I. Introducción

Tomad un lirio y un cañonazo, mezcladlos hasta hacer un todo; he ahí mi alma.

(Vicente Huidobro, Vientos contrarios)

Después de tanta tesis y tanta antítesis, es preciso ahora la gran síntesis.

(Vicente Huidobro, «Total»)

Fernando Alegría, en una entrevista con David M. Guss, cuenta un anécdota interesante que tiene que ver con el escritor chileno, Vicente Huidobro (1893-1948), y su participación en las campañas chilenas del partido comunista-partido político a que éste se había aliado, lo mismo que Pablo de Rokha y Pablo Neruda, hacia los inicios de los años treinta.

I remember Huidobro very distinctly during a congressional campaign in Chile... This was probably in the early thirties-maybe ’33 or ’34. And I was interested in seeing Huidobro as a political person... So I went to the theater. And the candidate was the owner of the theater, a man by the name of Pairoa. And he was a Communist candidate to become a representative... And Huidobro was the main speaker. And the people were expecting a really strong statement, a sort of high display of oratorical rhetoric. And Huidobro started talking in poetic terms. His speech was poetry. I remember very well. He was talking about palomas...: «Las palomas, éstas salen de aquí de allá». It was a poetic statement. Very beautiful. And that, I’m sure, meant nothing to the people who were there.

The man was elected. But probably not on account of Huidobro’s speech. People were talking about action, political action, and he was talking about poetic actions. Eventually maybe the two can get together, but not at the time he was speaking in Chile.[1]

Hay dos cosas que nos dice este recuerdo de Alegría y ellas son: 1) que Huidobro simpatizó con el partido comunista y 2) que entendía la política en terminos estéticos. La primera es problemática ya que, como espero demostrar, la fidelidad de Huidobro a la filosofía comunista no es substanciada por la suma de su obra literaria-y en particular su prosa-en la cual éste parece aliarse más a conceptos anarquistas. Sólo hay que recordar el ensayo que escribió en 1947, «Por que yo soy anticomunista», en lo cual repite todas las quejas que hacen los anarquistas en cuanto al comunismo y su concepto problemático de la «desaparición gradual» del Estado, y también el texto, Vientos contrarios, donde escribe, «Es incomprensible que un individuo que haya estudiado profundamente el comunismo, no sea anarquista».[2] La segunda es complementada por las teorías anarquistas del poeta-filósofo anarquista, Herbert Read, quien, como Huidobro, trataba el problema sociopolítico en térimos estéticos.

To me it seemed elementary that a belief in Marx should be accompanied by a belief in, say, Cézanne; and that the development of art since Cézanne should interest the completely revolutionary mind as much as the development of socialist theory since Proudhon. I wanted to discuss, not only Sorel and Lenin, but also Picasso and Joyce. But no one saw the connection. Each isolated on his separated prong denied the relevance of the force animating the other prongs. No one could see that it was the same force that was transforming the whole of reality-of our interpretation of reality I ought rather to say. To me it seemed just as important to destroy the established bourgeois ideals in literature, painting and architechture as it was to destroy the established bourgeois ideals in economics.[3]

Una estética que pretendía destruir todos los prejuicios artísticos que habíamos heredado del pasado, incluso los «bourgeois ideals» de que habla Read, el creacionismo, de que fue fundador Huidobro, evolucionó a través de los años que lo proclamaba y se hizo relevante también en la esfera sociopolítica (síntesis que se hace patente en la obra de teatro, En la luna, como veremos más adelante). La obra literaria de Huidobro, y su prosa en particular, da testimonio a esta evolución, y separar el mundo social del mundo literario o artístico me parece un grave error de acercamiento. Al analizar el pensamiento anarquista de Huidobro espero, además de ampliar el significado de su producción literaria que hasta ahora ha sido encarcelada en el mundo del arte por el arte y descontada por nada más que el testimonio de uno de las muchas vanguardias de la época, mostrar que Huidobro era un artista que combinó el lirio, que es la estética, con el cañonazo, que es la política, para responder a los problemas sociales de la época que le tocó vivr.

II. Huidobro: El anticomunismo y el anarquismo

El comunismo no puede ser entendido dentro del conjunto de la obra huidobriana como la base de su visión social, desde el momento en que Huidobro rechaza el comunismo en el ensayo «Por qué soy anticomunista», que fue publicado en la revista chilena Estanquero en 1947, un año antes de su muerte. A partir de ese momento se puede o, mejor dicho, se tiene que volver sobre la obra literaria de Huidobro y tratar de averiguar dónde y cómo su ideología sociopolítica se distancia de la doctrina comunista.

Lo primero que hace Huidobro en este ensayo es admitir que su participación en y entusiasmo por el partido comunista fue un error, un error que ahora quiere corregir («La vida del hombre es ir corrigiendo errores»).[4] Huidobro expresa aquí las mismas quejas que expresan los anarquistas en cuanto a la tiranía inevitable de todo sistema comunista. Vale la pena recordar aquí lo que dicen algunos de estos anarquistas para ver hasta qué punto puede considerarse Huidobro de su lado.

Los anarquistas son, en una palabra, los enemigos del Estado, y consideran los marxistas los herederos del Estado y por tanto los propogadores hipócritas de la tiranía que es parte inherente de ese Estado.[5] Cuando Max Stirner en The Ego and His Own (1845) toca el tema del comunismo, dice que no se lo puede distinguir de cualquier otra forma de tiranía, o sea, cualquier otro Estado: «Loudly as it always attacks the ‘State,’ what it intends is itself again a State, a status, a condition hindering my free movement, a sovereign power over me».[6] Michael Bakunin apoya este juicio cuando, en Statism and Anarchy, escribe: «They [los comunistas] are enemies only of the existing authorities, because they want to take their place, enemies of the existing political institutions because these preclude the possibility of their own dictatorship».[7] Huidobro parece estar muy de acuerdo con estos dos anarquistas clásicos cuando habla del comunismo y de cómo debe o no ser el sistema nuevo:

Naturalmente la burguesía debe ser liquidada; no se trata de defenderla sino de encontrar un sistema nuevo que pueda conducir el mundo después de la liquidación de un sistema ya ineficaz. Pero este sistema nuevo no puede ser ninguno que implique una tiranía y la abolición de la libertad.[8]

Herbert Read, escribiendo en el mismo año, interpreta, a partir del concepto de la jefatura, la tiranía del comunismo en su relación con la tiranía del fascismo: «Essential to the communist policy as it has developed in Russia is the concept of leadership-a concept which it shares with fascism, let it be noted».[9] Huidobro también veía este vínculo entre el comunismo y el fascismo.

Las tácticas lanzadas por los comunistas ahora se vuelven contra ellos. Las consignas que ellos empleaban, las emplean ahora sus enemigos, se las disparan a la cara y los hieren con sus mismas armas. La consigna comunista: Guerra al fascismo pardo, se ha convertido en la consigna de las democracias: Guerra al fascismo rojo. Los esclavos de la Gestapo ahora son los esclavos de la Guepeú... Esto sucede porque no se puede basar una lucha social en simples consignas lanzadas al viento sino en algo más serio, en algo más sólido como la libre discusión de los principios y de los hechos históricos.[10]

Read, en Existentialism, Marxism and Anarchism, hace una distinción importante entre el comunismo y el anarquismo y dice que la libertad para los comunistas significa nada más que la libertad económica.

There is also to be observed in Engels and Marx an essential confusion between freedom and liberty: what they mean by freedom is political liberty, man’s relation to his economic environment; freedom is the relation of man to the total life process.[11]

Huidobro atribuye el fracaso del comunismo a esta confusión de que habla Read y dice que es necesario el estudio de otras esferas de la humanidad. Hablando del comunismo, dice Huidobro:

Pero es evidente que no ha traído las soluciones tan anheladas; acaso porque el problema no tiene solución, acaso porque había que empezar por la revolución espiritual para llegar luego, como segunda etapa, al mundo económico, acaso porque el comunismo se preocupó sólo de una parte de la humanidad y despreció demasiado otros sectores y otros valores. No es una revolución total del hombre, es la revolución del obrero.[12]

No es erróneo decir que la sociedad que Huidobro propone en este ensayo es una sociedad anarquista ya que su concepto de la libertad se coloca en primer plano y viene a ser la raison d’être de toda su filosofía social. La importancia que le da a este concepto es lo que nos hace recordar al anarquismo individualista de Max Stirner y a toda filosofía anarquista que entiende la libertad en su relación con la responsibilidad y la solidaridad.[13] Este concepto del hombre libre y responsible lo expresa bien Huidobro:

No se trata de construir una cárcel sino un mundo civilizado, cultural, habitable. Para que el mundo sea habitable tiene que ser construido por hombres libres y que a cada ladrillo que colocan sientan un poco más su libertad. El hombre es libertad, o sea responsabilidad, o no es hombre, porque lo esencial del ser humano es poder decir: me pertenezco y obro por decisión propia, no por imposiciones ni obligado por fuerzas externas. Y no es tan difícil determinar los límites de mi libertad, o sea, cuando mi libertad invade libertades ajenas.[14]

Por tanto, considero oportuno retomar el contexto en el que nos encontramos. Si parto de un ensayo como «Por qué soy anticomunista», y propongo que se puede realizar una lectura de la prosa de Huidobro en la cual se vea cómo este autor niega, desde la misma asunción del comunismo, la posibilidad de éste, podemos dar un paso más y situar la verdadera visión social de Huidobro dentro de su producción literaria.

III. Vientos anarquistas

Al hablar del anarquismo nos conviene hacer lo que hace Marshall S. Shatz en la introducción al libro, The Essential Works of Anarchism, es decir, hacer notar que lo evasivo del significado del anarquismo es parte de la doctrina misma la cual se coloca en una posición antagónica frente a cualquiera formulación intelectual rigurosa,[15] o sea, lo que llamaría el poeta anarquista, Herbert Read, «a static system of ideas».[16] Ese sistema estático de ideas es una de las muchas cosas que el anarquismo quiere y tiene que evadir ya que el concepto del cambio, o mejor dicho, de la evolución, viene a ser el espinazo de toda teoría anarquista que entiende la historia humana en términos de un ascenso desde los fondos de la esclavitud y la ignorancia hasta los cielos de la libertad y la inteligencia. El anarquismo o sea la sociedad anarquista es, según los anarquistas clásicos, el resultado lógico y el meta final de la evolución natural de la sociedad y del hombre dentro de esa sociedad. [17] Para el anarquista la tradición y la costumbre son atributos autoritarios y opresivos de la cultura, nuncios de la mentira y del error; son cadenas con las que el hombre ha sido oprimido a través de la historia. Que una creencia sea vieja no comprueba su validez; como dice Bakunin en God and the State: «The antiquity of a belief, of an idea, far from proving anything in its favor, ought, on the contrary, to lead us to suspect it. For behind us is our animality and before us is our humanity».[18] Y es por eso que Bakunin escribió este libro: para que viéramos que nuestros conceptos tradicionales del hombre en su relación con Dios en vez de hacernos más humanitarios nos han condenado a una perpetua pena de azotes que ha resultado en la propagación de un desprecio total de todo lo que es o que puede ser humano: odio y violencia justificados en el nombre de lo divino (que es, irónicamente, una creación de la mente humana). Dice Bakunin:

Christianity is precisely the religion par excellence, because it exhibits and manifests, to the fullest extent, the very nature and essence of every religious system, which is the impoverishment, enslavement, and annihilation of humanity for the benefit of divinity... God being everything, the real world and man are nothing. God being truth, justice, goodness, beauty, power, and life, man is falsehood, iniquity, evil, ugliness, impotence, and death. God being master, man is the slave.[19]

La tradición y la costumbre-en este caso resumidos en la institución de la religión-por ser los propagandistas (inconscientes y por tanto más peligrosos) de modos de pensar estáticos, intolerables y absurdos han puesto la ignorancia, el odio, y la violencia en el lugar de la inteligencia, la solidaridad y la paz. Como dice Bakunin, a no ser que deseemos para el hombre la esclavitud y la degradación, no podemos, de ninguna manera y en ninguna de sus formas, aceptar la religión, o sea, la idea de Dios.[20] Ser humanitario, desear para el hombre la libertad, el progreso y la paz, es no ser religioso. Sólo hay que recordar la inversión que hace Bakunin del maxim voltairiano: «If God really existed, it would be necessary to abolish him».[21]

En el texto, Vientos contrarios (1926), compuesto mayormente de aforismos y anécdotas, vemos que Huidobro adopta la actitud de Bakunin frente al problema de Dios y de la religión. Dice Huidobro que lo único en que debe creer el hombre es el hombre, o para decirlo de otra manera, que la salvación del hombre está en sus propias manos: «Ayúdate, que Dios no te ayudará».[22] Huidobro, como Bakunin, invierte la vieja ecuación del Dios que equivale a todo lo bueno cuando escribe, «El cristianismo, al traernos la tristeza y el odio de la vida, nos metió la idea de que un hombre profundo y de ideas sólidas tiene que ser serio y grave como un agonizante».[23] El cristianismo se ve aquí, como en el texto de Bakunin, como el progenitor de la tristeza y la miseria: «En vez de limpiar el alma, el cristianismo la ensució».[24] Al profundizar el problema, algo que Huidobro no hace mucho en este texto, dice, con una declaración que vacila al borde del antisemitismo, que Dios no es nada sino un tirano opresivo: «El odio de los cristianos a los judios: Odias una raza que os ha dado un dios. ¿Incomprensible? No, profundamente lógico. Nada más detestable que producir un dios, un dictador invisible».[25] Concluye Huidobro que «...el hombre tiene mucho más que perdonar a Dios que lo que Dios tendría que perdonar al más malo de los hombres».[26] Los ejemplos de esta idea abundan en el texto[27] y no hay que buscar muy lejos para ver que siguen la misma lógica bakuniana y que llegan a la misma conclusión a que llegó el anarquista ruso: esto es, que a través de la historia Dios ha sido el amo y nosotros hemos sido los esclavos.

La evasión anarquista de todo sistema estático, de todo lo que no cambia o no se deja cambiar (tradición, costumbre, religión), que no es sólo una evasión sino que se expresa más bien en términos de un deseo de abolir ese sistema, sirve de base a la doctrina anarquista, que es, hay que recordarlo, una docrtrina orgánica,[28] y es de ahí que crecen, como ramos de un árbol, los principios anarquistas básicos como la abolición del Estado y de toda autoridad que pretende subjugar un hombre a otro; es de ahí que la ley viene a entenderse como forma de tiranía y que la libertad absoluta del hombre viene a justificarse como la única, y la más deseable, solución al problema del hombre moderno.

IV. La colectividad vs. la individualidad: Emerson, Stirner y Huidobro

Al hojear los manifiestos, ensayos, novelas, y otros textos menos conocidos de Huidobro vemos que este escritor chileno desarrolló un punto de vista social y artístico que es a la vez único (por ser ligado a una estética artística bien definida) y conforme a lo que propone el anarquismo. Es fácil encontrar en estos escritos semejante rechazo anarquista de todo lo que puede llamarse estático: la tradición, la costumbre, la religión e incluso el Estado y la ley. Está claro que la estética creacionista que empieza a desarrollarse en el poema «Adán» (1916) y que se cristaliza en los Manifiestos-un conjunto de ensayos recopilados en un libro publicado en francés en 1925-está basada en el rechazo de lo estático. Pensamos, por ejemplo, en el «Prefacio» de «Adán», poema que va dedicado al escritor americano, Ralph Waldo Emerson. Hablando del verso libre (la forma anti-estática par excellance) dice Huidobro, «Si hay un tema que exija esta nueva forma, ese tema es el mío, por su misma primitividad de vida libre».[29] Y luego escribe: «Todo evoluciona... confiemos en que algún día percibirán todos el maravilloso ritmo interior».[30] Vemos entonces que la libertad y la evolución son inseparables en el arte de Huidobro tal y como son inseparables en la teoría política del anarquismo: en ambos casos el uno necesita del otro.

Es de gran importancia y relevancia el elogio que hace Huidobro de Emerson en este prefacio.[31] Como dice Peter G. Earle en su estudio «Los manifiestos de Huidobro»: «Para Emerson y para Huidobro, el poeta es pensador que transforma el pensamiento en un proceso análogo a la evolución natural».[32] Esta evolución de que habla Earle se culmina con el non serviam que pronunció el poeta huidobriano frente a la naturaleza en el ensayo del mismo título. Como dice Huidobro: «Ese non serviam... no era un acto de rebeldía superficial. Era el resultado de todo una evolución, la suma de múltiples experiencias».[33]

La influencia de Emerson en la obra de Huidobro ha sido harto estudiada en el nivel estético mientras su influencia en el nivel sociopolítico del escritor chileno ha sido mayormente ignorada.[34] Y no creo como Earle que «es dudoso que después de 1916 Huidobro haya sentido la misma afinidad espiritual a Emerson».[35] Sólo hay que leer el ensayo «Self Reliance» (1841) de Emerson para ver el desarrollo de muchos conceptos anarquistas que se puede encontrar también a través de toda la obra huidobriana; en particular, en Vientos contrarios que fue publicado diez años después de «Adán». Tomamos como ejemplo la siguiente declaración que hace Emerson en el ensayo mencionado arriba:

Society everywhere is in conspiracy against the manhood of every one of its members. Society is a joint-stock company, in which the members agree, for the better security of his bread to each shareholder, to surrender the liberty and culture of the eater. The virtue in most request is conformity. Self-reliance is its aversion. It loves not realities and creators, but names and customs... Whoso would be a man, must be a non-conformist... No law can be sacred to me but that of my own nature. Good and bad are but names very readily transferable to that or this; the only right is what is after my constitution; the only wrong what is against it. A man is to carry himself in the presence of all oppostion as if every thing were titular and ephemeral but he. I am ashamed to think how easily we capitulate to badges and names, to large societies and dead institutions.[36]

El sentimiento anarquista de esta declaración es obvio y se lo ve reflejado, como ya mencionamos, en obras como The Ego and His Own (1845) donde Max Stirner desarrolla una teoría de anarquismo individualista.[37] Y no viene mal aquí recordar a Juan Gómez Casas quien nos hace recordar en Sociología del anarquismo hispánico que el anarquismo es «una filosofía de la persona».[38] Dice Emerson que la sociedad sacrifica el yo para el bien del pueblo; es decir, la libertad y la cultura del individuo se ven amenazadas e incluso aniquiladas por la libertad y la cultura del pueblo-preocupación expresada también por Stirner cuando dice: «A people cannot be free otherwise than at the individual’s expense; for it is not the individual that is the main point in this liberty, but the people. The freer the people, the more bound the individual».[39]

Volviendo otra vez a Vientos contrarios se ve que Huidobro también se preocupaba por lo que podemos llamar el problema de la individualidad.[40] Como Emerson y Stirner, Huidobro entendía que la relación entre el individuo y la colectividad o el pueblo era una relación antagónica que, en la mayoría de los casos, resultaba en el sacrificio de aquél en el nombre de éste. Como dice Huidobro, «Todo aquello que es cualidad en el individuo es detestable para la colectividad».[41] Lo bueno del individuo es odiado tanto por el pueblo que la individualidad viene a considerarse un crímen: «La individualidad que se afirma contra la colectividad es siempre escandolosa».[42] Para la colectividad, la individualidad, o sea, la libertad del individuo, es «detestable», «escandolosa», e incluso, un «insulto»; como dice Huidobro: «Un hombre sin cadenas desconcierta a los otros hombres. Su libertad, su emancipación de toda esclavitud es un insulto».[43] Pero es la libertad del hombre, su «emancipación de toda esclavitud», la que viene a ser el ideal supremo para Huidobro y si el hombre tiene que insultar, que insulte. La verdadera ley, la única ley que debe seguir el hombre, es la ley de su propio corazón, sea lo que sea; no hay nada más detestable para Huidobro que la fe ciega que es sinónimo con la resignación. Despedazar «...las leyes de tu corazón para someterte a las leyes de tu tribu...» es el crimen más rencoroso que puede cometer el hombre ya que los que tienen el poder de crear y imponer estas leyes no son los más aptos: «No me consta que los que crearon las leyes de mi tribu fueran superiores a mí».[44]

V. Un grito inesperado

Las muchas novelas y obras de teatro que escribió Huidobro muestran un interés profundo en la libertad del individuo que tiene que luchar contra los prejuicios y la tiranía sociales. En 1922 Huidobro escribió Finis Britannia, novela-tratado que fue publicada en francés en 1923, y que es una suerte de diatriba contra el imperialismo inglés. Es, sin duda alguna, el texto literario más comprometido que escribió Huidobro; la nota de los editores a la primera edición señala el hecho de que la obra marca la entrada de un poeta de vanguardia al mundo político.

Hoy con orgullo presentamos al público este libro de Vicente Huidobro, un poeta que se destaca en primera fila entre los iniciadores de la poesía de vanguardia en Francia, y que, él también, acaba de dar la batalla de la Justicia y de la Libertad.[45]

Desde luego la Justicia social y la Libertad del hombre son los temas principales de este texto, y como nos dice Jaime Giordano en su estudio «Finis Britannia o el poder de abstracción de Huidobro», un análisis léxico nos muestra que las palabras que aparecen con más frecuecia en el texto son «libertad», «justicia», «fuerza», «esclavitud», «alma», «espíritu».[46]

Puede ser significativo también el hecho de que el texto va dedicado en parte a Bernard Shaw, escritor anglo-irlandés que en 1884 ayudó a fundar la «Fabian Society», una organización dedicada a la propagación del socialismo. Como dice M.H. Abrams en The Norton Anthology of English Literature,

Shaw was never a conventional socialist. His social and political attitude was affected by his belief in an active and individually willed kind of evolution, urged on by what he called the Life Force, and by his admiration of vitality and power.[47]

Esta creencia en «an active and individually willed kind of evolution» y esta admiración del poder y de la vitalidad aparecen en muchos textos de Huidobro[48] y pueden explicar el interés que mostró en la filosofiía del superhombre de Nietzsche.[49] Y hay que recordar también al Shaw que aparece citado en Vientos contrarios[50] y el que aparece ficcionalizado en el epílogo de Gilles de Raiz.[51]

Notamos primero en Finis Britannia que las letras iniciales del autor, Vicente Huidobro, y las del protagonista, Víctor Haldan, son idénticas; este hecho resulta en una posible confusión entre autor actual y protagonista ficticio, especialmente cuando Huidobro se cita pero atribuye la cita al revolucionario irlandés, Víctor Haldan: «A la edad de quince años había escrito: ‘Amo por sobre todo el ruido de las cadenas que se rompen.’»[52] La cita actual es: «Amo todos los ruidos de cadenas que se rompen» y viene del libro, Pasando y pasando, que Huidobro escribió en 1914.[53] Dice Giordano que en este texto Huidobro

...está haciendo algo distinto de su oficio, ha salido de su actividad natural (la poesía) para participar en una lucha política (compromiso) y escribir en prosa... En este sentido, tal como un adulto se hace niño para contarle un cuento a un niño, un poeta se ha hecho un revolucionario para...[54]

El Vicente Huidobro revolucionario que producen este texto y el personaje de Víctor Haldan se preocupa no tanto por la inovación literaria sino más bien por la renovación social-se hace revolucionario para mostrar la tiranía no sólo del imperialismo inglés sino la tiranía de todo imperialismo (incluso el de los E.E.U.U. y Alemania).

En este texto de compromiso social Víctor Haldan viaja por el mundo tratando de incitar los ciudadanos de varios paises a la revolución. Aunque sus discursos se basan ideológicamente en el socialismo, se nota en ellos un tono anarquista cuando éste habla de conceptos como la solidaridad, la libertad, y la revolución social. Recordemos que la solidaridad es un concepto clave para el anarquismo y, según Read, es uno de los conceptos que lo distingue del marxismo.

Marxism still clings to an antiquated Darwinism, and sees history and politics as illustrations of a struggle for existence between social classes. Anarchism does not deny the importance of such economic forces, but it insists that there is something still more important, the consciousness of an overriding human solidarity.[55]

Seguramente es este tipo de solidaridad-todo-poderoso y universal-de que habla Haldan cuando, dirigiéndose al Canadá y a Australia dice:

Todos los pueblos deben ser solidarios, los unos con los otros, porque cada uno necesita de todos. El día en que los hombres comprendan esto, los pueblos no volverán a tolerar los gobiernos ambiciosos, pues sabrán que la ambición es un arma de doble filo que, tarde o temprano, se vuelve contra quien la maneja.[56]

Haldan también expresa la opinión de que sólo la sociedad libre es una sociedad justa cuando dice: «Sabéis muy bien que entre los pueblos, la vida es sólo un intercambio continuo, como entre los individuos, y que, para que sea justo, tiene que ser libre».[57] Haldan ve en la abolición de las instituciones de poder la felicidad futura del hombre.

Estoy seguro que si mañana, en un momento de sabiduría inesperada, todos los pueblos se pusieran de acuerdo para suprimir los ejércitos, totalmente y seriamente, sin la menor segunda intención, en ningún país del mundo retornarían los hombres a sus hogares con una mayor felicidad retratada en sus rostros.[58]

Que los ejércitos sean instrumentos poderosos de la tiranía es una acusación aparente en casi toda teoría anarquista. Como dice Leo Tolstoy en The Kingdom of God Is Within You: «Governments assert that armies are chiefly needed for external defence, but that is not true. They are needed first of all against their own subjects».[59]

Aunque se considera Finis Britannia la excepción a la regla en cuanto a la producción literaria de Huidobro se puede ver en las novelas y obras de teatro que siguen este texto la síntetización de su pensamiento sociopolítico y su estética literaria. Si nada más, esta novela-tratado marca el principio de la turbulenta vida política de Vicente Huidobro.[60]

VI. Héroes y ejércitos

En Vientos contrarios Huidobro introduce el concepto del héroe:

Nacido diferente a los otros hombres, imposible de someterse a leyes ya fijadas, despreocupado de la opinión, el héroe es la personalidad humana exaltada...

Siempre en lucha contra el enemigo. El enemigo del héroe son los demás.[61]

Esta cita destaca cuatro requisitos que tiene que cumplir el héroe huidobriano: 1) tiene que ser original, diferente de los demás; 2) debe ser disidente y/o rebelde, incapaz de rendirse a las leyes externas; 3) tiene que tener fe en si mismo y no puede preocuparse de la reputación; y 4) tiene que luchar contrar la colectividad para afirmar su individualidad. En la novela, Mio Cid Campeador (Hazaña), que es una reescritura del Poema del Cid, Huidobro da cuerpo a este concepto.

La «novela-épica»[62] de Huidobro empieza con la concepción y el nacimiento subsecuente del Cid-acontecimiento éste que es, como según nos dice Huidobro debe ser, maravilloso que poco tiene que ver con el nacimiento de los demás hombres y que cumple con el primer requisito del héroe.

Y salta sobre la Historia un niño fuerte, bien construido, precipitado y palpitante como un pez... y el niño que ha caído sobre la Historia, no llora, grita, berrea. La madre sonríe al oírle gritar y vuelve a entornar los ojos fatigada, fatigada como si hubiera dado a luz el Olimpo... En el mismo instante una tempestad inmensa remueve el firmamento, hace retemblar el aire, rompe todos los vidrios del cielo, y un relámpago cegador cruza el espacio escribiendo en las alturas con grandes caracteres de afiche:

CAM

P

E

A

DOR.[63]

El nacimiento maravilloso del Cid Campeador prueba su originalidad entre los hombres y prepara el escenario para que pueda mostrarse independiente de ellos y de sus leyes. El Cid no deja que su libertad sea puesto en peligro;[64] es el que «Rompe la lógica en fuerza de su lógica;»[65] el que no compra a nadie y a quien nadie lo compra;[66] el que no deja que otros lo castiguen («—Vos me desterráis por un año; yo me destierro por cuatro»);[67] el que se proclama ser la justicia misma («—Soy la justicia»);[68] y el que ve en el destierro su libertad.[69] Para el Cid de Huidobro no existe ley a no ser que sea él quién la ha decretado.

Que el Cid tenga fe completa en si mismo es comprobado por el hecho de que el Cid no lo considera necesario buscar el apoyo del rey para conquistar tierras.[70] El Cid alcanza el estatus de héroe por su propia cuenta, sin la ayuda del rey ni del estado. No debe nada a los símbolos de poder: «Sin trono ni corona, el Cid es un potentado».[71] Los enemigos del Cid, y por extensión los enemigos de todos los hombres que van con el Cid, son los demás, es decir, son los que pertenecen, como esclavos, a los ejércitos de los reyes y que representan la colectividad innata. El Cid y su banda, al contrario, representan la individualidad, la libertad del individuo que quiere afirmarse contra la colectividad (lo cual es un escándolo, recordemos; un escándolo que, últimamente, resulta en su destierro). Recordemos el capítulo que se titula, «Fantasía imperial» en el cual Huidobro yuxtapone el ritmo militar de las tropas alemanas en marcha con el ritmo libre de los españoles:

Y las tropas alemanas avanzan en buen orden...Un, dos; un, dos; un, dos. Tic tac, tic tac. Se diría que desde entonces el reloj del tiempo tomó un ritmo sacro-germánico y militar.

Del otro lado los nueve mil españoles llenan los campos de lanzas y de risas. Van al encuentro del enemigo el corazón blindado y la boca llena de chistes y de longanizas. Nueve mil españoles, nueve mil chistes malos por minuto, esos chistes malos que se celebran más que los buenos, porque se presentan humildes, sin pretensión, se dejan caer de los labios escurriéndose como monos miedosos. Nueve mil chirigotas avanzan relucientes de heroísmo e inconsecuencia al encuentro del Deutschland uber alles, grave y solemne en doce mil gargantas de órgano y de selva.[72]

Se ve que el ritmo militar de los alemanes es un ritmo de esclavos mientras el ritmo de los españoles nos viene en la forma de chistes malos y representa el ritmo de los libres. En la cita de arriba Huidobro, como Angel Ganivet en Idearium español y el porvenir de España, está haciendo una distincción entre el espíritu guerrero y el espíritu militar. Dice Ganivet:

Los términos ‘espíritu guerrero’ y ‘espíritu militar’ suelen emplearse indistintamente, y, yo no conozco otros más opuestos entre sí. A primera vista se descubre que el espíritu guerrero es espontáneo, y el espíritu militar, reflejo; que el uno está en el hombre y el otro en la sociedad; que el uno es un esfuerzo contra la organización, y el otro un esfuerzo de organización.[73]

El chiste malo de los españoles-«humilde» y «sin pretensión»-representa el «espíritu guerrero»-lo espontáneo, lo humano-mientras el ritmo militar-el un, dos, tic tac-de los alemanes representa el «espíritu militar»-el rebaño, la organización.

Por ser ligado a la espontaneidad y al hombre-el ser humano, el individuo-y por constituir «un esfuerzo contra la organización», el «espíritu guerrero» cabe bien dentro del concepto del hombre anarquista (o, si se quiere, del anarco-sindicalista que es el anarquista en su actividad práctica en vez de su actividad teórica) que es, según Read,

...the man who, in his manhood, dares to resist the authority of the father; who is no longer content to be governed by a blind unconscious identification of the leader and the father and by the inhibited instincts which alone make such an identification possible... (T)he anarchist objects, not merely to the personal tyranny of a leader like Stalin, but still more to the impersonal tyranny of a bureaucratic machine.[74]

Por tanto se puede establecer un vínculo entre lo que Huidobro llama «héroe», lo que Ganivet llama «espíritu guerrero» y lo que Read llama hombre anarquista. El «espíritu guerrero» es ya parte del espíritu anarquista que, como aquél, obra en contra del «espíritu militar», o sea, la organización, lo estático, la colectividad. Y es este espíritu anarquista (guerrero y no militar) lo que constituye el concepto del héroe tal y como fue propuesto por Huidobro en Vientos contrarios y luego perfeccionado en obras como Cagliostro, Gilles de Raiz, y, como acabamos de ver, Mio Cid Campeador.

No puede ser casual que Huidobro escogiera la historia del Cid en particular y España en general para servir de trampolín al desarrollo de su héroe ideal. Hay que recordar lo que dice Ganivet en cuanto a esta figura nacional legendaria y su significado dentro del mundo hispánico:

Abramos una Historia de España por cualquier lado y veremos constantemente lo mismo: un pueblo que lucha sin organización... buscamos ejércitos y no encontramos más que guerrillas, y la figura que más se destaca no es la de un jefe regular, la de un rey o régulo, sino la Viriato, un guerrillero. En la Reconquista, habiendo tantos reyes, algunos sabios y hasta santos, la figura nacional es el Cid, un rey ambulante, un guerrillero que trabaja por cuenta propia...[75]

Fue el Cid como superhombre y el pueblo español como pueblo espontáneo lo que atrajo Huidobro a esta leyenda. Si el escritor chileno no mostró ninguna semblanza de respeto a la historia-a las fechas y personas actuales que encuadran este héroe-sí respetó la figura del Cid, su «espíritu guerrero» y su sentido de individualidad, aún si pecó de exageración literaria. Lo que tenemos entonces en la novela de Huidobro es la afirmación y elogio del hombre ideal que «trabaja por cuenta propia» y lucha contra la tiranía. Lo que tenemos es nada menos que «la personalidad humana exaltada».

VII. La sintetización alcanzada

En 1934 Huidobro publicó la obra de teatro En la luna, un texto absurdo que vacila al borde del esperpento valle-inclanesco. En ello Huidobro nos presenta una sociedad «lunense» tiránica que se encuentra en un estado de (r)evolución. Huidobro empieza por establecer un vínculo entre la sociedad que crea en la obra y la estética creacionista.

El primer personaje que aparece en la obra se llama Maese López: está en la calle, enfrente de un teatro, dirigiéndose al público y hablando como «un manager de feria».[76] Vende billetes para el espectáculo de adentro que suena a espectáculo creacionista al decir López: «Nunca se ha visto nada igual en nuestra Luna...Veréis algo que no ha pasado nunca en ninguna parte, ni pasará jamás en parte alguna».[77] Esta descripción del show misterioso cumple con uno de los requisitos más importantes del creacionismo que Huidobro destacó en el ensayo «Creacionismo», donde dice que el deber del poeta creacionista es crear «...situaciones extraordinarias que jamás podrán existir en el mundo objetivo... un hecho nuevo, algo que jamás habéis visto, que jamás veréis, y que sin embargo os gustaría mucho ver».[78] Y es aquí, dentro de este teatro, en esta obra, donde Huidobro sintetiza la estética creacionista con la crítica social, crítica que se basa en el socialismo en general y el anarquismo en particular.

Lo que tenemos aquí es la historia de la creación de una sociedad socialista que es, o viene a ser al final de la obra, por no substituir el estado derrotado por otro estado «mejor», una sociedad anarquista. El cuadro II se abre con el anuncio de las elecciones presidenciales y es aquí donde Huidobro nos da una crítica de la politica en general y el proceso electoral en particular. Para Huidobro, entrar en el mundo político significa entrar en el mundo de la prostitución, un mundo regido por alcahuetes y prostitutas. Mientras los cinco «ancianos», los unicos que tienen el derecho de votar, van entrando en el «Palacio de Gobierno», la mujer Fifí Fofó los detiene a cada uno y les hace un ofrecimiento, con el fin de ganarse un voto para su novio, que ninguno puede rechazar: «Fifí Fofó: Si vota usted por él, aquí me tiene, a sus órdenes. Mi cuerpo es suyo. Primer Anciano: Vaya, doña Fifí Fofó, está usted muy hermosa; no hay más que hablar».[79] Vemos también que la ambición personal y la codicia son las fuerzas de motivación que conducen toda política. Cuando entra en la discusión el tema del dinero, Martín Martínez, uno de los candidatos presidenciales, no vacila en comentar, «Una vez en la Presidencia, tendremos cuanto queramos».[80]

En el Cuadro III aparece un «Delegado» que va a decirnos el resultado de las elecciones; antes de anunicar quién será el presidente nuevo, se dirige al pueblo que espera la nueva y entra en una especie de discurso sobre los peligros de las «...absurdas doctrinas sociales» que «...quieren arrastrarnos al cacaos, al cacaos terriblemente cacaótico».[81] Y cuando las voces del pueblo demandan pan y trabajo, el Delegado les amonesta de la manera siguiente:

Los que dicen que tienen hambre, mienten, señores; no tienen hambre... confunden con el hambre otros cosquilleos del estómago, como la risa... Los que dicen que no tienen techo son unos malagradecidos. ¡Qué más hermoso techo que este cielo azul cálido y sonriente!... Los que dicen que el país está en manos de una banda de especuladores y políticos pancistas, son unos intrigantes, señores. Hablan de miseria, y todo el mundo tiene derecho a tender la mano y a pedir dinero por las calles... Parece mentira que semejantes pequeñeces pueden despertar ambiciones espurias en ciertas conciencias extraviadas. Se especula gritando contra supuestos especuladores y peculados de nuestros políticos más ilustres y más honrados, y esto sólo porque tienen buena suerte en los negocios o porque saben trabajar mejor que los demás.[82]

Lo más absurdo de este discurso absurdo es que apacigua el pueblo el cual responde en unísono, «¡Bravo! ¡Bravo!» Y cuando el nuevo presidente, don Juan Juanes, sube a la tribuna a hacer uso de la palabra, vemos hasta qué punto puede llegar la absurdidad de la política. El presidente recién eleccionado pronuncia un discurso que no tiene sentido ninguno y que es nada menos que una especie de jabberwocky caroliano.

Señores y conciudadanos: La patria en solemífados momentos me elijusna para directar sus destídalos y salvantiscar sus princimientos y legicipios sacropanzos. No me ofuspantan los bochingarios que parlantrigan y especusafian con el hambrurio de los hambrípedos...[83]

Y es cuando la gente le aplaudan que recordamos lo que dijo Huidobro en Vientos contrarios, esto es, «...que el arte de gobernar es el arte de gobernar a los tontos».[84]

La presidencia de Juan Juanes dura muy poco pero mientras dure Huidobro nos da una visión de cómo funciona (¿?) este gobierno tiránico. Mientras amontonan los complots en la esfera pública y la gente va conspirando maneras de derribar el gobierno, los gobernantes tratan de resolver los problemas del país; pero sus intentos resultan ser tanto ineficaces como son ridículos. En un momento el Ministro del Interior[85] se queja de las voces del pueblo que vienen de afuera y que demandan pan y trabajo; dice, «Hay que acabar con esos miserables», a lo cual responde el Ministro de Finanzas, «Muy sencillo. Se dicta una ley prohibiendo la miseria».[86] Los ejemplos de la tiranía política abundan en el texto: el Ministro de Finanzas le roba la cartera a un ciudadano en el tranvía;[87] dictan una ley «declarando la mendicidad obligatoria»;[88] la presidencia se decide por un juego de la gallina ciega;[89] una mujer es condenada a siete años de cárcel por haberse casado por amor;[90] un hombre es detenido porque se le robaron el reloj en el autobús;[91] otro hombre es fusilado porque no tiene suerte en la vida;[92] para acabar con el analfabetismo se consideran la solución de fusilar a todos los analfabetos;[93] etc.

La sociedad lunense pronto entra en una etapa de revolución eterna en la cual vienen a tomarse el poder, unos trás otros, los militares, los bomberos, los dentistas, las dactilógrafas, los relojeros, respectivamente-todos estos grupos siendo nada más que sembradores de la tiranía. Todos los que se sublevan contra el gobierno con vistas hacia su poder, con la intención de derribarlo para poner en su lugar su propia forma de tiranía opresiva, nos hacen recordar la queja principal de los anarquistas en cuanto al comunismo y también, no hay que olvidarlo, frente a toda doctrina social que no exija la destrucción total del Estado. Hablando de este concepto equívoco de lo que debe ser la revolución, el que adoptan los «revolucionarios» de la luna, dice William Godwin, escribiendo en el siglo XVIII, en Enquiry Concerning Political Justice:

Revolution is engendered by an indignation against tyranny, yet is itself evermore pregnant with tyranny... Thus, we propose to make men free; and the method we adopt, is to influence them, more rigorously than ever, by the fear of punishment. We say that government has usurped too much, and we organise a government, tenfold more encroaching in its principles, and terrible in its proceedings. Is slavery the best project that can be devised for making men free?[94]

Los que usurpan el poder en En la luna no lo hacen por un amor a la Justicia sino más bien por un amor al poder y por satisfacer sus propios deseos egoístas. Con cada grupo nuevo que se subleva y se toma el poder el estado se hace más tiránico. Merece comentario la conversación entre Piorril, el presidente-dentista, y Don Fulano de Tal donde aquél le dice a éste que su revolución será la última.

Piorril: ...Las revueltas continuas prueban un país en descomposición.

Don Fulano de Tal: No, señor; prueban un país que busca su forma y que no la encuentra. Naturalmente que el mundo está en descomposición, y como no puede vivir descompuesto, tendrá que luchar y ensayar hasta lograr recomponerse en un equilibrio estable.

Piorril: Acepto que algunas revoluciones se hicieran en nombre de un ideal y como reacción contra la podredumbre reinante en el país, pero la nuestra es la más idealista de todas, y ya no debe haber más revoluciones.

Don Fulano de Tal: Habrá revoluciones mientras el pueblo sienta que siguen el caos y la misma podredumbre.[95]

Piorril no entiende que mientras sigan reemplazando el viejo sistema con otro idéntico-aunque quizá más tiránico-el pueblo no se contenterá y seguirá rebelando; da una interpretación equívoca de las revoluciones y las atribuye a «un país en descomposición». Don Fulano de Tal, al contrario, las atribuye a «un país que busca su forma y no la encuentra», lo que nos hace recordar la diferencia vital que existe entre la «anarquía» y el «anarquismo», esto es, que la anarquía (revolución, etc.) es sólo una etapa transicional que tiene que atravesar el hombre para poder llegar al anarquismo. Hablando de esta diferencia, dice Marshall S. Shatz: «Even the most revolutionary-minded anarchist regarded ‘anarchy’ only as a stepping-stone to ‘anarchism,’ a transitional phase in which the old would be destroyed so that the new might emerge».[96] Es por esta ruta transicional, este camino de «anarquía», de que habla Don Fulano de Tal, que el hombre llega al anarquismo que es un «equilibrio estable».

Es en el «Cuadro II» del acto cuarto donde Huidobro expresa de una manera explícita sus creencias políticas a través del personaje de un obrero y los personajes estudiantiles, Cirio, Plauso, Vatio, Corola, y Astra. Se puede ver bien la sintetización de la estética creacionista y la política socialista/anarquista en este cuadro. Vemos que los principios creacionistas aplican también a la política cuando dice Cirio, uno de los estudiantes socialistas, «Hay que construir un mundo nuevo... El mundo viejo se derrumba, está podrido, huele a cadáver»,[97] sentimiento que constituye parte de la base creacionista[98] y que se ve repetido en la novela La próxima.[99] Todo lo viejo, todo lo tradicional, es, según el anarquista, representado por el Estado mientras para el poeta creacionista lo viejo, lo tradicional, corresponde al modernismo y todas las corrientes artísticas anteriores a ello. La tradición literaria es una tiranía (cuando se declara la única verdadera) para el artista creacionista tal y como el Estado es una tiranía para el anarquista. Entonces tiene mucho sentido que Huidobro creara un personaje que habla de la reforma social en términos creacionistas, ya que, como acabamos de ver, las dos esferas se tocan e incluso, como nos hizo recordar Herbert Read, se animan.[100] Cirio, con la ayuda de Astra, sigue su diatriba contra todo lo viejo:

Astra: ... Se debiera hacer una gran internacional de los jóvenes contra los viejos.

Cirio: Ellos representan el mundo que nosotros detestamos y pretenden imponernos su mundo.[101]

Este diálogo podría haber sido un diálogo entre dos poetas creacionistas en vez de dos estudiantes revolucionarios. Y cuando aparece el Obrero, proclamándose la esperanza, «...el hombre nuevo...constructor del futuro... arquitecto del mundo que nace, de la sociedad sin amos y sin esclavos...»[102] es Vatiro, el poeta, quien se acerca a él y le abraza, diciendo al público:

Yo soy poeta y el poeta es profeta... Yo veo la gran aurora y la alegría de los hombres. Estoy viendo el día en que todos los hombres trabajarán y por lo tanto trabajarán sólo lo necesario. Veo el día sin parásitos, sin pulpos, sin esclavos y esclavizadores. Veo el trabajo alegre entre hermanos y no el trabajo detestado de hoy. Veo una vida armoniosa, sin el miedo al mañana ni el terror del hambre o de la guerra. Veo la venida de una gran cultura, el nacimiento de un arte superior...El optimismo y la fraternidad, la ayuda mutua, la comprensión espiritual...[103]

No es casual que Huidobro pusiera estas palabras revolucionarias en la boca de un poeta, ya que, como dijo Read, «In order to create it is necessary to destroy; and the agent of destruction in society is the poet. I believe that the poet is necessarily an anarchist, and that he must oppose all organized conceptions of the State».[104]

Hay una característica del discurso profético de Vatiro que nos dice que no tiene nada que ver con el comunismo y esa es su falta de un concepto de jefatura que es, según Read, «...essential to the communist policy as it has developed in Russia».[105] Vatiro no habla de líderes ni de usurpar el poder ya establecido del estado sino de empezar de nuevo, basándose la sociedad en lo que llama Read el principio esencial del anarquismo que es «...that mankind has reached a stage of development at which it is possible to abolish the old relationship of master-man (capitalist-proletarian) and substitute a relationship of egalitarian cooperation».[106] Es decir, la sociedad nueva se construirá no a partir de la relación hombre-esclavo sino, como dice Vatiro, a partir de los principios de «la fraternidad, la ayuda mutua, la comprensión espiritual».

Quizás el momento más interesante del texto, el momento clave, diría yo, viene hacia el final del texto cuando Nadir I (el presidente-rey) asiste a una obra de teatro que se titula, «En la Tierra». Huidobro aprovecha la técnica del teatro dentro del teatro para solidificar el proceso de síntesis (creacionismo/estética y anarquismo/política) que introdujo en el primer acto. La historia central de la representación teatral, como cabe suponerse por el título que lleva, es idéntica a la que compone el texto actual y es por eso que Nadir I confunde lo que pasa en el escenario con lo que está pasando fuera del teatro, ya que es la misma cosa que acontece en ambas esferas: la revolución. Y, dicho sea de paso, podemos asumir que los que se sublevan en el mundo actual de la Luna son los estudiantes que vimos en el Cuadro II. Nadir I no puede distinguir entre las voces de la calle que gritan «Queremos pan» y las voces de la pieza teatral que hacen lo mismo: «Ese ‘pan, pan,’ ¿es en mi corte o en la corte de ese Rey terrestre? ¿Es mi pueblo lunense o es su pueblo terrestre el que grita?»[107] No lo averigua hasta que es ya demasiado tarde y es asesinado por «tres hombres del pueblo».[108] Por lo tanto podemos decir que la política (representada por los estudiantes y el pueblo) y el arte (representado por la obra de teatro que asiste Nadir I) trabajan juntos para crear la sociedad nueva que es una sociedad anarquista por no asumir la necesidad de ni un líder ni un Estado. La revolución de las masas funciona porque es una revolución del pueblo y no de una clase o un partido; como dice la «Voz» al final del Cuadro III:

Bastaría una noche para limpiar el mundo de injusticia, de parásitos, de pulpos y de vampiros. Bastaría una noche para limpiar el mundo de su podredumbre...Y el sol del día siguiente iluminaría la gran sonrisa de un mundo nuevo, de un paisaje recién nacido.[109]

Se puede decir que lo que salvó este mundo no era una doctrina comunista porque no había ninguna etapa transicional que exigía la usurpación de la máquina capitalista, no «desaparición gradual» del Estado, como lo querría Marx, sino una revolución espontánea fundada en los principios anarquistas. Es como si los ciudadanos de la Luna siguieran el consejo del poeta-anarquista inglés, Herbert Read, cuando éste dijo: «It would be better to begin with a revolution, as in Spain, than to go through the slow-motion agony of a so-called ‘transitional period.’ A transitional period is merely a bureaucratic device for postponing the inevitable».[110]

VIII. El «gangsterismo»

Huidobro atachó al libro de cuentos que escribió en colaboración con Hans Arp, Tres inmensas novelas (1935), otro cuento que se titula, «La misión del gangster o la lámpara maravillosa», que lleva el subtítulo de «Novela oriental». En este cuento Huidobro introduce lo que llama el «gangsterismo», concepto que muy bien podría llamarse concepto anarquista por su misma postulación de una sociedad libre en la cual no existen las clases sociales, la propiedad personal, y el Estado y también por no llegar a su realización por medio de una etapa transicional comunista de usurpación del poder de la máquina captitalista («desaparición gradual») sino por medio de una etapa transicional anarquista en la cual (recordemos la distincción entre los dos términos que hace Shatz) tiene que reinar la anarquía para poder llegar al anarquismo.

En este cuento Huidobro inventa una ciudad ficticia que se llama Peterunia que «...constituía un centro intelectual y comercial de primer orden en el mundo y una de las más altas avanzadas del progreso en este siglo del progreso».[111] Esta ciudad, por su misma cualidad progresista, es, para Huidobro, la ciudad ideal en la que pueden prosperar y crecer ideas nuevas como ésta del gangsterismo que empieza a desarrollarse al aparecer el personaje Aladino, o John Chicago.

John Chicago entra en una tienda para robar los dos comerciantes, Cook y Pérez:

— Amigos míos-exclamó-yo soy Aladino, o sea el gangster John Chicago, y vengo por vuestro dinero, pues no es conveniente que los hombres acumulen demasiados billetes en su poder; esto les pone pesados, gruesos y melancólicos.[112]

Desde el primer momento vemos que la intención de este personaje gangster es acabar con la propiedad personal y socializar la sociedad. John Chicago representa la sociedad nueva, el futuro, y, como nos dice Huidobro, «...el sueño dorado de todos los jóvenes estudiantes».[113] Después de asaltar John Chicago un baile en el palacio de una bailarina, dice uno de los asistentes que es el deber de todos acabar con este gangster, propuesta a la cual responde otro asistente, «No, señores, yo pienso que debemos seguir el ejemplo de ese ilustre John, estudiar profundamente el gangsterismo irradiante y tratar de ser sus mejores discípulos».[114] No tardan mucho los ciudadanos de Peterunia en aliarase al sistema nuevo y el número de los gangsters empieza a aumentar «de un modo alarmante».[115] La socieadad entra en una etapa caótica, de anarquía total, que es la única etapa transicional que admite el anarquismo (no se trata de tomarse el Esatado sino de destruirlo).

Había batallas en todas las esquinas de la ciudad. Pasaban y repasaban los entierros como carruseles. Los honrados ciudadanos de Peterunia ya no sabían qué hacer ni a quién pedir protección. Centenares de policías habían abandonado su oficio equívoco y pasado al gangsterismo. Y no sólo policías, sino aun varios jefes, prefectos, sargentos y otros distinguidos graduados, amén de varios ilustres políticos, ministros, senadores, futbolistas, coroneles; comandantes, manicuras y bomberos.[116]

Ya que Huidobro habla de batallas se puede decir que se trata de una revolución gangsterista que se gira en torno a la pregunta de la propiedad personal; y por tanto se puede decir que la solución al problema que propone aquí Huidobro no tiene mucho que ver con las que proponen el socialismo o el comunismo que son, ideológicamente, pacifistas. Desde luego, Huidobro sigue la ruta anarquista que es, hay que admitirlo, una ruta violenta y, según Stirner, la única manera de acabar con la tiranía de la propiedad personal: «The property question cannot be solved so amicable as the Socialists, yes, even the Communists, dream. It is solved only by the war of all against all. The poor become free and propietors only when they-rise».[117]

El registro de miembros que aparece al final de la cita de arriba incluye una parte de cada esfera pública y por tanto nos comunica que el gangsterismo no se trata de un partido elitista sino más bien de un ideal universal que atraviesa las fronteras de los intereses personales y establece así un vínculo entre toda la humanidad: un vínculo que es el primer requisito de la solidaridad.

El gangsterismo de Huidobro es una doctrina del progreso y de la libertad individual y económica y sus discípulos van aumentando poco a poco hasta «Casi toda la población del país había tomado ya el interesante y lucrativo oficio».[118] Y los que rechazan el gangsterismo se los consideran representantes de la tradición y el viejo sistema tiránico: «Sólo algunos recalcitrantes o cerebros atrasados no querían aún abandonar sus viejas costumbres y se resistían a entrar por el nuevo camino del bienestar y del progreso».[119] Mas al morir «el gran John», inventor del gangsterismo, «Los últimos recalcitrantes se pasaron al partido del muerto, que, como el Cid, ganó su mejor batalla en estado de cadáver».[120] Por lo tanto, al final del cuento, todos los ciudadanos de Peterunia son gangsteristas y Huidobro puede concluir la historia con una ecuación que sigue la lógica de la etapa transicional anarquista. La última frase del cuento se lee: «Una vez que todos los habitantes de Peterunia fueron gangsters, se acabaron los gangsters en Peterunia».[121] Es decir, los gangsters, como vimos antes, representaban una fuerza caótica, una fuerza individualista y progresista que quería afirmarse contra la colectividad no gangsterista que representaba la tradición y todo lo estático. Para hacer eso, para llegar al gangsterismo, tenían que entrar en una etapa de revolución o de anarquía. Una vez ganada la revolución, y después de hacerse todos discípulos del gangsterismo, desaparece el caos, los gangsters, la anarquía, y la sociedad entra en la etapa final, que es la paz y el bienestar. Por lo tanto no es de mala índole querer jugar con las palabras de la frase final del cuento para llegar a otra conclusión, que es, esencialmente, la misma conclusión: «Una vez que todos los habitantes de Peterunia fueron anarquistas se acabó la anarquía en Peterunia».

IX. El anarquismo y la tecnología

Lo que tenemos en la novela La próxima (Historia que pasó en poco tiempo más), que fue publicado en 1934 (pero que Huidobro había dado por terminado en 1930), además de una visión profética y apocolíptica de la segunda guerra mundial, es la postulación de una sociedad libre basada en una teoría del anarquismo que, por no negar o rechazar la importancia del papel que desempeña la tecnología moderna en la liberación del hombre, se aleja del anarquismo tolstoyano y se acerca más a los conceptos del anarquismo que desarrollaron Peter Kropotkin y Herbert Read.

El personaje central del texto, Alfredo Roc, está harto del mundo en que vive, que es, según nos dice, «un mundo de odios, de explotación injusta, de continuas querellas, de esta asquerosa lucha por la vida, agriada y violenta»[122] y decide que va a «crear una nueva civilización en un mundo virgen».[123] Compra tierras en Africa y trata de persuadir a sus amigos y a varios artistas que le acompañen. Roc no tiene que hacer mucho esfuerzo para convencerlos; pronto cuenta con un número vasto de entusiastas: «Los aburridos del Se prohíbe fumar, del Se prohíbe escupir, del Se prohíbe, se prohíbe, se prohíbe...»[124] Los que quieren salir con Roc son los que quieren reclamar su libertad y que entienden que la única manera de hacer eso es huir de la sociedad que la «prohíbe».

Como nos dijo Read, uno de los principios fundamentales del anarquismo es el que subraya la importancia de destruir ya que para crear es necesesario destruir y mientras se considera normalmente el acto de destruir más fácil que el acto de crear, Huidobro invierte esta asunción al hacer decir a Roc:

Destruir es muy fácil, lo difícil es construir. ¡Qué disparate! La verdad es que es más fácil construir que destruir; trata de destruir en el hombre la idea de patria, de religión, de familia, trata de destruir cualquiera idea, cualquiera costumbre, y verás si hay algo más difícil.[125]

Aquí Huidobro, como Read y Bakunin,[126] parece sugerir que es necesario no sólo acabar con las viejas tiranías políticas y económicas pero también con las tiranías culturales que se han propagado a través de toda la historia y que normalmente van protegidas bajo los nombres de la costumbre, la patria, y la religión. Admite Roc que la única manera de llegar a una socieadad justa es por medio de la etapa transicional anarquista que acabamos de analizar en las dos obras previas cuando dice: «Acaso el mundo va a caer ahora en una anarquía total durante un largo período de años y luego se impondrá un régimen social nuevo, más verdadero, más justo. Acaso es necesaria la muerte de toda la sociedad actual, acaso».[127]

Acumulan los puntos de contacto entre las opiniones que expresa Roc a través del texto y los prinicipios anarquistas. Dice Roc: «La guerra es la consecuencia de la política, es la política misma. Guerra y política son una sola cosa»[128] y nosostros los lectores recordamos lo que dijo Read en Poetry and Anarchism, esto es: «Government is force; force is repression, and repression leads to reaction, or to a psychosis of power which in its turn involves the individual in destruction and the nations in war. War will exist as long as the State exists».[129] Vemos la creencia anarquista en todo lo espontáneo y la evolución natural y libre del hombre («Que cada cual siga su destino»);[130] la evasión de todo sistema que crea una mayoría y una minoría;[131] la desconfianza frente a toda doctrina religiosa («—Dios no cree en Dios. / —Hay algo más grave...el hombre no cree en el hombre»);[132] la renovación frente a la estabilidad («Renueva tu conciencia, renueva tu base espiritual, renueva tu sentido del universo. Y si no eres capaz, resígnate a la muerte»).[133] Todos los puntos de vista expresados a lo largo del texto nos permiten decir que la civilización que crea Roc en Africa es, o aspira a ser, una civilización anarquista.

El problema principal que Huidobro plantea tiene que ver con la tecnología moderna y el papel que debe o no desempeñar dentro de la socieadad nueva-problema que divide en dos a los anarquistas: los que se mantienen fieles al concepto de anarquismo antiguo que desarrolló Tolstoy y que sostiene, como nos recuerda Read, que «...we must reverse the whole tendency of our technical development and return to handcraft and individual workmanship»[134] y los que siguen el anarquismo más moderno y, hay que decirlo, lógico, de Peter Kropotkin y Herbert Read quienes consideraban la tecnología un apoyo y no un obstáculo.[135]

Escribe Herbert Read, siguiendo el espíritu de Kropotkin:

The more realistic anarchist of today has no desire to sacrifice the increased power over nature which modern methods of production have developed. And actually he has now realized that the fullest possible development of these methods of production promises a greater degree of individual freedom than has ever hitherto been secured by mankind.[136]

Después de ver la destrucción de la sociedad que acaban de dejar atrás, y atribuyendo a la maquinaria todas las desgracias de la vida humana, los ciudadanos de la nueva sociedad gritan: «No queremos maquinaria, no necesitamos aparatos científicos. Hay que destruirlos».[137] Cuando aparece este descontento en cuanto al lugar de la «máquina» en la sociedad nueva, responde Roc: «No vamos a culpar a la maquinaria...de todas las locuras de los hombres. Esos aparatos sin conciencia, entregados a la malicia de los hombres no hacen sino obedecer a la mano que ordena».[138] Roc defiende la tecnología («¿Qué culpa tienen los instrumentos mecánicos de la estupidez de los hombres?»)[139] e incluso la proclama la salvación del hombre: «Creo en la máquina, pero sin misticismo; creo en ella como en la liberadora de mi servidumbre, como en la que va a remplazarme en mi esclavitud y me permitirá soñar como tú nunca has logrado soñar».[140] Roc se pone al lado de Read y los anarquistas modernos y en contra de los anarquistas tolstoyanos que exigen la destrucción de toda tecnología sin entender que la libertad del hombre está ligada al progreso de toda ciencia industrialista; sólo hay que saber manipularla.[141] Y es esta diferencia de opinión lo que causa el fracaso de la sociedad cuando al final de la novela los ciudadanos tolstoyanos deciden quemar todos los instrumentos mecánicos (¡incluso los instrumentos artísticos de un cinematógrafo!) y Roc se dice, en un acto de resignación, que su hijo comunista «tenía la razón» y que la «única esperanza» es Rusia, ya que allí no negaban la importancia de la tecnología. El final de la novela, lejos de apoyar la doctrina comunista, señala que hay mucho que hacer para que todos se pongan de acuerdo en cuanto a la mejor manera de construir una sociedad justa y libre y pacífica; es decir, anarquista.

X. Conclusión

Acercarse a la prosa de Vicente Huidobro con un conocimiento de los principios anarquistas tiene el beneficio, como acabamos de ver, de facilitar el descubrimiento y la clarificación de la verdadera visión sociopolítica del escritor chileno la cual se distancia del comunismo marxista a medida que va mostrándose en obras como Pasando y pasando, Vientos contrarios, Finis Britannia, Mio Cid Campeador (Hazaña), En la luna, Tres inmensas novelas y La próxima más fiel al pensamiento anarquista de filósofos como Herbert Read, Max Stirner, William Godwin, Michael Bakunin, Errico Malatesta y Peter Kropotkin, para nombrar sólo algunos. Se puede destacar fácilmente en estos textos de Huidobro un interés profundo en reconciliar un arte de vanguardia con un arte de compromiso social. Que Huidobro propusiera y defendiera la libertad creadora completa del artista no debe oscurecer el hecho de que entendía la imposibilidad de ésta sin la existencia de una sociedad libre en la cual este artista podía vivir y obrar. «La gran síntesis» de que habla Huidobro en la segunda cita que abre este estudio es más revelador, diría yo, en cuanto a su estética creacionista y al conjunto de su producción literaria que cualquier «Espejo de agua», «Ars poetica» o «Altazor»: implica un arte que no se aleja de la esfera pública sino que se entra en ella intencionalmente con la esperanza de comunicar un mensaje social sin dejar de ser una creación de alta cualidad estética. Es el intento de Huidobro de «hacer un todo» lo que da a su obra literaria el sentido o la apariencia de una lucha y es el afán de los críticos concentrarse en sólo una mitad de esa lucha lo que ha dejado abierto el vacío que este estudio ha aspirado a llenar.

[1] Fernando Alegría, entrevista con David M. Guss, The Selected Poetry of Vicente Huidobro, ed. David M. Guss (New York: New Directions, 1981) xvi.

[2] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 833.

[3] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 28.

[4] Vicente Huidobro, «Por qué soy anticomunista», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 906.

[5] Dice Michael Bakunin en Statism and Anarchy, «If there is a state there is necessarily domination and consequently slavery». [The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 162.]

[6] Max Stirner, The Ego and His Own, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 71.

[7] Michael Bakunin, Statism and Anarchy, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 160.

[8] Vicente Huidobro, «Por qué soy anticomunista», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 906.

[9] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 48.

[10] Vicente Huidobro, «Por qué soy anticomunista», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 908.

[11] Herbert Read, Existentialism, Marxism and Anarchism, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 537.

[12] Vicente Huidobro, «Por qué soy anticomunista», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 906.

[13] Véase Anarchy de Errico Malatesta.

[14] Vicente Huidobro, «Por qué soy anticomunista», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 907.

[15] Marshall S. Shatz, introducción, The Essential Works of Anarchism, (New York: Quadrangle Books, 1972) xi.

[16] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 8. Vale la pena transcribir aquí lo que dice Read: «I speak of doctrine, but there is nothing I so instinctively avoid as a static system of ideas. I realize that form, pattern, and order are essential aspects of existence; but in themselves they are the attributes of death. To make life, to insure progress, to create interest and vividness, it is necessary to break form, to distort pattern, to change the nature of our civilization».

[17] a) En Enquiry Concerning Political Justice, publicado en 1793, dice William Godwin, «We cannot advance in the voyage of happiness, unless we be wholly at large upon the stream that would carry us thither: the anchor, that we at first looked upon as the instrument of our safety, will at last, be found to be the means of detaining our progress» [The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 35.] b) En Statism and Anarchy escribe Michael Bakunin: «...the free organization of the working masses from below upward, is the ultimate goal of social development» [The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York:Quadrangle Books, 1972) 164.] Véase también God and the State, (New York: Dover, 1970) páginas 21; 13; 14. c) Herbert Read en Existentialism, Marxism and Anarchism dice lo siguiente: «There has existed throughout the whole process of evolution an ability to move on to new planes of existence, to create novelty» (The Essential Works of Anarchism, 536); «From the anarchist point of view it is not sufficient to control ourselves and external nature; we must allow for spontaneous developments» (Ibid, 537); «...in my opinion anarchism is the only political theory that combines an essentially revolutionary and contingent attitude with a philosophy of freedom. It is the only militant libertarian doctrine left in the world, and on its diffusion depends the progressive evolution of human consciousness and of humanity itself» (Ibid, 538). d) Cuando toca el tema de la solidaridad, concepto de suma importancia para la realización de la sociedad anarquista, dice Errico Malatesta en Anarchy [trans. Vernon Richards (London: Freedom Press, 1995) 29.], «Solidarity, that is the harmony of interests and of feelings, the coming together of individuals for the wellbeing of all, and of all for the wellbeing of each, is the only environment in which Man can express his personality and achieve his optimum development and enjoy the greatest possible wellbeing. This is the goal towards which human evolution advances...»

[18] Michael Bakunin, God and the State (New York: Dover, 1970) 21.

[19] Ibid, 24.

[20] Ibid, 25.

[21] Ibid, 28.

[22] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1972) 807.

[23] Ibid, 815.

[24] Ibid, 815.

[25] Ibid, 843.

[26] Ibid, 843.

[27] Ibid, 843, 846, 852.

[28] Véase la introducción a The Essential Works of Anarchism, de Marshall S. Shatz, p. xix.

[29] Vicente Huidobro, «Adán», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 187.

[30] Ibid., 188.

[31] Ibid., 189.

[32] Peter G. Earle, «Los manifiestos de Huidobro», Revista Iberoamericana XLV (1979): 173.

[33] Vicente Huidobro, «Non serviam», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 715.

[34] Para un análisis de esta influencia en el nivel estético véase Poesía y poética de Vicente Huidobro de Mireya Camurati, 13-34.

[35] Peter G. Earle, «Los manifiestos de Huidobro», Revista Iberoamericana XLV (1979): 173.

[36] Ralph Waldo Emerson, «Self-Reliance», The Complete Essays and Other Writings of Ralph Waldo Emerson, ed. Brooks Atkinson (New York: Random House, 1940) 148.

[37] «I have my law in my whole nature, i.e. in myself» (The Essential Works of Anarchism, 50).

[38] Dice Casas: «…se podría decir ante todo que el anarquismo es una filosofía de la persona y, por ello mismo, una filosofía tendente al desarrollo integral de la misma, y, ahondando en ello, una ética de la responsabilidad personal. Luego sería una teoría revolucionaria y transformadora de la sociedad» [Juan Gómez Casas, Sociología del anarquismo hispánico, (Madrid: Ediciones libertarias, 1988) 123].

[39] EWA, 61. En este caso, tenemos también el ejemplo de Errico Malatesta que dice en su libro, Anarchy, «I who want to be free cannot be because all the men around me do not yet want to be free, and consequently they become tools of oppression against me» (p. 30).

[40] Como es obvio y como veremos más adelante todos estos temas (libertad, individualidad, etc) que tratamos aquí no son únicos a Vientos contrarios sino que aparecen en casi toda la obra huidobriana; es sólo que en este texto Huidobro, a partir del uso del aforismo, se expresa de una manera más explícita y clara. Desde luego, es aquí donde el autor los introduce por primera vez.

[41] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 791.

[42] Ibid., 803.

[43] Ibid., 807.

[44] Ibid., 809.

[45] Vicente Huidobro, Finis Britannia, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 758.

[46] Jaime Giordano, «Finis Britannia o el poder de la abstracción de Huidobro», Revista Iberoamericana, XLV (1979): 200.

[47] M.H. Abrams, The Norton Anthology of English Literature, 5th edition, vol. 2 (New York: WW Norton: 1986) 1759.

[48] Pensamos por ejemplo en la idea del héroe que propone Huidobro en Vientos contrarios y su desarrollo subsecuente en obras como Mio Cid Campeador, Gilles de Raiz, Cagliostro, y quizá también Papá o el diario de Alicia Mir y La próxima.

[49] En Vientos contrarios escribe Huidobro, «No me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida. Pienso, como Nietzsche, que los remordimientos de conciencia son una asquerosidad» (Obras completas de Vicente Huidbro, tomo I, 833). No viene mal aquí recordar a Nietzsche en The Gay Science (donde, dicho sea de paso, elogia a Ralph Waldo Emerson y dice que es uno de los pocos que merece el título de maestro de la prosa) cuando escribe, «What do you consider most humane?-To spare someone shame» [The Gay Science (New York: Vintage Books, 1974) 220.] Y no hay que olvidar, como nos señala Juan Gómez Casas en Sociología del anarquismo hispánico, que los casos de Nietsche y Max Stirner marcan un momento importante donde el anarquismo se hace nihilismo (58).

[50] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 796.

[51] Vicente Huidobro, Gilles de Raiz, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 642-652.

[52] Vicente Huidobro, Finis Britannia, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 761.

[53] Vicente Huidobro, Pasando y pasando, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 658. Para un análisis introductorio de esta dicotomía autor/personaje véase el estudio de Giordano, páginas 201-202.

[54] Jaime Giordano,«Finis Britannia o el poder de abstracción de Huidobro», Revista Iberoamericana, XLV (1979): 203.

[55] Herbert Read, Existentialism, Marxism and Anarchism, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 534.

[56] Vicente Huidobro, Finis Britannia, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 782.

[57] Ibid., 783.

[58] Ibid., 788.

[59] Leo Tolstoy, The Kingdom of God is Within You, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 242.

[60] Juan Larrea nos cuenta la historia (¿verdadera? ¿falsa?) de un Huidobro que, después de publicar Finis Britannia, fue secuestrado por una sociedad británica. [«Vicente Huidobro en vanguardia», Revista Iberoamericana, XLV: (1979) 232-233.]

[61] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 796-97.

[62] Escribe Huidobro en la «Carta a Mr. Douglas Fairbanks (1)» que precede al texto: «Respecto al fondo debo advertir al lector, que sea la «Hazaña» una novela épica o una novela que se canta o la exaltación que produce en el poeta una vida superior, ello no tiene nada que ver con las vidas noveladas, género tan a la moda hoy día y que empezó a abrirse camino desde la famosa ‘Vida de San Francisco de Asís’, de Johannes Jorgensen» [Mio Cid Campeador (Hazaña), (Santiago: Editorial Andres Bello, 1975) 17.].

[63] Vicente Huidobro, Mio Cid Campeador (Hazaña), (Santiago: Editorial Andres Bello, 1975) 27;29.

[64] Ibid., 100.

[65] Ibid., 151.

[66] Ibid., 180.

[67] Ibid., 185.

[68] Ibid., 207.

[69] Ibid., 243; 252.

[70] Ibid., 291.

[71] Ibid., 300.

[72] Ibid., 107-108.

[73] Angel Ganivet, Idearium español y el porvenir de España, 2a ed. (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1945) 44-45.

[74] Herbert Read, Poetry and Anarchism, (London: Freedom Press, 1947) 48;51.

[75] Angel Ganivet, Idearium español y el porvenir de España, 2a ed. (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1945) 45.

[76] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 658.

[77] Ibid., 658.

[78] Vicente Huidobro, «Creacionismo», Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 733.

[79] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 662.

[80] Ibid., 663.

[81] Ibid., 667.

[82] Ibid., 667.

[83] Ibid., 668.

[84] Vicente Huidobro, Vientos contrarios, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 832.

[85] No hay que olvidar los títulos que da Huidobro a estos Ministros: «Ministro del Interior Triste…Ministro del Exterior Agresivo… Ministro de Finanzas Inseguras… Ministro de la Instrucción Nula… Ministro de la Justicia Relativa… Ministro de Obras Invisibles… Ministro de la Guerra Inevitable…. el Prefecto de la Seguridad Mínima» (669).

[86] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 674.

[87] Ibid., 679.

[88] Ibid., 680.

[89] Ibid., 687.

[90] Ibid., 690.

[91] Ibid., 691.

[92] Ibid., 691.

[93] Ibid., 695.

[94] William Godwin, Enquiry Concerning Political Justice, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 20-22.

[95] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 696.

[96] Marshall S. Shatz, introduction, The Essential Works of Anarchism, (New York: Quadrangle Books, 1972) xii.

[97] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 706.

[98] Véase «El arte del sugerimiento» (1914) de Huidobro en Pasando y pasando, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo I (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 691.

[99] Vicente Huidobro, La próxima (Historia que pasó en poco tiempo más) (Santiago: Editorial Universitaria, 1996) 93;109.

[100] Véase la página 2 de este trabajo.

[101] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 709.

[102] Ibid., 710-11.

[103] Ibid., 711.

[104] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 8.

[105] Ibid., 48.

[106] Ibid., 44.

[107] Vicente Huidobro, En la luna, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 715.

[108] Ibid., 720.

[109] Ibid., 720.

[110] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 39.

[111] Vicente Huidobro, Tres inmensas novelas, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 459.

[112] Ibid., 460.

[113] Ibid., 460.

[114] Ibid., 461.

[115] Ibid., 461.

[116] Ibid., 461.

[117] Max Stirner, The Ego and His Own, The Essential Works of Anarchism, ed. Marshall S. Shatz (New York: Quadrangle Books, 1972) 73.

[118] Vicente Huidobro, Tres inmensas novelas, Obras completas de Vicente Huidobro, tomo II (Santiago: Editorial Andres Bello, 1976) 463.

[119] Ibid., 463.

[120] Ibid., 464. Para mejor captar la autoreferencia de esta cita, véase el último capítulo del Mio Cid Campeador (Hazaña) de Huidobro que se titula, «Victoria postuma», 359-361.

[121] Ibid., 464.

[122] Vicente Huidobro, La próxima (Historia que pasó en poco tiempo más) (Santiago: Editorial Universitaria, 1996) 24.

[123] Ibid., 31.

[124] Ibid., 59.

[125] Ibid., 79.

[126] Véase lo que dice Bakunin en God and the State en cuanto al problema de la educación en su relación con las instituciones academicas tradicionales, páginas 39-43, nota de pie.

[127] Ibid., 81.

[128] Ibid., 90.

[129] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 75.

[130] Vicente Huidobro, La próxima (Historia que pasó en poco tiempo más) (Santiago: Editorial Universitaria, 1996) 96.

[131] Ibid., 105.

[132] Ibid., 117.

[133] Ibid., 123.

[134] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 44.

[135] Véase Fields, Factories, and Workshops de Peter Kropotkin en The Essential Kropotkin, pgs. 243-292.

[136] Herbert Read, Poetry and Anarchism (London: Freedom Press, 1947) 44.

[137] Vicente Huidobro, La próxima (Historia que pasó en poco tiempo más) (Santiago: Editorial Universitaria, 1996) 102.

[138] Ibid, 102.

[139] Ibid., 104.

[140] Ibid., 122.

[141] Recordemos lo que dice Read en Poetry and Anarchism: «I have embraced industrialism, tried to give it its true aesthetic principles, all because I want to be through with it, want to get to the other side of it, into a world of electric power and mechanical plenty when man can once more return to the land, not as a peasant but as a lord» (9).