo proponemos a usted, señalar de una vez la fecha para dentro de un mes del día en que se señale.

Se avisaría inmediatamente a Velásquez (Juan E.) por carta que dijera a los grupos de su zona que se levantasen como estuvieran en la fecha fijada.

A los de la tercera zona se les avisaría del mismo modo, así como a los del centro y los del sur.

Se les avisara a Caule para que invadiera Sonora por el noroeste, mientras Huitemea (indio Yaqui) y a su gente revolucionaria en el centro.

Tal vez prisciliano (G. Silva) quiera tener armados sus doscientos hombres y eso es imposible, y será preferible renunciar a la toma de ciudad Juárez y aplazar más al movimiento.

Si no hay delegados ya visitando Veracruz y la tercera zona del norte y la del centro, y sea necesario hacer la notificación de la fecha de los grupos de esas zonas por medio de carta, es absolutamente necesario darles un mes para que se alisten, así lo proponemos a usted, que creemos verán que es necesario hacerlo así, pues no estando al tanto los grupos de esas zonas de los trabajados de la Junta, con excepción de Veracruz, tienen necesidad sus jefes de volver a animar a la gente.

Mucho nos alegraría que estén ustedes de acuerdo con lo expuesto, pues el tiempo es oportuno para lanzar el reto a despotismo. ¿En qué tiempo acabarás los membretes para despachar el manifiesto...? Pide a los buenos amigos que te ayuden, por que urge despachar cuanto antes el manifiesto, para que el amigo que dice Prax que lo llevara a Chihuahua tenga tiempo de hacerlo.

En Chihuahua supongo que el amigo en cuestión pondrá un timbre de a centavo a cada paquetito y echará a bordo de trenes, en los buzones, en la oficina de correos todo el envió. Prax se encargará de decirle el día en que deben darles cursos a los paquetitos. ¿No es así?

Es posible que se haga otro tiro del manifiesto. A ver qué resuelven unos amigos a quienes mandé hablar. Me conformo con que aparte de los cinco mil que hay, tengamos unos diez mil. Ojalá Praxcomprometa al amigo a meter todo lo que hay de ejemplares destinados a México. Muchos saludos cariñosos a Práxedis. Te abraza librado. De mi parte, querido hermanito, te envío un fuerte abrazo y saludos afectuosos para todos los de la casa. Ricardo[5].

Por esa carta se deduce la clase de ocupaciones de los liberales mexicanos en la víspera de un nuevo levantamiento. Según Enrique Flores Magón[6] el total de los grupos revolucionarios armados y listos para obrar contra el gobierno de Porfirio Díaz era de sesenta y cuatro. Según Librado Rivera los grupos no pasaban de cuarenta y de ellos solo unos treinta estaban armados.

El jefe del grupo de Sonora era Manuel M Diéguez; el de Torreón, Juan Álvarez; el de Río Blanco, el obrero Neyra; el de Melchor Ocampo, Estado de México, Andrés A. Sánchez; el de Uruapan. Alberto V. P. Tagle, etc. Hilario Salas, Cándido Donato Padua, Niacanor Pérez y Rafael R. Ochoa fueron jefes de los grupos de Veracruz y Tabasco; el ingeniero Ángel Barrios, de los de Oaxaca; Lumbano Domínguez, de Chiapas; Pedro Antonio Carvajal, en Tabasco; doctor Antonio Cebada, en Puebla, etc.

Capítulo tercero

El levantamiento

La fecha del levantamiento fue fijada para el 25 de junio de 1908. Una nueva traición o diversas traiciones, el descubrimiento de correspondencia entre los presos y los liberales de afuera y la intervención de agentes policiales y delatores hizo que el gobierno conociera los hilos de la nueva insurrección, y el 24 de junio se operaron en toda la república centenares de detenciones, hubo asesinatos y de esa forma se hizo fracasar la intentona; numerosos grupos no tuvieron noticias de la fecha del levantamiento y otros fueron sorprendidos antes de tomar las armas. De todos modos este segundo levantamiento estuvo ya más serio que el de 1906.

Hubo algunos esfuerzos aislados, que no tardaron en ser sofocados. A esa época pertenecen los episodios de Las Vacas y Viesca en Coahuila, Valladolid en Yucatán, y Palomas Chihuahua, que encontraron un Píndaro heroico en Práxedis G. Guerrero.

El 26 de junio un grupo de unos cuarenta rebeldes se acercó al pueblo de Las Vacas, organizado en tres guerrillas mandadas por Benjamín Canales, Encarnación Díaz Guerra y Jesús M. Rangel. Una partida de varios cientos de soldados acampaba en el pueblo y fueron sorprendidos. El grupo de liberales hizo frente a las tropas con un gran arrojo. Pero desgraciadamente las balas se les acabaron pronto y no pudieron tomar el pueblo, bien que causaron sensibles pérdidas a los soldados. De los liberales quedaron en el campo algunos muertos, como Benjamín Canales, Pedro Miranda, Néstor López, Modesto G. Ramírez, Juan Maldonado, Emilio Murguía, Antonio Martínez Peña, Pedro Arreola, Manuel V. Velis y varios heridos entre ellos Díaz Guerra y Rangel.

En la noche del 24 y 25 se levantó el grupo de Viesca, derrotó a la policía, abrió la cárcel, proclamó el programa del Partido Liberal y la abolición de la dictadura. Las tropas gubernamentales no tardaron en presentarse en gran número y los rebeldes debieron abandonar el pueblo y huir a las montañas.

El 1º de julio un grupo de once libertarios mexicanos refugiados en El Paso, Texas, se levantó en la población fronteriza de Palomas; la toma de esa localidad era necesaria para seguir adelante y operar de acuerdo a un plan más amplio. Una vasta resistencia se ofreció a los rebeldes, que apenas disponían de municiones y de armas. En ese combate desigual cayó Francisco Manrique, un amigo de PráxedisG. Guerrero mismo, Enrique Flores Magón y otros, consiguieron milagrosamente pasar de nuevo la frontera.

Después del levantamiento de Las Vacas, los fugitivos encabezados por Rangel, cruzaron varias veces la frontera de los Estados Unidos a traer municiones de guerra para continuar la revolución libertaria en contra de la tiranía en México, cuando en 1913 fueron sorprendidos, arrestados y condenados a sufrir penas hasta de noventa y nueve años; al llevar a la imprenta este libro, seis de los que sobreviven están pagando todavía esta bárbara condena en el estado de Texas.

Los resultados de Viesca fueron los siguientes:

Lorenza Robledo, veinte años de reclusión; Lucio Chaires; Juan B Hernández; Patricio Plendo; Gregorio Bedolla; Leandro Rosales; José Hernández; Andrés Vallejo y Julián Córdoba, quince años de reclusión; Juan Montelongo, tres años. Todos fueron enviados a San Juan Ulúa. Otro, José Lugo, fue condenado a muerte y fusilado el 3 de agosto de 1908. La furia re4presiba del porfirismo alcanzó a otros tres revolucionarios; Ramírez Bonilla, Kankum y Albertos, fusilados por sentencia de un consejo de guerra.

El alma de todo ese movimiento era siempre, indudablemente, Ricardo Flores Magón y la prensa por él redactada o inspirada; sin embargo, no fueron Regeneración y revolución los únicos periódicos liberales que aparecían en las ciudades fronterizas de los Estados Unidos. Nombremos por ejemplo Reforma, Libertad y Trabajo, de Antonio de P. Araujo; Libertad y Trabajo, La voz de la Mujer, semanario liberal editado en El Paso, Texas en 1907; EL liberal, de Antonio Gutiérrez editado en Del Río, Texas durante 1906 y 1907 ; Resurrección órgano del club liberal «Constitución», de Francisco J. Sáenz, Rafael S. Trejo y Aurelio N. Flores, editado en San Antonio, Texas, durante 1907, y otros, fieles al programa del Partido Liberal, que únicamente reconocían a los miembros de la Junta, en primer lugar, a Ricardo Flores Magón, más y más libertariamente inspirado.

Nuevamente en la brecha

La revolución no fue vencida en 1908; al día siguiente de los desastres infligidos al puñado de liberales que tuvieron el valor el valor de hacer frente al tirano, la propaganda por un nuevo levantamiento siguió imperturbablemente. El pueblo mexicano, a causa de la labor de Ricardo Flores Magón y de sus compañeros, comenzó a reflexionar y a querer en todas partes un cambio de la situación. Pero con ese despertar del pueblo aparecieron los arribistas de la política, los caudillos, los aventureros dispuestos a aprovechar los anhelos de emancipación de las grandes masas para sus fines personales y sus ambiciones.

En agosto de 1910 se abrieron las puertas de la cárcel del Estado de Arizona, y Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Antonio I. Villareal salieron en libertad, después de tres años de prisión, desde agosto de 1907. De inmediato se dirigieron a los Ángeles, California, dispuestos a continuar en la brecha y demostrar que no estaban arrepentidos. Su llegada a esta ciudad fue saludada el 7 de agosto con un mitin monstruoso, organizado por el Partido Socialista; en ese mitin se recaudaron 411 dólares, y Regeneración volvió a la vida por tercera vez, con Anselmo L. Figueroa como editor y Ricardo y Enrique Flores Magón, Gutiérrez de Lara y Antonio I. Villareal como redactores. Regeneración comenzó a publicar una página en ingles, que el primer año fue redactada por Alfred Sanftleben, un viejo anarquista Alemán, más tarde vuelto al socialismo y que últimamente parece adherirse a las ideas de su juventud. Sanftleben fue el traductor alemán de los trabajos del doctor Rossi sobre la Colonia Cecilia de Brasil, y durante algún tiempo colaboró en el Freiheit de Most.

Regeneración comienza una nueva etapa, francamente libertaria; es verdad que en él se constata los primeros meses una propaganda a favor de la American Federation of Labor y del partido Socialista; pero era la obra de Antonio I. Villareal y de Lázaro Gutiérrez de Lara, que fueron bien pronto al maderismo.

Las ideas de Flores Magón

Regeneración vio la luz por tercera vez el 3 de septiembre de 1910, en gran formato, a siete columnas. El articulo de Ricardo flores Magón, «A los proletarios», publicado en el primer número es ya significativo para la orientación anarquista del periódico; contiene el hálito de la revuelta próxima y prepara los ánimos para la lucha. Transcribiremos algunos párrafos:

Obreros, amigos, dice Ricardo Flores Magón, escuchad: es preciso, es urgente que llevéis a la revolución que se acerca la conciencia de la época; es preciso, es urgente que encarnéis en la pugna magna el espíritu del siglo. De lo contrario, la revolución que con cariño vemos encubarse, en nada diferirá de las ya casi olvidadas revueltas fomentadas por la burguesía y dirigidas por el caudillaje militaresco, en las cuales no jugasteis el papel heroico de propulsores consientes, sino el nada airoso de carne de cañón.

Sabedlo de una vez: derramar sangre para llevar al poder a otro bandido que oprima al pueblo, es un crimen, y eso será lo que suceda si tomáis las armas sin más objeto que derribar a Díaz para poner en su lugar un nuevo gobernante...

Continua previniendo sobre la ineficacia de un mero cambio en la administración pública. Y se esfuerza por infundir a los proletarios la conciencia que sus intereses están en un plano absolutamente opuesto a los de la burguesía:

...Tened en cuenta obreros, que sois los únicos productores de la riqueza. Casas, palacios, ferrocarriles, barcos, fábricas, campos cultivados, todo, absolutamente todo está hecho por vuestras manos creadoras, y sin embargo de todo carecéis. Si vais a la revolución con el propósito de derribar al despotismo de Porfirio Díaz, cosa que lograréis indudablemente, por que el triunfo es seguro, obtendréis un gobierno que ponga el vigor la constitución de 1857, y, con ello, habréis adquirido al menos por escrito vuestra libertad política, pero en la practica seguiréis siendo tan esclavos como hoy, y, como solo tendréis un derecho: el de reventar de miseria. La libertad política requiere la concurrencia de otra libertad: esa libertad es la económica...

Si no sois consientes de vuestros derechos como clase productora, la burguesía se aprovechará de vuestro sacrificio, de vuestra sangre y del dolor de los vuestros, del mismo modo que hoy se aprovechan de vuestro trabajo, de vuestra salud y de vuestro porvenir en la fábrica, en el campo, en el taller, en la mina...

Ricardo Flores Magón conocía a fondo al pueblo mexicano, su situación política y social; sus exhortaciones tenían algo de profético; parece que pronosticaba con toda claridad que la revolución que rugía ya sordamente en México no sería para los proletarios, si no para los aprovechadores salidos de la burguesía. No es culpa de Ricardo Flores Magón si sus palabras fueron desoídas; él hablo con el corazón en la mano y con una claridad meridiana. Su manera de escribir recuerda ala arenga fogosa del apóstol. Toda su labor escrita es una exhortación a la lucha y un manifiesto al hombre libre. Mil veces ha repetido, con igual energía, a sus hermanos los oprimidos mexicanos: «La libertad política es una mentira sin la libertad económica; sed económicamente libres y lo seréis también políticamente; confiad en vosotros mismos y desconfiad de las clases privilegiadas».

Una idea repetida también sin cesar desde 1910, pero que también se encuentra anteriormente, es la de la toma de la tierra:

...La tierra es de todos, gritó a lo mexicanos; la propiedad territorial está basada en el crimen, y por lo mismo, es una institución inmoral. Esta institución es la fuente de todos los males humanos... Para protegerla se hacen necesarios el ejército, la judicatura, el parlamento, la policía, el presidio, el cadalso, la iglesia, el gobierno, y un enjambre de empleados y de zánganos, siendo todos ellos mantenidos precisamente por los que no tienen un terrón para reclinar la cabeza, por los que vinieron a la vida cuando la tierra estaba ya repartida entre unos cuantos bandidos que se la apropiaron por la fuerza o ente los descendientes de estos bandidos... Al pertenecer la tierra a unos cuantos, los que no la poseen tienen que alquilarse a los que la poseen para siquiera tener en pie la piel y la osamenta. La humillación del salario y el hambre; ése es el dilema con que la propiedad territorial recibe a cada nuevo ser que viene a la vida... Esclavos, empuñad el Winchester, trabajad la tierra cuando hayáis tomado posesión de ella. Trabajar en estos momentos la tierra es remacharse la cadena, porque, se produce más riqueza para los amos y la riqueza es poder, la riqueza es fuerza, fuerza material y moral.

Al viejo lema «Reforma, Libertad y Justicia», con que terminaban los manifiestos del partido Liberal, se substituyó la fórmula «Tierra y Libertad».

La idea de la toma de la tierra fue difundida en México, más que en cualquier otro país, gracias a la propaganda de Ricardo Flores Magón: desde 1910 en adelante, la política mexicana no pudo pasar por alto esa demanda cada vez más urgente e imperiosa en labios del proletariado de los campos. Claro está, los privilegiados hallaron el medio de burlar esta reivindicación, como tantas otras, pretendiendo primero reconocerla y arrancando en su favor la iniciativa de los propios campesinos.

Flores Magón ha predicado la revolución integral. En la víspera del levantamiento de 1910, ha recordado al pueblo mexicano la necesidad de ir más allá de un simple cambio de amos, para no ser un mero pueblo rey de burlas, con la libertad de votar por única conquista. En aquellos días de expectación, solo flores Magón mantenía firme el timón de su voluntad hacia la toma de la tierra y la destrucción del poder político. Y es doblemente meritorio, porque en tales momentos de popularidad como la que gozaba el gran rebelde, hubiera podido ponerlo a la cabeza de un movimiento político triunfal; se contentó con señalar el verdadero camino y luchar con sus amigos para arrastrar al pueblo hacia ese ideal de verdadera libertad y de verdadero bienestar, sin ninguna ambición subalterna, sin ningún propósito de mando.

Flores Magón ha apelado a los más elevados sentimientos humanos, ha llamado la atención de los proletarios también sobre las armas de una moral superior, de solidaridad, de justicia, de fraternidad.

No, no es extraño, decís que el hombre del presente que sabe manejar la electricidad y que ha encontrado la manera de volar, tenga, respecto de los demás hambres, el mismo sentimiento de encono que hacía hervir la sangre del troglodita, cuando, vuelto de la caza, encontraba en su vivienda de roca un oso o una hiena listos para disputarle el alojamiento y el sustento. Progresa la humanidad, pero en un sentimiento solemne. Por eso, cuando se habla de solidaridad, muy pocos son los que entienden... Un egoísmo cada vez más grande domina las relaciones de los hombres entre sí... En vez de ver en cada pobre un concurrente molesto, una boca más con la cual hay que compartir las migajas que despreciativamente nos dan los ricos como salario, debemos pensar que es nuestro hermano; debemos hacerle comprender que nuestro interés es el suyo...

He aquí un pensamiento interesante:

No es posible predecir hasta donde llegarán las reivindicaciones populares en la revolución que se avecina; pero hay procurar lo más que se pueda; ya sería un gran paso hacer que la tierra fuera la propiedad de todos; y sino hubiera fuerza suficiente o suficiente la conciencia entre los revolucionarios para obtener más que esa ventaja, ella sería la base de reivindicaciones próximas que por la sola fuerza de las circunstancias conquistaría el proletariado...

No por dirigirse al pueblo trabajador lo hacía con palabras lisonjeras o con himnos fatuos al proletariado; ante todo exponía la verdad, pues solo con ella se debía avanzar hacia el porvenir.

Por eso decía:

El tirano no es un producto de generación espontánea: es el producto de la degradación de los pueblos. Pueblo degradado, pueblo tiranizado. El mal, pues, está ahí: en la masa de los sufridos y los resignados, en el montón amorfo de los que están conformes con su suerte.

Este pensamiento nos recuerda otro de Práxedis G. Guerrero:

La tiranía es el crimen de las colectividades inconscientes contra ellas mismas y debe atacárseles como a una enfermedad social por medio de la revolución social, considerando la muerte de los tiranos como un incidente inevitable en la lucha, un incidente nada más, no un acto de justicia.

Mientras tanto, la situación mexicana se complicaba; de un momento a otro iba a estallar la rebelión contra Díaz, encabezada por Francisco I. Madero. Este latifundista tenía intenciones manifiestas de hacerse pasar por un elemento afín a los liberales del grupo de Regeneración. Ricardo Flores Magón explicó ya el 5 de noviembre de 1910, de una manera que no dejaba lugar a duda, los fines del movimiento antirreeleccionista encabezado por Madero y los fines del Partido Liberal, diametralmente opuestos e inconciliables. Y como si su denuncia fuera poco, la Junta envió el 16 de noviembre la siguiente circular a los grupos adheridos:

Madero y los liberales

Los Ángeles, California, noviembre 16 de 1910

Estimado compañero:

La Junta organizadora del Partido Liberal Mexicano ha tomado posición respecto de los planes revolucionarios que se están preparando, así como sobre la fecha del movimiento y la ninguna liga que el Partido liberal tiene con el partido Maderista; parece que Madero está precipitando un movimiento personalista que tendrá principio el día 20 de este mes o a más tardar el primero del próximo diciembre y, como si ese movimiento maderista se efectúa, los Liberales tendremos la mejor oportunidad que pueda presentársenos para rebelarnos también, la Junta recomienda a usted se prepare y recomiende a sus amigos que se preparen y estén listos para que, si hay alguna perturbación en el país originada por los maderistas, aprovechemos el momento de confusión para levantarnos todos los liberarles. Esto no quiere decir que la Junta recomiende a usted que haga causa común con los maderistas ni que sus amigos lo hagan. Simplemente se recomienda a los liberales el aprovecharse de las circunstancias especiales en que estará el país si los maderistas perturban el orden. La Junta no ha celebrado pacto alguno o alianza con los partidarios de Madero, por que el programa del Partido Liberal es distinto al programa del Partido Antirreeleccionista. El Partido Liberal quiere libertad política, libertad económica por medio de la entrega al pueblo de las tierras que detentan los grandes terratenientes, el alza de los salarios y disminución de las horas de trabajo, destrucción de la influencia del clero en el gobierno y en el hogar. El Partido Antirreeleccionista solo quiere libertad política, dejando que los acaparadores de tierras conserven sus vastas propiedades, que los trabajadores sigan siendo las mismas bestias de carga y que los frailes continúen embruteciendo a las masas. El Partido Antirreelecionista, que es le de Madero, es el partido conservador. Madero ha dicho que no pondrá en vigor las leyes de Reforma. Muchos liberales engañados por los maderistas. Han engrosado las filas d Madero, de quien se asegura que está de acuerdo con nosotros. Nada hay más inexacto que eso. Por cuestión de principios, el Partido Liberal no puede estar de acuerdo con el maderismo. Así pues. La Junta recomienda a usted que al levantarse en armas aprovechando el movimiento de Madero no haga causa común con el maderismo conocido por Antirreelecionista; pero que sí trate con todo empeño de atraer bajo las banderas del partido Liberal a todos que de buena fe se precipiten a la lucha. Procure usted por todos los medios que su iniciativa le sugiera contrarrestar la tendencia del elemento maderista, para que la revolución sea beneficiosa al pueblo mexicano y no al medio criminal para que escale el poder a un grupo ambicioso. Si los maderistas no llevan a cabo el movimiento proyectado, entonces pasara a ver a usted un delegado de la Junta para tratar los asuntos del Partido Liberal. El programa del partido Liberal es el promulgado el primero de julio de 1906 en Saint Louis, Missouri.

Reforma, libertad y Justicia.

Ricardo Flores Magón. Antonio I. Villareal. Librado Rivera. Práxedis G. Guerrero. Enrique Flores Magón.

Esta circular no llegó a todos los liberales a quienes estaba destinada; por eso explica la confusión intencionalmente trabajada por Madero. Por lo demás, existía en la Junta todavía A. I. Villareal, que no estaba dispuesto a luchar por el bienestar y la libertad del pueblo con el celo y el desinterés de sus compañeros.

El movimiento maderista estalló el 20 de noviembre y con esa insurrección de largas perspectivas entró México en una nueva fase política. Moralmente el General Díaz había terminado su carrera desde que se puso frente a él Ricardo Flores Magón; pero le quedaba muchos recursos materiales, había muchos intereses creados a su alrededor como para que los porfiristas y científicos soltaran la presa sin luchar.

Así fijaba Ricardo Flores Magón en su periódico el 26 de noviembre la actitud del partido Liberal:

El Partido Liberal trabaja por el bienestar de las clases pobres de la sociedad mexicana; no impone candidatura ninguna, por que ésa es cuestión que tiene que arreglar el pueblo. ¿Quiere éste amos? ¡Que los nombre! Lo que el Partido Liberal quiere es que todo hombre y toda mujer sepan que nadie tiene derecho a explotar a otro; que todos por el solo hecho de venir a la vida, siempre que contribuyamos a la producción; que nadie pueda apropiarse de la tierra, por ser ésta un bien natural que todos tienen derecho a aprovechar.

Unos días más tarde, el 3 de diciembre, volvía Ricardo Flores Magón a denunciar a Madero como representante de la burguesía, terminando así:

El cambio de amo no es fuente de libertad ni de bienestar. Se necesita el cambio de las condiciones que hacen desgraciada a la raza mexicana.

El movimiento maderista sufrió al principio rudos golpes que parecieron haberlo paralizado; pero la agitación antiporfirista prosiguió su curso, comprendiendo capas del pueblo cada vez más vastas.

Ricardo Flores Magón continúa exponiendo los principios de una verdadera acción revolucionaria, precisamente en ese periodo de agitación y de lucha su claridad y su sinceridad se manifiestan más evidentemente:

Los gobiernos, escribía en el número de Regeneración del 10 de diciembre, tienen que proteger el derecho de propiedad y están instituidos precisamente para proteger ese derecho con preferencia a cualquiera otro. No esperemos pues, que Madero ataque el derecho de propiedad en beneficio del proletariado... Abrid los ojos. Recordad la frase sencilla como la verdad y, como la verdad, indestructible; la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos.

La insurrección liberal

Los liberales no quedaron inactivos; los numerosos grupos armados que desde antes se encontraban preparados parar levantarse en toda la república, puede decirse que una gran parte de la reavivación del movimiento antiporfirista se debe a ellos. Entre los guerrilleros más simpáticos figura Práxedis G. Guerrero. El 23 de diciembre, una partida dirigida por ese bravo revolucionario se apoderó de un tren a20 millas de Ciudad Juárez y obligó al maquinista a transportarlos a la zona de la lucha. El tren los llevó hasta estación Guzmán y desde allí partieron a caballo para Casas Grandes. A medida que el tren avanzaba iban destruyendo los puentes. El mismo día envió Guerrero a sus amigos de los Ángeles el siguiente telegrama:

«23 de diciembre de 1910. Hasta hoy sin novedades. Ferrocarril del Noroeste sin puentes. Voluntarios uniéndosenos. Práxedis G. Guerrero».

Casas Grandes y Janos, en Chihuahua, cayeron en poder de Guerrero y de su grupo. El 30 de diciembre fue muerto en un combate con las tropas porfiristas. El Parido Liberal perdió un elemento insustituible. Ricardo Flores Magón lamentó amargamente la pérdida del compañero y del amigo, uno de los mejores escritores que haya producido México.

Flores Magón proseguía su obra de esclarecimiento de los espíritus y señalando la meta y la ruta del verdadero bienestar y de la verdadera libertad. En el numero del 14 de enero de 1911 de Regeneración escribía: «Imprimamos a la revolución una intensa finalidad social; convirtámoslas en el brazo robusto que ha de hacer pedazos la servidumbre de la gleba».

Son interesantes las instrucciones generales a los revolucionarios, publicadas en enero de 1911:

Los liberales que estén dispuestos a empuñar las armas, deberán alistarse rápidamente, y estando listos, se pronunciaran sin pérdida de tiempo para robustecer y extender el movimiento de insurrección... Los grupos revolucionarios se harán de fondos y de elementos, en primer lugar de los que haya en las oficinas y depósitos del gobierno y de sus favoritos, y segundo, de los particulares, dejando en todo caso recibo de las cantidades o de cualquier otra cosa que se hayan tomado, como constancia de que lo tomado va a servir para el fomento de la revolución... Al tomar un lugar, ya sea por asalto, sorpresa o capitulación, se tendrá especial cuidado en no infligir tropelías de ningún generó a los habitantes pacíficos; en no permitir ni ejecutar actos que pugnen con el espíritu de justicia que caracteriza la revolución. Todo indigno abuso será enérgicamente reprimido. La espada de la revolución será implacable para los opresores y sus cómplices, pero también lo será para los que bajo la bandera de la libertad busquen el ejercicio de criminales desenfrenados... Para evitar choques con las fuerzas maderistas, los grupos Liberales deberán tratar con todo corrección a los grupos maderistas, tratando de atraerlos bajo la bandera liberal por medio de la persuasión y de la fraternidad. La causa del Partido Liberal es distinta de la causa maderista, por ser la liberal la causa de los pobres; pero en caso dado, ya sea para a resistencia como para al ataque, pueden combinarse por todo el tiempo que dure la necesidad...

Por más opción que hubiera entre los principios liberales y los maderistas, la lucha contra el porfirismo hacía casi inevitable el encuentro sobre ciertas bases comunes para actos eventuales de ataque y de defensa. Durante la insurrección ukraniana hemos visto a los makhnovistas concertar pactos con los bolcheviques para la lucha contra la reacción monárquica. Ciertamente, en uno y otro caso esas uniones circunstanciales han sido fatales para los revolucionarios antiautoritarios.

En enero de 1911 había grupos liberales insurreccionados en Sonora, Chihuahua, Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, Morelos, y Durango. El grupo de Práxedis G. Guerrero fue comandado, después de su muerte, por Leonidas Vázquez, y continuo luchando valerosamente; un mes mas tarde infligió, en unión con un grupo antirreeleccionista, una seria derrota al Coronel Rábago, cerca de Glasea. A últimos enero, un grupo de ochenta liberales, al mando de José María Leyva (se volvió maderista la mismo tiempo que Villareal), y Simón Berthold tomaron el pueblo de Mexicali, en la Baja California. Se apoderaron de armas y dinero, aumentaron su número y abandonaron la población bien pertrechados, para extender la insurrección. Lázaro S. Alanís, otro liberal que siguió más tarde distintas banderías política, también consiguió tomar varios pueblos y reforzar considerablemente su grupo en hombres y armas; su campo de acción era el Estado de Chihuahua. La columna Liberal más importante en el Estado de Chihuahua era la del viejo Prisciliano G. Silva cuyos tres hijos habían tomado también las armas, uno en el grupo de Práxedis G. Guerrero, otro con alanís y el menor con él mismo. El 11 de febrero, Silva escribía desde Guadalupe, Chihuahua, a Flores Magón: «Tengo enarbolada en esta pueblo la bandera roja con nuestro querido lema: «Tierra y Libertad». Al ver ondeada esta insignia de los desheredados, acariciada por la fresca brisa invernal, me siente verdaderamente feliz...» el 17 de febrero hubo un encuentro entre los liberales de Mexicali y las tropas federales al mando del coronel Vega; estas últimas sufrieron una vergonzosa derrota.

Los liberales recibieron un valioso refuerzo con la libertad de Antonio de P. Araujo en febrero y con la de Jesús M. Rangel en abril de 1911, que había pasado varios años en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas, de resultas de la tentativa frustrada de 1908.

El mes de febrero es también memorable para los liberales, por la traición de Madero contra el viejo Prisciliano G. Silva, que se había adueñado de Guadalupe, Chihuahua. He aquí cómo sucedió: el 14 de febrero recibió Silva un mensaje de Madero solicitando ayuda para continuar la marcha desde Zaragoza, pues dado el estado de su columna, temía caer en manos de los federales. Silva le envió acho carros, un coche con veinte caballos ensillados y dos carros con toda clase de provisiones. El encargado de dirigir el convoy a Madero era Lázaro Gutiérrez de Lara que había llegado con un grupo de norteamericanos a incorporarse a Silva. El 15 de febrero llegó Madero a Guadalupe con una importante columna, siendo tratado los maderistas amablemente por los liberales. Madero intento conquistar a Silva para su causa, con el pretexto primeramente de que iban a ser atacados por los federales de un momento a otro. Silva consintió en una acción defensiva común y, al ir a tratar el plan de la campaña, fue arrestado por Madero por no querer reconocer como presidente provisional. Las fuerzas liberales, mezcladas con las maderistas, fueron también desarmadas traidoramente. Lázaro Gutiérrez de Lara, que fungió de Judas, se proclamó maderista; pero parece que lo era ya en el tiempo que se hacía pasar por liberal. Además de este hacho, Madero realizó otro menos cobarde: Gabino Cano iba a reunirse con cincuenta hombres a Silva, pero primeramente paso a la frontera de los Estados Unidos con trece heridos; Madero lo supo, y denunció a Cano con las autoridades norteamericanas. Esas traiciones rompieron toda consideración, y Ricardo Flores Magón escribió aquel famoso artículo: «Francisco I. Madero es un traidor a la causa de la libertad», que provocó una completa escisión de las fuerzas que solían luchar eventualmente unidas contra el porfirismo. Por desgracia Regeneración circulaba dificultosamente en México, y la labor orientadora de Ricardo Flores Magón se encontraba obstaculizada y muy a menudo completamente ignorada en el campo de la lucha. Madero, aprovechando esa circunstancias hacía creer que los liberales y los antireeleccionistas iban de acuerdo y hasta se publicaron manifiestos con los nombres de Francisco I. Madero y Ricardo Flores Magón: el primero «presidente provisional» de la república y el segundo «Vicepresidente». Flores Magón expuso una vez más su interés personal en la lucha por la libertad:

Yo no peleo por puestos públicos. He recibido insinuaciones de muchos maderistas de buena fe, pues que los hay, y bastantes, para que acepten algún cargo en el llamado «gobierno provisional», y el cargo que se me dice acepte es el de vicepresidente de la república. Ante todo debo decir que me repugnan los gobiernos. Estoy firmemente convencido de que no hay ni podrá haber un gobierno bueno. Todos son malos, llámense monarquías absolutas o republicas constitucionales. El gobierno es tiranía, por que coarta la libre iniciativa de los individuos y solo sirve para sostener un estado social impropio para el desarrollo integral del ser humano. Los gobiernos son los guardianes de los intereses de las clases ricas y educadas y los verdugos de los santos derechos del proletariado. No quiero, pues, ser tirano. Soy un revolucionario y lo seré hasta que exhale el último aliento. Quiero estar siempre a lado de mis hermanos los pobres para luchar con ellos, y no al lado de los ricos ni de los políticos, que son opresores de los pobres. En las filas del pueblo trabajador soy más útil a la humanidad que sentado en un trono, rodeado de lacayos y de politicastros. Si el pueblo tuviera algún día el pésimo gusto de aclamarme. Le diría: yo no nací para verdugo, busca a otro.

Esas no eran palabras vanas, sino sinceras contenciones. La actitud de Flores Magón hizo saltar de la Junta Organizadora a Antonio I. Villareal y pasarse francamente al bando maderista. Con Villarealdesapareció el último obstáculo a la evolución del Partido Liberal, pues todos los demás elementos de la Junta y la inmensa mayoría de los adeptos eran anarquistas o de pronunciadas tendencias libertarias. El Partido Socialista Americano se solidarizó con Villareal, desde su salida de la Junta, quien comenzó una guerra infame contra el grupo de Regeneración. Subió a Secretario de Fomento durante el gobierno de Álvaro Obregón.

En marzo apareció una nueva columna liberal cerca de Tijuana, en Baja California, al frente de la cual estaba Francisco Vázquez Salinas y Luis Rodríguez. En el mismo mes cayó herido Lázaro S. Alanís en un combate contra los federales en Casa Grandes, Chihuahua, ayudando a las fuerzas de Madero, y en la Baja California, sufrieron los liberales una derrota en Tecate, donde murió uno de los jefes del grupo insurreccional, Luis Rodríguez. En Coahuila apareció también en marzo un nuevo grupo liberal armado, al frente del cual estaba Pedro Pérez Peña, que había tomado parte en la intentona de 1908.

El 3 de abril, La Junta Organizadora del Partido Liberal se dirigió en un manifiesto a los trabajadores del mundo, reclamando solidaridad para los revolucionarios mexicanos y explicando los fines perseguidos por los liberales.

El partido liberal Mexicano —se lee en ese manifiesto— no lucha por derribar al dictador Porfirio Díaz para poner en su lugar a un nuevo tirano. El partido Liberal toma parte en la actual insurrección con el deliberado y firme propósito de expropiar la tierra y los útiles de trabajo para entregárselos al pueblo, esto es, a todos y a cada uno de los habitantes de México... La dictadura de Porfirio Díaz está para caer; pero la revolución no terminara por ese solo hecho; sobre la tumba de esa infame dictadura quedaran en pie y frente a frente, con las armas en las manos, las dos clases sociales: la de los hartos y la de los hambrientos, pretendiendo la primera la preponderancia de los intereses de su casta y la segunda la abolición de esos privilegios por medio de la instauración de un sistema que garantice a todo ser humano el pan, la tierra y la libertad.

La Junta exhorta a protestar internacionalmente contra la intervención armada de Estados Unidos en las cuestiones de México, y pedía dinero, dinero y más dinero para el fomento de la revolución social.

En plena lucha

En abril se hizo cargo de la sección inglesa de Regeneración el compañero W. C. Owen, actual redactor de Freedom, de Londres. Desde enero de 1911 había sido redactada por la esposa del periodista Turner, el autor de México Bárbaro. He aquí unos recuerdos de Owen, publicados en Freedom en ocasión de la muerte de Flores Magón en 1922.

En mi primera visita a las oficinas de Regeneración observé una gran caja de empaque, y supe que contenía solamente ejemplares de la conquista del pan, de Kropotkin, destinados a México. Por muchos años prosiguieron estos hombres tal obra de zapa con infinita tenacidad y con grandes sacrificios para sus cortísimos recursos personales. Su grande idea fue el desarrollo de personalidades revolucionarias. Tenían gran admiración de Kropotkin, que en mi opinión era muy justa.

Cuando sustituí a John Keneth Turner como editor de la sección inglesa de Regeneración su circulación era como de 27 000 ejemplares, y el periódico debía ganar dinero; pero todo se gastaba en propaganda. Tenían entre 600 y 700 periódicos en nuestra lista de canje. Nuestra gran aspiración era la unificación de la opinión latina en México y en centro y Sudamérica contra la invasión de la plutocracia y la creación en Estados Unidos de un sentimiento bastante fuerte para mantener en jaque la perpetua amenaza de intervención.

Creo que Ricardo consideraba esto último como la principal tarea de Regeneración y que a causa de esto, se opuso al traslado del periódico a México, que en cierta ocasión pedía yo urgentemente...

Owen dice de Ricardo Flores Magón que no encontró nunca un propagandista tan activo como él.

El 8 de abril presentaron batalla los liberales de la Baja California en la Mesa, al sur de Mexicali, contra las tropas federales; había 87 liberales frente a más de 400 soldados bien pertrechados. La batalla fue reñida; el jefe liberal William Stanley murió en la contienda, pero los porfiristas fueron rechazados. El 14 de abril murió a causa de las heridas recibidas en la lucha, otro de los prestigiosos liberales de la Baja California, Simón Berthold. También murieron Cenobio Orozco, Fidel Ulíbarri y Simón a Villalobos, miembros de la columna de Práxedis G. Guerrero, compuesta casi exclusivamente de anarquistas o simpatizantes. En mayo fue tomada Tijuana, Baja California, por las fuerzas al mando de Pryce, hombre del Partido Liberal Mexicano; los liberales tuvieron siete muertes en aquel combate.

La lucha heroica por la conquista de la tierra consumía los elementos más consientes del Partido liberal; su acción audaz mantenía el espíritu revolucionario en el pueblo, y cuando la sangre y el esfuerzo de los libertarios sembró la buena semilla en México, Madero supo confiscar los frutos de la labor ajena. Pero las ideas propagadas por Ricardo Flores Magón fueron un factor con que hubo que contar en lo sucesivo. Los políticos se presentaron en la arena desde entonces con la promesa de reconocer las reivindicaciones proletarias propagadas por Regeneración, aunque, ciertamente, supieron burlarlas y dirigir hacía el ídolo autoritario del espíritu de las masas.

Flores Magón no solo propiciaba la toma de la posesión de la tierra, si no el comunismo:

Como buenos hermanos, los que trabajan la tierra en común deberán aprovechar los productos, no por partes iguales, si no que cada quien debe tomar según sus necesidades.

Esto es un consejo de hermano. Cada cual tiene derecho a hacer lo que quiera en la Baja California. Pero hay que pensar en que, para que el trabajo ennoblezca, para que el hombre y la mujer no sean más bestias de carga, es preciso que se reúnan todos los esfuerzos para la producción, pues eso dará por resultado la abundancia mediante un pequeño esfuerzo de cada uno.

Ricardo Flores Magón no era un teórico revolucionario, de esos que pueden elaborar sistemas acabados en el gabinete aislado; era un combatiente, un apóstol que vivía en la realidad y que tomaba de la realidad las sugestiones y las iniciativas. Su ambiente vital era la lucha, la acción; sin ellas su cerebro hubiera carecido de alimento; había nacido para combatir sin tregua como caballero de un ideal, en él es característico que no llegó al anarquismo con andaderas artificiales, si no por la critica lógica y atrevida al sistema actual de autoridad y de privilegio, y también debido a su falta de ambiciones personales.

La Junta organizadora del Partido Liberal se dirigió a últimos de mayo con un hermoso manifiesto a los soldados maderistas y a los mexicanos en general; un manifiesto que concreta las reivindicaciones libertarias del pueblo y que respira fraternidad y nobleza; termina con esta declaración:

Hermanos desheredados que peleáis en las filas de Madero, escuchad nuestra voz, que es desinteresada. Nosotros los liberales no queremos pesar sobre vosotros. Ninguno de los miembros de esta Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano os solicita vuestro voto para vivir de parásitos. Queremos, cuando ya esté la tierra en manos de todos los desheredados, ir a trabajar a vuestro lado con el arado, con el martillo, con el pico y la pala. No queremos más que vosotros, sino vuestros iguales, vuestros hermanos.

Deberíais estar convencidos de nuestra sinceridad como luchadores. No comenzamos a luchar ayer; nos estamos haciendo viejos en la lucha contra la tiranía y la explotación. Los mejores años de nuestra vida han transcurrido en los presidios de México y de los Estados Unidos por ser leales a la causa de los pobres. No debéis, pues, desconfiar de nuestra palabra. Si luchásemos por nuestro provecho personal, hace mucho tiempo que habríamos aceptado las, para nosotros, tentadoras proposiciones de los verdugos del pueblo. Recordad que no una, si no muchas veces nos han ofrecido dinero para someternos... Nuestra vida humildísima, como les consta a todos los que nos tratan, es la mejor prueba de honradez. Vivimos en casas malsanas, vestimos trajes muy pobres y en cambio trabajamos como ningún jornalero trabajó. Nuestro trabajo es verdaderamente rudo, fatigoso, agotante. Si no fuésemos sinceros, ¿para qué matarnos trabajando tanto por solamente la comida?

Un enemigo de Flores Magón

El artículo que enseguida insertamos fue escrito por uno de los más encarnizados enemigos de Ricardo Flores Magón durante su vida de luchador. Salado Álvarez defiende un régimen que daba amplias garantías a los estafadores del pueblo, pertenecía aquel famoso «Círculo de amigos del señor presidente general Porfirio Díaz» derivado del no menos famoso «Partido Científico». Su carta, a pesar de sus insultos y calumnias, contiene revelaciones sublimes para los que juzgamos desde otro punto de vista la labor altamente humanitaria de Ricardo Flores Magón. Huyendo de la quema, Salado Álvarez se refugio en los Estados Unidos para seguir escribiendo contra la revolución que derrocó a Díaz del poder; volvió a México aprovechándose de la amnistía decretada por Álvaro Obregón. El artículo fue publicado el 5 de diciembre de 1922 por la prensa de San Antonio, Texas; dice así:

Quizá le ocurra al lector algo de lo que me pasa a mí: no poder definir en casos especiales la figura de un hombre de manera de lanzarla imparcialmente al anatema de la historia o a las alabanzas de la posteridad. Flores Magón, cuya tumba se encuentra todavía fresca, es en mi concepto uno de esos hombres, por más que su obra se debe condenar y la condene yo sin vacilaciones y distingos.

No nos encontramos en la vida Flores Magón y yo, ni había motivo para que nos encontráramos: navegábamos en barcas distintas y llevábamos corrientes encontradas: él el era el destructor que quería formar un mundo nuevo mediante la violencia, y yo el conservador que deseaba guardar lo que tantos sacrificio había costado a nosotros y a nuestros padres e irlo adaptando a las condiciones nuevas mediante la evolución.[7]

Encontraba vituperable en Flores Magón su odio al pasado como si el pasado no estuviera preñado de porvenir, según la bella expresión de Lerminer, y hallaba, sobre todo, censurables los procedimientos que empleaba para hacer llegar al reino de la justicia: recurrir al auxilio del extranjero, atacar a la patria y hasta prescindir de su nombre.

El que encabezo y dirigió ocultamente la matricida expedición a la Baja California, en 1911, en que gentes de nuestro país rechazaron la invasión filibustera de Pryce y además desalmados que derramaron sangre mexicana y pusieron a prueba el patriotismo de los hijos de la península, no pueden contar con mis simpatías ni merecen mi estima.

El que trató de seducir a la guarnición de Ciudad Juárez de tomar la plaza valiéndose de auxiliares extranjeros de la peor ralea, fue todo, menos que un patriota. Y aquí aprovecho la ocasión para desvanecer un error del congreso de periodistas, que se celebró hace poco en Veracruz: Juan Sarabia no estuvo prisionero en San Juan de Ulúa por delitos de prensa; lo estuvo porque en unión de Ricardo y Enrique Flores Magón, de Aron López Manzano, de Librado Rivera y otros americanos que pudieron escapar a tiempo cayó en una celada que tendió el general don José María de la Vega, jefe de la plaza y de la zona y en la cual se atrapó a Sarabia. César Canales, Antonio Villareal, un tal Tejeda, otro de apellido Rembao y varios más que fueron juzgados en un juicio público regular en que tuvieron todo genero de defensa y quedo comprobada su culpabilidad. ¿Cual sería la pena de seos delincuentes el día de hoy? El periodismo, si periodista era Sarabia, nada tuvo qué ver en ese proceso que duró varios meses y se instruyó, por un juez que mandaba la ley. Por cierto que hay un detalle gracioso y que demuestra cómo los hombres suelen moverse por intereses y no por ideas: el fiscal de la causa lo fue Juan Neftaliamador, que pronunció una requisitoria contra los que trataban de alterar el orden y derribar la sacra, gloriosa, intangible y nunca vista administración de don Porfirio Díaz.

Había sido el pionero en la revolución; Madero había estado sometido a sus órdenes y Flores Magón había recibido él auxilio en dinero y palabras de aliento; bien podía exclamar como aquel poeta del tiempo de Carlos V: «Ya se acerca, señor, o ya es llegada de edad feliz el que promete el cielo». Pero se equivocó, como se equivocó casi siempre en la vida, no sé si por falta de dotes para abarcar la realidad o por que ésta le fuera del hostil constantemente. Madero tenía la idea de aquella democracia mansa en que la ecuación era muy sencilla substituyendo cantidades iguales para él: «Grupo científico-Familia Madero» sin que le preocuparan tres pitoches los famosos postulados de la revolución.

Vino entonces el gran error de la vida de Magón y se lanzó contra Madero, o mejor dicho, se lanzó contra la patria, pues escribía que no valía la pena cambiar aun tirano de genio por un hombrecillo que ni siquiera a tirano llegaba, sino que era un acaparador que apandaba empleos para los suyos. Lo abandonaron sus antiguos Comelitones, luchó casi solo y apenas tuvo el amparo de Rivera, que lo acompaño fiel y constantemente en buena y mala aventura, y el de los anarquistas americanos. Se metió en mala hora a hablar del alistamiento americano y se gano una condena de veinte o más años de prisión; pero ni allí desmayó su espíritu tenaz ni se doblego su dura cerviz. Siguió escribiendo y perorando, alentando a los pocos que le quedaban fieles, y, a los que dicen, medio ciego, enfermo del estomago, desminuidas sus fuerzas físicas continuó su tarea que él llamaba libertaria.

Pero hay aspecto de su carácter que no sabría yo condenar. Flores Magón era un hombre de carácter. ¿Qué empleó esa fuerza e hizo de el un uso indebido? Sin duda ninguna. Pero en el país en él todos trafican con la conciencia, con la honra profesional, con los empleos, Magón era una excepción. Valía más que hubiera sido de esos que emplean su tenacidad en el bien y llegan a cosas grandes; pero esos se llaman santos y héroes.

Diez o quince años hace que fue arrestado en los Ángeles, y a su hermano Jesús telegrafió a un amigo suyo pidiéndole alcanzara a las autoridades americanas que no lo deportaran, por que se figuraban serían ejecutados incontinenti por las tropas federales del general Díaz. El encargado cumplió con la recomendación, pero antes fue haber a un caballero al servicio del presidente y le preguntó si podía hacer algo por el gobierno. Mi amigo le indicó debía insinuar a Flores Magón que su tarea era tan injustificada como antipatriótica y que no debía continuar con ella. La respuesta de Magón fue digna de un hombre honrado: «Bien sé, que se me daría una gran suma si dejara de atacar a Díaz; pero no es enemistad personal a él la queme guía; estoy cumpliendo una misión y la llevaré a cabo de cualquier modo, aunque sea exponiendo la vida».

Puesto este hombre en el buen camino quizás hubiera podido ser un gobernante modelo, un hombre honrado, un mexicano que hiciera bien ha su patria; en el lugar en que se colocó fue un elemento de perdida, de conmoción y de ruina, pues cuando él predicaba y trataba de mover el mundo, Calles, Alvarado, Diéguez y sobre todo de la Huerta y Obregón no existían sino como hojalateros del pueblo, (La palabra hojalateros viene subrayado en el original), y Carranza cobraba sus dietas en el senado con puntualidad de arrendador de casas.

Cae Magón en el mimo terreno que le funesto Gutiérrez de Lara; pero, más temible que éste, sus amigos y discípulos lo censuraron constantemente la entrada a México, seguros de que su presencia traería más complicaciones de las que existían.

Después de muerte como la suya hay que exclamar como Escipión Násica ante el sepulcro de su cuñado Cayo Graco: «Perezca como él quien imite su ejemplo», y no a faltado quien lo imite, seguro de que mediante eso se iba no a la cárcel como Magón, sino a los más altos empleos y a los honores más encumbrados.

Aquí nos parecen extraños los histerismos de nuestros diputados; pro un gobierno bolchevique no puede menos que honrar al que le trajo las gallinas.

San Francisco, Cal., 28 de noviembre de 1922.

Capítulo cuarto

Caída de Porfirio Díaz

El 25 de mayo quedó destrozado el zar Porfirio Díaz y Madero ocupó el puesto de vacante. Pero no por eso fueron depuestas las armas. Madero comenzó las persecuciones francas contra los liberales, prohibiendo y obstaculizando la circulación de Regeneración; así como antes de la paz entre Díaz y Madero las respectivas fuerzas se combatían encarnizadamente, muriendo por sus respectivos amos, al día siguiente de la paz esas mismas fuerzas se unieron en gran parte para defender al nuevo presidente y restablecer el orden perturbado desde entonces por los liberales. En junio hubo un encuentro en San Antonio, estado de Chihuahua, entre grupos liberales y fuerzas maderistas quedando vencedores los primeros, que iban al mando de Inés Salazar, de Jesús María Rangel (el mismo revolucionario todavía preso en Texas), y de Lázaro S. Alanís.

Otra vez a la cárcel

A primeros de junio fue liberado Juan Sarabia, antiguo miembro de la Junta, por Madero, y recibió la comisión de trasladarse a los ángeles en compañía del licenciado Jesús Flores Magón (fue más tarde secretario de Estado en el gobierno de Madero) para hacer a los miembros de la Junta proposiciones de arreglo y de paz. Sarabia llegó el 13 a las oficinas de Regeneración, y como sus propósitos no tuvieron éxito, dijo al marcharse:

«Puesto que han desechado las ofertas y proposiciones que les hemos hecho, yo les haré todo el mal que pueda».

Efectivamente, unas doce horas más tarde, el 14 de junio a las once y media de la mañana, fueron invadidas las oficinas de Regeneración, registradas minuciosamente y encarcelándoos Ricardo Flores Magón y enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa. La Junta respondió a las proposiciones de paz:

Nosotros estamos convencidos de que la libertad política es una mentira en lo que concierne a la clase trabajadora. Los pobres no reciben ningún beneficio con el hecho de poder designar al hombre que ha de dominarlos, y es por eso por lo que los liberales por la emancipación económica del proletariado, y nuestro objeto es que la tierra y la maquinaria d producción queden en poder de todos y cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo.

Además de la resistencia de los liberales, frente al maderismo surgió otro enemigo no menos irreconocible, en el Estado de Morelos: Emiliano Zapata.

Ricardo Flores Magón combatía a la tiranía en general y no la de Díaz a favor de la de Madero o de cualquier otro, dirigió sus ataques al nuevo gobernante, denunciando sus crímenes y sus traiciones con la misma energía que antes lo había hecho respecto a Díaz. Es verdad: los grupos insurrecciónales adictos comenzaron a decrecer y desaparecer, ultimados por la superioridad de las fuerzas enemigas; pero la divisa de «Tierra y Libertad» quedó en la conciencia de la clase campesina, en espera de que Madero la realizara desde le gobierno; el movimiento de Emiliano Zapata no hubiera sido posible tampoco sino hubiese preparado el terrenota propaganda de Flores Magón.

Ricardo Flores Magón salió en libertad bajo fianza poco después del arresto; quedaron en cárcel Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa; los cuatro fueron incoados en un proceso infame por «violación de las leyes de neutralidad». Cuando se logró obtener algunos, miles de dólares se deposito fianza a favor de otro de los presos, Librado Rivera, quedando en la cárcel Enrique Flores Magón y Anselmo L. Figueroa. La fianza para cada uno ascendía a 2.500 dólares.

En mayo de 1911 tuvieron los liberales un nuevo desastre. Rangel, el viejo Silva y otros fueron heridos traidoramente por las tropas maderistas; muchos otros cayeron prisioneros; también en el mismo mes hicieron las trásfugas del partido Liberal, Antonio I. Villareal y Juan Sarabia con el hermano de los flores Magón, Jesús, y una serie de dudosas personalidades de todos los colores, pero acordes con fortificar la nueva tiranía, un desgraciado ensayo de editar en México un periódico con el título de Regeneración bautizado por Ricardo con el título de Degeneración. Naturalmente todo quedo en la nada tras pocos números pues hubo de reconocerse que la pluma, la voluntad y la energía de Ricardo Flores Magón no eran patrimonio de cualquiera.

El partido Liberal tenía cada vez más enemigos; muchos de sus afiliados no pudieron seguir la evolución de la Junta y se retiraron; otros se rindieron a las promesas de los gobernantes, y los mejores, los más concientes los mas abnegados habían muerto en el campo de batalla desde noviembre de 1910, o estaban presos o heridos; sin embargo continuaron produciéndose por algún tiempo levantamientos bajo ala bandera del Partido Liberal, aunque en lo sucesivo a la labor de Ricardo Flores Magón y sus compañeros consistió mucho más en la propaganda y en el mantenimiento del espíritu revolucionario en el pueblo mexicano que en los actos insurrecciónales propios. La insurrección de Zapata se hizo muy popular y consumió muchas fuerzas simpatizantes del partido Libera, no obstante ser claramente estatista los fines de Zapata; pero Zapata significaba siempre un principio de revolución por sus métodos de lucha y por sus reivindicaciones económicas expropiando a los terratenientes y repartiendo la tierra a los peones. Madero intentó someter por la persuasión y por las armas a los rebeldes zapatistas; a zapata le fue prometida una gran extensión de tierra y una buena suma de dinero para cultivarla a su modo si rendía las armas; todo fue rechazado y la lucha contra el gobierno central quedó en pie.

Ricardo Flores Magón insistía sin cansarse:

La Libertad política sin la independencia económica es una farsa; trabajadores, tomad posesión de la tierra y de los instrumentos de trabajo y estableced el comunismo, la forma natural de convivencia, practicada por el pueblo mexicano durante siglos y para la cual no hay necesidad de preparación científica ni de organizaciones utópicas, solo hace falta que los trabajadores obren por su cuenta sin reconocer más derecho de propiedad ni el principio de autoridad.

El 6 de septiembre, después de muchos esfuerzos, salieron en libertad bajo fianza Enrique Flores Magón y Anselmo L. Figueroa.

El manifiesto del 23 de septiembre de 1911

El mes de septiembre de 1911 merece también ser recordado por otro acontecimiento. El 23 de ese mes se público un manifiesto de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano en sustitución del programa del 1º de julio de 1906. En la nueva declaración se concreta los ideales libertarios de la Junta, compuesta por los hermanos Flores Magón, por Librado Rivera, por Antonio de P. Araujo y por Anselmo L. Figueroa. Queremos transcribir algunos párrafos tomados al azar:

Abolir ese principio (el de la propiedad privada) significa el aniquilamiento de todas las instituciones políticas, económicas, sociales, religiosas y morales que componen el ambiente dentro del cual se asfixian la libre iniciativa y la libre asociación de los seres humanos... Sin el principio de la propiedad privada no tiene razón de ser el gobierno, necesario tal solo para a raya a los desheredados en sus querellas yen sus rebeldías contra sus detentadores de la riqueza social; ni tendrá razón de ser la iglesia, cuyo exclusivo objeto es estrangular al ser humano la innata rebeldía contra la opresión y la explotación... Capital, autoridad y clero: he ahí la trinidad sombría que hace de esta bella tierra un paraíso para los que han logrado acaparar en sus garras por la astucia, la violencia y el crimen, el producto del sudor, de la sangre, de las lágrimas y del sacrificio de miles de generaciones de trabajadores, y un infierno para los que con sus brazos y su inteligencia trabajan la tierra, mueven la maquinaría, edifican las casas, transportan los productos, quedando de esa manera dividida la humanidad en dos clases sociales de intereses diametralmente opuestos: la clase capitalista y la clase trabajadora... No escuchéis las dulces canciones de esas sirenas que quieren aprovecharse de vuestro sacrificio para establecer un gobierno, esto es, un nuevo perro que preteja los intereses de los ricos... Como las aspiraciones del ser humano es tener el mayor número de satisfacciones con el menor esfuerzo posible, el medio más adecuado para ese resultado es el trabajo en común de la tierra y de las demás industrias... La libertad y el bienestar están al alcance de vuestras manos. El mismo esfuerzo y el mismo sacrificio que cuesta elevar a un gobernante, esto es, a un tirano, cuesta la expropiación de los bienes que lo detentan los ricos. A escoger, pues; o un nuevo gobernante, esto es, un nuevo yugo, o la expropiación salvadora y la abolición de toda imposición religiosa, política o de cualquier otro orden.

El grito de guerra de los liberales era «Tierra y Libertad». Y esas dos palabras concretan verdaderamente todo el programa de Ricardo Flores Magón y el de los anarquistas en general.

En octubre, Mother Jones, persona muy conocida en el movimiento socialista de los estados Unidos, visitó el grupo de Regeneración en comisión del gobierno de México para solicitar a los rebeldes a regresar a su país y a firmar la paz con Madero. Ricardo Flores Magón, sin vacilación, respondió en nombre de la Junta: ¿Por qué a nosotros se nos ofrecen comodidades y se deja a quince millones de seres humanos víctimas de la miseria, de la tiranía, de la ignorancia?

«No, no traicionaremos a nuestros hermanos los desheredados. Preferimos nuestra miseria al remordimiento de haber obrado mal; preferimos la inquietudes de nuestra vida de perseguidos a las delicias de una vida ociosa comprada con una traición; preferimos el presidio y la muerte a que alguien no arroje con derecho a nuestro rostro esta palabra: ¡Judas!».

Estas exclamaciones no eran vanas arrogancias de lenguaje: los hechos vinieron a demostrar que salían de lo hondo del corazón honesto. William C. Owen ha dicho de esos rebeldes que eran fanáticamente leales a sus convicciones anarquistas; también es verdad.

La incomprensión de los anarquistas europeos

Queremos hablar de un episodio desagradable de la vida de Ricardo Flores Magón: la guerra que le hicieron algunos individuos que se decían anarquistas y que no habían comprendido ni la evolución del partido Liberal Mexicano ni las condiciones de México. Una de las acusaciones que se hicieron a la Junta liberal fue la de emplear el dinero que recibían de todas partes para fomento de la revolución mexicana en cuestiones personales. Esa acusación no se hubiera atrevido a hacer ni los enemigos más reaccionarios de Ricardo Flores Magón, pues el ejemplo de la vida de ese hombre y de sus compañeros está bien patente como una prueba de honestidad y de su abnegación. Otro de los reproches que se le lanzaron fue el de propagar el programa del Partido Liberal, promulgado el 1º de julio de 1906, que de ningún modo pude calificarse de anarquista; pero desde 1908 y sobretodo después de salir de la cárcel de Arizona, Ricardo Flores Magón y la mayoría de sus compañeros, si bien siguieron mantenido ese programa, lo hacían interpretándolo como pan, tierra, libertad y bienestar, nunca en un sentido gubernativo; en sentido gubernativo pensaban Juan Sarabia y Antonio I. Villareal, pero éstos fueron puestos al margen; el primero cuando se declaro maderista y el segundo cuando demostró no ser apto para evolucionar hacía el anarquismo; reacuérdense que la tentativa de 1908 se hizo sin poner a Villareal —preso con Ricardo Flores Magón y Rivera— en antecedentes de los trabajos que se realizaban. Las contradicciones descubiertas en este dominio se deben, por una pare, el desconocimiento del desenvolvimiento seguido por la Junta Organizadora del Partido Liberal y en segundo lugar a que Ricardo Flores Magón no era un doctrinario que medía cada una de las palabras por el rasero de un dogma invariable: escribía con fuego y escribía mucho; no tenía tiempo para reflexionar detenidamente en sus frases, y no es de extrañar que se le haya escapado expresiones o que no hayan pensado en actitudes que hubieran podido ser interpretadas torcidamente. Lo que no se puede negar es que un soplo libertario innegable circula por toda la obra de ese rebelde, aun antes de proclamarse anarquista. Hasta podría afirmarse que jamás pasó por la imaginación Ricardo Flores Magón, desde 1900, la idea de convertirse en gobernante para salvar a México; si firmó el programa de 1906 con su hermano Enrique y Librado Rivera, fue para atraer al elemento liberal y orientarlo mejor, como había ya hecho antes al desviarlo de la mera critica anticlerical para lanzarlo a la gran epopeya antiporfirista. También se dijo (Grave y otros) que la revolución mexicana solo existía en la fantasía de los redactores de Regeneración de los Ángeles. He aquí la polémica sostenida en Les Temps Nouveaux, de Paris. Un grupo de camaradas franceses solicitó informes para pasar a México con el propósito de luchar por la revolución. A esa demanda respondió un camarada de Regeneración, Manuel G. Garza (Teodoro Gaytán, alejado actualmente de todo movimiento revolucionario), agradeciendo las buenas inatenciones; pero advirtiendo que el Partido Liberal no disponía de fondos para equipar, transportar y sostener a los camaradas que ofrecer su concurso a la revolución Mexicana. Y, efectivamente, hay que tener en cuenta las condiciones de México y los momentos de lucha y de incertidumbre de entonces para pensar lo que hubiera significado una docena de anarquistas desconocedores del terreno, del idioma, etc., en el campo de la lucha en que se debatían los federales, maderistas, liberales, zapatistas y otros; hubiera resultado más bien una carga que un beneficio. En el número del 2 de marzo de 1912. Les Temps Nouveaux publica un articulo de R. Froment en que se desprestigia la obra del Partido Liberal Mexicano y se niega y se niega la existencia de una revolución social en México, censurando a Regeneración por haber tenido palabras de benevolencia para Zapata, que no era anarquista. En otros diversos periódicos anarquistas se combatía también a Ricardo Flores Magón y a sus amigos, presentándolos bajo colores bastante ambiguos. En el número de Les Temps Nouveaux del 3 de febrero intervino Tarrida del Mármol para exponer la situación mexicana y aclarar algunos puntos oscuros. De Ricardo Flores Magón dice:

... ha tenido el error de atacar con la mayor violencia a antiguaos compañeros de lucha, algunos de los cuales son excelentes revolucionarios que han conocido la barricada, la prisión o el destierro, pero que ha rehusado seguirle en su evolución anarquista y en su compaña contra Madero en un momento en que este último dirigía el asalto contra la dictadura aún omnipotente. Dicho esto, hay que proclamar bien alto que Ricardo Flores Magón es uno de los luchadores más sinceros, más viril, más honestos de nuestra época.

Lo que reprocha Tárrida del Mármol se justifica bien cuando se ésta en plena lucha y cuando es preciso exigir a los camaradas con claridad y sinceridad. Ricardo Flores Magón no era de esos que ponían contemporizador con los que se mostraban vacilantes o ambiguos y no reconocía términos medios: con el Partido liberal o contra el.

La actitud de Grave y Les Temps Nouveaux motivó una carta de Ricardo Flores Magón, firmada también por Enrique y William C. Owen, a Grave, para protestar contra las acusaciones francas y veladas hechas en Les Temps Nouveaux al grupo Regeneración y a la revolución mexicana. Grave puso una nota al pie de la carta haciendo notar, en resumen, que todas las noticias que circulaban por la prensa obrera sobre la revolución social mexicana procedían de Regeneración, y por que si era verdad que en México había lucha revolucionaria social, cómo se explicaba que los Flores Magón estuvieran a centenares de kilómetros del teatro de contienda. A simple vista, las objeciones de Grave parecen Lógicas; pero como la mayoría de las que se hicieron a la obra de Regeneración, se debe a un desconocimiento de la realidad.

Emma Goldman tuvo ocasión de tratar a los hombres de Regeneración y no ha hecho en Mother Earth la menor insinuación, si no que se esforzó por recoger dinero y enviarlo al periódico. Voltairine deCleyre estudió también la revolución de México y no ha podido menos de reconocer su significación y los meritos de la obra de Ricardo Flores Magón y sus amigos de la Junta los cuales no hubieran hecho nunca tanto con las armas en la mano, en México, como con la pluma en los Ángeles . La cobardía no es un reproche que pueda hacérsele a esos hombres, que demostraron en toda su vida heroica que desconocían el miedo; tampoco les podía asustar la cárcel a quienes pasaron los mejores años de su existencia en las diferentes prisiones. Lo que en primer término los retenía en los Ángeles era la organización de la propaganda y de los grupos insurrecciónales; en México hubiera corrido el peligro de caer de inmediato en manos de Díaz o de Madero, y con su arresto en una prisión mexicana hubiese terminado todo, por que sin ellos todos los elementos que respondían al Partido Liberal habrían perdido el ánimo y habrían quedado desorientados. Piénsese también en el peligro de intervención norteamericana, que Ricardo Flores Magón que quería contrarrestar con su propaganda en Estados Unidos.

Kropotkin se apresuró a enviar a Les Temps Nouveaux, el 27 de abril de 1912, una rectificación a las observaciones de Grave y de otros camaradas. Así explica el viejo anarquista la desilusión de algunos amigos sobre la revolución mexicana:

Como tantos otros italianos, rusos, etc., etc., han soñado probablemente con campañas garibaldinas, y no han encontrado nada de eso. Llanuras, campos apacibles que desconfiaban (y con razón) de los extraños y —de tanto en tanto—, ya aquí, ya a veinte leguas al este, al sur o al norte de este punto, a siete, ocho días de distancia, una u otra aldea expulsa a los explotadores y se apodera de la tierra. Después, tras veinte o treinta días, llega un destacamento de soldados «del orden»; ejecuta a los rebeldes, incendia la aldea y, en el momento en que regresa «victorioso», cae en una emboscada, de donde no escapa más que dejando la mitad del destacamento muerto o herido. He ahí lo que es un movimiento campesino. Y es evidente que si llegaron allá jóvenes que soñaban con una campaña garibaldina, llenos de entusiasmo militar, no encontraron más que desaliento. Se apercibieron pronto de su inutilidad.

Desgraciadamente las nueve décimas partes (quizás el 99 por ciento) de los anarquistas no conciben la «revolución» de otro modo que bajo forma de combates sobre las barricadas, o de expediciones garibaldinas triunfantes.

Las consideraciones de Kropotkin llevaron a Grave a una especie de rectificación.

Otra vez a la cárcel

El proceso entablado después del arresto del 14 de junio de 1911 se celebró el 25 el de junio de 1912 en los tribunales de los Ángeles, California. Duró tres semanas y constituyen una infame comedia, cuyos testigos de cargó pertenecían al elemento de más baja estatura moral, comprados por el gobierno mexicano. Los testimonios favorables fueron casi todos rechazados, y los rebeldes, Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa fueron condenados a veintitrés meses de prisión, pena expiada en la penitenciaria de la isla de McNeil, Estado de Washington. El gobierno norteamericano tenía igualmente un gran interés en obstaculizar las actividades de esos hombres, pues las altas finanzas yanquis poseerían una gran parte de la riqueza de México y, para conservar y acrecentar la riqueza, protegieron ayer a Díaz, luego a Madero, después a Carranza, y a todo el que se demostrase dispuesto a someterse a los dictados del capitalismo de los Estados Unidos.

Regeneración siguió apareciendo con más o menos dificultades, redactando en su mayor parte por Antonio de P. Araujo. Numerosas rencillas y ambiciones salieron a la superficie; pero el deseo de apoderarse de Regeneración fracaso. No faltaron tampoco las calumnias Más cobardes contra los presos, calumnias que arrancaron a Ricardo Flores Magón estas amargas palabras:

En vez de dársenos en le presidio los cinco dólares diarios y de pasarnos en él una vida regalona, como aseguran nuestros pequeños enemigos, se nos hacia trabajar bajo la lluvia y la nieve, a una temperatura glacial, en aquel lugar del extremo norte d este país. Nuestras ropas, destilando agua, se secaban al calor de nuestros cuerpos por la noche, mientras dormíamos en nuestro calabozo. La alimentación que se nos proporcionaba no bastaba para que nuestros cuerpos recobrasen las fuerzas perdidas en las duras faenas del presidio...

Durante la permanencia en la isla McNeil un diputado por Baja California, hizo gestiones a favor de la libertad de los presos. Wilson se negó a abrir las puertas del presidio a esos hombres, por conceptuarlos demasiado peligrosos.

Por fin, en enero de 1914, salieron en libertad, después de cumplida su condena. Anselmo L. Figueroa, en cuyo cuerpo dejó hondas huellas la vida del presidio, murió el 14 de junio del mismo año.

El 31 de enero hicieron los ex-reos esta declaración en el periódico:

Después de la forzada ausencia nos encontramos otra vez entre los libres. Entramos al presidio con la frente levantada y salimos de él con la frente alta diciéndoles a todos, amigos y enemigos; ¡Aquí estamos! ¡Aquí estamos! Si el enemigo creyó eliminarnos hay que confesar que el enemigo ha fracasado. Los grillos torturaron nuestra carne, pero nuestra libertad está entera y hoy somos los hombres de siempre, los rebeldes tenaces, los enemigos de la injusticia...

En la brecha

Al salir de la isla de McNeil, la situación mexicana permanecía más o menos idéntica; solo los hombres del poder y sus contrincantes habían cambiado; en lugar de Madero, estaban en lucha Huerta y Carranza. Emiliano Zapata permanecía inexpugnable en el Estado de Morelos. Las fuerzas liberales habían ido decreciendo, y solo de tanto en tanto se escuchaba una acción de armas, la toma de un pueblo, una derrota, aprisionamientos, fusilamientos, etc. Pero todo el proletariado mexicano estaba penetrado de la idea de la toma de la tierra, Zapata mantenía buenas relaciones con los liberales, muchos de los cuales se habían puesto de parte suya, y hasta llegó a ofrecer a Regeneración todo el papel que necesitara siempre que se publicase en la zona controlada. Era natural que Regeneración tratase benevolentemente a Zapata; las divergencias profundas que separaban de los liberales a Zapata era evidentes; pero por el momento quedaban debilitadas ante la apremiante lucha a muerte contra los poderes políticos reaccionarios. Zapata quería la libertad económica de los campesinos, la expropiación de la tierra, y no solo la quería en teoría, si no que la realizo en la practica. En agosto de 1914 publicó un manifiesto fechado en Milpa Alta, Distrito Federal; de él tomamos el siguiente párrafo:

... El pueblo de los campos quiere vivir la vida de la civilización, trata de aspirar el aire de la libertad económica que hasta aquí a desconocido... Eso de gobierno militar primero y parlamentarismo después, reformas en la administración para que quede organizada, pureza ideal en manejo el manejo de los fondos públicos, responsabilidades oficiales escrupulosamente exigidas, libertad de imprenta para los que no saben escribir, libertad de votar para los que no conocen a los candidatos; correcta administración de la justicia para los que jamás ocupan a un abogado; todas esas bellezas democráticas, todas esas grandes palabras con que nuestros abuelos y nuestros padres se deleitaron, han perdido ya su mágico atractivo y su significación con el pueblo. El pueblo ha visto que con elecciones o sin elecciones, que con sufragio efectivo o sin él, con dictadura porfirista o con democracia maderista, con prensa amordazada o libertinaje de prensa, siempre, y de todos modos, él sigue rumiando sus amarguras, devorando sus humillaciones incansables, y por eso teme, y con sobrada razón, que los libertadores de hoy vayan a ser iguales a los caudillos de ayer.

Ciertamente en el zapatismo había tenencias estatistas; pero ningún partido político, y menos los modernos comunistas se han acercado a una solución tan radical del problema agrario, no es preciso advertir que el zapatismo, después de la desaparición de Zapata, se transformó en un partido vulgar con una ideología apropiada para defender los intereses de los grandes propietarios latifundistas.

Flores Magón intervino fogosamente en la propaganda desde le primer día de su liberación; las flechas agudas de su ingenio se dirigieron principalmente contra Venustiano Carranza, que disputaba a Huerta la presidencia y que estaba protegido por los Estados Unido. Ricardo Flores Magón tenía sus prevenciones contra Estados Unidso, cuyos capitales habían convertido a México en una dependencia de WallStrett. Por lo demás, le sobraba razón. Pero su anticarrancismo era al mismo tiempo una exposición práctica de las ideas anarquistas. No se redujo a criticar y sacar a relucir los crímenes de los nuevos gobernantes, si no que al mismo tiempo expuso el verdadero camino de la emancipación. Como desde 1910 no cesó de repetir: el mal no es un hombre, si no un sistema, incitado a la acción directa de los desheredados.

Jesús M. Rangel

Al conseguir Rangel la libertad, trasladado en 1912 del hospital Juárez, a la ciudad de México, se puso de inmediato en acción, trasladándose a los Estados Unidos después de una gira por el sur, donde operaba Zapata. Organizó en el estado de Texas una nueva guerrilla, y el 11 de septiembre de 1913 se puso en marcha para México. Unos espías norteamericanos sorprendieron a los rebeldes, matando a Silvestre Lomas, que servia de centinela al grupo rebelde; los demás hicieron prisioneros a los asaltantes y continuaron su marcha. Por el camino, José Guerra, quien fungía esta vez como jefe de los rebeldes, ajusticio al espía Candelario Ortiz por haber sido el que dio muerte a Lomas. Al día siguiente una numerosa partida de fuerzas norteamericanas arrestó a toda la guerrilla de rebeldes, entablándose un ligero tiroteo, en el que pereció uno de los liberales, Juan Rincón; Guerra desapareció también en ese encuentro y se cree que fue muerto por las fuerzas norteamericanas. El total de la guerrilla ascendía a catorce, y son los siguientes: Jesús M. Rangel, Charles Cline, Abraham Cisneros, Eugenio Alzalde, Miguel P. Martines, Bernardino Mendoza, Luz Mendoza, Jesús Gonzáles, Lino Gonzáles, Leonardo I. Vázquez, Domingo R. Rosas, José Ángel Serrano, Lucio R. Ortiz y pedro Perales. Siguió un monstruoso proceso, y los supervivientes de la frustrada expedición fueron condenados, la mayor parte de ellos, a elevadísimas penas de veinticinco a noventa y nueve años de presidio. Eugenio Alzalde y Lucio R. Ortiz han muerto en la prisión a manos de sus guardianes, y quedan actualmente Jesús M. Rangel, Charles Cline, Abraham Cisneros. Jesús Gonzáles y Leonardo M. Vázquez, todavía en las cárceles de Texas, olvidados de todos aquellos por quienes expusieron tantas veces la vida en la lucha contra el porfirismo, contra el maderismo, contra el carrancismo... Ricardo Flores Magón ha clamando ayuda a favor de los amigos, ha escrito vigorosos llamados, y no desperdició ninguna ocasión de atraer la atención del mundo sobre la significación de Rangel y compañeros de la revolución mexicana. Ricardo Flores Magón murió sin haber conseguido la libertad de los valientes guerrilleros libertarios, que van a cumplir ya doce años en el presidio.

Nuevo proceso

El 28 de febrero de 1916 fueron citados a la corte Federal de los Ángeles, Ricardo y Enrique Flores Magón, a responder, el primero, por tres artículos anticarrancista, y el segundo por haber escrito que Wilson estaba en connivencia con Carranza; también fue perseguido por W. C. Owen por haber atacado a Wilson. Ricardo y Enrique Flores Magón quedaron detenidos. Simultáneamente el correo comenzó a poner dificultades a la circulación de Regeneración, quedando, por último, fuera del registro postal, a fin de evitar su circulación. Ricardo Flores Magón enfermó en la cárcel y fue enviado al hospital en mayo. Después de la farsa del proceso que se les siguió a los presos, fueron condenados a sufrir la pena de trabajos forzados, tres años para Enrique Flores Magón. Y un año para Ricardo, a quien se le arranco de la cama para ir a recibir la sentencia, y como no se esperaba que viviera un año en la cárcel, el juez expreso que debido a su enfermedad se le ponía sentencia tan baja. Se apeló de la sentencia, la cual les fue revocada por el juez de apelaciones de San Francisco, California, durante una nueva acusación, que se le instruía a Ricardo Flores Magón en compañía de Librado Rivera en marzo de 1918.

El juez exigió una fianza de cinco mil dólares para Ricardo y Cinco mil para Enrique, suma que no pudo ser recogida naturalmente, y que si se hubiera presentado no habría sido tal vez admitida, por que la esencia era retener presos a los rebeldes, por convenir así a los intereses de los amos de México. Alejandro Berkman y Emma Goldman intervinieron y recogieron dinero para la fianza, que tras de no pocos trámites fue admitida y los presos recobraron su libertad provisoria en Julio.

Con la misma energía de siempre, con el mismo fuego, con la misma tenacidad, Ricardo Flores Magón prosiguió en su puesto de combate. Carranza no encontró en su camino una persona que le azotara más que despiadadamente que Ricardo. Las largas Catilinarias «Carranza traiciona la revolución» y «Carranza se despoja de la piel de oveja», merecen siempre leerse; son un modelo de critica libertaria a la reacción reformista. Un historiador desapasionado de la vida política mexicana no podrá menos que recurrir a los trabajos de Ricardo Flores Magón para la comprensión de la verdad. El halito justiciero que circula por esos escritos y los latigazos sangrientos que asestaba a los enemigos de la revolución, son imperecederos.

La Guerra Mundial

Cuando estalló la guerra mundial, Flores Magón no tuvo un momento de vacilación; en esa guerra no tenían nada que defender los revolucionarios. Con muestras de gran indignación, exclamó algunas veces: «¡Esos borregos que agonizan en los campos de batalla de la burguesía, son una amenaza para nuestra libertad cuando están vivos!» Ha visto en la guerra una excelente oportunidad para las agrupaciones de todos los revolucionarios y para una acción internacional contra la explotación y la tiranía.

La prensa obrera y anarquista de los Estados Unidos estaba sufriendo los más brutales atropellos; centenares de revolucionarios de todas las nacionalidades y aun norteamericanos fueron arrestados y condenados a penas fabulosas por delitos de propaganda contra la guerra. Regeneración no podía salvarse; además de su campaña contra el gobierno de México, que amenazaba sin cesar los intereses de los capitalistas de los Estados Unidos, era un órgano anarquista que circulaba mucho entre el elemento de habla española de la república de los «Bravos» y»Libres».

Una faceta de la personalidad de Flores Magón

Fue en 1906 cuando escribió Ricardo Flores Magón su drama Tierra y Libertad, una exposición de sus ideas y de su crítica a la sociedad actual. También escribió demasiadas historietas, utopías comunistas libertarias (El triunfo de la revolución social y Vida Nueva). Dio expresión a la riqueza de que desbordaba su cerebro y su corazón en formas populares, accesibles a la comprensión de todas las inteligencias. Los dos pequeños volúmenes Sembrando ideas y Rayos de Luz, publicados últimamente[8] están tomados de Regeneración y contiene una faceta de la inteligencia y de la sensibilidad de Ricardo Flores Magón para llegar al alma de las masas. La mayoría de esos escritos son apropiados para la propaganda campesina y para la lectura en las escuelas. Francisco Ferrer los hubiera recomendado en su sistema de enseñanza. El fondo de toda la visión mental Ricardo Flores Magón era el paisaje de mexicano, el pueblo mexicano; pero ese apego a su país no le privó un momento de ser internacional y de aspirar a la fraternidad de todos los desheredados de la tierra. Es verdad: su corazón albergaba más de un reproche contra el pueblo norteamericano; pero es que había sido profundamente herido en sus sentimientos por el desprecio hacia el mexicano que constaba al otro lado de la frontera y por que había visto muchos crímenes contra sus hermanos de raza, por que muchos de sus amigos y él mismo habían sufrido persecuciones y prisiones en tierra norteamericana; el desprecio hacía los mexicanos en Estados Unidos era artificialmente nutrido por la prensa capitalista; Ricardo Flores Magón no lo desconocía y por eso atribuía esos odios injustificados e injustos al orden actual autoritario y capitalista. Pero a quienes odiaba tanto como a los verdugos de su país era a los acaparadores de Wall Street, propietarios de industrias, de minas, de ferrocarriles en México; veía que era de ellos de quien dependía México, y no había otro recurso, para romper ese yugo de dependencia económica y política que la expropiación general de la riqueza en beneficio de todos.

Las jefaturas

Flores Magón ha dicho que él no adulaba ni a los tiranos ni a las masas, y ése fue el lema al que permaneció fiel toda la vida; ha tenido por guía la verdad, y la ha dicho sin reflexionar en las consecuencias. Muchas verdades útiles podrán encontrar siempre los trabajos de México en los escritos del hombre que tanto ha dado a la causa de la revolución social.

Queremos transcribir algunos párrafos tomados al azar en los escritos de Ricardo Flores Magón.

En vísperas de entrar a la cárcel, en junio de 1911, escribía:

No hay que pensar en jefaturas. Los ideales purísimos que sostenemos están reñidos con imposiciones de toda clase. Que cada uno de vosotros sea jefe de sí mismo, es lo que ardientemente deseamos. Los libertarios no estamos acostumbrados a tener líderes.

Tened presente que estáis luchando por conquistar el derecho a vivir que tiene toda criatura humana. No estáis luchando por encumbrar a nadie al poder, por que seria tanto como sacrificarse por tener un nuevo verdugo.

¿Huelga o insurrección?

He aquí un concepto particular de las luchas proletarias:

Cientos de huelgas se registran en estos momentos, en todo el país, de carácter más o menos revolucionario —escribía en enero de 1911—. Hasta hoy las mejores huelgas han sido la de los peones del campo de Yucatán, por que lo compañeros trabajadores no han asumido esa actitud inofensiva de dejar caer la herramienta y de cruzarse de brazos en esperas de mejores salarios y de reducción de las horas de trabajo. Los peones de las haciendas yucatecas han tomado posesión de muchas de ellas y las están trabajando por su cuenta, desconociendo resueltamente el derecho de los ricos de tener a salarios a los trabajadores. Otros actos notables de reivindicación de los derechos de los productores han sido la toma de posesión de la tierra por los habitantes del Estado de Morelos, para trabajar sin amos pues se ha desconocido a éstos el derecho de propiedad; loa toma de posesión de la tierra por los camaradas yaquis y la heroica lucha de éstos contra las fuerzas de Madero, que pretendieron desalojarlos de sus tierras...

Las huelgas de carácter revolucionario se han concretado a volar fábricas con dinamita, a arrasar plantas, a despoblar minas; pero hay que reflexionar sobre esto. Si se destruye la maquinaria, poco se ganará. Hay que tomar resueltamente posesión de la tierra, de los talleres, de las minas, de las fundiciones, etc. En lugar de dejar caer la herramienta y cruzarse de brazos, en lugar de destruir el patrimonio común, compañeros, hermanos trabajadores, seguid trabajando; pero con una condición: de no trabajar para los patrones sino para vosotros y vuestras familias.

Sobre la huelga en sí tenía esta opinión:

La huelga no es redentora. La huelga es una vieja arma que perdió su filo dando golpes contra la solidaridad burguesa y la ley del hierro de la oferta y la demanda. La huelga no es redentora por que reconoce el derecho de propiedad, considera que le patrón tiene derecho a quedarse parte del producto del trabajo humano. Se gana una huelga; pero el precio de los productos aumenta y la ganancia para el trabajador es perfectamente ilusoria. Lo que antes de la huelga valía, por ejemplo, un centavo, después de que ha sido ganada la huelga, valdrá dos, con lo que el capital nada pierde y sí pierde el trabajador...

Mexicanos, éste es el momento oportuno. Tomad posesión de todo cuanto existe. No paguéis contribuciones al gobierno; no paguéis la renta de las casas que ocupáis; Tomad las haciendas para trabajar la tierra en común, haciendo uso de la excelente maquinaría que tienen los burgueses; quedaos con fábricas, talleres y minas...

Para Flores Magón el movimiento sindical era insuficiente; y presentaba el ejemplo de la gran American Federation of Labor, con millón y medio de afiliados. Verdaderamente las condiciones mexicanas de entonces se prestaban más para la acción insurreccional armada que para la acción defensiva de los sindicatos. Pero con el tiempo comprendió la razón de ser las organizaciones obreras, como lo comprendió Kropotkin en sus últimos años.

Si Flores Magón hubiese visto el año de 1921 y constatado que fueron las organizaciones obreras reformistas las que elevaron a la presidencia a Elías Calles, habría llegado a la conclusión de que es preciso arrancar a los trabajadores, por medio de organizaciones obreras económicas y revolucionarias, de los explotadores políticos. Tal labor es larga y paciente, pero a Flores Magón no le faltaba la voluntad para la lucha. Estamos ya en tiempos en que la mera táctica de la insurrección armada se vuelve inofensiva; es preciso hacer frente a la burguesía con armas que hieran más que el fusil y la bomba, y una de las armas que más daño hace al capitalismo y al Estado es la propaganda y la difusión de las ideas libertarias.

Lo importante en Flores Magón es la rebeldía que inspira; no comprendía la adhesión platónica a las ideas anarquistas; exigía la resistencia constante, con todos los medios, a las imposiciones autoritarias y a la explotación. Y su esfuerzo no ha sido en vano. Ha contribuido, más que nadie en México, a elevar el nivel moral del proletariado esclavo.

El gran crimen de Ricardo Flores Magón

La reacción general de los Estados Unidos no podía menos de alcanzar a Regeneración, como había alcanzado a tantos órganos anarquistas, The Blast, de Alejandro Berkman; Revolt, The Alarm VolneList, The Woman Rebel, Temple Talk, Voluntad, Gremial, etc., etc. La menor palabra contra la guerra era castigada con una sentencia monstruosa. Luego estallo la Revolución Rusa, y Flores Magón, como en tantos otros, produjo el jubiló y el entusiasmo consiguiente. El 16 de marzo de 1918, La Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano se dirigió a los miembros del partido, a los anarquistas de todo el mundo y a los trabajadores en general, en un manifiesto firmado por Ricardo Flores Magón y Librado Rivera. Ese escrito no es de ningún modo violento, si no solo una exhortación para prepararse a tomar una parte activa en los acontecimientos que se aproximaban. Hasta se podría decirse que es demasiado manso, que no contiene el fuego habitual de los escritos de Ricardo Flores Magón. Para juzgar fríamente el crimen de las autoridades norteamericanas, reproducimos íntegro ese manifiesto, que pasa a la historia por haberse fundado en él un negro crimen de sistema capitalista y autoritario:

Compañeros:

El reloj de la historia está próximo a señalar, con su aguja inexorable, el instante que ha de producir la muerte de esa sociedad que agoniza.

La muerte de la vieja sociedad está próxima, no tardará en ocurrir, y solo podrán negar este hecho aquellos a quienes interesa que viva, aquellos que se aprovechan de la injusticia en que está basada, aquellos que verán con horror la revolución social, por que saben al día siguiente de ella tendrán que trabajar codo a codo con sus esclavos de la víspera.

Todo indica, con la fuerza de evidencia, que la muerte de la sociedad burguesa no tarda en sobrevenir. El ciudadano ve con torva mirada al polizonte, a quien todavía ayer consideraba su protector y su apoyo; el lector asiduo de la prensa burguesa encoge los hombros y deja caer con desprecio la hoja prostituida en que aparecen las declaraciones de los jefes del Estado; el trabajador se pone en huelga sin importarle que con su actitud se perjudique a los patrios intereses, consiente ya de que la patria no es su propiedad, si no la propiedad del rico; en la calle se ven rostros que a las claras delatan la tormenta interior del descontento y hay brazos que parece que se agitan para construir las barricadas. Se murmuran en la cantina; se murmuran en le teatro; se murmura en le tranvía y en cada hogar, especialmente en nuestros hogares, en los hogares de los de abajo; se lamenta la partida de un hijo a la guerra, o los corazones se oprimen y los ojos se humedecen al pensar que mañana, que tal vez hoy mismo, el mocetón que es la alegría del tugurio, el joven que con su frescura y su gracia envuelve en resplandor de aurora la triste existencia de los padres que están en le ocaso, será arrancado del seno amoroso de la familia para ir a enfrentarlo, arma al brazo con otro joven que es, como él, el encanto de su hogar, y a quien no odia, y a quien no puede odiar por que ni siquiera le conoce.

Las flamas del descontento se avivan al soplo de la tiranía, cada vez más ensoberbecidas y cruel en todo el país, y aquí y allá, y acullá, y en todas partes, los puños se crispan, las mentes se exaltan, los corazones laten con violencia, y donde no se murmura, se grita, suspirando todos por el momento que las manos encallecidas en cien siglos de labor deban dejar caer la herramienta fecunda para levantar el rifle que espera, nervioso, la caricia del héroe.

Compañeros, el momento es solemne, es el momento precursor de la más grandiosa catástrofe política y social que la historia registra: la insurrección de todos los pueblos contara las condiciones existentes.

Va a ser, seguramente, un impulso ciego de las masa que sufren; va a ser, a no dudarlo, la explotación desordenada de la cólera comprimida por el revolver del esbirro y la horca del verdugo; va a ser el desbordamiento de todas las indignaciones y de todas las amarguras y va a producirse el caos, el caos propicio al medro de todos los pescadores a río revuelto; caos del que pueden surgir nuevas opresiones y tiranías nuevas por que en esos casos, regularmente, el charlatán es el líder.

Toca pues, a nosotros, los consientes, preparar la mentalidad popular para cuando llegue el momento, ya que no preparar la insurrección, por que la insurrección nace de la tiranía.

Preparar al pueblo no solo para que espere con serenidad los grandes acontecimientos que vislumbramos, si no que sea capaz de no dejarse arrastrar por los que quieren conducirlos ahora por cambios de flores e idéntica esclavitud o tiranía semejante a la que hoy sufrimos.

Para lograr que la rebeldía inconsciente no forje con sus propios brazos la cadena nueva que de nuevo ha de esclavizar al pueblo, es preciso que nosotros, todos los que no creemos en gobiernos, todos los que estamos convencidos de que gobierno, cualquiera que sea su forma y quien quiera que se encuentre enfrente de él, es tiranía, por que no es una institución creada para proteger al débil, si no para amparar al fuerte, nos coloquemos a la altura de las circunstancias y sin temor propaguemos nuestro santo ideal anarquista, el único humano, el único justo, el único verdadero. No hacerlo, es traicionar a sabiendas las vagas aspiraciones de los pueblos a una libertad sin límite, como no sean los límites naturales, esto es, una libertad que no dañe a la conservación de la especie.

No hacerlo, es dejar manos libres a aquellos que quieren aprovechar, para fines meramente personales, el sacrificio de los humildes.

No hacerlo, es afirmar lo que dicen nuestros contrarios: que ésta muy lejano el tiempo en que pueda implantarse nuestro ideal. Actividad, actividad y más actividad, esto es lo que reclama el momento.

Que cada hombre y cada mujer que amen el ideal anarquista, lo propaguen con tesón, con terquedad, sin hacer aprecio de burlas, sin medir peligros, sin reparar en consecuencias.

¡Manos a la obra, camaradas, y el porvenir será para nuestro ideal!

Ese es el manifiesto por el cual Ricardo Flores Magón y Librado Rivera fueron procesados y condenados, el primero a 20 años y el segundo a 15 años de presidio. El 15 de agosto de 1918, ambos «delincuentes» entraban a la prisión de la isla McNeil, Estado de Washington, a cumplir la sentencia. Flores Magón llegó enfermo a la penitenciaria y fue sometido a tratamiento médico. Después de haber leído íntegramente el cuerpo del delito, está de más afirmar que el proceso entero ha sido un complot judicial para perder a esos dos hombres.

Capítulo quinto

En Leavenworth

Después de quince meses de permanecía en la isla de McNeil, Ricardo Flores Magón fue trasladado a Leavenworth, Kansas, a solicitud propia, pensando que en ese establecimiento podría atender mejor su salud. Librado rivera consiguió también el traslado, nueve meses más tarde.

La vida en Leavenworth es una continua tragedia; no solo no mejoro la salud, si no que fue empeorando, y a su malestar se añadió poco después una afección visual que le iba privando de la vista. La ceguera era un estado que le causaba terror, y por si algo imploraba a sus amigos de afuera que hicieran algo a favor de su liberación, fue con el objeto de atender su salud y de salvarse de quedar ciego.

El gobierno mexicano votó una pensión para el prisionero de Leavenworth, que naturalmente fue rechazada por el beneficiado, que no quería deber nada a ningún gobierno.

En carta dirigida a Nicolás T. Bernal el 20 de diciembre de 1920, dice Magon en parte lo siguiente:

... Después de escrito lo anterior, llegó a mis manos tu carta del 18 del actual, en la que transcribirte la carta que el compañero... te escribió refiriéndose a la pensión que la cámara de diputados generosamente acordó para Librado Rivera y para mí. No pude escribir directamente a México por razones que te explique en mi última carta. Así pues, dile a... que yo no sé lo que Librado piense acerca de esta pensión, sin remordimiento y vergüenza. Recibir el dinero arrebatado al pueblo por el gobierno. Agradezco los sentimientos generosos que impulsaron a la cámara de diputados a señalar dicha pensión. Ellos tienen razón, por que creen en el Estado, y consideran honesto imponer contribuciones al pueblo para el sostenimiento del Estado; pero mi punto de vista es diferente. Yo no creo en el Estado; sostengo la abolición de las fronteras; lucho por la fraternidad universal del hombre; considero al Estado como una institución creada por el capitalismo para garantizar la explotación y la subyugación de las masas. Por consiguiente, todo dinero derivado del estado es el sudor, la angustia y el sacrificio de los trabajadores. Si el dinero viniera directamente de los trabajadores, gustosamente y hasta con orgullo lo aceptaría, por que son mis hermanos. Pero viniendo por intervención del Estado, después de haber sido exigido —según mi convicción— del pueblo, es un dinero que quemaría mis manos, y llenaría de remordimiento mi corazón. Repito mi agradecimiento a Antonio Díaz Soto y Gama (Actual diputado socialista) en particular, y a los generosos diputados en general. Ellos pueden estar seguros que con todo mi corazón aprecio sus buenos deseos; pero yo no puedo aceptar el dinero.

Sindicalismo y anarquismo

La razón de ser de las organizaciones obreras revolucionarias que después comprendió Ricardo Flores Magón, se ve por las cartas que siguen, escritas a la camarada Elena White, de Nueva York:

Septiembre 5 de 1921.

Deseas mi opinión sobre la actitud que debemos adoptar los libertarios ante el movimiento sindicalista. Hay una cosa que creo firmemente que no debemos hacer: estar en contra de ese movimiento. De todas las formas de organización del trabajo, el sindicalismo se encuentra en el terreno más avanzado, y es nuestro deber ayudarlo, y si no podemos llevar todo el movimiento al plano más elevado de nuestros ideales y aspiraciones, al menos debemos esforzarnos por impedir que retrocedan a tácticas y fines más conservadores. Sin embargo, no creo que jamás el sindicalismo, por sí solo, llegue a romper las cadenas del sistema capitalista; eso se conseguirá por la labor de una conglomeración caótica de tendencias de tendencias; eso será labor creada por las masas llevadas a la acción por la desesperación y el sufrimiento; pero entonces el sindicalismo puede ser el núcleo del nuevo sistema de producción y distribución, y en esa parte el sindicalismo será de gran importancia, por que su acción no solo evitará la prolongación de una condición caótica favorable a la entronización de un nuevo despotismo, si no que librará a las masa de la necesidad y las privaciones, haciendo así difícil, si no imposible, su retraso al estado de las cosas ya desaparecido. ¿He sido bastante claro, mi querida Elena? Pero tu sabes todo esto también como yo, y temo que estos garabatos míos sobre cuestión tan obvia te envíe a dormir. Sin embargo, me pediste tu opinión y no puedo evadir la respuesta. Como vez, considero que el sindicalismo servirá mucho para evitar la prolongación del caos inevitable, por que existirá una tendencia organizadora ya firmemente establecida, al mismo tiempo que muchas otras tendencias andarán tentaleando aquí y allá en la oscuridad del momento, sin poder encontrar una dirección definida. Ahora, en vista del papel lógico a que se nos está destinado el sindicalismo en la gran crisis que se nos enfrenta a los seres humanos, nosotros, los libertario, no debemos permanecer inactivos: debemos sistemáticamente y persistentemente empapar el movimiento sindicalista con nuestras doctrinas hasta el punto de saturación, para que cuando llegue el momento, la producción y la distribución se lleven acabo bajo bases libertarias. Ya muchos sindicalistas han aceptado nuestros ideales, influenciemos al resto por medio de una intensa propaganda. Es tiempo ya de tener una asamblea nuestra en cualquier parte del mundo para estudiar las medios de hacer frente al porvenir. Por supuesto que la asamblea debe ser de carácter internacional. Creo que esta reunión daría gran impulso a nuestra labor.

Septiembre 19 de 1921:

No me cansas en lo más mínimo con tus preguntas, mi buena Elena; pero lo que te diré sobre el tema que tocas es tan elemental, que temo cansarte, mi habilidosa camarada. Cuando hablé del sindicalismo, quise decir el sindicalismo revolucionario, es decir, la unión de los trabajadores que en la actualidad tienen por objeto derrocar el sistema capitalista por la acción directa. Este sindicalismo es el que debemos ayudar para hacerlo fuerte. Respecto a las uniones de la Federación Americana del Trabajo, debemos persistentemente demostrar a sus miembros la necesidad de adoptar los nuevos ideales y las nuevas tácticas que demandan las condiciones presentes. No debemos dejarlos solos: debemos propagar entre ellos nuestros ideales, si no queremos correr el riesgo de verlos unidos al enemigo en un momento de crisis. Esto es lo más que podemos hacer con las uniones obreras del tipo de la Federación Americana del Trabajo: propagar nuestros ideales entre sus miembros para que al menos no estén en contra de su propia clase cuando las circunstancias orillen a cada uno a tomar partido. Es cierto y muy cierto que el sindicalismo que tenemos aquí, en este país, ha degenerado; pero es el único que tenemos y con el cual estamos obligados a tratar con realidades, con lo que es y no con lo que pudiese ser. Si pudiéramos transformar de la noche a la mañana las uniones obreras en uniones de conciencia revolucionaria, pondríamos todas nuestras energías en esa obra, pero no lo podemos hacer; necesitaríamos años, y años y años para llevar a cabo la tremenda obra, y los acontecimientos y los fenómenos de la vida social no detendrán su vertiginosa lucha para darnos tiempo a perfeccionar y aceitar la maquinaria que intentamos usar en un futuro que tal vez está de nosotros más cerca de lo que soñamos. Por lo tanto, bajo estas circunstancias no debemos poner obstáculos a la minoría sindicalista; no debemos dejar sola a esa minoría para dedicar todo nuestro tiempo a catequizar a las uniones obreras, a fin de que la crisis que se aproxima no nos sorprenda enseñando el A, B, C de los derechos sociales a la aristocracia del trabajo. Por supuesto debemos enseñarles el A, B, C; pero sin descuidar la tarea principal: la de hacer del sindicalismo la organización obrera más revolucionaria. Tuviéramos veinte, treinta, cuarenta años ante nosotros para trabajar en la asombrosa transformación de las uniones obreras en sindicalistas revolucionarios conscientes de clase, podíamos intentarlo y saldríamos triunfantes; pero cuando no hay tiempo qué perder, cuando la crisis puede comenzar en cualquier momento, el mes entrante, o el año próximo, o a lo sumo dentro de los próximos cinco años, debemos trabajar con el mejor instrumento o el menos dañado que tengamos a la mano, para hacer frente a los acontecimientos que vengan, y en nuestro caso, el instrumento menos dañado es la sombra del sindicalismo que vegeta en el olvido a nuestro alrededor. Vigoricemos esa sombra; no tenemos tiempo para construir nuevas armas.

Octubre 3 de 1921:

Es cierto que la unión sindicalista que tenemos en este país ha perdido el espíritu que la animó durante su juventud. Sé bien que ha repudiado sus mejores tácticas; pero ¿es irrevocable esta repudiación? No: podemos obligar a este rebaño a adoptar otra vez tácticas revolucionarias y echar al mar a su Comité Ejecutivo con solo desplegar toda nuestra energía entre sus miembros. Si abrigo la opinión que los libertarios se unan a la unión sindicalista con preferencia a otras, es porque sus miembros son, al menos, conscientes de su clase, lo cual ya es una gran ventaja sobre las uniones obreras a cuyos miembros tendríamos que enseñarles los principios más rudimentarios de la guerra de clases para hacerles asumir una actitud revolucionaria. Esta sería la tarea de muchísimos años, con el resultado que la inevitable catástrofe nos sorprendería en nuestra enseñanza en la escuela de párvulos, enseñando el A, B, C, a bebes barbudos, y cuando levantáramos la frente sería para ver a los marxistas ya en el poder. Debemos tener presente que no estamos bajo condiciones normales para poder trabajar cómodamente en la preparación de un futuro distante. El momento es anormal; si no nos damos cuenta de la rapidez de la corriente, es porque estamos en ella, corriendo con ella, y la anormalidad requiere medidas de urgente necesidad. Esta es la razón porque estoy en favor de tomar como nuestra arma la mellada y enmohecida unión sindicalista. En el tiempo que se necesitaría para ponerla en buen orden de trabajo no podríamos hacer una nueva. Por supuesto que no debemos descuidar la escuela de párvulos si nos queda tiempo, y debemos ver que nos quede tiempo para la enseñanza de los bebes de las uniones obreras. En efecto, debe estimularse ese movimiento de que hablas, el de los Comités pro-talleres y, en general, cada quien, donde quiera que se encuentre, debe trabajar por el ideal; pero si es posible llevar a cabo una acción concertada, creo que lo mejor que hay que hacer es concentrar nuestra atención en las uniones sindicalistas para que muera la aborrecida centralización y se restauren las buenas tácticas, hoy muertas.

Poco antes de morir escribía a un amigo:

La máquina del gobierno nunca pondrá atención a mis sufrimientos. Los intereses humanos nada tienen que hacer con los oficiales del gobierno; ellos forman parte de una tremenda maqui8na sin corazón, sin nervios y sin conciencia.

¿Qué voy a quedar ciego? La máquina dirá con una encogida de hombros: «Tanto peor para al».

¿Qué tengo que morir aquí? «Bien dirá la máquina, habrá espacio bastante en el cementerio de la prisión para un cadáver más».

Si tuviera yo un amigo con influencia en la política, se me podría poner libre aun en el caso que pisoteara uno o todos los diez mandamientos. Pero no tengo ninguno, y por cuestión de conveniencia debo podrirme, y morir encerrado, como bestia feroz, en una jaula de hierra.

Mi crimen es uno de aquellos que no tiene expiación. ¿Asesinato? No, no fue asesinato. La vida humana es cosa barata a los ojos de la máquina; por esta causa el asesino consigue fácilmente su libertad, o si ha matado al por mayor nunca será alojado en una jaula de fierro, sino que, en vez de eso, se le cargará con cruces y medallas honoríficas.

¿Estafa? ¡No! Si éste fuera el caso, yo habría sido nombrado presidente de cualquier corporación.

Soy un soñador: éste es mi crimen. Sin embargo, mi sueño de lo bello y mis acariciadas visiones de una humanidad viviendo en la paz, el amor y la libertad, sueños y visiones que la máquina aborrece, no morirán con uno: mientras exista sobre la tierra un corazón adolorido o un ojo lleno de lágrimas, mis sueños y mis visiones tendrán que vivir.

Flores Magón, el combatiente rudo de antes, endulzó su sensibilidad en la última de sus prisiones[9]; en lugar de arengas fogosas, de llamados vibrantes al combate, las cartas que nos quedan de ese periodo de 1918-1922 revelan una dulzura y una magnanimidad sorprendentes; en todas sus cartas aconseja a sus amigos, los alienta para una resistencia espiritual a la autoridad y a la injusticia; se ve en esas misivas privadas al hombre que ha pasado los años mozos y que mira al porvenir con gran optimismo, pero sin arrebatos de la juventud. Flores Magón ha sido sostenido en sus últimos años por su fe en la anarquía, por su amor a la libertad. Los sufrimientos de la privación torturaban su cuerpo y lo reducían más y más a un deshecho humano; pero su espíritu irradiaba con nuevos fulgores y emanaba luz meridiana a medida que su cuerpo era mirado por la enfermedad y que sus ojos se cerraban a la luz del sol.

Una vez los amigos de afuera lograron que las autoridades volvieran a examinar el caso de los prisioneros de Leavenworth; pero fue una mera fórmula: se negaron luego a libertarlos, con el pretexto se que no estaban «arrepentidos». ¡Como si Flores Magón hubiese sido capaz de comprar su libertad con un arrepentimiento cobarde, cuando cada día amaba más sus ideas libertarias y estaba más convencido de su razón de ser y de su triunfo inevitable!

El 6 de diciembre de 1920 escribió Ricardo Flores Magón a N. T. Bernal:

La camarada Erinma Barsky, de Nueva York, me escribió la semana pasada. Me dice que el Licenciado Harry Weinberger fue a Washington la semana antepasada a urgir una decisión en mi asunto, pues sabes que muchos amigos y eminentes influencias han pedido al gobierno mi libertad por razón de ir quedándome ciego rápidamente. En el Departamento de Justicia se dijo al Sr. Weinberger que nada puede hacerse en mi favor si no hago una solicitud de perdón... Esto sella mi destino; cegaré, me pudriré y moriré dentro de estas horrendas paredes que me separan del resto del mundo, porque no voy a pedir perdón. ¡No lo haré! En mis veintinueve años de luchar por la libertad lo he perdido todo, y toda oportunidad para hacerme rico y famoso; he consumido muchos años de mi vida en las prisiones; He experimentado el sendero del vagabundo y del paria; me he visto desfalleciendo de hambre; mi vida ha estado en peligro muchas veces; he perdido mi salud; en fin, he perdido todo, menos una cosa, una sola cosa que fomento, mimo y conservo casi con celo fanático, y esa cosa es mi honra como luchador. Pedir perdón significa que estoy arrepentido de haberme atrevido a derrocar al Capitalismo para poner en su lugar un sistema basado en la libre asociación de los trabajadores para producir y consumir, y no estoy arrepentido de ello; más bien me siento orgulloso de ello. Pedir perdón significaría que abdico de mis ideales anarquistas; y no me retracto, afirmo, afirmo que si la especie humana llega alguna vez a gozar de verdadera fraternidad y libertad, y justicia social, deberá ser por medio del anarquismo. Así pues, mi querido Nicolás, estoy condenado a cegar y a morir en la prisión; más prefiero esto que volver la espalda a los trabajadores, y tener las puertas de la prisión abiertas a precio de mi vergüenza. No sobreviviré a mi cautiverio, pues ya estoy viejo; pero cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: «Aquí yace un soñador», y mis enemigos: «Aquí yace un loco». Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: «Aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas».

Con fecha 10 de septiembre de 1922 volvió a escribir Flores Magón a N. T. Bernal, por insistir el procurador general norteamericano que manifestara arrepentimiento:

Mucho me ha dado en qué pensar la proposición que el compañero De la Rosa me hace de simular arrepentimiento con la mira de obtener mi libertad. La cuestión parece ser sencillísima, y sin embargo, cuán difícil es. Si no amase yo mi ideal de amor y libertad, no tendría yo el menor inconveniente en declarar mi arrepentimiento por haber osado interponerme entre el fuerte y el débil. Mi arrepentimiento, aunque fuera simulado, significaría que es una virtud el aprovecharse de la ignorancia y de la miseria para explotar y oprimir al ser humano. Que los trabajadores no muevan un dedo para forzar mi liberación, eso no me faculta para firmar mi arrepentimiento. Si los trabajadores no mueven un dedo en mi favor, esto solo significa que no merezco su ayuda; pero prefiero que me den la espalda por mi insignificancia y mi inutilidad, a que me escupan el rostro como un cobarde y traidor a sus intereses, lo que tendrían el derecho de hacer si por escapar de una muerte cierta dentro de mi calabozo mis labios se manchasen con estas palabras: ¡Me arrepiento! Me arrepiento de haber socavado el trono de Porfirio Díaz; me arrepiento de haber dado la mano a los esclavos de Valle Nacional y Quintana Roo; me arrepiento de haber tratado de romper las cadenas que atormentan a los peones de las haciendas; me arrepiento de haber dicho al trabajador de la mina y de la fábrica, del muelle y del taller, del ferrocarril y del barco: únete y serás fuerte; me arrepiento de haber hecho entrever al humilde una vida más racional, más justa y más sana para el cuerpo y para la mente; me arrepiento de haber aconsejado la rebeldía contra el despotismo y la explotación. Agradezco al querido compañero De la Rosa su deseo de verme libre; pero no puedo aceptar su sugestión. La indiferencia con que los trabajadores ven mis sufrimientos no me autoriza a envilecerme. Ellos tienen en su poder la llave que puede abrir estas puertas, y si no la usan, es porque no me consideran digno de tanto sacrificio de su parte. Ellos tienen el derecho de dejarme en las garras de sus enemigos; pero eso no me da a mí el derecho de enlodar mis ideales, que no otra cosa sería balbucir mi arrepentimiento, cuando mi corazón y mi conciencia me gritan que he obrado bien; que he cumplido con mi deber como miembro de la familia humana.

Querido Nicolás: con la proximidad del invierno, mis males comienzan a recrudecerse. Cambio de clima y de régimen de vida es lo que me convendría; pero estas buenas cosas tienen un precio que yo no puedo pagar: la desvergüenza. De ello soy un indigente, y es la única moneda que pudiera salvarme. Sin embargo, estoy contento con mi miseria, porque ella me evita el hacer traición a mis ideales, que es lo único que tengo, que es lo que me da fuerza y ánimo: mis queridos ideales que un día no lejano reinarán sobre la Tierra. Yo no gozaré de su triunfo; pero considero como un gran don el sentirlos en mi mente, y mi corazón se llena de satisfacción al ver que el esclavo los acoge con cariño y los hace su bandera. Esta actividad del esclavo es garantía de triunfo, y mi conturbado espíritu se regocija con la visión de un porvenir en que no habrá un solo hombre que diga: Tengo hambre, en que haya quien diga: No sé leer, en que en la Tierra no se oiga más el chirrido de cadenas y cerrojos.

Es también interesante la parte de una extensa carta que sigue, escrita por Ricardo Flores Magón el 9 de mayo de 1921 al licenciado Harry Wienberger, por que revela claramente el carácter del rebelde:

Después de leer esta exposición de hechos, extremadamente larga y espantosamente tediosa, ¿cómo puede cualquier persona creer que yo he sido legalmente encausado y de ninguna manera perseguido? En cada caso, y en flagrante contravención a la ley, mis fianzas han sido fijadas en sumas exorbitantes para así impedirme hacer uso de ese privilegio.

En cuanto a la veracidad de mis aserciones hechas en estas líneas, está mi honor de viejo luchador por la justicia.

El señor Daugherty dice que soy un hombre peligroso a causa de las doctrinas que sostengo y practico. Ahora bien: las doctrinas que sostengo y practico son las doctrinas anarquistas, y desafío a todos los hombres y mujeres honrados de todo el mundo a que me prueben que las doctrinas anarquistas son perjudiciales a la raza humana.

El anarquismo tiende al establecimiento de un orden social basado en la fraternidad y el amor, al contrario de la presente forma de sociedad, fundada en la violencia, el odio y la rivalidad de una clase contra otra y entre los miembros de una misma clase. El anarquismo aspira a establecer la paz para siempre entre todas las razas de la Tierra, por medio de la supresión de esta fuente de todo mal: el derecho de propiedad privada. Si este no es un ideal hermoso, ¿qué cosa es?

Nadie cree que los pueblos del mundo civilizado están viviendo en condiciones ideales. Toda persona de conciencia se siente horrorizada a la vista de esta continua lucha de hombres contra hombres, de este interminable engaño de unos a otros. El objetivo que atrae a hombres y mujeres en el mundo es el éxito material; y para alcanzarlo ninguna vileza es bastante vil, ni bajeza lo bastante baja para desanimar a sus adoradores de codiciarlo.

Los resultados de esta locura universal son espantosos: la virtud es pisoteada por el crimen, y la astucia toma el lugar de la honradez; la sinceridad no es más que una palabra, o a lo sumo una máscara tras de la cual sonríe el fraude. No hay valor para sostener las propias convicciones. La franqueza ha desaparecido y el engaño forma la pendiente resbaladiza sobre la cual el hombre encuentra al hombre en sus tratos sociales y políticos.

Todo por el éxito es el lema, y la noble faz de la Tierra es profanada con la sangre de las bestias contendientes...

Tales son las condiciones bajo las cuales vivimos nosotros, los hombres civilizados; condiciones que engendran toda clase de torturas morales y materiales, ¡ay!, y todas las formas de degradación moral y material.

Las doctrinas anarquistas tienden a corregir todas esas influencias malsanas; y un hombre que profesa estas doctrinas de fraternidad y amor, nunca puede ser llamado peligroso por persona alguna razonable y honesta.

El señor Daugherty reconoce que estoy enfermo; pero cree que mi enfermedad puede ser atendida en la prisión de la misma manera que serlo allá fuera.

Todas las circunstancias y cosas que rodean y que afectan a un enfermo, son de suma importancia para el tratamiento de las enfermedades, y nadie puede imaginarse que una prisión sea el lugar ideal para una persona enferma, y mucho menos cuando la estancia de esa persona en la prisión se debe a que haya sido fiel a la verdad y a la justicia.

Los dignatarios del gobierno han dicho siempre que no hay en los Estados Unidos personas que sean retenidas en cautiverio a causa de sus creencias; pero el señor Daugherty dice en la carta que escribe a usted: «De ninguna manera da él señales de arrepentimiento, sino que, por el contrario, más bien se enorgullece de su desprecio a la ley... Por consiguiente, mi opinión es que hasta que él muestre una actitud diferente a la expresada en su carta a la señora Branstetter, debe él, al menos, estar preso... hasta agosto 15 de 1925».

Los párrafos citados y la parte de la carta del señor Daugherty, en la que dice que se me considera peligroso a causa de mis doctrinas, son la mejor evidencia de que hay personas que están retenidas en prisión a causa de sus creencias sociales y políticas. Si yo creyese que no es persecución, sino proceso legal el que ha sido ejercido en contra mía; si yo creyese que la ley bajo la cual se me ha dado un término de prisión por vida es una buena ley, sería yo puesto en libertad, según el criterio del señor Daugherty.

Esa es y fue indudablemente una buena ley, pero para unas cuantas personas, para aquellas que tenían algo que ganar por medio de su promulgación. Mas, para las masas, tal ley fue mala, porque debido a ella miles de jóvenes norteamericanos perdieron sus vidas en Europa, muchos miles más fueron mutilados para ganarse la vida, y debido a ella la colosal carnicería europea, en la que decenas de millones de hombres resultaron muertos o mutilados por vida, recibió un enorme impulso y engendró la tremenda crisis financiera que está amenazando sepultar al mundo en el caos. Sin embargo, como lo he hecho constar anteriormente, yo no violé tal ley con la publicación del Manifiesto de marzo 16 de 1918.

En lo que respecta a lo del arrepentimiento, al cual el señor Daugherty da tanta importancia, sinceramente declaro que mi conciencia no me reprocha de haber hecho algo malo; y por lo tanto, arrepentirme de lo que estoy convencido ser justo, sería un crimen de mi parte; un crimen que mi conciencia jamás me perdonaría.

El que comete un acto antisocial puede arrepentirse, y es deseable que se arrepienta; pero no es honrado exigir promesa de arrepentimiento a quien no desea otra cosa que procurar libertad, justicia y bienestar para todos sus semejantes, sin distinción de razas o credos.

Si algún día alguien me convenciese de que es justo que los niños mueran de hambre y de que las jóvenes mujeres tengan que escoger alguno de estos dos infiernos: prostituirse o morir de hambre; si hay alguna persona que pudiese arrancar de mi cerebro la idea de que no es honrado matar en nosotros mismos ese instinto elemental de simpatía que empuja a cada animal sociable a auxiliar a los demás individuos de su propia especie, y la de que es monstruoso que el hombre, el más inteligente de las bestias, tenga que recurrir a las viles armas del fraude y del engaño si quiere alcanzar éxito; si la idea de que el hombre debe ser el lobo del hombre entra en mi cerebro, entonces me arrepentiré. Pero como esto nunca sucederá, mi suerte está decretada: tengo que morir en presidio, marcado como un criminal.

La osbcuridad va envolviéndome ya, como si estuviese ansiosa de anticipar para mí las sombras eternas dentro de las cuales se hunden los muertos. Acepto mi suerte con resignación viril, convencido de que tal vez algún día, cuando el señor Daugherty y yo hayamos lanzado el último suspiro, y de lo que hemos sido quede solamente su nombre grabado exquisitamente sobre una lápida de mármol en un cementerio elegante, y del mío solamente un número, 14596, toscamente cincelado en alguna piedra plebeya en el cementerio de la prisión, entonces se me hará justicia.

Dando a usted muchas gracias por la actividad que ha desplegado en mi favor, quedo sinceramente suyo.

La muerte del apóstol

La salud de Flores Magón era delicada ya; un hombre de su estatura y de su constitución no debía pesar menos de 200 libras —25 libras menos pesaba en 1906— en cambio solo pesaba en noviembre de 1922 unas 155. El 20 de noviembre de ese año formó como todos los presos en las filas rancho y cruzó algunas palabras con su compañero Librado Rivera, de cuya celda había sido alejado unos días antes. Nada de anormal. Unas horas más tarde apareció muerto en su calabozo. ¿Un asesinato? Sí, un asesinato. El responsable es el gobierno de los Estados Unidos.

Trece años en la cárcel

Flores Magón tenía poco más de cuarenta y ocho años de edad y había pasado más de trece en las diferentes prisiones de México y Estados Unidos.

La noticia de la muerte de ese rebelde corrió como un relámpago por la prensa obrera de todos lo países. El proletariado de México, el amigo y el enemigo, lloran la desaparición del hombre que más había hecho y sufrido por emancipar al pueblo mexicano del yugo capital y la autoridad.

El 22 de noviembre, la cámara de diputados de México rindió tributo al luchador caído; enlutó la tribuna y la bandera mexicana estuvo a media asta en el país; se pronunciaron discursos; Díaz soto y Gama termino así:

En lugar de pedir a ustedes algo de luto, algo de tristeza, algo de crespones negros, yo pido un aplauso estruendoso, que los revolucionarios mexicanos, Los hermanos Flores Magón dedican al hermano muerto, al gran rebelde, al inmenso inquieto, al enorme hombre de carácter jamás manchado, sin una mancha, sin una vacilación, que se llamo Ricardo Flores Magón.

Un grupo de diputados propuso lo siguiente:

Los diputados que suscriben, animados propósitos de rendir un homenaje póstumo al gran revolucionario mexicano Ricardo Flores Magón, mártir y apóstol de las ideas libertarias, que acababa de fallecer, pobre y ciego, en la fría celda de una prisión yanqui, proponemos a esta honorable asamblea tome el siguiente acuerdo:

Único: Tráigase a descansar al suelo de la patria, por cuenta del gobierno mexicano, los restos mortales de Ricardo Flores Magón.

Ni una sola voz se opuso. Efectivamente, los restos mortales ya no constituían un peligro para los señores diputados ni para sus mandatarios, los grandes terratenientes de México. Los amigos de Flores Magón rechazaron los honores oficiales, y la Confederación de Sociedades Ferrocarrileras transportó por su cuenta, el cadáver, que fue recibido en triunfo por los proletarios al paso del fúnebre trofeo.

[1] En las altas esferas oficiales se creía, en efecto, que el viejo luchador Lauro Aguirre encabeza algún movimiento revolucionario en el Paso, Texas tal vez por su franca actitud oposicionista al gobierno de Porfirio Díaz; pero el que en realidad encabezaba el movimiento armado y estaba en secreta comunicación con la Junta revolucionaria de Saint Louis, Missouri, era Prisciliano Silva. (Nota de Librado Rivera)

[2] Todos estos documento, recogidos al caer Díaz. Han sido publicados recientemente por el periódico el Demócrata en sus números correspondientes a 1924. (N. de A.)

[3] A esta campaña se unió Praxedis G. Guerrero publicando y repartiendo sueltas en español. (N. de A.)

[4] La lista de los grupos aquí citados por Ricardo fue suprimida por el gobierno al publicarse esta carta, con el fin de sorprenderlos y arrestarlos. (N. de A.)

[5] Leí esta carta inmediatamente después de haberla escrito Ricardo, y ahora que la he vuelto a leer, no encuentro la alternancia en ella; su contenido está de acuerdo con los hechos; lleva impreso nuestro estado de ánimo y nuestro modo de pensar de aquella época, así como el resumen de nuestros planes revolucionarios para derrocar la tiranía de Porfirio Díaz. A pesar de nuestra larga incomunicación, esta carta salió en un día de visita; merece la pena mencionar el hecho. En al cárcel del condado de lo Ángeles hay una tela doble de alambre que sirve de separación entre los presos y los visitantes, de adentro para afuera apenas se distinguen las caras de las personas, pero de afuera para adentro casi no se distingue. En uno de esos días encontró Ricardo una rendija entre la reja y al pared por donde apenas podía caber una carta, y desde entonces ése fue nuestro medio de comunicación con nuestros compañeros de afuera; pero como los esbirros no tardaron mucho en descubrir nuestro medio de comunicación, taparon con cemento todas las hendeduras, obligándonos más tarde a sentarnos un poco retirados del alambrado. Ricardo aguzó su ingenio y siempre encontró otros medios de comunicación que tal vez algún día referiré. (Comentario realizado por el profesor Librado Rivera en su colaboración con le autor).

[6] Véase El Demócrata, del 5 de septiembre de 1924, México. (N. de A.)

[7] Salado Álvarez habla de evolución como de algo que él no entiende. La evolución y la revolución están íntimamente unidas: no hay línea de separación; la violencia o la revolución es una consecuencia de la evolución misma. (Librado Rivera).

[8] El autor se refiere a los tomos publicados por el «Grupo Cultural Ricardo Flores Magón» en los años 1923 y 1924. En ediciones Antorcha realizamos una recopilación de estos tomos, véase ¿Para qué sirve la autoridad y otros cuentos?

[9] En conversaciones confidenciales que solía tener Ricardo conmigo, me hablaba de sus planes para hacer pasar sus cartas a la vista de los mismos esbirros que fungían como censores en la prisión. Las cartas en la forma en que las escribió no le podían ser devueltas por esa misma dulce sensibilidad y ternura de que se valió para poder animar a sus amigos de afuera. Sus cartas produjeron ciertas atmósfera de simpatía hasta a esos censores, nombrados generalmente de entre los presos de más confianza del jefe de la prisión; pero siempre eso fue motivo para que el jefe de la prisión nos pusiera más tarde nuevas reglas y condiciones bajo las cuales deberíamos escribir nuestras cartas. (Cita del profesor Librado Rivera).